Fin del ciclo del Tartufo nuclear

La salida de Reidel de la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina

Reidel, una gestión entre acusaciones por sobreprecios en licitaciones y proyectos mentirosos.

 

La eyección de Demián Reidel de la presidencia del directorio de la empresa pública Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) por presuntos sobreprecios en una licitación por servicios de limpieza clausura una maratón de anuncios disparatados dentro del sector nuclear.

En los días previos a la tarjeta roja al amigo del Presidente ya habían sido expulsados dos miembros del directorio de NA-SA que habían llegado con él. Como reemplazos se recurrió a profesionales de carrera, con la esperanza de recuperar cierto orden en los circuitos administrativos de la empresa que opera las centrales nucleares de Atucha I, Atucha II y Embalse.

A Reidel lo reemplaza el bioquímico Juan Martín Campos, que tiene varios años de desempeño en la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN). Campos viene de un paso previo por la presidencia de la empresa Dioxitek. Al cargo accedió cuando Ramos Nápoli, el publicista de Karina Milei, que había saltado a la presidencia de Dioxitek a mediados de 2025, fue en diciembre nombrado titular de la recién creada Secretaría de Asuntos Nucleares. La calesita de funcionarios es vertiginosa: a Campos le tocó ser el cuarto presidente libertario de Dioxitek (por un par de meses) y ahora es el quinto presidente de NA-SA en 26 meses de gobierno de Milei. Es decir, hasta la fecha nadie parece hacerse cargo de NA-SA.

El patrón es claro: se nombra un presidente, proclama grandes objetivos para justificar su nombramiento, cobra un sueldo de alrededor de 15 millones de pesos por unos meses y se las pica sin mover un cenicero de lugar. Campos dilapidará el capital simbólico acumulado en su carrera y será reemplazado dentro de siete a diez meses por otro muñeco de corbata, que también proclamará sus metas y así hasta 2027. Despidos, degradación de los salarios y privatización en curso del 44% de la propiedad de la empresa aparecen como las metas comunes que enhebran estas cinco gestiones.

 

 

La fuga hacia adelante de un mitómano

Propia de un aspirante argento a lobo de Wall Street, la saga de promesas alucinadas de Reidel, el Tartufo amigo del Presidente eyectado de NA-SA, muestra el patrón de conducta de un apostador compulsivo. Su primer golpe de efecto, como jefe del Consejo de Asesores del Presidente, fue haberle hecho decir a Milei, a los pocos meses del inicio de su gestión, que ambos iban a ganar el premio Nobel de economía.

La inmensidad del paisaje austral, que excita desde el siglo XIX la fantasía de locales y extranjeros, no solo atrajo las afiebradas excavadoras del partido judicial en busca de tesoros ocultos en el subsuelo de Santa Cruz. A mediados de 2024, la dupla Milei-Reidel sumó el espejismo de “un hub de IA en la Patagonia”. La energía necesaria para alimentar a los voraces centros de datos, nos prometieron, iba a ser provista por reactores nucleares desarrollados en la Argentina.

Luego de un paseo del dúo dinámico por la costa oeste de Estados Unidos, Tartufo sostenía: “A Javier Milei lo aman en Silicon Valley”. Durante más de un año, los infladores mediáticos se sumaron a la fiesta. En el diario La Nación se habló de “fundar una ciudad nuclear en la Patagonia”, desconociendo que ya existe, que la impulsó Perón y que hoy alberga el Centro Atómico Bariloche, el Instituto Balseiro y la empresa INVAP. Otros medios arrojaron títulos como “Argentina entra en las grandes ligas de la IA” y “OpenAI y Sur Energy invertirán hasta 25.000 millones de dólares para construir un mega data center para inteligencia artificial en la Patagonia”.

