Feliz día del padre

En el día del padre entrevistamos a Benjamín Génova, varón trans y padre

 

Cuando Benjamín Génova se quedó embarazado por primera vez, se dio cuenta de que ya no iba a poder decir que era varón. Tenía 14 años. Gestar y parir lo colocaban de lleno en un modelo femenino en el que no encajaba. Dos años después volvió a la calle. A los 20 tuvo otra hija, en pareja con un varón. Cuando su hija más chica tenía 5 años, en el programa de TV Gran Hermano un personaje, Alejandro, contó que era varón trans.

—Después de haber visto ese chico en la tele dije ya está, lo tengo que decir. Tenía una amiga trans que vivía con nosotros, cuando escucharon a Alejandro mis hijas entendieron todo: “Ah, es como Saira pero al revés”.

Si algo lo demoraba en reconocerse públicamente como varón era la mirada de los demás. La más importante era la de sus hijas. «No me aguantaba más. Cómo les iba a contar a ellas era lo que más me preocupaba», dice hoy a los 33 años.

—¿Viste ese chico Alejandro, de Gran Hermano? —le preguntó a su hija más pequeña. Afuera Neuquén. Dentro de la casa, todo quieto.

—Sí —le contestó Agostina.

—Bueno, yo soy como él.

Yo soy como él quería decir soy un varón. Tu mamá es un varón. Soy un varón trans, siempre me sentí varón.

Y ella:

—¿Y por qué tardaste tanto en decírmelo?

Era 2010, faltaban 2 años para que la Ley de Identidad de Género se aprobara y comenzara a transformar la vida de muchas personas que no se identifican con el género que les asignaron al nacer: el reconocimiento del nombre elegido, la cobertura médica obligatoria de los tratamientos hormonales, operaciones de transformación del cuerpo y la confirmación por parte de las leyes del Estado nacional de que las personas trans no son enfermas. “¿Quién antes que él reparó en nuestros derechos?”, para Benjamín la Ley de Identidad de Género fue posible gracias a que Néstor Kirchner les prestara atención.

—Para mí era clave que ellas vieran que era una persona común y corriente.

—¿Y por qué tardaste en decírselo? ¿Qué le dijiste?

Les dijo a sus hijas que tenía miedo de que ellas se enojaran con él. Había cerrado “la puerta de la identidad de género” cuando quedó embarazado de Macarena y abrirla lo llenaba de dudas.

—Cuando tuve a mi hija lo bloqueé, cerré esa puerta y listo. Dije: intento cumplir ese rol que la sociedad te asigna cuando tenés un hijo, tenés que hacer determinadas cosas porque sino sos una mala madre. ¿Cómo me iba imaginar como varón y embarazado? ¿Qué iba a pensar la sociedad? No era conmigo el problema, yo lo podía procesar y me imaginaba llevando adelante todo eso, el problema es qué piensan los demás. Yo ahora me siento empoderado para decir que un varón se puede embarazar  pero en ese momento, con 14 años, lo único que pensaba es qué iba a decir el resto.

 

 

La “puerta” había comenzado a abrirse unos años antes de ver otro varón trans en la televisión. Dos años después del nacimiento de su hija mayor, el padre de Benjamín lo echó de la casa, salía con una chica y eso le molestaba: “Me decía un montón de cosas: que yo era una lesbiana de mierda, que yo no podía criar a mi hija, que estaba enferma”.

—Hasta el propio Juez de Paz me decía: “Vos no podés criar a tu hija”, una violencia institucional terrible. Si tenía todas esas personas diciéndome que yo no podía, era obvio que no iba a poder sacar a mi hija de ahí.

Entonces, Benjamín rebota de acá para allá en las calles de Allen, una ciudad que para 2010 no superaba los 22.000 habitantes y es reconocida por ser la sede de la “Fiesta nacional de la pera”.

