FINANZAS Y DESPOSESIÓN

Se debe convertir la derrota del macrismo en el fin de la última experiencia de este carácter

 

Los tres períodos neoliberales en la Argentina han concluido con rasgos que son un calco entre sí: endeudamiento colosal que requirió de reestructuraciones, encuadradas en programas con el FMI. Este organismo condicionó siempre la política económica y la autonomía de su formulación: es el rasgo de su ADN. El endeudamiento financió fuga de capitales y el engrosamiento de los activos externos de argentinos y empresas locales. Estas regresiones económico-financieras concurrieron con un violento derrumbe del salario, que cayó el 42% durante la dictadura. El menemismo y la Alianza dejaron, con la caída de su modelo de convertibilidad, el salario real más bajo en siete décadas, desde el primer peronismo. Durante el gobierno de Macri el descenso salarial terminará superando el 20%. Los indicadores de desempleo y pobreza han acompañado esos deterioros componiendo cuadros de aguda regresión social.

El neoliberalismo se estructuró centralmente en liberalizaciones cambiarias, financieras y comerciales, junto a reformas institucionales que debilitaron las regulaciones en el mercado de trabajo. La dictadura impuso esas transformaciones con los métodos del terror de Estado. El menemismo y el macrismo, impulsando legislaciones y dictando disposiciones del PE que desprotegían a los trabajadores y de raíz antisindical. Las consecuencias de estas políticas, junto a otras medidas, promovieron y consolidaron la concentración y extranjerización de la economía, su desindustrialización y desorganización.

 

El proceso de financiarización

Estas políticas no fueron un caso particular de la Argentina. Habilitaron, como en otros países, al bloque de poder concentrado para insertarse en el proceso de financiarización por el que transitaba la economía internacional. Abeles, Caldentey y Valdecantos (Estudios sobre la Financiarización de América Latina,CEPAL, 2018) sostienen que la financiarización se articula con un proceso de desposesión constituyendo, esa fusión, la clave de una fase particular del capitalismo en la que la acumulación se basa en la redistribución de activos. La financiarización se conforma como desacople entre las actividades financieras y la economía real y se entreteje con el surgimiento de sistemas financieros complejos, interconectados y frágiles. La desposesión, categoría acuñada por Harvey, deriva del concepto de acumulación originaria de Marx, que describe la forma y momento en que “se separa súbita y violentamente a grandes masas humanas de sus medios de subsistencia y de producción y se las arroja, en calidad de proletarios totalmente libres al mercado de trabajo”. Es el modo con el que los futuros propietarios de medios de producción habían construido las condiciones para el funcionamiento posterior del capitalismo y la mercantilización generalizada de la vida económica. Pero la desposesión se caracteriza porque la mercantilización de los ámbitos antes cerrados al mercado, se impone mediante cambios institucionales regresivos que destruyen derechos sociales y reservan mayores espacios a los derechos de propiedad, lo que requiere la intensificación cualitativa del carácter clasista del Estado. Otra diferencia es que la desposesión no se limita al período fundacional, sino que coexiste con el proceso de reproducción del capital.

Esos autores relevaron que en América Latina luego de 1980 la tasa de inversión real nunca volvió a alcanzar el nivel de las décadas del ’60 y ’70 y ninguna actividad productiva proporciona el nivel de rentabilidad que prodigan las finanzas. La excepción son la explotación de recursos naturales y la prestación de servicios públicos en condiciones monopólicas. Son justamente actividades cuya desmercantilización promovía el constitucionalismo social, como la Constitución Argentina de 1949, por tratarse de recursos estratégicos nacionales o actividades que atendían derechos humanos esenciales.

A su vez el propio FMI, en un estudio sobre un centenar y medio de países, comprobó que la apertura al movimiento de capitales deriva en una merma de la participación de los salarios en el ingreso nacional y en un aumento de la desigualdad en la distribución personal del ingreso. En América Latina se observa esa dinámica de manera más agudizada, y con el agregado de una distribución regresiva de la riqueza.

El gobierno de Macri resultó una comprobación paradigmática de la relación entre las reformas neoliberales y las consecuencias típicas de la financiarización y desapropiación: caída del producto y la inversión, redistribución regresiva del ingreso, descenso del salario, beneficios insólitamente elevados para los bancos, la especulación financiera, las empresas de servicios públicos con tarifas dolarizadas, también para las actividades extractivas del sector primario y las producciones agropecuarias con ventajas naturales por la renta del suelo y los sectores vinculados a ellas. A lo que se debe agregar su contribución a acentuar el atraso científico tecnoproductivo.

