GENTE QUE NO

Hay marginales que usan traje. Que salen en revistas. Que no pueden culpar al hambre de su conducta

 

Los pobres, los negros, los villeros, los pibitos cagados palos por la policía. Los viejos hambreados que piden y duermen en las calles. Los locos que no cuentan con un establecimiento de salud mental que los ampare. Y que aun cuando cuenten con uno, ahí también los caga a palos la policía o los matan los perros cimarrones. Los pibes y pibas transa, apretando el paquetito de algo en el bolsillo, porque es la cena si logran venderlo. El que manoteó un celular y los dos que planean reventar un kiosko en una esquina de Liniers. La nena de 14 años que se ofrece en las noches, en las calles de Constitución y se sube a autos anónimos o se deja arrinconar contra una pared, por señores que podrían ser su padre o su abuelo. Y el travesti al que también cagan a palos y que antes de salir de la comisaria donde lo detuvieron debe hacerle fellatio a un cana. Los que revientan las casas de un country, mientras la policía hace zona liberada. Y el poli que entró como cadete y que pasa años viendo como nadie cumple la ley a su alrededor y aprende, como mínimo, a callarse la boca. Gente que, como me dijo alguna vez alguien con un desprecio que me impresionó, “crece escuchando cumbia”.

 

 

 

 

Mas de una vez me he preguntado si como sociedad no somos también nosotros culpables respecto a un sector de la sociedad que no goza de completa libertad para elegir su conducta. Y que aun cuando pueda elegir, a casi nadie parece importarle, porque no se los juzga por sus conductas sino por los prejuicios que pesan sobre ellos. Es extraño juzgar el hambre sin conocerlo. Es extraño entender la violencia sin sufrirla. Y es extraño que, desde mundos tan diferentes, una parte del mundo pretenda legislar y aplicar las leyes a la otra parte del mundo, cuyas circunstancias son tan diferentes a las que conoce quien legisla o juzga.

Mi lado del mundo come, se educa, tiene acceso a la salud. No carece de dolor y conoce algunas formas de violencia. Conoce hasta donde se puede sufrir la violencia de los que están arriba, que no dejan de ejercerla aunque la maquillen de buenos modos. También sufre la violencia de los descastados, que a veces nos ven como el ciervito más indefenso de la manada y nos eligen como presas. Porque todos somos fuertes o débiles en relación a algo o a algunos.

Son estas desigualdades estructurales las que a veces me hacen dudar acerca del funcionamiento del sistema que, como sociedades democráticas, hemos adoptado para legislar y juzgar. Un viejo profesor de la Facu lo resumía con la frase: “Todos los hombres somos iguales ante la ley… sólo que algunos son más iguales que otros”. Sonreía un poco triste y suspiraba luego de decirlo, y  en ese suspiro y en esa sonrisa triste de viejo abogado, había más honestidad intelectual y más crítica al sistema que muchos discursos encendidos que también escuchaba en esos días de estudiante.

No me gusta la violencia, en ninguna de sus formas o presentaciones. Abomino de ella. Me duele y me humilla tanto la cachetada que recibí alguna vez de mis padres, como la represión de una manifestación, aunque yo no participe de ella o tal vez ni siquiera esté de acuerdo con los motivos que la impulsan. He pasado parte de mi vida preguntándome sobre el bien y el mal, en términos de justo e injusto,de legal e ilegal,  de ético y no ético. En términos de digno e indigno también. Mentiría si dijese que en cada ocasión las categorías coinciden perfectamente. No todo lo justo es legal. Porque nuestra estructura social se basa en una resignada aceptación de la desigualdad, en el peor sentido, y esa desigualdad es una de las formas de la injusticia. Y una de las formas de la violencia, también.

Descubrí con el tiempo que hay cosas que son injustas e ilegales. Y que carecen de toda ética y de toda dignidad. El espionaje ilegal realizado por el Estado es sin duda una de ellas. Y cuando refiero a espionaje ilegal realizado por el Estado, me refiero a tareas de inteligencia realizadas u ordenadas por empleados y funcionarios públicos, sin orden judicial.

