Fin del mundo, corazón del país

La historia de la ampliación de la plataforma continental argentina

 

Durante mucho tiempo se pensó que el centro de la Argentina estaba aproximadamente en Córdoba, pero con el nuevo mapa bicontinental –que suma la verdadera dimensión de los espacios marítimos circundantes–, sabemos que el corazón de la patria está en lo que para el resto de la humanidad es el fin del mundo.

 

 

 

 

 

La cartografía del siglo XXI

Los mapas parecieran ser un asunto de otro tiempo, algo que le tocó construir a otras generaciones. Durante décadas, madres y padres (¿o quizá más bien madres?) han corrido al kiosco el domingo a la noche porque el lunes había que llevar un mapa de la Argentina al colegio: uno físico, que era el de los colores, uno político que marcaba las provincias, y ni que hablar cuando el pedido era uno “mudo” porque lo que se venía era la evaluación. Pero ese mapa era eminentemente terrestre. Y es cierto, la porción del planeta que corresponde a la tierra ha sido mayormente dividida en el pasado, dicha cartografía sí que le tocó a otras generaciones. Pero delimitar las aguas, ese vasto mundo complejo, desconocido, insondable, es el desafío de las cartografías en la actualidad.

 

 

El ABC del agua y el territorio

Podría decirse que las aguas marítimas del mundo se dividen en tres grandes zonas. La primera, aledaña a las costas, es lo que se conoce como mar territorial. Allí el Estado ejerce plena soberanía, de igual forma que en las aguas internas de su territorio. Se extiende hasta una distancia de 12 millas (unos 20 kilómetros) que se cuentan a partir de lo que se llama “línea de base”.

Luego viene lo que se conoce como mar patrimonial o zona económica exclusiva. Esta fracción del mar corresponde a los Estados en materia de recursos marinos, del lecho y del subsuelo. A saber: si hay una especie como las vieiras, por ejemplo, que “caminan”, se arrastran por ese suelo del mar –llamado lecho–, el Estado dispone de ese recurso. En cuanto al subsuelo, si en esa porción del territorio hay petróleo, gas o metales, el Estado puede usufructuarlos. De modo que el mar patrimonial es muy importante. Esta porción se extiende, salvo excepciones, hasta las 200 millas.

Alta mar o aguas internacionales se refiere a todo lo que viene después y es un espacio abierto a todos los Estados, sean ribereños o sin litoral. Comprende la libertad de navegación, sobrevuelo, pesca, investigación científica, la posibilidad de tender cables y tuberías submarinas, así como de construir islas artificiales.

Plataforma continental es la continuación submarina de los continentes: si se quitara el agua del mar, veríamos que la tierra firme se extiende aunque esté sumergida. La prolongación de la plataforma continental es muy variable, su longitud puede medir desde escasos metros hasta cientos de kilómetros. La misma termina en el llamado “talud”: una especie de escalón gigante, un abismo en el océano: ahí empieza el alta mar.

 

 

Buque oceanográfico «Puerto Deseado».

 

 

 

20 años de historia

  • En 1982 se creó la CONVEMAR: Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Mar, uno de los tratados multilaterales más importantes de la historia. Esta convención cambiaba para siempre el sentido del territorio marítimo, porque definía que el límite de las 200 millas del mar patrimonial (que corresponde a todos los Estados costeros) se podía extender siempre que hubiese una prolongación natural del territorio bajo el mar por la propia fisonomía de la plataforma continental. Los Estados que tuviesen esta característica podían realizar la enorme labor científica de probarlo ante el mundo y extender así sus fronteras.
  • En 1994 la CONVEMAR entró en vigor.
  • Adivinen qué Estado tenía una plataforma continental extensísima y necesitaba de las herramientas del Estado para probarlo: sí, la Argentina, un país al cual las políticas de largo plazo no se le dan del todo bien. Pero en este caso, tan central y determinante, el proyecto funcionó. Se creó en 1997 la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental, COPLA, destinada a investigar ese fondo del mar, a definir los límites de la plataforma continental, a redefinir el mapa nacional. Y lo logró. Contra viento y marea, con el 2001 en el medio, con las enormes variaciones de color político, el Estado pudo sostener esta comisión de vital importancia y el objetivo se cumplió.
  • En 2009 se presentó ante la ONU el nuevo límite nacional.
  • En 2012 se creó la comisión de expertos que analizaría el caso argentino.
  • En 2017 la ampliación de la plataforma continental argentina quedó definitivamente aprobada por la ONU. [Cabe aclarar que la comisión que evalúa la presentación de cada país puede aprobar, pero también puede rechazar o sugerir modificaciones. En el caso de Argentina, se aprobó.]
  • En 2020 se sancionó la Ley 27.557, que delimita el nuevo mapa bicontinental de la Argentina.