—No me veía masculino como me veo ahora, no tenía un documento masculino, tenía nombre de mujer. Me expuse a situaciones a cambio de un lugar donde dormir. Hasta que un día me dijeron: ¿Por qué no te vas a vivir a Neuquén?

En Neuquén capital se encontró con la Mesa por la Igualdad, una Asociación civil que forma parte de la Federación Argentina LGBT “y se despertó todo de nuevo, era mucha diversidad. Pero tampoco me animé”. En ese espacio no había ningún chico trans, trabajó un tiempo y se fue enojado. Volvió en 2011 cuando supo que era un varón trans. Hoy es el vicepresidente de la Mesa por la Igualdad.

En 2012, luego de la sanción de la Ley, Benjamín la llevaba impresa en A4 en la mano al hospital público para poder acceder a la cirugía. Lo miraban con cara de sorpresa, nadie sabía de qué hablaba. La cirugía llegó en 2015.

—Cuando me preguntaron si quería salir en la tele contando la cirugía dije que sí, sabía que era importante porque justamente yo supe que era trans porque vi un tipo en la tele decir que era trans. Ahí aparecieron muchos compas.

Empezaron a llegar llamados, consultas, invitaciones, preguntas y se fue dando forma a Varones trans de Neuquén y Río Negro, una organización con niños y adultos que van de 5 a 50 años, y que tiene un colectivo subsidiario: Familias de varones trans de Neuquén y Río Negro. El 11 de mayo hicieron el Primer Encuentro Provincial de personas trans binarias y no binarias y llegaron 50 compañeras, compañeros y compañeres desde diversos puntos de las provincias. También celebraron el séptimo aniversario de la sanción de la Ley.

 

 

Sale del aula 13 del Instituto de Formación docente Nº 12 de Neuquén, saluda acá, saluda allá, futuras y futuros docentes neuquinos como Carlos Fuentealba, dibujado en una pared. La cartelería institucional promociona una línea de consultas por aborto y festeja la diversidad. Benjamín pide disculpas porque chatea, más tarde dirá que la insistente era su hija mayor, que está organizando el día del padre.

¿Para el día del padre hacen algo?

—Sí, justo me estaba escribiendo mi hija, Macarena, la de 18. Ella está de novia hace 4 años con un chico que se llama Franco. Una tarde llego a casa y estaba Maca afuera con una chica. Y me dice: “Es mi novia”. Y yo: wow. Viste que vos sos muy militante y de repente tu hija te viene con una novia… En realidad la novia era un chico trans que no había hecho su transición, que nunca lo había podido contar. A los días se entera en casa de que yo soy un varón trans, Maca no le había contado. ¡Vino toda la familia del chico a acusarme de que yo lo había convertido en trans! Me violentaron. Pero Franco pudo ser Franco y es un chico súper feliz y libre. Ahora me decía de que el domingo comamos juntos, Agostina también viene así que seguramente venga su otro papá también. Somos una familia ensamblada y diversa. No pasa nada raro, lo vivimos con naturalidad.

Desde que Benjamín les contó que era varón, sus hijas le empezaron a decir papá. Fue instantáneo. Cuando Agostina estaba en 4to grado entró una maestra nueva al aula y les pidió a les chiques que se presentaran. Quién sos, cómo se compone tu familia. Agostina contó que tenía dos padres. “¿Así que tenés dos papás? ¿Te adoptaron?, le preguntó la maestra progre”, cuenta Benjamín radiante.

—No, uno es trans y otro es cis* —le había respondido la nena.

Hoy Agostina tiene 13 años, y según su padre, “con toda esta movida feminista que empodera a las pibas” ella podría dar clases sobre identidades trans.

—Los chicos la cazan al toque. Los mismos compañeres le dijeron lo que pasa que el papá de Agos antes era la mamá. Esos chicos tenían 5 o 6 años cuando se enteraron de mi transición y fue todo muy natural, me empezaron a saludar de otra manera, chocándome la mano y el puño. Los padres no saben cómo saludar. Los varones cis, en general, te tratan como chongo, te golpean la espalda, y cuando se enteran de que sos trans algo cambia.

