Sin duda, la edición Davos 2026 ha sido notable. La habitual reunión de ricos y poderosos, bastante previsible, esta vez fue sacudida por la presencia del Presidente Trump, que transformó la ciudad suiza en un Aleph gigantesco donde giraban en torbellino las tensiones geopolíticas que afligen al mundo. Pero además están los discursos revisionistas, las amenazas, las exabruptos; mi favorita entre estas fue la interpelación de Trump al auditorio: "Si no fuera por los estadounidenses, ahora estarían hablando alemán". Obviamente, no sabía que Davos está situada en el Cantón de los Grisones, donde se habla alemán, aunque las lenguas oficiales son el alemán, el italiano y el romanche (rumantsch).
Podemos reír o sonreír, pero con una condición: no olvidarnos de que estamos frente a un megalómano peligroso, capaz de ordenar homicidios extrajudiciales, desatar las fuerzas de ICE, una milicia que apenas puede manifestar su índole criminal, perseguir extranjeros, secuestrar niños y, en los momentos libres, disparar contra poetisas desarmadas.
Este particular homicidio lleva a una reflexión: frente a estos hechos, ¿será capaz la ciudadanía blanca de comprender cómo vive desde siempre la ciudadanía negra, sometida al capricho criminal de policías de gatillo fácil?
Carney, la nueva estrella del establishment mediático
El Primer Ministro canadiense se ha ganado un puesto en los diarios del mundo occidental, desde que el 20 de enero en Davos ha contado una historia que conocíamos todos; la siguiente cita ayuda a aclarar las cosas:
"Ahora les eres útil, pero cuando no les sirvas más, te echarán como a un leproso... Su moralidad, sus principios son una broma estúpida; los abandonarán apenas comiencen los problemas. Son buenos solo cuando el mundo les permite serlo... Cuando las cosas van mal, estas personas civilizadas se devorarán entre sí".
Es lo que ha dicho Carney: las normas se abandonan cuando empiezan los problemas. Agregó que no se podrá volver a ese pasado "donde existían las reglas". Lo hemos dicho en estas páginas tiempo atrás: cuando las cosas no funcionan, se cambian las reglas del juego, que es lo que está haciendo Trump, la versión patológica del imperialismo.
Carney agregó que se fingía creer en esas reglas, y mirando su currículo, vemos que ha sido uno de los puntales del Consenso de Washington. Cuántas veces el señor Carney habrá elogiado "las reglas", las habrá defendido; pero atención, estas reglas que el señor Carney defendía han servido para engordar a los poderosos del mundo y llevar un ataque frontal contra el Estado social.
La activista pro Palestina canadiense Marion Kawas le ha respondido a Carney en la edición inglesa de Al Mayadeen, acusándolo de saltarse el rol de Canadá en las injusticias mundiales. "Por lo tanto, tomamos con pinzas su nuevo y conveniente compromiso de desafiar la hegemonía imperial guiada por Estados Unidos", dijo Kawas.
Y cuando Carney dice que "este pacto no funciona más", Marion responde: "Y bien, Primer Ministro Carney, este pacto no ha funcionado nunca para la mayor parte del sur del mundo; ha funcionado solo para aquellas potencias occidentales deseosas de sostener los planes imperialistas de Estados Unidos, y es por eso que su promesa de actuar en modo coherente aplicando los mismos estándares a aliados y rivales suena tan vacía".
En el mundo de la gráfica publicitaria, el fenómeno de exaltar un color rodeándolo con otro es un truco usual; uno de los más conocidos es el llamado efecto Munker-White. Quizá esto ayude a entender el suceso de la nueva estrella mediática; pronunció su discurso en un ambiente donde rigen, al menos hasta este momento, la hipocresía y la duplicidad; personalmente, prefiero la lección de moral y principios que el Joker le da a Batman en la sala de interrogatorios del comisariado de Gotham City.
Dossier Irán
El domingo 25, dos publicaciones difundieron nuevos datos sobre las muertes en Irán; la primera fue Iran International: 36.500 muertos; la segunda fue Time: 30.000 muertos.
Que la represión violenta existe no ofrece dudas: blindados que disparan contra la multitud, irrupciones en hospitales, jóvenes que han perdido la vista por disparos policiales con munición de plomo, pero cuando las cifras suben, hay que enfocar los datos con prudencia y contención; los principales medios italianos como Il Corriere della Sera, La Repubblica, Il Giornale e Il Sole 24 Ore, practicando el copia/pega, se volcaron sobre la cifra de 30.000 víctimas, sin preocuparse de verificar la noticia.