 

 

Seis meses más tarde, en la noche del 20 de diciembre de 2024, el dúo dinámico anunció un “Plan Nuclear Argentino” y, para impulsarlo, la creación de un Consejo Nuclear Argentino, a cargo de Reidel. El paso inicial sería la construcción de un pequeño reactor modular –el ACR-300 que la empresa pública INVAP había patentado en Estados Unidos– en el Complejo Nuclear Atucha, “gracias al estado avanzado de la ingeniería”. En los hechos, el “estado avanzado de la ingeniería” era un diseño que la empresa pública INVAP había patentado en Estados Unidos.

Entre los muchos disparates, Tartufo sostuvo esa noche: “Este hito no solamente asegurará nuestra soberanía energética, sino que también nos permitirá replicar este éxito en el territorio nacional y exportar esta tecnología al mundo”. Entre otras gansadas, también explicó: “Los cortes de luz serán un mal recuerdo de una época en que la Argentina desaprovechaba sus enormes recursos”, o también que los pequeños reactores modulares van a permitir “industrializar zonas que hoy están despobladas”.

La pregunta del millón era: ¿por qué este anuncio se refería al reactor ACR-300, que estaba en papel, si el prototipo del reactor CAREM estaba avanzado en un 64%? Como se explicó en ediciones anteriores de El Cohete a la Luna, el único objetivo del supuesto Plan Nuclear Argentino era disimular la paralización del prototipo de pequeño reactor modular CAREM. Este proyecto, a cargo de la CNEA, había demandado hasta la fecha alrededor de 590 millones de dólares de inversión pública y participación de decenas de empresas nacionales.

Si se considera que la principal meta del sector nuclear argentino –el desarrollo autónomo de un reactor nuclear de potencia (para producción de electricidad)– fue demolida durante el menemismo por presiones de Estados Unidos, se entiende por qué el desarrollo del prototipo CAREM es una de las dos o tres apuestas tecnológicas más importantes de la historia de la Argentina. Las fantasías patagónicas de la dupla Milei-Reidel fueron la pantalla para volver a clausurar esta meta, otra vez por presiones explícitas del hegemón decadente.

La saga continúa con el nombramiento de Reidel como presidente de NA-SA en abril de 2025. Otra ráfaga de anuncios actualiza la fuga hacia adelante. Lo que llamó la “fase 1” del Plan Nuclear Argentino prometía la construcción de cuatro reactores ACR-300 –de 300 MW de potencia cada uno– en el predio de Atucha. La suma de 1200 MW de los cuatro módulos además desplazaba los 1150 MW de la central que la Argentina se había comprometido a comprar a China.

La fase 1 se concretaría en cinco años, un plazo irrealizable. Pero estamos frente a un ignorante enfático: “El deadline original para la construcción de estos reactores eran cinco años. La verdad es que hablé con muchos de los ingenieros que están involucrados con la parte regulatoria y dijeron que es absolutamente imposible hacerlo en cinco años, que no hay ninguna manera de hacerlo en cinco años. Yo, la verdad, que los escuché y ahora el deadline es de cuatro años y medio. Como sigan jodiendo con que es imposible, vamos a seguir bajando. Mi objetivo de verdad es ganarle a ese deadline”. Es un misterio imaginar cómo pensaba reducir los plazos mientras se reduce el personal, se pierden competencias y se recortan salarios.

En el camino, también se sacó fotos, a mediados de junio de 2025, con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, y el presidente roquista de YPF, Horacio Marín, cuando anunciaron la creación de YPF Nuclear para impulsar la minería de uranio para exportación.

Hasta la salida de Reidel de NA-SA no tenemos noticia de un dólar de inversión para el hub de IA o para la ciudad nuclear en la Patagonia, o de alguna excavación en Atucha para el inicio de la “fase 1” –la instalación de los cuatro ACR-300–; nunca más se escuchó hablar del Consejo Nuclear Argentina, ni tampoco hay novedades de YPF Nuclear.

