Finanzas, el nudo de la crisis

La coyuntura internacional brinda oportunidades para encaminar al país en la dirección correcta

 

Pasan los días y la dinámica de las turbulencias que agitan al mundo sale a la intemperie a través del encadenamiento de distintos fenómenos. Naturalizados y distantes, estos escapan al trajín diario de una población aislada entre las murallas de su identidad. Los medios de comunicación y las redes sociales diseminan fragmentos de noticias (soundbytes) y fake news, alimentando el vértigo de lo inmediato y de lo efímero y oscureciendo las causas de los problemas que nos aquejan. Sin embargo, la irracionalidad de los tiempos que vivimos expone a una estructura de poder global que se reproduce sembrando caos y destrucción.

La aparición de Ómicron, una nueva mutación del SARS COV 2, ha sembrado el pánico. El gobierno norteamericano anticipa, sin embargo, que “las vacunas existentes proveerán algún nivel de protección contra una severa enfermedad”[1]. La meteórica llegada del virus a Europa y a los Estados Unidos y su posible impacto sobre la economía global han provocado un cimbronazo en el sistema financiero internacional, afectando el precio de las acciones y de los bonos. El virus fue detectado originalmente en el continente africano, donde menos del 10% de la población ha sido vacunada. Así, esta mutación expone la irracionalidad de una política sanitaria dominada por la estrategia de maximización de ganancias de un puñado de corporaciones farmacéuticas que controlan las patentes de las vacunas y tienen enorme incidencia sobre las decisiones de los países más desarrollados. El resultado de este poder global ha sido la concentración de la producción y distribución de vacunas en muy pocos países. Varias regiones del mundo, que no han recibido las vacunas, constituyen ahora el caldo de cultivo de nuevas variantes del SARS COV 2, más letales y resistentes a las vacunas conocidas. Estos problemas no se intentan remediar liberando a las patentes, y/o habilitando la producción y distribución generalizada de las vacunes.

La irracionalidad también emerge en la escalada de conflictos geopolíticos encuadrados en la lógica de la construcción de un enemigo externo, en un contexto de acelerada competencia en la producción de armamentos de alta tecnología. La necesidad de maximizar ganancias naturaliza la violencia e intensifica la tensión geopolítica, creando situaciones de consecuencias imprevisibles. La preocupación del Pentágono por una supuesta superioridad rusa y china en el desarrollo de misiles hipersónicos que pueden portar armar nucleares, y el inicio de la producción masiva de estos misiles por parte de Rusia, constituyen el telón de fondo del escenario europeo donde se intensifica el enfrentamiento entre Rusia por un lado y los Estados Unidos y la OTAN por el otro.[2]

El miércoles el Presidente Putin exigió “garantías legales” que pongan fin a la continua expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas. Esta escalada, según Putin, rompe acuerdos previos [3] y constituye una “alerta roja” para la seguridad nacional rusa y puede desencadenar una respuesta inmediata [4]. Asimismo, Rusia acusa a los Estados Unidos y a sus aliados de instigar una “revolución de color” en Bielorusia, semejante a las que contribuyeron en el pasado a la disgregación de la Unión Soviética. En el contexto de crecientes presiones de la OTAN, el Presidente de Bielorusia ha amenazado cortar el petróleo ruso que pasa por su territorio en dirección a Europa, e instalar en el país armamento nuclear ruso para impedir el avance de Polonia y de la OTAN sobre su territorio [5].

El titular de la OTAN niega la existencia de acuerdos previos con Rusia y sostiene que esta quiere invadir Ucrania. Un estudio de archivos diplomáticos indica, sin embargo, que existió un acuerdo de no expansión militar, que habría sido vulnerado [6]. La tensión se ha potenciado en los últimos tiempos por la concentración de 125.000 soldados y armamento de Ucrania en la región del Donbass, donde desde 2014 rige un cese de enfrentamientos entre tropas de Ucrania y fuerzas separatistas pro rusas. El miércoles, el secretario de Estado Anthony Blinken advirtió que Rusia se prepara para invadir Ucrania, la amenazó con represalias inmediatas y le exigió que relocalice a las tropas que supuestamente están estacionadas cerca de su frontera con Ucrania. A su vez, el titular de la OTAN señalo que Rusia no tiene derecho a impedir que Ucrania se integre a esta organización, algo que, desde hace años, constituye la principal alerta roja para el gobierno ruso.

La situación se ha tensado al punto tal que cualquiera que ceda algo, perderá peso político en la región y poder global relativo. Al mismo tiempo, si ninguno cede el conflicto escalara con consecuencias imprevisibles. Esto ha encendido luces de alarma en el sistema financiero internacional. Un enfrentamiento armado podría tener un impacto devastador sobre los precios del petróleo, el gas natural y los cereales. El 47% del gas natural que utiliza Europa proviene de Rusia y se estima que un conflicto militar afectaría al 32% de la producción de trigo y al 43% de la producción de cebada de Ucrania, país que responde por el 16% de las exportaciones mundiales de cereales.

