FRECUENTAR PREGUNTAS

La chilena Nona Fernández formula un relato inclasificable donde un pueblo hace del insomnio un despertar

 

Como en las páginas web dedicadas a las ventas o servicios, en las de gobiernos y reparticiones abocadas a trámites administrativos suele aparecer una sección intitulada “preguntas frecuentes”. En tiempos de recortes y mezquindades camuflados de eficiencia meritocrática, tales acápites pocas veces responden a la funcionalidad de su título. Contestan a medias con obviedades, brindan algunas pistas falsas y (si alguien amaga a desperdiciar su tiempo), se prestan al sarcasmo, la ironía, cuando no a la chacota.

En está línea parece inscribirse el inclasificable libro de la dramaturga, guionista, actriz aunque por sobre todo escritora chilena Nona Fernández (Santiago, 1971), precisamente, en su muy actual Preguntas frecuentes. A diferencia de la camionada de textos oportunistas montados sobre la pandemia que apenas le escapan al ombliguismo melancólico o al sociologismo en joggineta, lo que en primer momento se presenta como el intercambio de mensajes entre dos amigas, un continuo acto de sororidad, crónica feminista, testimonio de un momento histórico, exploración sobre la memoria, intimidad de una tragedia colectiva, sin dejar de serlo va convirtiéndose en otros, varios asuntos. A lo largo de apenas noventa páginas, se torna un artefacto de lectura provisto de diversas puertas de entrada, cuya salida ha de encontrar la inteligencia del lector, a los hachazos. Por lo pronto, Fernández intercala cada tanto, a página entera y en recuadro, un símil de las ”preguntas frecuentes” de alguna página oficial. Arranca fuerte y en serio: “Asesoras del hogar que trabajan puertas adentro han denunciado que las obligan a quedarse en los lugares de trabajo en zonas de cuarentena. ¿Puede el empleador obligar a la trabajadora de casa particular a quedarse en el lugar de trabajo?” Gobierno de Chile responde: “Nadie puede obligar a alguien a permanecer encerrada en un lugar”. Entre la objetividad, la parábola y el dislate, los interrogantes prosiguen al compás del avance del encierro, hasta desembocar en el cuestionamiento a la normalidad: “¿Es normal soñar con helicópteros”, “¿…soñar con ambulancias?”, “¿… conversar con la cuchara de palo?”, “¿… que escuche llorar al gomero?”; “¿… que nos juzguen los muertos?”. A todos ellos, el gobierno responde que no. Uno de los últimos: “¿Hay permiso para echar de menos a los vivos?”, donde la autoridad contesta: “Sí, hay un permiso temporal por doce horas”. Recuérdese que se remite al gobierno de Sebastán Piñera, heredero pasteurizado, en línea directa de la dictadura de Pinochet.

 

 

La autora, Nona Fernández.

 

 

Entretejiendo tales viñetas, se despliegan cuatro textos diferenciados. En Dudas iniciales surge lo que quiere parecer un intercambio de mensajes, una charla entre chicas, tal vez destinada a sembrar en el lector la duda acerca de qué la va esta historia. Induce a un dominio alterado: “Aunque intente reconstruir con la mayor precisión posible, quizá lo que te escriba no tenga nada que ver con lo que pasó. O con lo que me contaste que pasó. O con lo que recordaba que había pasado. Posiblemente la memoria termine siendo, en gran parte, un puro invento”. Antes de pasar a la segunda persona, la autora introduce así aquel “había una vez” que anuncia un tiempo que, de tan verdadero, se torna mítico. Un espacio poblado por “un gran ejército de mano de obra encerrado, masticando incertidumbre”, habitantes de “la noche dentro de la noche”. Es la escritura, por sobre los dos personajes que intercambian, la que conduce por el circuito que une poética y testimonio.

Durante la segunda parte, Cuestionamientos varios, la prosa refuerza la atmósfera intimista en la que Fernández, sin prejuicio freudiano, explora la memoria en tanto guardiana del olvido. Presente y pasado se intercalan, distinguiéndose. Va apareciendo que, dentro de la conversación entre mujeres, sin dejar de hacerlo, surge otro paralaje estrictamente literario: la contraprestación sinuosa ente el escriba y su personaje, donde el último alimenta al primero. El acontecimiento, alguna realidad, es su sostén y su bisagra. Allí se va redondeando la trama para arribar a la tercera escala, Interrogatorio final, donde se mezclan los tiempos bajo la forma de amenaza, “un buitre parado en mi balcón. No, no es un buitre, es un cóndor. Un ave negra y enorme, tal cual la dibujan en el escudo nacional”. El ave quiere entrar, hambriento, rasga el ventanal, profetiza.

 

 

 

 

 

Hasta este punto, el relato crece en coherencia, potenciado por sensaciones e imágenes. A partir de allí las páginas abandonan su numeración para dar lugar a la última parte, El ejército insomne, en el que todo se modifica con la descripción subjetiva en brutal metamorfosis hacia el documento político. Reseña la mutación interna de autora, personajes y pueblo chileno en su conjunto, para quienes “la crisis sanitaria renovó la comprensión de la orfandad en las que nos hemos encontrado desde siempre”, incubando un cansancio “de décadas de neoliberalismo desatado y abusivo” que “decidió manifestarse reclamando por la dignidad de su vida. Chile despertó, fue la consigna porque toda esa realidad violenta y precaria del día a día se volvió una pesadilla intolerable”. Paso a paso, Nona Fernández relata, en la síntesis de los últimos años de piñerismo, una constante que se arrastra hasta Pinochet, y antes aún, dándole un rizo al lugar pasivo de quien pregunta, haciéndolo sujeto activo. Quien frecuenta la pregunta como sistema hace cuestionamiento, trampolín en el que pica el espíritu crítico, condición de posibilidad de toda acción transformadora.

“Chile despertó. El bendito insomnio nos tiene alertas. Ya conocemos el rostro de nuestros peores miedos. Sabemos los nombres de las serpientes venenosas, conocemos el prontuario de las criaturas deformes, de los demonios siniestros escondidos bajo la cama, y ninguno tiene el título de virus”. Pena transformada en rabia, la del capítulo de clausura, abre la resignificación de todo el relato y acaso por eso no requiere numeración en sus páginas.  Se halla inscripto en una totalidad que los acontecimientos más actuales en la vida política chilena que se renueva, corroboran. Con una palabra antigua que retorna y Nona Fernández capta: “Venceremos”.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Preguntas frecuentes

Nona Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santiago de Chile, 2021

90 páginas

 

 

 

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