Voy a recordar lo que dice el artículo 4° de la Ley de Inteligencia: “Ningún organismo de inteligencia podrá: 1. Realizar tareas represivas, poseer facultades compulsivas, cumplir, por sí, funciones policiales ni de investigación criminal, salvo ante requerimiento específico realizado por autoridad judicial competente en el marco de una causa concreta sometida a su jurisdicción, o que se encuentre, para ello, autorizado por ley. 2. Obtener información, producir inteligencia o almacenar datos sobre personas, por el solo hecho de su raza, fe religiosa, acciones privadas, u opinión política, o de adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales, comunitarias, cooperativas, asistenciales, culturales o laborales, así como por la actividad lícita que desarrollen en cualquier esfera de acción. 3. Influir de cualquier modo en la situación institucional, política, militar, policial, social y económica del país, en su política exterior, en la vida interna de los partidos políticos legalmente constituidos, en la opinión pública, en personas, en medios de difusión o en asociaciones o agrupaciones legales de cualquier tipo. 4. Revelar o divulgar cualquier tipo de información adquirida en ejercicio de sus funciones relativa a cualquier habitante o a personas jurídicas, ya sean públicas o privadas, salvo que mediare orden o dispensa judicial”.

Y lo que puedo asegurar es que, durante el periodo que fue desde el 10 de diciembre de 2015 al 10 de diciembre de 2019, la realización de tareas de inteligencia ilegal por parte del Estado fue una política de Estado. Y una herramienta imprescindible de la persecución que el gobierno de Cambiemos realizó sobre los ex funcionarios del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y sobre la propia Cristina, con la imprescindible colaboración de sectores del Poder Judicial y también con la elaboración e instalación en la sociedad de un “relato” que legitimase esa persecución, función que llevaron adelante sin vergüenza ciertos periodistas y medios de comunicación.

 

Son flashes aislados que hoy puedo integrar en una historia que, cuando la pienso, parece que vivió otra persona… pero la viví yo. Comenzó con el almuerzo en Cancillería con Héctor Timerman, en febrero de 2015, cuando acepté ser su abogada junto a Alejandro Rúa en la causa en la que lo había denunciado, junto con Cristina Fernández y otros, el fiscal Alberto Nisman. Con el tiempo esa causa se poblaría de espías declarando cosas falsas solo para que la causa avanzara sin pruebas, de jueces horribles que llevarían al extremo más inhumano y cruel la persecución y de periodistas que repetirían mil infamias y mentiras para justificar incluso la muerte de Héctor Timerman. Hace un ratito nomas tomó estado publico que, en el marco de ese juicio, finalmente van a ser convocados a declarar como testigos Ronald Noble y Joël Sollier, testimonios que reclamamos incesante e inútilmente durante años. Porque como miembros de Interpol su testimonio era clave para demostrar lo que ambos ya han dicho y escrito: que la suscripción del Memorándum no tenía efecto alguno sobre la vigencia de las Alertas Rojas sobre los iraníes imputados de haber cometido el atentado a la AMIA y que no pudo de modo alguno ser una forma de garantizar impunidad. (Ronald Noble era el Secretario general de INTERPOL cuando se suscribió el Memorándum de entendimiento con Iran, y Joël Sollier el director de asuntos jurídicos de Interpol en la misma época.) Como la verdad y la justicia eran categorías que le importaban nada a Claudio Bonadio, juez en esa causa, jamás concedió esos testimonios. Porque eran días en que la persecución y el relato importaban mucho más que la verdad.

Otra escena es un domingo 19 de noviembre de 2017. Fui a visitar a mi amigo Amado Boudou, detenido hacia poquitos días en el penal de Ezeiza. Era su cumpleaños. Ahí me contó que él había inaugurado uno de los pabellones especiales de ese penal, los pabellones IRIC, creados por el gobierno de Cambiemos. Recuerdo con claridad que Amado me contó que los que trabajaban en ese pabellón nuevo le advirtieron que el pabellón estaba “alambrado”, es decir que tenia instalados dispositivos para escuchar a los que estuviesen detenidos. Varios años después, ya como abogada de Amado, este comentario hecho en medio de espanto de esa detención tomaría otra dimensión, cuando en el marco de la causa que se investiga en Lomas de Zamora sobre espionaje ilegal, encontraríamos no solo las huellas de ese “alambrado” y los registros de los seguimientos ilegales a Amado cuando este recuperó la libertad.

También en esa causa de Lomas de Zamora encontraríamos un dialogo entre uno de los espías de la AFI y la secretaria de Mauricio Macri que nadie conoce, Susana Martinengo, donde comenta con el espía Saenz que hay lio entre los presos que están adentro y están agitando por los que pueden entrar y luego profetiza: “Sí, sí, los que están adentro y los que van a entrar. Era diciembre de 2017.