Iran International sale en farsi e inglés, y el domingo 25 publicó un artículo "exclusivo" donde contaba que las 36.500 víctimas se habían producido en las jornadas del 8 y 9 de enero; el equipo editorial habría obtenido "documentos clasificados", "informes desde el campo" y testimonios de personal médico, familias, testigos oculares. Todo este material no ha sido publicado, ni en modo parcial o con omisiones; en pocas palabras, no hay manera de verificar la solidez.
La fuente sería la Organización de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria (IRGC) y habrían sido transmitidos al Supreme National Security Council; dos fuentes anónimas internas del Consejo de Irán habrían referido que en dos informes de fecha 22 y 24 de enero, el número de muertos era respectivamente "más de 33.000" y "más de 36.500".
La cadena desde la fuente original hasta la redacción es cerrada, no verificable, sin espacio de discusión.
El problema principal es la rapidez del balance de los días 8 y 9, puesto que Iran International había dado como ciertas dos cifras: 12.000 muertos primero y 16.500 después, siempre citando las fuentes confidenciales; en apenas dos días, el número se duplicó hasta 36.500.
Hay que agregar que la confianza puede vacilar; Iran International tiene sede en Londres, hay sospechas de financiamientos e influencia saudita. The Guardian se ha referido a los contactos de Iran International con ambientes cercanos a la Corte saudita; estas eventuales conexiones no invalidan automáticamente la noticia, pero en esta circunstancia histórica, con la amenaza de un nuevo frente de guerra, la necesidad de transparencia y revisión es indispensable.
Time publicó que las muertes serían más de 30.000. Las fuentes son, por un lado, dos funcionarios anónimos del Ministerio de Sanidad iraní y, por el otro, una contabilidad basada en fuentes hospitalarias realizada por el médico iraní Amir Parasta, residente en Alemania. Su informe señala 30.304 víctimas, pero Time subraya: "Time has been unable to independently verify these figures", o sea que no es una investigación del medio, sino de una cifra recibida que la redacción no ha podido revisar.
Aquí tampoco ha podido ser visualizado y analizado el informe de Parasta y, además, surge un posible conflicto de intereses dado que en su perfil de Instagram aparece en diversas fotos acompañado de Reza Pahlavi, el hijo del difunto sha de Persia, uno de los opositores más conocidos al gobierno de Teherán. Aquí tampoco se puede descalificar automáticamente el informe de Parasta, pero la fuente no es neutral, dado que pertenece a una facción política iraní.
Tanto The New York Times como Reuters, en cambio, se han apoyado en la ONG HRANA, que ha estimado las cifras de la represión en 5.200 personas.
Uno de los saltos sorpresivos del número de víctimas también se había visto el miércoles 14 de enero cuando tenía que reunirse en Washington el grupo de asesores de Trump para decidir sobre el ataque a Irán, que afortunadamente se canceló; es difícil pensar en una coincidencia. Ahora las nuevas cifras vuelven a ponerse en evidencia en los medios cuando el portaaviones Abraham Lincoln está llegando a la zona de conflicto. Obviamente, un informe no basta para desencadenar un ataque, pero crea un campo de justificación en la opinión pública frente a una intervención punitiva contra el malvado de turno.
Esta posibilidad ha creado un comprensible estado de ansiedad en los gobiernos regionales, pero hay un límite que podría disuadir al presidente Trump, y es su propia concepción de la guerra; Trump sueña un dispositivo del tipo "in-boom-out", donde USA no pierde hombres ni equipos y deja el enemigo destruido. Trump ha solicitado para Irán un plan de guerra breve, violento y decisivo.
Alastair Crooke, citando al coronel Larry Wilkerson, explica que "decisivo" es un término militar que significa haber golpeado tan duro al enemigo hasta dejarlo sin posibilidad de reacción.
Mientras tanto, se abre paso la narración de que Estados Unidos está desplegando en Medio Oriente más fuerzas de las utilizadas en las dos Guerras del Golfo y en Irak sumadas; el especialista en temas militares (a menudo acusado de putiniano) Will Schryver la define como una "ridícula absurdidad absoluta"; no hay nada en la zona capaz de descargar un golpe decisivo contra el Ejército iraní y su gobierno.