 

Una cuestión de ideología y poder

Las políticas de los tres turnos de liberalizaciones exceden el debate respecto a cuestiones de la mala praxis macroeconómica. Su análisis crítico requiere adentrarse en el patrón de acumulación, la discusión de la cuestión del desarrollo, la controversia respecto al proyecto nacional y en la polémica en relación a la sustancia de la propia democracia. Sin embargo, hay una insistencia en el debate público e intelectual en abordar las cuestiones sobre los equilibrios fiscales y monetarios, como si en el manejo de instrumentos y tiempos radicaran los sucesivos fracasos de los fallidos ensayos inspirados en la economía ortodoxa. O peor aún, adjudicando las penurias populares y sus crisis terminales a la insuficiencia de reformas para construir el dispositivo neoliberal completo. Una cuestión de ideología y poder.

Es un desafío de la lucha de ideas convertir la derrota del macrismo en el fin de la última experiencia de este carácter en la Argentina. Visto está el destino que depara la liberalización de los flujos de capitales. Por lo tanto, la lección hacia el futuro es construir con rigor metodológico el dispositivo de control de capitales a la entrada y a la salida que, para ser eficiente, debe conjugarse con un régimen de control cambiario y de regulación financiera integral para direccionar el crédito hacia la producción. Sintéticamente, se trata de desarmar la inserción financiera global indiscriminada y autonomizada del proceso productivo. La reestructuración de las finanzas requiere de una cuestión adicional no menor. En la ya mencionada publicación de CEPAL, Abeles, Grinberg y Valdecantos refutan la vigencia de la idea que la IED (Inversión Extranjera Directa) constituye una inversión de capital fijo no repatriable con facilidad e inmediatez. Sostienen que la financiarización tendió a borrar las diferencias entre inversión directa (consideradas como de largo plazo) y las de cartera (consideradas como de corto plazo). La dilución de la diferencia se debe a que las casas matrices pueden estar motivadas a efectuar inversiones directas por estímulos ajenos a los productivos, como el arbitraje tributario, la diversificación financiera o la especulación. Así los flujos de IED poseen dinámicas semejantes a los activos de corto plazo, existiendo una creciente facilidad para que los inversionistas externos puedan tomar control de una empresa, o renunciar a él, a través de fusiones o adquisiciones. Las firmas son hoy como mercancías o papeles de deuda que resultan intercambiables a diario en el mercado. La otra característica adjudicada tradicionalmente a la IED es la difusión de tecnología o de mejores prácticas, pero la vigencia actual de esos efectos benéficos ha sido intensamente cuestionada.

Estas características presentes de la IED desaconsejan su elección preferente para el financiamiento del balance de pagos. Es notable el aumento significativo de su participación relativa en los flujos transfronterizos. Y aun es de mayor atención el incremento de las rentas derivadas de estas inversiones en la cuenta corriente del balance de pagos (remisión de utilidades al exterior) que se suman a la constitución de activos externos, como un mecanismo más de succión de divisas de los países periféricos. Hay naciones en las que la salida por este concepto supera anualmente los nuevos ingresos de IED, y en la mayoría de las regiones el egreso de divisas para remisión de utilidades excede a los servicios de la deuda estrictamente financiera.

 

Mecanismos encubiertos de fuga

En el año 2006, en el documento de trabajo n°12 del CEFID-AR, Ariana Sacroisky advertía que durante los años ’90 y en los primeros de este milenio las empresas extranjeras tuvieron como práctica, en Argentina, la remisión del grueso de sus utilidades al exterior. Durante la década del ’90 se debe agregar a esa conducta el fuerte endeudamiento externo, con la consecuencia de fuertes remisiones posteriores de capital e intereses. Cabe agregar que estos “endeudamientos”, muchas veces, encubrían ingresos de capital como forma de elusión tributaria. A su vez la globalización productiva, con la consecuente construcción de cadenas de valor que fragmentan el proceso productivo entre países, permiten las transacciones entre casas matrices y filiales que favorecen mecanismos encubiertos de fuga de capitales y evasión tributaria.

Los caminos de un proyecto nacional de desarrollo autónomo requieren evitar el ingenuo atajo de pivotear centralmente en el capital extranjero, el que en los marcos de la globalización financiera ha construido una ingeniería de arbitrajes que relativizan las diferencias entre sus distintas formas de aparición o apariencia.