Recordé en una nota [1] que el 19 de octubre de 2017 detuvieron a Roberto Baratta en base a una pericia que se declaro falsa en sede judicial muchos meses después. El 25 de octubre detuvieron a Julio De Vido. Ambos fueron llevados al Penal de Marcos Paz. El 3 de noviembre de 2017 detuvieron a Amado Boudou y a Núñez Carmona y los enviaron a Ezeiza a estrenar pabellones. Y por esos días el servicio penitenciario dispuso el traslado de un narco, Mario Segovia, al pabellón IRIC. Y con el traslado de Segovia también habilitaron las tareas de espionaje y escuchas que se hacían sobre Segovia, esas sí por orden judicial, haciéndolas extensivas a todos los detenidos del pabellón IRIC, ya sin orden judicial. La parte más procaz del espionaje había comenzado. El 7 de diciembre ordenaron la prisión preventiva de Cristina Fernández de Kirchner y detuvieron a Carlos Zannini, Luis D’Elía, Fernando Esteche, Jorge Khalil. Todos por orden de Bonadio. El 19 de diciembre de 2017 detuvieron a Fabian de Souza y el 20 de diciembre a Cristóbal López, por instrucción del juez Julián Ercolini. El 22 de diciembre detuvieron a Carlos Kirchner, también por instrucción de Julián Ercolini.

La cacería estaba desatada. Contó Irina Hauser que se encontró un convenio secreto de cooperación firmado entre la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y el Servicio Penitenciario Federal (SPF). La fecha de suscripción fue junio de 2018, su texto “habilita actividades difusas y claramente da pie a la ‘asistencia tecnológica’ de la AFI, lo que lleva a sospechar que se utilizó para instalar el cableado con micrófonos y cámaras, además de dar luz verde al tráfico de informes”[2].

Y el 1 de agosto de 2018, Bonadio comenzó a detener a muchas personas en el marco de la causa “Cuadernos”. Sobre esas personas se dispuso un sistema de espionaje ilegal que no solo incluía la inteligencia sobre sus conversaciones privadas, sus llamadas telefónicas, sino además la realización de informes y seguimientos de su familiares y abogados que ningún juez había ordenado.

Era tal el descontrol de las tareas de inteligencia ilegal y persecución, que se fueron claramente de rosca y los marginales de siempre intentaron hacer dinero. Eso fue lo que hizo por ejemplo uno de los proveedores de información ilegal de ese sistema descontrolado. Se llama Marcelo D’Alessio y hoy está procesado junto con Carlos Stornelli, fiscal de la causa «Cuadernos», y Daniel Santoro, jefe de judiciales del diario Clarín en el marco de la causa que conocemos los abogados como causa “Dolores”, porque allí, en la ciudad de Dolores, se investigan esos hechos. Dentro de los prodigiosos hechos de Marcelo D’Alessio está el haber intentado “caminar” a un defendido nuestro. Es el origen de que la mitad de mis colegas me digan ahora Doctora Rocanfort, que es como me mencionaban en las escuchas.

Pero el espionaje ilegal no solo afectaba a los ex funcionarios detenidos. Este sistema paralelo también afectaba a funcionarios del Poder Judicial. Así como ya había hecho la AFI con el juez Sebastián Casanello al armarle una operación diciendo que reportaba a quien debía investigar —por cierto, Casanello es uno de los pocos jueces decentes que trabaja en Py—, la AFI y otras agencias estatales como la AFIP y la Unidad de Información Financiera hacían inteligencia sobre funcionarios del Poder Judicial. Están los registros fotográficos de los seguimientos a Martin Irurzun, en sus reuniones con operadores judiciales como Pepín Rodriguez Simón y con el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz. Y los chats de los espías explicando que esos seguimientos los había ordenado el “uno”. El “cinco” era Gustavo Arribas, jefe de la AFI. Saquen sus conclusiones.

La información obtenida por medio de espionaje ilegal tenía varios destinatarios. Algunos eran funcionarios judiciales, como Stornelli y su “dame merca” en relación a información sobre ex marido de su actual mujer. También algunos periodistas, como los que recibieron las escuchas que se hacían en Ezeiza y los que conformaban lo que conocimos como la “Mesa Judicial macrista”, en las que estaban sentados los operadores judiciales del macrismo, el Ministro de Justicia German Garavano y Gustavo Arribas, además del propio Presidente de la Nación. Esa “mesa” parece haber sido la administradora de premios y castigos sobre los miembros del Poder Judicial y quienes direccionaban las causas judiciales. También con inteligencia ilegal. La investigación sobre la mesa judicial del macrismo, cuyas actividades son también ilegales debo aclarar, hoy está en manos de una jueza de la que todos hablan muy bien, debo ser justa, pero que cuenta entre sus antecedentes el de haber sido visita frecuente en la AFI. Y cuya hermana trabajaba hasta marzo de este año en el área de escuchas de la AFI. Y antes que me pregunten, no, no iba a visitar a su hermana. Las visitas que figuran son a Majdalani, la numero “8” y a Gustavo Arribas. Paradojas para nada paradójicas de Comodoro Py, ¿no?