 

 

El frío bisturí del imperio

Mientras que en la superficie del sector nuclear se despliega este carnaval carioca de recambio de muñecos de corbata y de promesas fantásticas para la tribuna de libertarios y crédulos, en los subsuelos trabaja, incansable y preciso, el bisturí del Departamento de Estado de Estados Unidos en una cirugía mayor. Cortan los nervios y arterias vitales del sector nuclear argentino y avanzan sobre los minerales críticos en territorio argentino.

En agosto de 2024, la Cancillería argentina firmó el memorándum de cooperación con el Departamento de Estado de los Estados Unidos que propone “cooperar en el fortalecimiento de la gobernanza y la inversión en el sector de los recursos minerales críticos en la República Argentina”. Con este acuerdo, la Argentina se sumó al Mineral Security Partnership Forum (MSP Forum). A fines de septiembre de 2024, se difundió la bienvenida que Estados Unidos y la Unión Europea dieron a los siete nuevos miembros del MSP Forum –la Argentina, Groenlandia, Kazajistán, México, Namibia, Perú, Ucrania y Uzbekistán–, que se suman al resto de los miembros: República Democrática del Congo, República Dominicana, Ecuador, Filipinas, Serbia, Turquía y Zambia.

Esta saga de entrega de los minerales críticos se completó el 4 de febrero pasado, durante la reunión ministerial sobre minerales críticos convocada en Washington por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. En esta ocasión, la Argentina y el país del norte suscribieron un “Instrumento Marco”. Dice el comunicado de la Cancillería argentina que ratifica la “asociación estratégica” y el “compromiso con el desarrollo de un suministro seguro, resiliente y competitivo”.

En septiembre de 2025, la Argentina firmó con Estados Unidos su ingreso al programa de Infraestructura Fundamental para el Uso Responsable de la Tecnología de Reactores Modulares Pequeños, o programa FIRST, por el cual la Argentina se embarca en la compra de tecnología de pequeños reactores modulares de la industria nuclear estadounidense.

En este contexto, antes de la eyección de Reidel, a mediados de diciembre de 2025, un decreto de Milei creó la Secretaría de Asuntos Nucleares. Esta nueva intermediación burocrática se propone, según un tuit del Ministerio de Economía, transformar al país en la “Arabia Saudita del uranio”. Al frente de esta Secretaría fue puesto el abogado y magíster Federico Ramos Nápoli, un punto de Karina Milei.

 

 

Finalmente, el candado se cierra con las exigencias externas explicitadas en el informe del FMI, presionando para que Milei acelere la privatización de activos públicos, y los dichos del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, exigiendo uranio argentino a cambio del salvataje económico, en pleno proceso electoral en octubre pasado. La subordinación energética aparece así como contracara de la subordinación financiera.

Hace pocos días, entre los numerosos condicionamientos que impuso a la Argentina el acuerdo comercial con Estados Unidos, se puede leer en su artículo 4.3: “La Argentina no comprará reactores nucleares, barras de combustible ni uranio enriquecido de ciertos países”. La expresión “ciertos países” parece absurda en un acuerdo bilateral, al margen de que resulta clara la referencia a China y Rusia.

Mientras las fantasías del Tartufo nuclear quedarán como materia para futuros cuentos o novelas, los puntos de llegada que se propone ocultar el caleidoscopio de falsos anuncios son la paralización de proyectos nacionales, salarios por debajo de la línea de pobreza, recortes de personal, extranjerización de IMPSA, privatización del 44% de Nucleoeléctrica, minería de uranio para la industria nuclear de Estados Unidos y desconexión de China y Rusia.

 

 

 

* Nicolás Malinovsky es autor de Crítica de la energía política (2025). Doctorando en Economía Política Mundial (UFABC, Brasil), ingeniero electricista (UNRC), magíster en Gestión de la Energía (UNLa), diplomado en Anticipación Estratégica y Gestión de Riesgo (UNDEF), analista de Nodal. Docente en UNPAZ. Redes: @nicomalinovsky.
** Diego Hurtado es profesor-investigador en Escuela de Humanidades-LICH (UNSAM-CONICET).

 

 

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