Desde el próximo jueves y por cinco días, Mar del Plata será nuevamente epicentro de Fuera de Campo, un encuentro autogestionado de cine argentino que por tercer año consecutivo ―en sus orígenes, Contracampo― expondrá los efectos de las políticas económicas y culturales del gobierno de Javier Milei sobre las industrias audiovisuales.
La ciudad sede puede dar testimonio de la crisis provocada: la ha sufrido, denuncia el sector, el propio Festival Internacional de Cine que en 1954 inició un historial de cuarenta ediciones. La 41ª se celebrará entre el 5 y el 15 de este mes, en paralelo al encuentro autogestionado que se propone visualizar las condiciones que explican la caída trienal del 90% que calcula para la asistencia de 2025 al histórico evento marplatense.
Por otra parte, la producción respaldada por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) se contrajo drásticamente, lo que resultó en una merma de puestos de trabajo. De ese modo, se añade un voluminoso y urgente problema a otros nunca solucionados, como las garantías de preservación de material constitutivo de la historia y la identidad argentinas. Desde fines del siglo pasado, la que fingió regularlas es un ejemplo de que no alcanza con redactar y aprobar leyes para gestar una nueva realidad. La Cinemateca Nacional sigue siendo letra muerta o una expresión de deseo.
Durante el encuentro que comenzará el jueves, el colectivo organizador ―conformado por quienes, en diversos roles, trabajan en ese ámbito― pondrá cifras a realidades y temores a partir de los resultados de una consulta a más de 700 personas del rubro.
En las condiciones que devela esa encuesta, algunos de cuyos hallazgos se comparten en esta nota de El Cohete, es aún más difícil que la producción argentina pueda competir con la penetración de las norteamericanas en las carteleras. Sucede en las físicas y también en las digitales, porque la plataforma Cine.Ar continúa rigurosamente el curso de antecedentes del ámbito público del siglo cambalache: fue creada por el kirchnerismo como Odeón en 2015, el macrismo sólo le cambió el nombre y comenzó a cobrar por ver los estrenos, y el mileísmo la ha desfinanciado, recuperando periódicamente la intención de privatizarla. Una idea extraña, porque supondría capitales privados interesados en comercializar “películas que nadie ve”, de acuerdo a la etiqueta presidencial.
Tal definición del cine nacional pasa así de ser un discutible diagnóstico sobre el que accionar a una profecía que el retiro del Estado se esfuerza por cumplir. Como durante el gobierno de Mauricio Macri contra la televisación abierta del fútbol, la excusa se busca en los jardines de infantes que podrían construirse o en los platos que podrían llenarse en hogares con necesidades insatisfechas. El discurso oficial de turno sabe que jardines nunca sobran y pobres jamás faltan, pero ni la privación del fútbol ni la del cine mitigaron esos déficits sociales, que a diferencia de los del Excel oficial se miden en términos vitales.
En cambio, son ahora las trabajadoras y los trabajadores audiovisuales quienes ven en riesgo su sustento.
En números
La encuesta que la organización de Fuera de Campo compartirá íntegra durante el festival abarcó a 738 personas del ámbito audiovisual y detectó que:
- Una de cada cuatro no tuvo trabajo en ese ecosistema laboral durante 2026.
- El trabajo registrado es minoritario (23,4%); prevalecen las y los monotributistas (47,4%) y casi un tercio (29,2%) padece la informalidad laboral.
- La mitad de las personas encuestadas no llega a cubrir con sus ingresos por tareas audiovisuales el 50% de su costo de vida, por lo que debe realizar otro tipo de trabajos para completarlo.
- En ese plano, el mapa nacional revela asimetrías. En la región pampeana, 55,4% de los encuestados puede cubrir su costo de vida con ingresos del ámbito audiovisual, porcentaje que cae al 45,8% en el noroeste, a un tercio en el noreste y la Patagonia, y a menos de un cuarto (21,7%) en Cuyo.
- 71,4% indicó que sus ingresos disminuyeron desde fines de 2023 y 61,2% tiene menos trabajo en el rubro.
En cuanto a las producciones que han generado los menguantes empleos:
- La mayoría fueron financiadas mediante aportes privados, propios (23,8%) o de terceros (34,8%).
- Por origen de los recursos, prevalecen nítidamente los nacionales (58,2%) o mixtos (30,6%).
- Un 64,6% de los directores y productores pueden llevar adelante proyectos personales o colaborativos, pero en menos de uno de cada diez de los casos representan fuentes de ingresos.
Por cada punto y la sumatoria de ellos, marcó el colectivo de Fuera de Campo a El Cohete, “resulta coherente” que el 54,9% de las personas consultadas haya elegido a la crisis laboral como su preocupación principal.
Pese a ello, la encuesta también recogió que más de tres de cada cuatro son originarias (77,7%) o residen (88,4%) en localidades donde existen salas o cineclubes que proyectan cine argentino. Si bien la mayor parte de las respuestas provino de la región pampeana, producto de la fuerte concentración territorial de la industria, los porcentajes no dejan de dibujar un indicio a explorar dentro de un mapa federal que ya ha sumado réplicas de Fuera de Campo en el llamado “interior”.
De cada década
El cuadro de situación retratado por la encuesta en materia laboral coincide con lo expuesto en junio último en la reunión de la comisión de Cultura de la Cámara de Diputados a la que concurrió el titular del INCAA, Carlos Pirovano. Economista sin experiencia audiovisual y con predilección política por soluciones estrictamente contables, Pirovano se jactó de que en los primeros meses de gobierno en el organismo a su cargo “cerramos cuatro edificios” y “bajamos de 800 a 250 empleados”.
La hazaña no agota sus consecuencias en el más de medio millar de personas que perdieron sus trabajos dentro del propio Instituto, como recordó en la misma reunión Laura Fortini, representante del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina en el Consejo Asesor del INCAA. Según sus cómputos, los 148 largometrajes producidos en 2023 generaron 4.635 puestos de trabajo, mientras que en el primer semestre de este año se habían abierto 793.
De acuerdo con los propios registros del INCAA, desde el final del mandato de Alberto Fernández y hasta el cierre de esta nota, la proporción de estrenos de películas argentinas ―de cualquier género, extensión y financiamiento― se redujo siete puntos porcentuales sobre el total.
Con el Estado convencido de que se trata de una actividad privada, se comprende que la producción nacional haya quedado a merced de la gran maquinaria extranjera, en particular estadounidense. Podría sospecharse que a la cúpula oficial no le molesta.
El peso que sobre el total de la venta de entradas corresponde al cine nacional también se contrajo, por casi cuatro puntos porcentuales en términos interanuales, y para el penúltimo día de octubre resultaba por debajo del 5%. En 2015 cerró en 13,43%. Aquel era el peor registro del trienio final del kirchnerismo: el pico trienal había sido el año anterior, con 18,33%.
Acción, cámara, luz
Con proyección íntegra en el teatro marplatense Enrique Carreras, la cartelera de Fuera de campo incluirá más de 40 producciones, de géneros, extensiones y épocas diversas. Además de las obras centrales, el festival invitó a directores de trayectoria a realizar spots, que ha ido estrenando en sus espacios en redes sociales y repondrá durante las funciones.
La mayoría de esas creaciones desempolvan archivos propios o rescatados que atesoran marcas de época y huellas deliciosas o trágicas de personajes de la historia argentina y universal. En algunos casos cuentan además un fotograma de la película vital del realizador, sus años de formación o proyectos truncos.
Esa colección es en sí misma un modo de demostrar, contra el desamparo estatal, la importancia del ojo que sabe dónde mirar y del compromiso individual que protege lo filmado.
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