Comenta Schryver que han enviado a Jordania una escuadra de F15, algunas cisternas, un par de docenas de cargas de municiones y sistemas antiaéreos C17. Se trata de un modesto sistema defensivo para enfrentar misiles de crucero y drones; no es ciertamente un paquete de ataque potente. Aun con el portaaviones Gerald Ford, la Marina podría disparar en torno a 350 Tomahawk, "pero contra un país enorme como Irán, aun si los 350 golpearan 'algo', no se acercarían mínimamente al desarme del país".
Schryver piensa que la Marina americana no entrará en el golfo Pérsico y tampoco en el golfo de Omán; también serían riesgosas las operaciones en el espacio aéreo iraní. Esto podría limitar las acciones de los aviones desde los portaaviones, limitados a un radio de 960 km con carga completa, y esto crea problemas para golpear en profundidad; incluso empleando una media docena de B-2 y una docena de B-52/B-1B, no serían determinantes en un único ataque.
La victoria breve, violenta y decisiva que quiere Trump no es una opción. El ministro del Exterior iraní Araghchi ha señalado: "Un choque total será seguramente caótico, feroz y se prolongará por mucho, pero mucho más tiempo del manejo del tiempo fantasioso que Israel y sus aliados están tratando de venderle a la Casa Blanca".
Ibrahim Al-Amine nos cuenta Irán desde adentro: "La conducción parte del presupuesto de que la guerra se realizará en su forma más extrema, por lo que los preparativos siguen dos líneas paralelas: 1) reforzar la capacidad defensiva contra un ataque en gran escala y 2) reforzar la seguridad interna para prevenir la desestabilización. Estas disposiciones son ya visibles en todo el país".
Ronan Bergman en Yedioth Ahronoth nos cuenta Israel desde adentro: "Algunos informes de inteligencia afirman que una semana y media atrás las protestas alcanzaron su ápice en todo Irán... Desde entonces disminuyeron drásticamente... El aparato de seguridad no cree que el régimen sea actualmente un peligro inmediato. La cuestión central es si Trump ha perdido empuje y si verdaderamente ha existido este empuje".
Bergman considera que, aun uniendo las fuerzas estadounidenses e israelíes, sin soldados de tierra y solo con ataques aéreos, es imposible que un régimen como el iraní pueda caer por un ataque externo.
Fox News el 22 de enero, citando un sondeo de The New York Times, anuncia que el porcentaje de desaprobación de Trump ha llegado al 49% en los electores. La otra semana, con la cuestión groenlandesa que se desarrollaba entre aranceles y contra aranceles, el mercado de obligaciones ha estado a punto de colapsar, como el Día de la Liberación, cuando el Presidente anunció la batería de aranceles. La salida de este casi-colapso fue la retirada de Trump (popularizada como TACO) respecto a los aranceles ligados a la cuestión Groenlandia.
El Presidente es consciente de la caída de consenso; el domingo 18 de enero, en estas páginas escribimos que Trump no sabe qué hacer con Irán, y sabe que no se puede equivocar. La opción militar requiere:
- Un objetivo de la misión claro.
- Fuerzas militares y logística acordes con el objetivo.
- Un plan B en caso de que las cosas no funcionen como habían sido previstas.
Todavía no sabemos si el objetivo es el cambio de régimen, el asesinato de los líderes militares/religiosos o el ataque a infraestructuras civiles y militares; con las fuerzas destacadas en campo, los objetivos dos y tres serían posibles; en cambio, el primero necesitaría de una rotura y división del ejército para tener alguna probabilidad de éxito.
Las últimas novedades son reposicionamientos en el área. Los sauditas e Irak han anunciado que no autorizarán pasajes de aviones en su espacio aéreo, lo que crea problemas a los F15 de Jordania; lo mismo anunció Turquía, pero refiriéndose a Irán.
Si Trump olfateara un desarrollo caótico del ataque a Teherán, probablemente optaría por un nuevo TACO, con el consabido anuncio de sanciones económicas estratosféricas/fantásticas al régimen iraní.
La cabalgata de las valquirias
El canciller Merz se dedicó desde los comienzos de su mandato a alimentar la rusofobia para crearse un enemigo externo; su país es históricamente adicto a estas recetas, a excepción del largo intervalo en el que Alemania estuvo administrada por gente como Willy Brandt o la misma Merkel. Los anuncios de Merz fueron agresivos, pasaje a la economía de guerra, con los trabajadores Volkswagen ensamblando tanques en las líneas de montaje y, sobre todo, la creación de un súper ejército, capaz de detener y destruir las armadas putinianas.
