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Conferencia en la Cámara Nacional Electoral sobre control de redes sociales con vistas a 2019

 

El martes tuvo lugar en Buenos Aires una conferencia con el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) de México, Lorenzo Córdova Vianello, técnicamente llamada «Control de redes sociales en materia electoral». Pero que simbólicamente se metió con el dilema de establecer reglas en un universo hobbesiano, cada vez más visto como amenaza para los sistemas democráticos y donde los intentos de control se entienden como un peligroso bumerán porque cuando alguien dice tener autoridad sobre algo que en realidad se le escapa de las manos, termina debilitado.

Córdova Vianello es un jurista candoroso, hijo de un dirigente de izquierda, proviene de la UNAM y encabezó el diseño del último proceso electoral mexicano que culminó con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Ser controvertido para una parte del país, el instituto que comanda viene de años de una tradición electoral fagocitada por denuncias de fraude y la desconfianza en el sistema político. He ahí uno de los desafíos que enfrentó y la experiencia que vino a contar a estas tierras. Habló del making of de la arquitectura electoral y la estrategia de alianzas con un amplio abanico de actores para regenerar el cinturón de confianza en el sistema político. Convocado por la Cámara Nacional Electoral que está mirando ese modelo, ante una platea de apoderados de todos los partidos políticos, desde Cambiemos hasta el Partido Obrero, habló de la articulación con periodistas de pequeños grupos independientes dedicados al fact-checking para contrarrestar las tormentosas noticias falsas, de alianzas con organizaciones de la sociedad civil y los gigantes de la web y de una ingeniosa red de monitoreo en línea el día de las elecciones generales.

 

Lorenzo Córdova Vianello, Santiago Corcuera y Alberto Dalla Vía

 

El escenario era raro, pero ahí, en el tercer subsuelo del edificio, sentado al lado de los camaristas Santiago Corcuera y Alberto Dalla Vía, todavía lo fue más cuando Córdova Vianello dio rienda suelta a una de las historias. Un día, durante el proceso electoral, quedó frente a un «efímero» secretario de Estado de Estados Unidos. Aquel secretario de Estado lo había buscado tras la difusión de una falsa noticia, según dijo, ocurrida durante la campaña, según la cual los rusos amenazaban con intervenir en las elecciones nacionales. El secretario de Estado le dijo que debía cuidarse de la amenaza rusa.

—Nosotros nos vamos a cuidar de la amenaza rusa— respondió Córdova Vianello—, pero también de la amenaza norteamericana, y de la amenaza mexicana, y de las que apuestan a la desinformación.

En ese momento, ya dirigiéndose a la sala, volvió a repetir uno de los ejes de lo que vino a explicar: que esas amenazas crecen en un contexto fértil por el descontento democrático, por la insatisfacción con la democracia y en un escenario donde las redes sociales permiten la proliferación masiva y casi inmediata de discursos. «Esto no es un problema de los países emergentes, sino un problema que están enfrentando todas las democracias a la par, un peligroso fenómeno que aqueja a las democracias añejas y consolidadas y a las democracias jóvenes, y es el desencanto con la democracia, la desafección de las prácticas políticas, el surgimiento de nuevas pulsiones sociales, ciertos humores que no necesariamente son democráticos, sino que por el contrario pueden ser un peligroso caldo de cultivo para que surjan pulsiones y expresiones autoritarias».

 

[infogram id=»2be3051b-2460-4ccf-b7a2-ca491b7e93ae» prefix=»oGX» format=»interactive» title=»La publicidad en las campañas presidenciales 2011 y 2015″]
Infografía: Paulo Rosas.

 

El 1 de julio concluyeron en México las elecciones más grandes de su historia, con una lista de 89 millones de electores, renovación de cargos federales a la presidencia, senado, diputados, alcaldías y concejales: 18.000 cargos en disputa en un sólo día con casi 90.000 candidatos en danza. ¿Cual fue la clave de éxito? El esfuerzo puesto en recuperar tramas de confianza. Córdova Vianello se lo atribuye al diseño de su armado, así como a la decisión de muchos mexicanos de poner el cuerpo en la calle para pelear por las elecciones.

