Felisa, el arte de la memoria

Las memorias eclécticas y la confesión de parte de alguien que ha vivido mucho y bien

 

Cordobesa, periodista especializada en arte, tendencias, moda y extravagancias con sentido, Felisa Pinto ha sido, y es, una testigo y cronista esencial de los años ’50, ’60 y ’70, hasta hoy que tiene 91 años. Acaba de publicar el libro Chic, memorias eclécticas, la confesión de parte de alguien que ha vivido mucho y bien.

Tolerante, plural, abierta, refinada (ella se parece a lo que establece sobre ciertas mujeres: “ni vulgar, ni burguesa”), más bien “zurdona” como en varias ocasiones se autopercibe en el libro y como muchos la llamaron. Desde su infancia muy feliz en Totoral al departamento familiar en Recoleta practica un ejercicio de memoria de la frivolidad, pero muy en serio, al punto que lleva al lector a preguntarse: ¿qué le faltó hacer en la vida? Y ¿a quién no conoció esta mujer? Libro concebido y concluido durante la etapa más brava de la pandemia, situación que, según aclara, no vivió como “encierro” sino como “resguardo”. Desafió a ese tiempo difícil volando de su infancia al presente mientras les daba la bienvenida a sus canas.

Su paso inicial en el periodismo fue en la revista Damas y damitas. Allí, invitada por Pirí Lugones y su esposo de entonces, Carlos Peralta, escribía una columna sobre discos. Más adelante en el mensuario Atlántida, que dirigía Luis Pico Estrada, ligó un viaje a París que convirtió en acontecimiento personal. Como quien no quiere la cosa conoció a Jacques Prévert, entrevistó a Ives Montand y a Pablo Picasso, así como entendió los conceptos del kitsch y del camp, visitó galerías de arte y encantadoras cuevas en las que disfrutó del jazz. En la revista Primera plana estuvo al frente de la sección Extravagario, módulo que en su paso por el semanario Confirmado tomó el nombre de Escaparate. En el diario La Opinión armó la sección La Mujer, en la que junto a ella colaboraban Tununa Mercado, María Luisa Livingston, Kado Kostzer y Roberto Jacoby. En estos dos últimos medios Felisa fue compañera de redacción del director de El Cohete a la Luna y de quien esto firma.

En el libro —editado por Lumen– cuenta que el director del matutino, Jacobo Timerman, probablemente alarmado por algunas encendidas proclamas feministas (de María Elena Oddone, de Betty Friedan y más) que aparecían con llamativa frecuencia, les envió un mensaje que hoy tendría otra respuesta: «Las mujeres a la cocina”, decía manuscrito con lápiz rojo sobre papel amarillo. Felisa y Tununa le respondieron publicando durante una semana únicamente textos que tenían que ver con ollas, recetas, sartenes y cuestiones gastronómicas.

 

 

 

Con y sin bemoles

Feminista cuando casi nadie se acercaba al fenómeno con esa palabra; cercana a la vida social y mundana inicialmente por motivos familiares y posteriormente por méritos propios, fue seducida por múltiples caminos artísticos en general y por la música en particular. A la que se acercó por otros caminos. No le faltaban vocación y estirpe: su papá fue concertista de piano. Cuando joven, soñó con ser lady crooner de jazz, pero Lalo Schiffrin la bajó del pedestal diciéndole que afinaba bien, pero le faltaba swing. En 1959, en un club de jazz porteño llamado Le Roi conoció a quien sería su marido, el talentoso trompetista Rubén Barbieri, que hizo una brillante carrera en el mundo del jazz. Era el hermano mayor del Gato Barbieri. Más allá de la música, los Barbieri eras simpatizantes marxista leninistas, razón por la que Felisa se hizo lectora de Nuestra Palabra, el periódico del Partido Comunista argentino que llegaba a la casa con regularidad.

“Yo era cuasi marxista –explica– aunque nunca había leído El Capital”. En el libro se define como “picaflor de izquierda” y compañera de ruta de muchos activismos sociales. En una ocasión un hallazgo periodístico de su cosecha (descubrió que un comercio de la calle Florida vendía, fuera del sistema, indumentaria militar de rezago) inspiró a Rodolfo Walsh para una de sus investigaciones, cuya culminación fue la clausura del negocio.

 

 

La divina Feli.

 

 

 

 

 

Etcétera

En el prólogo, la periodista Victoria Lescano la llama “testigo irreverente de la evolución del gusto”. En otro tiempo participó activamente de la creación de la carrera de Diseño Textil e Indumentaria en la Facultad de Arquitectura y en otra veintena de aventuras intelectuales. Y en cualquier tiempo y lugar sabe perfectamente de qué habla cuando utiliza expresiones como vintage, underground, diletante, naif o swinging London. Atravesó el existencialismo, conoció la poesía beatnik, el hippismo no le fue indiferente y entendió cabalmente el arte pop. En cada caso se permitió la duda, la innovación y el debate.

Por esas razones su Chic no es una memoria de ocasión ni una biografía oportunista. Tiene mucho trabajo, lucidez e ideología, así como la posibilidad de encontrarse con su propia vida y tantas más, que resultan reconocibles o familiares. Los perfiles, apoyados más en encuentros que en desencuentros, son cariñosos y no se regodean ni se detienen en típicas maledicencias argentinas. Las completísimas historias que dedica a Manuel Puig y a Victoria Ocampo con muy poco más podrían ser libros. La minuciosa descripción que hace de La Manzana Loca (Florida, Maipú, Paraguay, Charcas, con el Instituto Di Tella incluido) emociona a cualquiera que allá lejos acertó a caminar veinte pasos por esas veredas. En la mítica Galería del Este Felisa montó un negocio de objetos de diseño llamado Etcétera. Durante un extenso tramo de su vida profesional Pinto escribió en publicaciones como Las 12, Radar, La Moda, Barzón, La Nación, Summa, entre otras. En esas páginas pintó con cultura, desenfado, incorreción política y humor perfiles de mucha vigencia sobre personajes y personalidades como Pablo Ramírez, Eugenia Errázuriz, María Rosa Oliver, Silvina Ocampo, La Negrita Carmen Córdoba, Clorindo Testa, Marilú Marini, Mary Tapia, Juan Stoppani, Dalila Puzzovio, Carlos Squirru, Delia Cancela, Marcial Berro y Juan Gatti. Todos ellos vuelven a aparecer en el libro. Ahora, que, como dice el tango, “las nieves del tiempo platearon su sien”, Felisa se se muestra tal cual fue y sigue siendo hasta convertirse en el artífice de su propia belle epoque.

 

 

 

 

 

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