FALSO Y VERDADERO

La música que escuché mientras escribía

 

Esta semana vi en Europa Europa Los falsificadores, que hace 16 años ganó el Oscar a la mejor película extranjera. Está basada en la operación emprendida por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial para destruir la economía británica mediante la falsificación en escala industrial de la libra esterlina.

A este argumento clásico de un thriller se suma el hecho insólito de que la falsificación es realizada en un campo de concentración por un grupo de prisioneros judíos, que a cambio de su trabajo reciben una alimentación pasable, colchones mullidos, duchas semanales y hasta una mesa de ping-pong como premio.

Ya había visto a su protagonista, el actor pero también director Karl Markovics, en la excelente serie Babylon Berlin. En ambas, su interpretación es descollante. Acá interpreta al genio de la falsificación Salomon Sally Sorowitsch, quien participa sin dudas en el programa porque evita o posterga la tortura y la muerte que padece el resto de los prisioneros. Esto lo enfrenta con Adolf Burger, un tipógrafo judío eslovaco que fue el autor del informe en el que se basa el conocimiento de la historia y que asesoró al director Stefan Ruzowitzky.

Militante comunista, cuya esposa fue asesinada cuando trató de escapar de Auschwitz, abomina la colaboración con la dictadura nazi e intenta sabotear el trabajo, convencido de que así incidirán en el resultado de la guerra. El conflicto está planteado con sutileza y en profundidad, a través de las distintas actitudes de Sally, Burger y los demás prisioneros. También hay matices interesantes en las actitudes de los oficiales y suboficiales alemanes y el modo en que interactúan con su mano de obra esclava. En definitiva, una historia muy dura, de esas que te quitan el sueño, con imágenes muy perturbadoras.

Pero nada me impresionó más que la banda sonora. Ruzowitzky fue director de cine publicitario y de videos musicales para televisión. Eso le dio un expertise que se nota en varios pasajes de Los falsificadores, sobre todo en Berlín antes de la guerra y en Montecarlo una vez que terminó. En una de las primeras escenas, mientras está trabajando en un pasaporte falso, se escucha como fondo lejano una melodía que te suena familiar, aunque tal vez no la reconozcas.

El pasaporte de la mujer le servirá para huir a la Argentina. "El país del tango", dice Sorowitsch, que luego lo baila con ella, interpretada por María Bäumer, con quien termina en el lechoY ahí te das cuenta qué es lo que estabas escuchando. Ya sin pretexto argumental, se repetirá a lo largo de toda la película: es un álbum grabado en 1975 por Hugo Díaz con su armónica. Lo acompañan en el piano José Colángelo, Roberto O. Murtagh en contrabajo y Roberto Grela y Norberto Pereyra en guitarras. Díaz había nacido en Santiago del Estero y no fue menos genial que Sally, pero no falso sino verdadero. El álbum contiene 11 temas de Gardel y del poeta Alfredo Lepera y uno en el que se coló Celedonio Flores.

Díaz murió dos años después, recién cumplidos los 50 años. Además de tangos, tocó jazz y folklore argentino. Esas grabaciones son tesoros que por suerte alguien valoró más que sus compatriotas, entre quienes no es un desconocido pero tampoco goza del reconocimiento que merecería, junto a los más grandes. Alguien que se identificó en Internet como @norbertofernandez6857, contó hace dos años esta historia:

"Cierta vez, viajando Hugo Díaz junto a Domingo Cura por Alemania, llegan a la ciudad de Frankfurt y entran en la casa central de Höhner, tal vez el mejor fabricante de armónicas del mundo. Estaban allí mirando distintos modelos mientras Hugo probaba y tocaba algunos, elogiando su calidad hasta que comenzó a notar que los empleados lo miraban de una manera especial. Hugo Díaz era descendiente de indígenas y le comentó por lo bajo a Domingo que parecía que lo estaban vigilando. Le pidió a su amigo que tomara las armónicas porque tal vez pensarían que él se podía robar alguna. A Cura le parecía exagerado pero también notó la particular mirada y convino que podrían sospechar de la apariencia de su amigo. En un momento, parece que una empleada avisó al gerente y este se apersonó ante ellos. Hugo escuchó que este le pedía si podía acompañarlo. Bajo la mirada inquisitoria de todos los empleados, siguieron los dos al Gerente, que los llevó a la sala de directorio de la empresa. Para su asombro, en una pared había una gran fotografía mural en la que él, Hugo Díaz, aparecía retratado tocando una armónica que lucía claramente la marca Hohner. El gerente los agasajó y lo presentó a todos como el mejor ejecutante de armónicas del mundo y que la empresa se enorgullecía de que él ejecutara una. Por ello lo miraban curiosos los empleados al reconocer en aquel pequeño hombrecito al mismo de la venerada foto".

Hace algunos años confesé en una nota mi admiración por su talento y su hija Mavi Díaz (Viuda e Hijas de Roque Enroll) me escribió para agradecerme y me anunció que me enviaría todos los discos de Hugo (en realidad lo habían bautizado Víctor Hugo, pero tuvo el buen gusto de elegir el segundo como su nombre artístico). Es una lástima que al anuncio no siguiera el envío. Me hubiera encantado escucharlo tocar junto a Oscar Peterson y, sobre todo, Louis Armstrong, o en La Scala de Milán, con Renata Tebaldi, como cuenta Wikipedia. También me gustaría saber cómo fue su encuentro con Toots Thielemans y Larry Adler, a quienes conoció en Bélgica, donde nació su hija.

Pero tenemos estos doce temas, que me parecen una exquisitez.

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 2500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 5000/mes al Cohete hace click aquí