Exportar más, ¿para qué?

Un argumento cualitativo y otro cuantitativo contra el consenso sobre las exportaciones

 

La idea de que el futuro económico de Argentina depende críticamente del aumento de las exportaciones parece contar con un gran consenso, incluso entre aquellos que conceden un papel central al mercado interno. Su fundamento es la necesidad de financiar el crecimiento de las importaciones vinculado al aumento de la producción. Se pueden hacer dos objeciones a este popular planteo.

La primera es conceptual y tiene que ver con la estructura de las importaciones. Ocurre que las tecnologías de producción y el patrón de consumo surgen de procesos innovativos que tienen lugar en las naciones centrales y se propagan desde allí, primero hacia las naciones avanzadas menos innovadoras y luego al mundo periférico a través de lo que Carlota Pérez (2002) llama una “Oleada de Desarrollo” o, más popularmente, una “revolución tecnológica”. El mundo transita, en la actualidad, la quinta de estas oleadas, habiendo ocurrido la primera a fines del siglo XVIII. Las naciones receptoras se integran a cada oleada como importadoras de las nuevas técnicas, bienes de capital y productos y como receptoras de inversiones extranjeras que se instalan allí precisamente para reforzar dichas importaciones.

En este contexto la noción de importaciones “necesarias” sólo significa que son imprescindibles para operar con un patrón técnico y de consumo generado en el exterior, que no considera en absoluto las posibilidades de producción doméstica en términos de los recursos humanos, materiales y de infraestructura. En otras palabras, en ausencia de una política integral de industrialización orientada a movilizar y sacar provecho de las potencialidades de la producción nacional, las importaciones del país no surgen de la imposibilidad práctica para producir localmente, sino de su papel pasivo en el proceso de creación tecnológica global. Sencillamente, se ignora lo que el país es o sería eventualmente capaz de producir. El planteo exportador justificado en la necesidad de cubrir las necesidades de importaciones es un modo sutil de afirmar que el país no debe discutir esta orientación estratégica ni las instituciones en que se apoya (pertenencia a la OMC, tratados bilaterales de inversión, ley de inversión extranjera, etc.).

La segunda cuestión es cuantitativa. Es un hecho notable que el argumento de que hay que exportar más para financiar más importaciones carece por completo de sustento cuantitativo. Argentina tiene un déficit de cuenta corriente persistente desde 2010, pero su causa es el llamado ingreso primario donde se computan las rentas e intereses del capital y créditos extranjeros. La balanza comercial, por el contrario, ha sido superavitaria en la mayoría de los años y en el acumulado de la década (unos U$S 10.000 millones). El otro gran gasto en divisas corresponde a la salida de capitales del sector privado por unos U$S 150.000 millones.

Ciertamente, las balanzas comerciales deficitarias no han estado del todo ausentes en América latina pero su peso en el gasto de divisas es menor. Miremos los datos de la región desde 1990 (portal de datos de Cepal). Del déficit de cuenta corriente acumulado en el período por U$S 1,828.000 millones, sólo U$S 372.000 millones (20%) corresponden al déficit comercial. Las rentas de la inversión, en cambio, sumaron un rojo de U$S 2.818.000 (las remesas/transferencias cubren la diferencia). El gasto en divisas generado por las rentas de la inversión del endeudamiento y las inversiones extranjeros ha sido 7,6 veces más alto que el déficit comercial. Es un 2,7% del PIB agregado de la región. Y a esto hay que agregar las divisas insumidas por la salida de capitales, por un promedio de aproximadamente 2% del PIB (Cepal, 2019).

Es probable que muchos economistas no hayan reparado en las dos cuestiones que hemos señalado aquí y esto no es ningún pecado. Otros optarán por ignorarlos y seguirán insistiendo con su falsa argumentación. ¿Quién se va a animar a proclamar públicamente que hay que exportar más para garantizar la remuneración del capital extranjero y lubricar la dolarización de cartera de las grandes empresas?

 

 

 

* Docente e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur
Cepal (2019); Estudio Económico de América Latina y el Caribe. El nuevo contexto financiero mundial: efectos y mecanismos de transmisión en la región. Santiago de Chile
Pérez C. (2002); Technological Revolutions and Financial Capital. Edward Elgar , Cheltenham, Reino Unido Northampton, MA, EE. UU.