En otro contexto histórico, pero con vigencia conceptual en el presente, durante la gestión de José Ber Gelbard en el último gobierno de Perón se había sancionado una Ley de Inversiones Extranjeras que exigía a la empresa extranjera que ingresara la producción de un beneficio neto en el balance de divisas, prohibía las radicaciones que implicaran el desplazamiento o la adquisición de empresas de capital nacional, excluía la posibilidad de radicación de firmas en actividades reservadas al Estado o a empresas de capital nacional y establecía un régimen restrictivo para la remesa de utilidades. Ese texto legal se complementó con una Ley de Promoción Industrial que dirigía sus beneficios para empresas de capital nacional y disponía una serie de cláusulas que protegían y promovían el desarrollo tecnológico local. También establecía la regulación de la remisión de divisas al exterior por servicios tecnológicos y royalties. La Ley de Defensa del trabajo y la producción había completado un trípode jurídico, fomentando el desarrollo de la tecnología local, promoviendo la generación de divisas por vía de la exportación de productos manufacturados e impidiendo la importación de bienes suntuarios o sustituibles por producción nacional. (Ver en Arceo y De Lucchi, Estrategias de Desarrollo y Regímenes Legales para la Inversión Extranjera, dt 43 CEFID-AR, 2012).
Posteriormente, cuando el despliegue de la financiarización, hubo un cambio generalizado y acentuado de los regímenes de inversiones extranjeras, en el marco de un sustancial debilitamiento de las burguesías de la periferia. Pero las modificaciones tuvieron muy distintas características y radicalidad, dependiendo de los gobiernos y países.

En la Argentina la dictadura cambió la Ley, y luego el menemismo profundizó la modificación. El caso argentino fue paradigmático porque la legislación introducida es de las más permisivas con la inversión extranjera y tiene uno de los índices más extremos de apertura sectorial, según un informe del Banco Mundial de 2010. Pero el grado de descontrol sobre la inversión externa se acrecentó con la firma de más de 50 tratados bilaterales de inversión que significan un reconocimiento de derechos adicionales a los inversores, que condicionan aun más la capacidad del Estado para definir su política. Entre los que se destaca la renuncia a la jurisdicción nacional para la resolución de conflictos y la aceptación del CIADI como tribunal arbitral.

La modificación de la Ley de Inversiones Extranjeras y la denuncia de los TBI (tratados bilaterales de inversión) es un objetivo de dimensión estratégica para un proyecto nacional. El tema no fue abordado en los doce años de gobiernos nacionales, populares y democráticos, y encararlo resulta imprescindible para una política autónoma de desarrollo.

En un proyecto nacional, el racionamiento necesario de las divisas requiere de un uso cuidadoso y planificado de ese recurso estratégico (la moneda mundial). Por lo tanto, el rol de asignador del mismo, que incluye las decisiones sobre los niveles, destinos y condiciones del endeudamiento externo y respecto del ingreso de IED, debe ser asumido por el Estado. Las divisas de la cuenta corriente del balance de pagos aportadas por las exportaciones serán, por lo menos en el corto y mediano plazo, insuficientes para las necesidades de una economía en expansión, en vías de reindustrialización y encarando actividades con mayor grado de complejidad. El gran desafío es abordar un camino de obtención de financiamiento que no suponga sumergirse en las lógicas de la financiarización.

En el corto plazo urge abordar la situación crítica del endeudamiento externo con la premisa de lograr la desvinculación más rápida posible del FMI, porque ésta impone una relación que obstruye el rumbo de autonomía política que requiere un proyecto de desarrollo nacional y reparación social.

 

* Profesor de la UBA Ex director del CEFID-AR

 