—¿Cambió algo cuando pasaste de madre a padre?

—Socialmente. En realidad no cambió nada, seguimos haciendo las mismas cosas. En mi casa tampoco hubo jamás eso de vos porque sos mujer tenés que barrer y yo voy a hacer el asado o cosas así. Hacemos lo que queremos y lo que podemos. No hubo cambios marcados. Sí para afuera. La sociedad te intenta encajar en un lugar, como ahora sos el padre tenés que comportarte de otra forma, tenés que ser el que ande con la escopeta en la mano porque tenés dos hijas mujeres. La verdad que trato de ser todo lo contrario.

¿Hay rituales de la masculinidad que tuviste que aprender?

—Sí, los varones de hecho no se dan cuenta de que hay rituales. Cuando empecé a transicionar uno de mis mayores temores, aparte de ir al baño público, era el saludo con otro varón cis, ellos tienen formas de saludar que son todas diferentes, no es lo mismo saludar en la cancha que en la oficina, si es más grande que vos, si es mas chico, todo eso que tienen naturalizado y aprendieron desde niñes, uno lo tuvo que aprender.

 

Niños trans. Foto del Facebook de «Varones trans de Neuquén y Río Negro».

 

Los primeros años después de reconocerse como varón trans Benjamín tenía miedo a ser excluido por los varones que practican lo que se llama «masculinidad hegemónica». Después se dio cuenta de que no era necesario encajar ahí, que podía construir otra masculinidad que no fuese «la masculinidad re violenta que hay en general».

—Hay un tema porque esta masculinidad hegemónica no es sólo de los varones héteros cis, por ejemplo los gay cis muchas veces son mucho más violentos que otros. Dentro de lo que es LGBT los gays son bastante violentos, patriarcales, misóginos, transfóbicos.

¿Podemos separar a “lo macho” de los masculino, trans o cis?

—Es muy difícil. Hablando de los privilegios, ser varón, tras o no trans, tiene privilegios, pero hay privilegios que vos podes elegir tenerlos y otros que no. Por ejemplo, que yo me cuelgue en la peluquería hablando con los tipos de ahí acerca de que las minas son todas unas putas es algo que yo estoy eligiendo hacer y puedo elegir no hacerlo. Ahora, salir a las 3 de la mañana caminando a comprarme cigarrillos es un privilegio que yo tengo y no es que puedo elegir cambiarlo o no: no tengo miedo de caminar 10 cuadras a las 3 de la mañana o de subirme a un taxi porque sé que el tipo no me va a acosar. Es bastante fácil si detectás esas dos cosas.

«Ni lo trans, ni lo gay, ni lo torta te quita lo macho, tampoco», resume Benjamín. Ni lo mujer, se podría agregar. «Toda masculinidad es construcción de cada uno, yo hago eso de separar los privilegios y lo que puedo sacar, lo saco, y muchas veces no puedo, no soy el más deconstruido del mundo, soy una persona de 33 años que se me pegaron 10 millones de cosas de esa construcción social que hay y trato todos los días de cuestionarme a mí mismo dónde estoy parado yo».

—Hay compañeros trans que directamente no he podido hacer reflexionar, para ellos está todo mal ser puto, está todo mal que te pintes las uñas o que te guste un tipo. Son pibes que son trans, que son violentos y machos y responden a esa masculinidad violenta, pero yo creo que, les pongo una ficha, que han tenido que ser así para pertenecer y sobrevivir. Son los típicos pibes de barrio y tienen que sobrevivir, sean trans o puto o lo que sea y ¿cómo lo hace? Perteneciendo.