El jurista añadió algunas cosas interesantes para la cocina argentina. Partió de una premisa compuesta. Dijo que las redes llegaron para quedarse, dato que también se consolida en las campañas locales. Uno de los indicadores es el incremento de dinero blanco declarado por los partidos políticos destinado a la propaganda en las redes sociales: pasó entre 2011 y 2017 de 5,4 a 27,4 por ciento. Un aumento que la Cámara Electoral evalúa que, además, irá en ascenso con la lógica de la plaza pública desplazada primero a la televisión y ahora a las redes sociales. La segunda premisa es que, en realidad, eso no parece una buena noticia dado que la polis no es el sueño griego de la plaza pública sino un espacio que en algún momento definió como la pura jungla.

«Lejos de ser lo que algunos pensaban ilusamente cuando irrumpieron, el sueño de la plaza pública destinada a renovar la democracia, creo que —una década después— se nota que es una falsedad», dijo el mexicano. «Para decirlo en pocas palabras, las redes son poderosísimos mecanismos de comunicación que democratizaron la interacción en la sociedad, pero pueden llevar al socavamiento de un sistema político porque no necesariamente generan democracia. No son funcionales de manera espontánea: hay que construir condiciones, hay que construir un contexto de exigencia para que puedan serlo».

Mencionó la llamada Primavera Árabe. Las redes permitieron convocar manifestaciones casi espontáneamente, pero los sistemas teocráticos no cambiaron. También mencionó el caso de Túnez donde fue convocado a trabajar en las elecciones del año próximo para tratar de meter una cuña y sembrar procedimientos y valores democráticos que se dispersen en el norte de Africa. Pero eso, dijo, no fue producto de las redes sociales. Y repitió: «Así como es inevitable su existencia y la reconfiguración de las democracias para convivir con esta nueva red, las redes no son funcionales a a la democracia de manera espontánea».

 

La cocina

El eje planteado sobre la campaña mexicana podría resumirse en dos partes: alianzas para generar legitimidad y sobreinformación en lugar del control, como respuesta a la dinámica de desinformación programada.

Comparó la preparación del proceso electoral con la de cualquier partido ante una campaña. Diseñaron un discurso para llegar de todas las maneras posibles a la sociedad, explicar, informar, estar presente, dijo. Construir consensos sobre lo que estaba ocurriendo como barricada a la lógica de desconfianza e incompetencia de la autoridad electoral y contra noticias que hablaban de un cambio del día de elecciones o ponían en duda la seguridad de las boletas. Un segundo eje fueron alianzas con un espacio de periodistas surgidos de redes de solidaridad durante los terremotos del año pasado para chequear información y acuerdos con Google, Facebook y Twitter, los gigantes que Argentina aún no logra sentar para terminar de revisar los números de las campañas del año pasado. El tercer eje fue un trabajo puerta a puerta con quienes iban a ejercer el rol de autoridades de mesa, visitas a las casas obligadas por ley, de casi 100.000 personas, la consolidación de la idea del vecino que cuida tu voto, y a quienes se les entregó celulares el día de elecciones para contrarrestar en tiempo real falsas noticias sobre incendios o violencia en lugares de votación.

¿Cuánto pesa el tema de las fake news y las redes? Como lo muestra ese diseño, mucho. «La comunicación con la sociedad civil —dijo—, dedicada al combate anti-corrupción y a la defensa de los derechos humanos se constituyó en una pieza clave para difundir el mensaje. No se les pidió que fuesen cómplices, ni que dejaran de cumplir funciones de verificación, pero aún en esos roles se trasformaron en aliados. Nos generaban contextos de exigencia, revisaban y auditaban nuestro trabajo, pero también podían ser potenciadores del mensaje institucional, es decir, un cinturón de seguridad de parte de la sociedad civil».