En El Cohete manifestamos alguna esperanza de que la Unión Europea comenzara a manifestarse como sujeto político autónomo con los 37 soldados enviados a las nieves de Groenlandia, porque por algo se empieza.
El contingente alemán lo integraban 13 soldados. Eran la avanzada del "ejército más poderoso" que se estaba formando en la nueva Alemania de Merz. No sé si el mundo esperaba performances espectaculares, pero al menos un asentamiento en la Nueva Thule, alzamiento de bandera por la mañana, rancho compartido con autoridades groenlandesas, cantos guerreros con weissbier y estofado de reno.
Nada de eso sucedió; el contingente fue embarcado presurosamente en un avión de línea anunciando el regreso a casa porque "se habían cumplido los objetivos".
La cabalgata de las valquirias duró exactamente 44 horas.
Colaterales
Gregory Bovino, conocido por su abrigo estilo Gestapo y jefe del ICE, abandonó Minneapolis con destino desconocido.
Mientras Zelensky lanzaba su discurso desesperado en Davos, Francia anunció el secuestro de una nave petrolera de la flota fantasma rusa, como para demostrar que no abandonaba a Ucrania y, quizá, para crear una grieta en la mesa de Abu Dhabi. Gran Bretaña se apresuró a señalar su participación en la operación, proveyendo información e inteligencia. Por ahora, Rusia ha respondido con el mínimo gesto, quitándole relevancia al asunto; hay cosas más importantes que se están jugando en Abu Dhabi.
Uno de los que sugirieron a Trump que anexionara Groenlandia es Ronald Lauder; lo cuenta The Jerusalem Post del 20 de enero. Lauder es el presidente del Congreso Hebraico desde 2007 y amigo íntimo del Presidente; noticia confirmada por un artículo firmado por el mismo Lauder, en The New York Post.
Epílogo en el aire
La figura de Trump resulta irresistible para la sátira y la indignación, pero estos desahogos después de un tiempo aburren; podría ser más interesante difundir la dieta de Trump en un vuelo transatlántico, por ejemplo.
A través de su ex manager Corey Lewandowski, habíamos descubierto sus preferencias gastronómicas: dos Big Mac, dos sándwiches de pescado y postre de chocolate, todo en una comida; generalmente acompaña el menú con dos o más Diet Coke.
Claramente esta afición por la comida rápida no lo abandona en el Air Force 1. Se dice que prefiere esta comida por temor a envenenamientos. Ni el ex cocinero de la Casa Blanca Andre Rush, ni su esposa Melania han podido corregir la dieta donde no existe fruta ni verdura; al menos come salmón abundantemente, lo que le garantiza omega 3.
Gracias a un post de hace un tiempo de su colaborador Dan Scavino, pudimos dar un vistazo a la dieta de Trump en el aire; en la bandejita, típica de cualquier fast food del mundo, aparece una hamburguesa que, como sabemos, es un sándwich formado por un bloque de carne picada llamado patty y un pancito blando cortado por la mitad , pero este en particular lleva la marca a fuego AF-1, la sigla del Boeing 747-200 del Presidente.
El relleno de la hamburguesa tiene además tomate y lechuga, se acompaña con anillos de cebolla fritos; tiene dos vasitos descartables, uno de ketchup y otro con salsa de queso. El postre fue un brownie con nueces pecán y caramelo; antes de la siesta, el Presidente podrá refrescarse las manos con la servilletita Fresh Nap.
No es el único presidente estadounidense que come hamburguesas; Barack Obama solía invitar a algún par a la más famosa hamburguesería de Washington D.C. Ben's Chili Bowl. Local frecuentadísimo que vimos en el film State of Play. Pero Obama podía equilibrar gracias a los bien balanceados platos con productos del huerto biológico que cultivaba Michelle Obama en el jardín de la Casa Blanca; Michelle era venerada por la izquierda rabanito (roja por fuera, blanca por dentro), que tenía como íconos del progresismo al matrimonio Obama.
Personalmente, tengo respeto por el fast food; es el restaurante que se pueden permitir las clases subalternas y los trabajadores emigrantes que tuvieron en pie la sociedad durante la pandemia. Es, además, el restaurante de los adolescentes con poco dinero en el bolsillo. Trump no pertenece a la clase subalterna, pero su dependencia de la comida rápida, con sus gratificaciones inmediatas, lo aproxima más a un señor envejecido que exhibe (cada vez con más frecuencia) berrinches de adolescente caprichoso cuando alguien le lleva la contraria; sino que le pregunten a Jamie Dimon, CEO de J.P. Morgan.
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