 

 

Benjamín tiene colgado en el cuello el pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Lo agarra y lo sacude varias veces cuando menciona los espacios de donde los varones trans son corridos por ser varones.

La lucha por la despenalización es algo que nos toca directamente, de hecho son realidades que hemos transitado. Yo casi me muero por abortar de manera clandestina y sufrí violencia institucional. Fui a un hospital en Allen con un aborto en curso, llamaron a la policía y todos me maltrataron. Esa realidad le pasa a un montón de varones trans. No es que nos pasó antes de la transición, nos pasa ahora. Se piensa que como transicionamos ya no hay posibilidades de que nos embaracemos, y sí existe la posibilidad, porque puedo estar con un pibe cis o con una mujer trans. 

—¿Cómo fue tu aborto?

—Aborté tomando un yuyo que venden en la farmacia. Yo tenía 17 años. No quería tener un hijo, tomé eso hasta que empecé a tener un dolor increíble. Las maricas que estaban conmigo estaban todas asustadas, no sabían qué hacer y me llevaron al hospital, todos de pueblo y sin la tecnología que hay ahora. En el hospital me acusaban de haber querido abortar, me trataban re mal, y me metieron en una habitación 7 horas, agarraba las cosas y las tiraba, nunca me dieron nada para calmar el dolor que tenía. Llegó la policía y me interrogó, yo estaba solo: “Dale, piba, decí qué tomaste”, me decían. Me hicieron un legrado, salgo del quirófano y otra vez la policía. Re violento. Me podrían haber dejado morir. Me psicopateaban, que eso es tu culpa. Llamaron a mi viejo, todo como si yo hubiera matado a alguien».

Se agarra de nuevo el pañuelo para decir que a los varones trans «no se los hace parte de esos espacios de debate y visibilización, no nos queremos quedar con las luchas de nadie, queremos aportar, porque son luchas que son nuestras también».

—¿Creés que en el feminismo o los feminismos no hay lugar para los varones trans?

—Sí, no se ha dado. No es que haya mala intención, solo que no se ha dado. Es parte de la construcción y deconstrucción que estamos haciendo como sociedad. Ojalá que en algún momento podamos encontrarnos con estas compañeras, ellas han empezado esta lucha hace muchos años pero la tenemos que ganar todes. No creo que no quieran que existamos en esa marcha, sino que no se ha dado, sí estamos dispuestos a sentarnos y a aportar, porque es parte de nuestra realidad. Yo no uso el pañuelo porque esté de moda, sino porque casi me muero por abortar de manera clandestina. Ahora ya se nombra a los varones trans, o personas gestantes, porque puede que la persona no sea ni varón trans ni mujer cis, puede ser una persona que no se percibe con ningún género y puede gestar. O sea, es super amplio y eso se empieza a ver, ojalá que eso se vea también en Neuquén y en Río Negro.

Benjamín está en primer año de la carrera docente. Para él estudiar es un lujo, un privilegio que otras personas trans no tienen. Imagina la docencia como parte de su militancia. Cuando iba a la escuela, el niño Benjamín esperaba que alguien alguna vez le pregunte qué le pasaba. Era solitario y violento, su casa era un territorio hostil y esperaba que en la escuela lo entendieran pero en cambio se encontró con el binarismo del rosa y el celeste, de los baños separados, los roles de género, el rechazo de nenas y de nenes. Le decían “machona”, “marimacho”, “raulito”. “Yo no voy a poder estar en la casa de todas las personas pero sí desde la escuela voy a poder hacer algunas cosas”, dice y vuelve a encender el teléfono. “No tendría que haber esperado 25 años para decir que soy un varón. Por eso soy militante, porque no quiero que nadie más pierda 25 años de su vida”.

 

 

*Lo cis es lo que no es trans. Una identidad cisgénero es aquella que tiene quien identifica su género al sexo asignado al nacer. «Es una nena», dijo la partera, y la persona cis 40 años después sigue afirmando que es nena.

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