 

Frida Armas Pfirter le explica al Presidente cómo se hizo la demarcación.

 

 

 

 

El know-how

Frida Armas Pfirter es abogada, especialista en derecho internacional y coordinadora general de COPLA. El Cohete la entrevistó acerca del proceso que atravesó junto a la comisión hasta llegar a la actualidad y sobre los desafíos presentes y futuros. Su equipo llegó a integrar alrededor de 60 personas. Hoy, con buena parte de la labor realizada, son 19. Frida describe el valor y las complejidades de un proyecto a largo plazo: tuvieron que sortear innumerables obstáculos pero pudieron sostener la tarea porque tenían conciencia de estar en el marco de algo trascendente. No es cosa de todos los días ampliar los límites de un país. Es un ejemplo claro de cómo la inversión en ciencia y tecnología puede cambiar sustancialmente las posibilidades de una Nación en su ejercicio soberano.

A su vez, el trabajo durante dos décadas con científicos que desarrollaron una tarea que jamás había sido realizada en el país, formó cuadros que hoy ostentan un conocimiento valioso a nivel mundial. Incluso con el mapa ya terminado, siguen en cooperación con proyectos de investigación, articulan labores con distintas áreas del Estado e incluso apoyan a otros países en la tarea de delimitar sus respectivas plataformas. Para cualquier ciudadano cuya cotidianeidad dista del alta mar, los taludes y el subsuelo, resulta totalmente ajeno vislumbrar el día a día de esta investigación, imaginar lo que será medir las profundidades con la ecosonda de haz simple o con la sonda multihaz, visualizar el uso del batitermógrafo desechable o la roseta oceanográfica. Son elementos específicos pero que vale la pena mencionar para ponerle nombre a la tarea minuciosa de decir dónde termina la Argentina y empieza el resto del mundo.

 

 

 

 

 

La conquista de poner límites

Hay una idea que sobrevuela en la sociedad y es que la libertad es lo opuesto a los límites: soy libre en tanto nada limita mi voluntad, que no tiene fronteras. Hay quienes abonan este tipo de postulados. Sin embargo, desde otra perspectiva, la libertad existe gracias al límite, pues sin él sería pura abstracción. Libertad y límite aparecen entonces como dos caras de una misma moneda: la una no podría existir sin el otro. El trabajo ejecutado por el equipo destinado a demarcar la plataforma continental pareciera confirmar esta segunda mirada: señalar ese borde, marcar el límite, implicó una enorme conquista: le dio a la Argentina la libertad para disponer de los recursos de todo un territorio con el que antes no contaba. Las 200 millas reglamentarias que corresponden a todo Estado se han extendido en este caso incluso a 370 en algunos sectores, es decir prácticamente el doble.

Y un gran poder implica una gran responsabilidad. Cuidar todo ese nuevo espacio marítimo, que en el mapa está señalado con el color azul, implica un desarrollo logístico sin precedentes. La Nación ha emprendido ya la compra de cuatro patrulleros para acometer la tarea. A principios de este mes llegó al Apostadero Naval Buenos Aires el Patrullero Oceánico  “Contraalmirante Cordero”. Se cumplió así el contrato acordado con la firma francesa Naval Group para la provisión de estas cuatro unidades. Felizmente el tercero de los patrulleros lleva como madrina a Frida, el corazón de esta hazaña. Nada más acertado.

 

Miembros de COPLA en el Palacio San Martín.

 

 

 

 

¿Y Malvinas?

El sector de la plataforma continental que corresponde a las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich no fue analizado por la comisión de expertos de la ONU, básicamente porque se trata de una comisión de científicos que no puede expedirse en términos técnicos sobre un territorio que está bajo una disputa de soberanía. Esto para la Argentina es un triunfo en sí mismo, porque así como la famosa resolución 2.065 reconocía la controversia, este no análisis de la comisión ratifica la disputa. Un segundo triunfo es que así como la comisión rechazó analizar esa parte del informe presentado por la Argentina, lo mismo hizo con la respectiva presentación de Reino Unido, que también realizó su investigación de plataforma continental en las islas y tampoco logró que fuera evaluada.

Cuando la vía diplomática avance y eventualmente se determine que las islas son efectivamente argentinas, deberá analizarse el límite de la plataforma que les corresponde. Pero lo interesante, lo potente, es que este trabajo ya está hecho. Si ante la certeza de que esa parte del informe no sería analizada la Argentina hubiera prescindido de confeccionarlo, habría sido una derrota política en sí misma. Pero COPLA analizó la plataforma toda, con su sector continental, insular y antártico. La Argentina es ahora un país en donde el mar es un elemento fundamental. Esa pampa azul requerirá para su uso y preservación, contundencia política, inteligencia en todos los sentidos y creatividad para diseñar el futuro

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