FERNÁN Y PINCHAME SE FUERON AL RÍO

Los mismísimos equipos de la salud pública deschavan el zafarrancho de la vacunación en CABA

 

Sobreactuación, desespero, megalomanía, autocompasión, como sea, ante la precariedad de exhibibles nuevos logros de gestión y aún menores proyectos políticos (sepultados a la sombra de la experiencia 2014- 2019), la estrategia cambiemita se recluye en el espectro vacunatorio. Espacio multipropósito caracterizado por la craneoteca opositora apto para elevar la estima pública mediante el artilugio de degradar al oficialismo. A medida que se erosiona la eficacia de los frentes otrora exitosos (judicial, tanático, frívolo, mediático, su ruta…), se alientan recursos acaso impensados en los buenos tiempos en que los figurones todavía no habían sido salpicados por el alquitrán del descreimiento.

Adalid del oxímoron, comunicador capaz de armar una frase con subordinadas, de calmo temple, el ministro de Salud de Horacio Rodríguez Larreta, Fernán González Bernaldo de Quirós, diez días atrás había producido la fantástica construcción de que “para mantener la equidad” se le habían otorgado vacunas a las empresas de medicina prepagas. Las cuales, quedó comprobado, fueron a parar a quienes garpaban la cuoteli. Desbaratada la operación, en la semana que termina, el funcionario vuelve a disparar sobre el mismo blanco, con idéntica puntería. Compungido, en rueda de prensa sostuvo: “Nación tomó la decisión de una distribución de vacunas basada en población general cuando la vacuna se aplica a grupos de riesgo, y los grupos de riesgo no son proporcionados a la población general en todas las jurisdicciones. La Ciudad tiene una carga de trabajadores de salud muy superior a otras regiones de la Argentina, y tiene una pirámide poblacional más envejecida del promedio”. Diego Santilli, segundo de Larreta, salió a bancar al amigo con el anuncio de que la Ciudad está preparada para aplicar 20.000 vacunas diarias y, aún más: “Estamos preparándonos para llegar a 1.200.000 personas en 45 días. Pero hay que tener las vacunas. Si tuviéramos un millón y medio de vacunas nosotros en 45 días vacunamos a todos”. Obvio: el malo de la película es el gobierno nacional.

Encomiable aspiración. Si no fuera por los números. CABA ya recibió 211.900 vacunas de la Nación y sólo aplicaron 147.735 dosis. Sin contar las 100.000 asignadas al plantel docente (de comprobable trazabilidad) que fueron desviados con el pretexto de completar la inoculación del personal sanitario, por cierto un destino en el que sucedieron turbias irregularidades, tal como lo consignó El Cohete a la Luna en su anterior edición. A las ya señaladas, en la última semana se sumó la no menos rara que vertiginosa vacunación de profesionales de salud mental que trabajan por fuera de la salud pública. Es decir aquellos que realizan su práctica en forma privada, en su enorme mayoría en forma virtual a través de las redes sociales. Una de las psicólogas que aprovechó la movida confió a este cronista una situación ocurrida mientras esperaba su turno en la cola del vacunatorio, emplazado dentro del estadio de River Plate: “Detrás mío en la fila había una pareja de maso 70, él de riesgo, ella conviviente y yo les pregunto si son personal de Salud. Me dicen que no pero que el hijo, que trabaja en Salud Ciudad, los anotó: apellido Quiróz… Ella rápidamente me aclaro que no tenían nada que ver con el ministro”.

El cuadro confeccionado por el senador correntino Martín Barrionuevo refleja la proporción entre las dosis aplicadas y la población.

 

 

 

 

Si bien resulta innegable que la capital argentina posee el mayor número de adultos mayores en proporción a su superficie, también lo es que cuenta con el mayor sistema sanitario del país y, por ende, el correlativo contingente de personal. Evidencia que el problema, como señalan los funcionarios porteños, es real. Sucede que reside en otro lugar.

De ningún otro modo se entiende cómo una provincia lindante, como la que conduce Axel Kiciloff, que sextuplica la población de la CABA y dentro de la cual ésta última cabe 1.514 veces, logra —como el viernes último— vacunar 40.000 personas y en los pagos de Larreta no se llega ni a la mitad. Más específicos por ser partícipes del campo de marras, los investigadores del Equipo Sanitario del Hospital Alvear, situado en el barrio de La Paternal, distribuyeron cuatro días atrás datos actualizados que pintan el panorama con mayor síntesis y claridad:

Vacunas:

Recibidas por CABA  221.225

Aplicadas dosis 1.   101.822

Aplicadas dosis 2.     30.458

Total aplicadas.       132.280

Vacunas no aplicadas.  88.945

(«Si bien la carga de información puede retrasarse y tener por tanto un subregistro, los datos siguientes resultan altamente significativos del manejo discrecional de la vacunación en CABA”, aclaran.)

Personal:

Sanitario público CABA.  54.090

Sanitario privado CABA.  54.000

Personal sanitario público y privado en CABA. 108.090

Personal adherido aprox.  30.000

Personal de geriátricos.  9.400

Total de personal sanitario a vacunar según criterio protocolizado tanto por Nación como por Ciudad: 146.490.

Corolario: si, en efecto, se hubiese inoculado a la totalidad del personal sanitario, restaría un remanente de 74.735 vacunas para adultos mayores. No obstante, subrayan los profesionales que, según propia constatación: “Queda mucho personal sanitario sin vacunar porque resulta evidente que esas vacunas han sido desviadas por el ministerio de Salud y no se sabe exactamente dónde están. A eso se lo denomina clásicamente ‘mercado negro’ en cualquier especie de bien de que se trate”. No es de extrañar que la engañifa en que se amaga envolver el problema de la vacunación capitalina percute el ánimo de la población en general y de los equipos de salud en especial. Vuelven a resumirlo los investigadores del Alvear; “Los miembros de los equipos sanitarios que hemos expuesto nuestra salud y nuestra vida nos sentimos estafados por las autoridades sanitarias que han perpetrado este incumplimiento de sus deberes de funcionarios públicos y reclamamos a la población que levante su voz, no tanto en nuestra merecida defensa como en la de un firme reclamo de corrección del rumbo, pues de otro modo advertimos que la inevitable segunda ola resultará espantosa ante tan pésimo manejo epidemiológico. Nadie sale indemne de esta pandemia individualmente por estar vacunado. Ese razonamiento es ignorante y peligroso”.

Entre la hipocresía, el curro y la inoperancia emerge sin disimulo el modo en que la improvisación política neoliberal subsume la urgencia sanitaria en la timba electoralera. A medida que intenta inflar con sus propias flatulencias el cuco populista y el globo se le pincha por sus parches habituales, procura investirse en Platero, el tierno équido inmortalizado por el poeta Juan Ramón Jiménez, con su figura de “pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que parece todo de algodón”. Coadyuva en tamaña cruzada el paquetísimo estilo del ministro —eventual candidato— Fernán González Bernaldo de Quirós, sin embargo insuficiente a fin de contrarrestar el granítico rostro de sus cofrades.

 

 

 

 

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