Genocidio por goteo

Mensaje violento de la policía de Neuquén

 

El pasado 20 de julio en Neuquén, una familia solicitó ayuda a la policía provincial para contener a uno de sus integrantes. El hombre se encontraba descontrolado, al parecer bajo los efectos del consumo de algún tipo de droga. En pocos minutos, la intervención policial terminó con la muerte de Robinson Gatica Quintriqueo, de 32 años, cuando estaba solo con los efectivos dentro de su vivienda, por causas que los médicos forenses demoran en informar en la causa judicial.

Cinco policías de Neuquén están imputados por el homicidio, cometido aproximadamente a las 6.30 horas de ese lunes en un barrio popular de Villa La Angostura, a pocas cuadras de la avenida principal. El joven recibió más de un impacto de munición antitumulto, sufrió el hundimiento de la base del cráneo y numerosos golpes en todo el cuerpo, de acuerdo a la información extraoficial. Todavía se desconoce si recibió algún impacto de bala de plomo de los que se efectuaron durante el procedimiento.

Llovía con intensidad, hacía frío, todavía se conservaba bastante nieve, estaba muy oscuro. Robinson estaba en la casa que compartía con Paola Chumuy, su compañera por 16 años, y tres hijxs en común. Unos metros más adelante está la de su madre, Lidia Quintriqueo, donde el creció con sus hermanos.

Paola trabaja en hotelería, llegó tarde y agotada; es temporada alta. Se despertó pasadas las 5 porque Robinson no estaba bien, como en esas ocasiones en que consumía algún tipo de sustancia que lo desequilibraba. Bajó la escalera alterado. En la planta baja dormía su hija de 14 años, que se asustó y llamó al celular de su abuela pidiendo ayuda. Los gritos terminaron de despertar a Paola, que bajó a tratar de contenerlo. Robinson tenía un pequeño cuchillo en una mano con el que golpeaba las cosas que veía peligrosas, pero jamás atacó a nadie de su familia, ni en este episodio ni en ninguno anterior, aseguró la familia. Lidia le dio su celular a otro hijo y le dijo que pida ayuda a la policía mientras ella iba a tratar de intervenir.

La comisaría 28 de Villa La Angostura está ubicada a seis cuadras del lugar. Llegaron dos móviles con seis efectivos. Lidia les pidió que lo contuvieran, pero no ingresaban a la vivienda, demoraban en el patio bajo la lluvia. Es Paola quien finalmente le sacó el cuchillito, salió de la vivienda y lo arrojó sobre la pila de leña a un costado. Ingresaron los efectivos y Paola se dirigió a la casa de Lidia a ver a sus hijxs y recuperar el aliento. En pocos minutos, esposaron a Robinson, lo golpearon y tiraron al piso. Los fogonazos y estampidas hicieron regresar a las mujeres, a las que les impidieron acercarse. Alcanzaron a ver un chorro de sangre en la nuca del muchacho. Un testigo escuchó la respiración entrecortada y un gemido. Quedó boca abajo, con las manos esposadas atrás, su pelo largo negro revuelto. La puerta rota tirada a un costado; la cerradura volada de un escopetazo.

 

 

Robinson, otra víctima de la violencia policial en Neuquén.

 

 

 

Versión manipulada

“Evitamos un femicidio”, aseguró Marianina Domínguez, secretaria de Seguridad de la provincia, al respaldar la intervención policial que culminó en homicidio. En las primeras horas de conocido el crimen, a través de la prensa local, se pretendió usar el fuerte reclamo de intervención estatal para resguardar la vida de las mujeres y niñxs en riesgo para justificar el dispositivo policial que terminó con la vida de Robinson. Wakoldas, colectivo feminista de Villa La Angostura, rápidamente condenó la argumentación perversa.

La familia pidió ayuda para contener una situación con la que lucharon por años, en el proceso de recuperación de la adicción al alcohol y a las drogas de Robinson. Paola desmintió totalmente que hubiera sido víctima de violencia de género.

Ese argumento defensivo, al parecer, pretendió anticiparse a encubrir otros hechos, de acuerdo a lo manifestado en audiencias y testimonios. Ya con la presencia del comisario Néstor Catalán en el lugar, la policía levantó vainas servidas de la escena, eliminó rastros de sangre y manipuló el cuerpo sin vida en ausencia del fiscal Adrián De Lillo, que lleva adelante el legajo del caso. Según una fuente, Catalán avisó por teléfono a De Lillo a las 7.20, cuando el cuerpo sin vida ya estaba en la morgue del hospital local.

Paola y Lidia se constituyeron como querellantes y designaron a Luis Virgilio Sánchez, vicepresidente de la Asociación Gremial de Abogadxs de la República Argentina, con el patrocinio de Lorena Miani. A casos como el de Robinson, esta organización los caracteriza como “genocidio por goteo”.

 

 

 

El pasado es hoy

Los bomberos voluntarios de Villa La Angostura despedían el año en familia el 23 de diciembre de 2000 cuando en plena cena recibieron una llamada al 110 de Emergencias. Leonardo Gatica, padre de una joven voluntaria (y de Robinson) alcanzó a bromear: por no ser bombero, no se vería obligado a postergar el helado si había una salida. Minutos después, supo que ardía la ruka de madera de su hermano y su cuñada en Corralitos, área boscosa ubicada a unos pocos kilómetros del centro de la villa turística. Luego comprobó que sólo quedaron en pie las columnas de la cabaña, inexplicablemente cerrada por fuera con candado; dentro, los cuerpos de sus familiares calcinados.

Elvira Quintriqueo (54 años), su compañero Segundo Gatica (42) y su hijo Juan Orlando Quintriqueo (24) ardieron en la tierra que ocupaban desde hacía más de 30 años y en la que permanecían en condiciones de precariedad y pobreza, a pesar de los ofrecimientos de todo tipo para que dejaran el lugar y no obstaculizaran el desarrollo inmobiliario.

Hubo otro fuego que no vio Leonardo Gatica, pero del que tuvo noticias. A principios del siglo XX, una sospechosa quema de pastizales tomó el campo de su abuelo paterno, junto a la costa sur del lago Traful, a unos 60 kilómetros al noreste de Villa La Angostura. Ese incendio pudo haber sido el principio de la persecución que terminó recién con el desalojo de Salvador Gatica –hijo de Francisco, padre de Leonardo– durante la última dictadura militar.

La memoria de estas familias y la de otrxs jóvenes víctimas de abusos, torturas y persecución policial hizo que, bajo cero, numerosas familias marcharan por memoria, verdad y justicia por la avenida central.

En entrecasa, Robinson era Robin. En el barrio era común verlo pasar abrazados con su familia, con el más chiquito sobre los hombros, cantando o silbando alguna melodía. Ingenioso, hincha de River, mirada chispeante y sonrisa ancha.

 

 

 

 

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