El espionaje ilegal también abarcaba a la política. Además de espiar a propios y ajenos, espiaban a Cristina Fernández de Kirchner, quien era seguida sistemáticamente y con tal grado de torpeza que los espías cachivaches fueron descubiertos. Tuvieron que hacer un gran fraude documental para cerrar la causa por los seguimientos a CFK, fraude que a la postre que fue inútil, porque finalmente y pese a que aquella causa fue cerrada, hoy están procesados por el fraude documental.

Cuando comenzó a tomar relevancia la investigación sobre el espionaje ilegal, los medios y el propio macrismo parecieron ignorarla. Pero los mensajes hallados en el celular del secretario de Mauricio Macri, llamado Dario Nieto, dan cuenta que puertas adentro la situación era bien distinta. Desde pedidos de explicaciones de Cristian Ritondo acerca que necesita un “relato” que justifique lo que surge de la investigación y que explique a Martinengo, hasta el plan que le proponían a Mauricio Macri, como contó hace horas Juan Amorín[3]

 

 

 

Básicamente el plan consistía en utilizar la parte de la escudería mediática que le queda al macrismo para instalar un nuevo relato que hablase de que existe una persecución contra Mauricio.

En verdad, creo que lo único que persigue a Macri y a varios de sus funcionarios, además de las intimaciones para que devuelvan los teléfono encriptados que recibieron de la AFI –y que también recibieron personas que no eran funcionarios tales como Angelici, presidente de Boca y reputado como operador judicial, Caputo dueño de Edesur y los abogados personales de Mauricio—, son las pruebas de lo que definió la fiscalía de Lomas de Zamora como una “asociación ilícita que funcionó y se desarrolló dentro de varios organismos del Estado Nacional y que tuvo múltiples finalidades ilícitas, principalmente la de desplegar operativos de espionaje ilegal”.

Porque con el tiempo aprendí que hay marginales que usan traje. Que no siempre los pobres, los villeros, los negros, los que escuchan cumbia, los molidos a palos por la policía son culpables. Que hay marginales que salen en la revista Caras. Que no pueden culpar al hambre de sus conductas reprochables. Que ejercieron el poder y la violencia como práctica habitual, sin límites y con la convicción que sus modales impecables y la tradición de impunidad les permitirían construir un relato que los pusiera a salvo de responder por sus actos.

Como dice esta canción que me encanta: “Hay gente mentirosa, gente policía / Gente de mierda… Gente que NO”.

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] https://www.elcohetealaluna.com/la-libertad/

[2] https://www.pagina12.com.ar/286251-espionaje-ilegal-encuentran-un-convenio-secreto-entre-la-afi

[3] https://www.ambito.com/politica/espionaje/exclusivo-los-chats-nieto-macri-hay-que-empezar-instalar-que-hay-una-persecucion-n5126851

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14 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimada Graciana:
    Excelente crónica analítica de una época de las más atroces que atravesó el país bajo la conducción de la ´Ndrangheta vernácula.
    Pero más allá del asco personal que me provocan todos esos personajes, son los fieles representantes del “sistema” que, para no repetirme, me remito a la definición realizada por Manuel Freytas y que le refiriera a través de un comentario a Luciana Bertoia, en esta edición del Cohete.
    Agregaría, además, también en palabras de Manuel Freytas: “…Si yo quiero entender economía capitalista tengo que leer (razonadamente y separando los números reales del palabrerío) a los representantes periodísticos de los ladrones. Es decir a los analistas y medios económicos más «prestigiosos y creíbles» del sistema…”.
    Alphonse Gabriel Capone, al lado de todos los personajes que el sistema entronó para desgracia de la humanidad, tranquilamente resultaría merecedor de una contravención.

  2. José Luis Chammah dice

    Graciana, excelente la nota pero una observación: Seguir hablando de «el» travesti es continuar con la concepción binaria de que la travesti es hombre porque tiene pene. Y una travesti es una mujer con genitales masculinos, pero es mujer. Muchas gracias.

  3. Santi dice

    LA travesti

  4. Eglantina García Pais dice

    Como es habitual, precisión conceptual, color y calor humano, todo en la medida justa y necesario. Todo mí respeto y cariño.

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