Gatopardismo / gatomacrismo

República (discursivamente) por fuera y autoritarismo y favela por dentro

 

En la literatura del Sur de Italia hay dos escritores que —cada uno por su cuenta— escribieron (casi) un solo libro que impactó profundamente en las estructuras culturales de todo el país. Eran primos y sicilianos: Lucio Piccolo, un poeta esotérico, entramó un libro exquisito con versos nexados por una permanente filigrana barroca e imágenes oníricas: Canti barocchi (1956); y Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que escribió una novela: Il Gattopardo (1958; en 1963, il compagno Visconti dirigió una enorme película con el mismo título). Siempre pensé que hay que tener una “suerte” (tal vez la palabra exacta sea “genio”) especial para escribir un libro y modificar las estructuras profundas de una institución: la literatura en este caso. Se sabe: esta es un modelo del mundo y tiene una función social. La prueba radica en que Il Gattopardo traspasó su metafórica literaria para desbordarse sobre el léxico y la práctica política italiana.

Primera escena. La novela cuenta la historia de Sicilia dentro del contexto de una familia patricia, la del príncipe Fabrizio Salina, que asiste a la decadencia indetenible de su clase. Con el desembarco de Garibaldi —y de su ejército— en Sicilia, arranca la avanzada de una nueva clase: la burguesía, que el príncipe desprecia porque implica un cambio; la considera un producto deteriorado de los nuevos tiempos. Segunda escena: cuando llega el momento de votar la anexión de Sicilia al nuevo Estado, el príncipe es consultado y a su pesar responde que sí. El plebiscito es unánime y Sicilia es anexada. Poco después recibe la visita de un funcionario piamontés, un emisario del gobierno sabaudo (casa Saboya), que le ofrece el cargo de Senador. El viejo príncipe declina con calculados gestos barrocos y un argumento: Pertenezco al viejo régimen y me atan a ese orden razones de decencia. (Indudablemente: una lección de ética, si no fuera por la cosa monárquica.) Para Fabrizio Salina, el presunto cambio propuesto por el nuevo Reino de Italia significaba una transformación vacía de contenidos.

Tomasi di Lampedusa ofrece una lectura del Risorgimento italiano a través de la figura del príncipe, un (in)moralista con principios, y de su sobrino, Tancredi Falconeri, un joven arribista que se alista sin pestañear en las filas garibaldinas. A través de esta segunda figura la novela desborda los límites ficcionales y hace un aporte al léxico de la política (y en general de la cultura) italiana, con la categoría del gattopardismo. Esta surge de una afirmación de Tancredi, íntimamente nexada con el cambio: todo debe cambiar para que nada cambie. La frase remite a una concepción y una práctica política de quien es favorable a cambios menos reales que aparentes para el pueblo con el objetivo de no comprometer el poder y los privilegios de su clase.

En la Argentina, en lo que va del ciclo 2015-2017 también estamos experimentando un risorgimento, que, como el italiano, también tiene una forma de descarnada negatividad, cifrado en la palabra cambio. Y concentrado también en una categoría menos literaria que popular, producto de las disputas situadas en la Plaza, producto de una intuición popular que imperiosamente no deberíamos considerar como forma del agravio sino como forma de la comprensión teórico-militante de este momento político que nos toca vivir y frente al cual resistimos, haciendo por cierto nuestros aportes a la historia del siglo XXI argentino a través de las acciones que situamos en la vida colectiva. Esa categoría que aún debemos dotar de significado pleno es gatomacrismo. Algunas declinaciones básicas que puede describir y que encuentran su propia refracción en la práctica política son la puesta en jaque del Estado de Derecho por el cambio en Estado de Arbitrariedad. También puede dar cuenta de lo que nos propone la Alianza Cambiemos: una democracia siempre menos democrática, siempre más limitada, siempre menos probable, cada vez menos creíble. Pero la ecuación básica del gatomacrismo es esta: República (discursivamente) por fuera / autoritarismo y favela por dentro.

Desde ya: además de completar la categoría falta escribir la novela.

 

La ilustración de este artículo es ´Le fils puni’, de Jean-Baptiste Greuze, pintura que Visconti incluyó en su versión cinematográfica del clásico de Lampedusa.

 

Rocco Carbone. Universidad Nacional de General Sarmiento/CONICET