EXPLORADORES DE LA NADA

Una novela breve describe a esa pequeña burguesía que, hastiada de sí misma, busca cómo conmoverse

 

Con tres monedas se tira el I-Ching y también se puede jugar a otras cosas, aún a apostar: dos caras y una seca, tres cara, tres seca, dos seca y una cara. Si cada moneda tiene distinto valor es factible constituir series, con lo que las posibilidades se multiplican en forma exponencial, al modo de esas acrobacias aritméticas que propone Adrián Paenza en este Cohete todas las semanas. Es cuando “el azar reemplaza al destino”, al decir de Ezequiel Martínez Estrada (Argentina, 1865-1964) en un fragmento del epígrafe que hace signo a la nouvelle, precisamente, Tres Monedas, del multipremiado Jorge Consiglio (Buenos Aires, 1962). No es para menos: hasta Beatriz Sarlo se lo recomendó a Luis Novaresio por la TV.

Apuesta en la que juegan un taxidermista, una meteoróloga y un músico del Teatro Colón, por orden de aparición. Un capítulo para cada cual, dos o tres páginas. Como para evitar confusiones, del principio al final. Eventualmente, un par de amantes refuerzan la trama con ese infaltable toque —uno tierno, el otro erótico— que el público aguarda. Pues no en vano el autor ha merecido sucesivos galardones. Cultiva a la perfección esa técnica de escritura que tanto rédito ha desparramado tras la oquedad dictatorial con ese subgénero aún poco estudiado: el hiperrealismo minimalista. Sistema que asimismo cunde en el cine contemporáneo local, con resultados opuestos. En la pantalla, los tiempos muertos desatan exasperación y hastío con esos planos eternos, silentes, detallistas de cualquier actividad intrascendente; caminar tres cuadras, abrir la heladera, sonarse reiteradamente la nariz, bajar –o subir— diez pisos en un ascensor sin espejos, sin diálogo. O peor, con un diálogo que no diga nada.

La maestría de la escritura hace que esas mismas escenas, llevadas a palabras y en la celebración del lenguaje, adquieran otro cariz. La apoteosis del modelo quizá sea (eso sí, sin realismo ni minimalismo ni tiempos muertos) tal vez Jacques Prévert en aquel poema Déjeneur du Matin (Paroles, 1946), que no quiere decir “degenerado de la mañana” sino, simplemente “desayuno”. En nada semejante, y a su manera, Consiglio también es puntilloso. Frases cortas, sin palabras complicadas, apto para todo público, alta descripción, mucho oficio: “Estiró la mano hacia el vacío en un tanteo, como si fuera un ciego, y movió los dedos, de a uno, en el aire; primero el meñique –lo bajó hacia el centro de la palma sin encogerlo—, después el anular, el medio y se detuvo en el índice”. Puntuación precisa, es como estar viéndolo. Todo el tiempo. Un relato prístino, transparente, sin malos entendidos ni arrebatados sentidos polisémicos, todo bien explicado: “La nota estaba acompañada por una foto de un oso, aparentemente asesino, parado en dos patas. Tenía la cabeza como un planeta, enorme, redonda y un poco ladeada, con dos orejas pequeñas y en punta dispuestas en la parte posterior”. Lo que se dice una fotografía; más aún: una postal con el úrsido en posición bípeda como se espera de él, las orejas de la forma correcta y en el lugar que corresponde. Realismo por lo textual. Hiper por la economía de las siempre molestas y confusas metáforas. Minimalista por la celebración de lo escueto: diccionario, trama, diversidad, profundidades del lenguaje.

Aunque no siempre en Tres Monedas es preciso revelarlo todo ya que, texto respetuoso, el lector algunos saberes ha de poseer: “Argentina era la oposición perfecta de Alemania, con todo lo bueno y todo lo malo”. Consideración extensiva a los chispazos culturales indispensables a la hora de la empatía con una clientela devota de San Google o fiel alumna de la Wikipedia’s Academy. Por lo tanto, Consiglio salpica con accesibles referencias: El Greco, Beckett y, como hay un músico en la historia, sí, Schumann, Ravel y, más populares, hits de todos los tiempos, Iva Zanicchi, Steve Wonder, Rita Lee, entre otros.

Un relato se comprende mejor cuando está claro y las cosas son llamadas por su nombre. Por ende los personajes nunca andan por ahí a la buena de Dior. Van por tal calle, doblan por tal avenida, se suban a un auto de tal marca, rodean tal parque, descienden en tal esquina y entran en tal bar; beben tal refresco, mastican tal golosina. Y así sucesivamente, de manera de mantener la lectura en una atmósfera realista, cotidiana, como tratándose de un sarcasmo hacia esas PNT que sponsorean sutilmente films y tiras televisivas. Porque el autor de tal modo logra que la tensión narrativa deje de centrarse en lo que pasa y se desplace por entero a lo que no pasa. Construye un relato de líneas paralelas que siembra la expectativa acerca de un inminente cruce, o encuentro, que raramente –o nunca— se produce. Sin constituirse en una épica –con el contenido agresivo que ello pueda acarrear— la aventura se desplaza sobre un caudal literario mullido por lo escueto, apenitas sobresaltado por unos trompis en el subterráneo o un can amenazante en un descampado; felizmente, rápido, bajo control. Clave del éxito, llave maestra de los concursos del ramo, el control absoluto ya es estilo.

 

 

FICHA TÉCNICA

Tres Monedas

 

 

 

 

Jorge Consiglio

Buenos Aires 2018

111 págs.

 

 

 

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