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11 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Guillermo:
    Brillante análisis.
    Una digresión si me permite.
    En efecto, más allá de las figuras emblemáticas de los presidentes, los otros poderes del Estado (Legislativo y Judicial) fueron absolutamente partícipes necesarios de los escenarios obscenos, escandalosos e infames de nuestra contemporaneidad.
    Esos poderes formales del Estado, parecen sólo eufemismos innecesarios y sumamente costosos para la gran mayoría de los “soberanos” que los padecen recurrentemente.
    Salvo honrosas excepciones, entre las cuales cuento a Cristina Kirchner, la frase que alguna vez utilizó Charly García: “si el voto sirviera para algo, ya lo hubieran prohibido”, mantiene una vigencia lamentable.
    Qué interesante sería poder hablar con el vocero de la revolución (Juan José Castelli) para conocer de primera mano lo que quiso decir cuando refirió: “si ves al futuro, dile que no venga”. Cuanta traición venidera habría imaginado.
    El mundo que supimos conseguir le da razón a las palabras de Gordon Gekko (Wall Street): “Lo que importa es el dinero, el resto es conversación.»
    Como corolario podríamos citar otras del personaje:
    “Todos están muy jodidos. No lo saben aún, pero ustedes son la generación SISTA.
    Sin Ingresos, Sin Trabajo ni Activos. “
    “Alguien me recordó la otra noche que una vez dije que la codicia es buena. Ahora parece que es legal. Pero amigos… es la codicia lo que hace que mi barman compre tres casas que no puede pagar, sin tener dinero. Y es la codicia lo que hace que sus padres, refinancien una casa de US$200 mil dólares por US$250 mil. Y luego toman los 50 mil extra para ir de compras al Mall. Compran un televisor plasma, celulares, computadoras, SUV y… ¡oye! ¿Por qué no una segunda casa? Ahora que podemos… Por que sabemos que el precio de las casas en Estados Unidos siempre sube, ¿no? Y es la codicia lo que hace que el gobierno de este país baje la tasa de interés a 1% luego del 11/9, para que todos vayan a comprar otra vez… Tienen bonitos nombres para los millones de millones en crédito… CMO, CDO, SAB, ABS… Saben, creo que sólo hay 75 personas en el mundo que saben lo que son. Pero les diré lo que son: son ADM… Armas de Destrucción Masiva.”
    “Se supone que tú deberías ganar, no ellos. Y la belleza del trato… nadie es responsable.”
    “Si alguien destruyera este lugar esta noche, no quedaría nadie que gobierne el mundo.”
    “¿Saben lo que están haciendo aquí? Están pidiendo el rescate financiero más grande en la historia de este país. Hablas de nacionalización, Bretton. Socialismo. Lo que he combatido toda mi vida.”
    “-Y si no lo conseguimos, Bill… no habrá más historia. La música se detiene, todo se acaba.”

    “-¿1929?
    -Será peor ahora, porque va más rápido.”
    “-¿Eres idealista o capitalista?
    -Yo soy realista.”
    “- Ahora, son tiempos feos, muy feos. Y es cuando los feos ganan.”
    “¿Ves? Es algo que nunca entendiste, chico. No se trata del dinero. Es sobre el juego… El juego de manipular a la gente. Y eso es todo lo que es.”
    “¿Cuál es la definición de demencia? Es hacer lo mismo, una y otra vez, esperando un resultado distinto. Según esa definición, casi todos somos dementes. Pero no al mismo tiempo. Confiamos que así sea. Pero, ¿puede perdurar este modo de vida, si cada vez más y más gente es demente al mismo tiempo? Se convierte en lo que Gordon decía… sistémico. Como el cáncer.”