Así, la pandemia y la tensión militar han colocado a la economía y a las finanzas internacionales en el centro de la escena política. El nudo gordiano del orden global revela la irracionalidad de una estructura de poder mundial que colapsa sobre sí misma al tiempo que engendra el enorme desafío de un cambio radical.

 

 

La frágil estructura financiera internacional

En su informe ante el comité de Finanzas del Senado, Jerome Powell, Presidente de la Reserva Federal, advirtió esta semana que el aumento de los casos de Covid-19, sumados a la emergencia de Ómicron, impactan sobre la inflación y la incertidumbre económica. Powell ya no considera la inflación como un fenómeno transitorio y se preocupa por su nexo con la dislocación de las cadenas de valor global. Así, contempla un posible aumento de las tasas de interés y el aceleramiento de la restricción monetaria para tratar de controlar la inflación. Esto significa que tendrá que sacar algún artilugio de la galera para impedir que estos cambios no detonen recesión económica e implosión de un sistema financiero altamente especulativo y basado en el sobreendeudamiento a bajas tasas de interés. Hoy la relación entre deuda y PBI asciende al 235% en el caso de la deuda privada, y al 125% en lo que hace a la deuda pública.

La suba de las tasas de interés encarecería el endeudamiento y afectaría a todos los mercados y actores económicos. En el 2008, el complejo mercado de derivados (activos financieros complejos, cuyo valor se deriva del valor de otros activos) con hipotecas basura fue el flanco débil, que hizo saltar al conjunto del sistema financiero. Hoy, las burbujas están en todos los mercados y el de derivados ha adquirido un tamaño y profundidad inéditos. Conectando a todos los sectores del ecosistema financiero, los derivados generan las condiciones para la propagación de defaults en cadena. Entre las múltiples transacciones con derivados, ocupan un rol central las operaciones con el complejo financiero del monopolio tecnológico Tesla que, por su importancia, podrían potenciar el impacto de la falta de liquidez y los defaults en cadena. Estas operaciones también ocurren, aunque en menor escala, con otros monopolios tecnológicos y muestran cómo estos ganan influencia y mayor control del sistema financiero.

La suba de las acciones de Tesla Inc. ha elevado el valor de mercado de la corporación de autos eléctricos Tesla a 1.1 billones (trillions) de dólares, convirtiéndola en una de las más valiosas del mundo. Sin embargo, el valor nominal del “complejo financiero” de Tesla supera ampliamente a la capitalización de mercado de la corporación. Este complejo financiero constituye un entramado de artefactos o vehículos financieros interrelacionados que constituyen un enorme mercado de derivados de las acciones de Tesla . Esto hace que la influencia de Tesla sobre la evolución del mercado financiero sea mucho más grande de lo que se puede inferir por el valor de mercado de la corporación de autos eléctricos.

 

 

Más finanzas que autos.

 

 

Según Goldman Sachs, el valor nominal de las transacciones con derivados de la acción de Tesla (option calls : contratos que otorgan el derecho de comprar una acción a un precio determinado dentro de un cierto lapso) llega a los 241.000 millones (241 billions) de dólares por día. En noviembre, las transacciones con estos derivados superaron en un 50% a las transacciones con las acciones de la corporación y fueron entre 5 y 6 veces superiores al resto de las transacciones con derivados del conjunto de las acciones del S&P 500 [7].

Esta importancia de Tesla ha dado lugar a nuevos productos financieros “estructurados” es decir, más complejos y sofisticados (auto-callables) que profundizan aún más la interrelación de las acciones de Tesla con las diversas capas de un “ecosistema” financiero cada vez más interrelacionado. Así, el tamaño de su mercado de derivados sumado a la alta capitalización de mercado de la corporación de autos eléctricos ha convertido a Tesla “en un animal con vida propia” y enorme incidencia sobre el conjunto del sistema financiero. El éxito de Tesla también ha facilitado una burbuja en el campo de los autos eléctricos y sus insumos. Sus competidores Rivian Automotives Inc y Lucid Group Inc están valuados en miles de millones de dólares, pero no generan ganancias.

Así, los derivados, y en particular los de Tesla, exponen un aspecto de la vulnerabilidad del mercado financiero norteamericano a un aumento de las tasas de interés y a una restricción de liquidez. Hay además factores externos que potencian la fragilidad financiera. Entre estos, la Reserva Federal señala en su ultimo Informe de Estabilidad Financiera a las economías emergentes altamente endeudadas. La reciente implosión de la economía turca, augura una situación de creciente inestabilidad que no tardará en detonar defaults y problemas de reestructuración de deuda en decenas y decenas de países que ya tienen serios problemas por su endeudamiento.