La alianza con los periodistas nucleados en Verificado 2018 también funcionó en ese sentido. Se establecieron canales de prueba y chequeo y estándares consensuados sobre lo que podía ser una categórica noticia falsa, pero también lo que en determinado contexto podía funcionar de esa manera. Lo interesante de ese proceso, confirmado por consultas a periodistas locales, es que Verificado no dependió del organismo, nació en clave de articulación colaborativa y, sobre todo, no estuvo integrada por los grandes pulpos de la información, sino por grupos pequeños e independientes a quienes el jurista describió como parte de los «nuevos actores cada vez más relevantes, sobre todo muy influyentes, en un público joven, que son los así llamados medios digitales, agencias de información que operan sólo en internet, que son normalmente productos de alianzas que derivan de escuelas de comunicación, sobre todo jóvenes, que tienen un gran poder de comunicación en las propias redes».

 

Infografía: Paulo Rosas.

 

La sala hizo preguntas. El senador del PRO Ricardo Gómez Díaz preguntó cuánto les salió ese armado. Alguien levantó la mano y quiso saber cómo se pondría en marcha todo eso en Argentina. Jorge Landau, apoderado del PJ, preguntó cómo hicieron para saltar jurisdicciones cuando Facebook les respondía que debían dirigirse a la casa matriz con sede en Irlanda. Otro consultó cómo intervenir en redes cerradas como el WhatsApp, y a nadie se le pararon los pelos. Y alguien, una mujer, preguntó por la actuación del periodismo militante. Liliana Alanis, la apoderada del PO, recordó que tanta idea de consensos para sostener la democracia suele terminar reducida a la idea de sentarse a avalar una lógica que finalmente te necesita para terminar de cocinarte.

La conferencia también se escuchó como un susurro de las preocupaciones de este país. Detrás de las dinámicas del retiro del Estado y las lógicas crecientes de violencia que salta de las redes a la calle, aparece la Cámara Electoral que busca herramientas para pensar el escenario de las elecciones del próximo año en un esquema donde aún crujen ruidos por los sistemas de fiscalización con aportantes truchos en Cambiemos 2017 o la manipulación de datos del año 2015, que apareció durante las investigaciones globales sobre Cambridge Analytica y abrió sospechas de aportes millonarios para operaciones antikirchneristas. Lo que viene es un desafío en términos de creencias sobre el sistema político.

La Cámara ahora estudia la articulación de un esquema de trabajo con ministerio público fiscal y otras áreas de gobierno pero aún no dijo nada sobre otros consensos. Y viene de promover algunas acordadas para salvar lagunas en materia electoral. Una obliga a los partidos políticos a entregar direcciones, nombres y alias oficiales usadas en las redes sociales. Y la segunda extiende los debates electorales a las redes. «Así como en algún momento el debate de las plazas pasó a la televisión, ahora los datos y la realidad nos demuestran que cada vez se trasladan hacia el terreno de las redes sociales», dijo Corcuera. «Y esto implica nuevo desafíos que requerirán de un consenso social de los partidos políticos, las autoridades electorales y también de los ciudadanos, porque en definitiva de eso se trata, de participación ciudadana».

El año 2016 generó un cimbronazo para los sistemas democráticos. Editores de los diarios norteamericanos hoy se preguntan qué no entendieron de lo que estaba sucediendo con las redes sociales durante las elecciones que llevaron a la presidencia a Donald Trump. Y este año el Reino Unido publicó un informe sobre desinformación y fake news con los resultados preliminares de una investigación sobre la injerencia extranjera y manipulación de datos durante el Brexit que tomó el caso argentino. Hoy sabemos que detrás de estos señalamientos existe una disputa por el gobierno de las redes entre los representantes de la política, sobre todo los gobiernos europeos, y los gigantes de la web. El informe del Parlamento inglés, de hecho, fue un llamado de alerta a las democracias del mundo, a los actores políticos y reguladores electorales a preparar antídotos contra quienes pueden gastar millones de dólares para modelar electorados en clave de algoritmos.

México dice haber encontrado una clave contra lo que define como desencanto. Una experiencia que oída aquí y ahora parece estar hablando también de la preocupación del sistema de partidos y de la política contra el que se vayan todos.

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