  2. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Si a un empresario inversor de origen estadounidense le pregunta dónde dejaría él el dinero ganado por su empresa en USA, seguramente le dice que lo hará en la misma USA, pero si le pregunta dónde dejaría el dinero ganado por su empresa en Argentina, es seguro que le dice que también lo hará en USA porque no confía en la política argentina, no obstante haber ganado el dinero en Argentina gracias a esa misma política argentina.
    Lo paradójico es que si la pregunta se la hace a un empresario argentino respecto al dinero que gana su empresa en Argentina, también le dirá que la llevaría fuera de la Argentina porque no confía en la política argentina, siendo que la ganancia la obtuvo en Argentina gracias a la política argentina.
    Eso es cultural y lo cultural se cambia mediante la aplicación de medidas concretas, ejecutivas y obligatorias que hagan cambiar por completo la forma de comportarse de aquellos que no favorecen al país y si no es del agrado de las personas a las que van dirigidas esas medidas, entonces se les agradece el haber invertido en el país y se les pide que se lleven sus inversiones donde ellos quieran no respetar las reglas del país que las reciban, por si acaso encuentran un país así.
    Quien quiera venir a invertir a la Argentina debe saber que su inversión la hace en un país que tiene una Constitución y normas que las respetan, lo que determina que la soberanía económica es la esencia de cualquier norma en función de la manda que aquella Constitución obliga imponer a la legislación nacional, por lo tanto es impensable para cualquier ser normal el pretender que exista en la Argentina una ley que posibilite eludir el juicio de la justicia argentina para dilucidar controversias surgidas por hechos producidos en la Argentina.
    Esto es tan elemental que asombra cómo la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha permitido eludir la manda de la Constitución Nacional y cómo nuestros legisladores han permitido que esos Magistrados hayan actuado con prevaricato constitucional.
    No cabe dudas que no somos una República y que nuestras instituciones dan asco y que por eso quienes vienen a invertir lo hacen de la forma salvaje en que lo vemos, llevándose todo lo que más pueden de un país sin instituciones fuertes que no respetan su propia Constitución ni pueden hacerla respetar.
    Nos merecemos lo que somos y lo que sufrimos, pues en las instituciones están quienes nosotros elegimos.
    Somos del tercer mundo y menos aún quizás y hasta que no haya en las instituciones personas que sólo pongan por delante de sus ideas a la Constitución Nacional y la respeten, pero más aún, LA HAGAN RESPETAR A COMO DE LUGAR, entonces seguiremos siendo COLONIA.
    Esta Corte Suprema de Justicia es un asco y hay que cambiarla de cuajo. El Congreso es un asco y sus integrantes deberían tener vergüenza de serlo. Ni hablar de los integrantes del Poder Ejecutivo.
    Esto no es más que una REPUBLIQUETA BANANERA donde nadie se anima a hacer lo que hay que hacer conforme a la Constitución, entonces la gran pregunta es ¿PARA QUÉ MIERDA TENEMOS CONSTITUCIÓN SI NADIE LA QUIERE APLICAR U OBLIGAR A HACERLA APLICAR?
    Seguramente que aplicar la Constitución determinará que muchas inversiones se vayan, que muchos acreedores se queden sin sus acreencias y que el mundo nos enfrente por considerar que rompemos los contratos. Todo eso es irrelevante en comparación a no cumplir o hacer cumplir la Constitución, que nos obliga a no delegar soberanía jurídica, por lo que si queremos vivir bajo esta Constitución debermos romper con el mundo todo lo que haya que romper y ese mundo entender de una vez que venir acá a tratar de hacer algo diferente a lo que nuestra Constitución señala, tiene la consecuencia de perder su capital, con lo cual una próxima vez se cuidarán muchísimo de intentar hacer lo que han hecho y eso es justo el objetivo buscado por quienes escribieron nuestra Constitución, con lo cual el orgullo de defenderla debe ser superior a cualquier estigma que quieran enrostrarnos desde el exterior.
    Es el costo de ser soberanos, pero al parecer tenemos dirigentes pusilánimes y nosotros los elegimos, con lo cual no sé por qué nos quejamos de cualquier cosa que nos pasa.

  3. Helida López dice

    Entre el artículo brillante y el aporte de opiniones lúcidas, puede comprenderse y sí, con este encuadre, educar al soberano desde la infancia en valores que nos formen hijos de la patria. No desclasados capaces de apuntar contra sus propios intereses, como ya se ha visto. Gracias

  4. Silvio dice

    Excepcional columna la de Wierzba. Señala un inequívoco curso de acción, no retórica deshistorizada sobre la industrialización y la inversión en ciencia y tecnología, en abstracto. Si no se mueven las palancas de la economía que efectivicen la destitución del proceso de financiarización de la economía a través de rigurosos controles del recorrido de la entrada y salida de capitales y no se recupera la soberanía sobre los recursos naturales estratégicos, lo que habrá es palabras, y el FMI seguirá hablando por la boca de nuestros gobernantes. Salir de esa lógica, como lo propone el ex-Director del CEFID-AR es lo único que garantiza que algunos discursos lleguen a devenir en la realidad económico-social, y necesariamente implican un cambio cultural que habilite que estas ideas tengan primacía.

  5. Juan dice

    CLAVE

    «La modificación de la Ley de Inversiones Extranjeras y la denuncia de los TBI (tratados bilaterales de inversión) es un objetivo de dimensión estratégica para un proyecto nacional. El tema no fue abordado en los doce años de gobiernos nacionales, populares y democráticos, y encararlo resulta imprescindible para una política autónoma de desarrollo.»

    SI 12 AÑOS de lìderes populares como Nêstor y Cristina no alcanzaron para cambiar esto, ¿alcanzarìa con 4 años de un simple jefe de gabinete?

    DEBERÀ HACERLO EL PUEBLO Y SUS ORGANIZACIONES MÀS AVANZADAS Y COMBATIVAS.

  6. Juan dice

    EXCELENTE TEXTO.
    Se extraña el CEFID-AR.
    El nuevo gobierno deberà refundarlo.

    1. Elena Perez de Medina dice

      Totalmente de acuerdo. Debe volver el CEFID-AR. Por empezar el sitio con todos sus contenidos. Esperemos que no los hayan destruido!