Turquía esta asediada por la inflación y la desvalorización de su moneda, la lira turca, que en solo 3 semanas perdió el 40% de su valor en relación al dólar [8]. El gobierno decidió hace un tiempo poner fin a las altas tasas de interés que, junto con la estabilidad cambiaria, pretendían atraer inversiones de capitales externos. En su lugar, decidió bajar las tasas de interés para impulsar el crecimiento industrial y el empleo. Esto aceleró la inflación, la volatilidad cambiaria y la salida de capitales, situación que se agravó esta semana ante el posible aumento de las tasas de interés anunciado por la Reserva. Para estabilizar la situación, el gobierno turco comenzó a intervenir vendiendo fuertes cantidades de sus reservas internacionales. No logró su objetivo, y el Presidente Erdogan subió la apuesta anunciando que Turquía no aplicará más una política que “le fue impuesta” y solo “enriquece a los barones del dinero”, y advirtió que venderá todas las reservas que sean necesarias para impedir la corrida cambiaria. Se cree, sin embargo, que las reservas netas no alcanzarán para mantener esta política por mucho tiempo. Entre tanto, los bancos locales están en serios problemas, situación que afecta a los bancos europeos con fuertes inversiones locales. Estos bancos europeos han sufrido esta semana un fuerte golpe en el valor de sus acciones [9]. La crisis turca empieza entonces a desbordar las fronteras y afecta a un sistema bancario europeo, que además de ser muy frágil está muy interconectado con los principales bancos y fondos financieros norteamericanos.

 

 

 

Argentina: la irracionalidad desbocada

“Se tiene que venir el estallido de la ‘rebelión’ en paz. Tenemos que encontrarle la situación a la tiranía que estamos viviendo”. Así convocaba esta semana a la “rebelión civil con la gente en la calle” una locutora de TV en una señal de noticias.

 

 

 

 

Pocos meses atrás, y en plena pandemia, proponía el boicot a las vacunas tomando lavandina ante las cámaras. Sus expresiones son una buena demostración de la libertad de expresión que existe en el país. Sintetizan, además, la levedad de un cerebro perturbado y sacan a la intemperie la irracionalidad de una oposición que “defiende la república” aplaudiendo el espionaje clandestino, inventando causas truchas contra los opositores, acumulando platita ajena con negociados y fuga de capitales y contrayendo una deuda “odiosa” con el FMI para reproducirse en el poder. Este vaciamiento del discurso revela la violencia de una estructura de poder que viene de lejos y conduce al caos y a la desintegración.

La economía argentina ha sido por mucho tiempo, y lo sigue siendo, el reino del revés: la inversión productiva fue sustituida por subsidios de distinto tipo y las ganancias fugaron al exterior. Este vaciamiento del país y la consiguiente acumulación de pobreza tiene responsables que hoy controlan los sectores clave de la economía. Ahora, luego de recibir jugosos subsidios durante la pandemia, estos se unifican exigiendo más exenciones impositivas y flexibilidad de las leyes laborales y se congratulan por los proyectos de ley que impulsan el crecimiento de las agroindustrias, del sector automotor y de los hidrocarburos. La razón es obvia: garantizan por mucho tiempo el botín de las exenciones impositivas y subsidios de distinto tipo. Estos proyectos desconocen la existencia de una matriz productiva que reproduce la dependencia tecnológica y el poder local de las corporaciones transnacionales. Esta matriz condena a la reprimarización de la economía, la fuga de capitales por distintos conductos, incluida la sobrefacturación de exportaciones y la subfacturación de importaciones. Al mismo tiempo esta matriz reproduce la pobreza estructural y un consumo cada vez más elitista. El crecimiento que genera es la antítesis de la inclusión social que se votó en el 2019.

Estos proyectos de ley encierran al gobierno en una trampa: reproducen la actual estructura de poder y vacían de contenido al discurso oficial. Al mismo tiempo, no mejoran inmediatamente la situación de los excluidos, única garantía de estabilidad política que tiene este gobierno.

Las turbulencias de la coyuntura internacional brindan paradójicamente la posibilidad de exigir al FMI reparaciones inmediatas por la deuda “odiosa” que nos impuso. Asimismo, nos obligan a buscar inversiones productivas que permitan avanzar en el cambio de la matriz productiva. El slogan “no existen alternativas” es una falacia promocionada oportunamente por Margaret Thatcher para imponer el más rancio liberalismo económico. Mucha agua corrió bajo el puente desde entonces, y hoy la coyuntura internacional brinda oportunidades para encaminar al país en la dirección correcta.

 

 

 

 

[1] Zerohedge.com 1 12 2021

[2] Hypersonic weapons, Congressional research cgp.fas.org 19 10 2021; Zerohedge.com 21 y 29 /11 2021

[3]El mapa de una institución norteamericana muestra el avance de esta expansión:

https://twitter.com/csis/status/849086629721583618?lang=he

[4] zerohedge.com 1 12 2021

[5] Zerohedge.com, 1 12 2021

[6]J.R Itzkowitz Shirfrinso en latimes.com 30 5 2016

[7] R. Wigglesworth en ft.com 26 11 2021

[8] Zerohedge.com 1 12 2021; nakedcapitalism.com 30 11 2021

[9] Nakedcapitalism.com 30 11 2021.

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