  7. María Josefa dice

    Coincido con Laura. El tema, resumido desde mi punto de vista, de profundizar la soberanía política, no fue abordado porque no hubo suficiente respaldo cultural: medidas como las retenciones paralizaron seis meses el país, cuando se aprobó la Ley de medios (que debió ser de prácticas antimonopólicas) no pudo ponerse a funcionar, y cuando se estatizó una parte de YPF por incumplimiento de contratos se vociferó «confiscación». Está tan hecho carne el respeto al capital, sobre todo al ajeno, y sobre todo al del gran inversor, y sobre todo si es extranjero, que todavía hoy no son suficientes los que lamentan haber considerado que las tarifas de servicios «tenían que aumentar». La custodia epistemológica, por parte del Estado, de los diseños curriculares no puede esperar. Las ramas más desvalidas del sistema educativo son las que abarcan los tres niveles de enseñanza obligatoria. No puede ser que haya Supervisores/Inspectores que se desvelen y/o hasta sancionen por los triplicados de una planilla y no reparen en que se siga impartiendo «la conquista del desierto» (contenido ya excluido de los diseños curriculares). No puede ser que se sigan impartiendo «las instituciones del sistema colonial en América» y no se piense en un estudio comparativo, discriminado por países, sobre cuánto gasta hoy en servicios un ciudadano en Europa, en América del Norte, o en América Latina. Hay docentes maravillosos que hacen esto último y mucho más con sus estudiantes. Pero la formación en el razonamiento no debería quedar en manos de un grupo bien intencionado, porque junto a éste hay otro, mucho mayor, que reproduce prolijamente y, muchas veces, sin saberlo el pensamiento hegemónico: y de ahí que «renuncia a la propia jurisdicción», «inversiones extranjeras directas», o «desarrollo tecnológico nacional» sean conceptos y, sobre todo, realidades convenientemente ocultadas a la parte todavía más numerosa y más relevante para una sociedad: les niñes y les adolescentes.

  8. gustavo piazza dice

    La crisis financiera
    que vivimos reiteradamente tiene un efecto corruptor indisimulable. en un país de náufragos el sálvese quien pueda enajena la crema de la riqueza producida en el país para apostar afuera. la fuga reiterada es eso. y la cerril oposición a cualquier gobierno de raíz peronista es causada por la dificultad en estos gobiernos para fugar.
    es la gran ilusión de la economía mundial, de capitales liberados que recorre el planeta en busca de las mejores oportunidades de inversión.
    es la repetición de la maniobra de rivadavia, que endeudó el país por cien años para comprarse (él sólo) acciones en la bolsa de londres.
    vale decir, es cambiar el producto del trabajo honesto y sacrificado de todo un país, y también el producto del trabajo deshonesto y circunstancial que pueda dar de comer a la familia un día más, por papelitos.
    papelitos que hoy no valen nada. tener que comprar dinero a la tasa más alta del mundo significa no sólo un botón de muestra de la crisis terminal en argentina, sino además denuncia la incertidumbre por ésos papelitos.
    estamos en otra crisis del ´29. más lenta, pero más omninosa. dejar de invertir en papelitos e invertir en bienes tangibles podría proteger a las finanzas argentinas de la debacle que se viene.
    vale decir, convencer al sentido común argentino de que lo que no entendió juarez celman, ni justo y su década infame, ya vendría siendo hora que lo entiendan los mandamases económicos argentinos.
    y si ellos no se avivan, también sería hora de empezar a invertir los recursos nacionales de todes en una industria nacional estatal. ya lo probamos y anduvo.
    si nos equivocamos, igual estaremos desarrollando riqueza social importante. si acertamos, ellos solitos se van a haber cavado su tumba.
    y a llorar al campito.

  9. Laura dice

    Didáctico y claro análisis.
    Estos saberes no deberian democráticamente estar al alcance de la poblacion como contenido en la enseñanza de la Escuela Pública?
    Porqué cree ud. que un objetivo de dimensón estratégica como la Ley de Inversiones Extranjeras y la denuncia de los tratados bilaterales de inversión, la aceptación del CIADI en la resolucion de controversias fueron temas no abordados en doce años de gobiernos nacionales populares y democráticos? Lo hará la futura alianza gobernante Frente de Todos?
    Sincero agradecimiento.

    1. Elena Perez de Medina dice

      Totalmente de acuerdo. Debe volver el CEFID-AR. Por empezar el sitio con todos sus contenidos. Esperemos que no los hayan destruido!

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