Hacia la soberanía energética

IMPSA como baliza en la ruta hacia la transición energética nacional

 

La noticia de la capitalización de una importante empresa que nació en la provincia de Mendoza hace un siglo nos habilita a repasar algunos aspectos fundamentales sobre el rol planificador del Estado en el desarrollo.

¿Qué tiene de estratégica esta empresa? ¿Cuál es la contribución de IMPSA al desarrollo de nuestro país?

Allá por 1907, el mismo año que se encontró petróleo en Comodoro Rivadavia (Santa Cruz), IMPSA daba sus primeros pasos en la metalúrgica nacional. Este paralelismo con los hidrocarburos iba a dar que hablar. Lo que en el momento del surgimiento de la empresa parecía insertarse en un sector lisa y llanamente industrial, hoy lo podemos reinterpretar como una pieza clave para la transición energética y el desarrollo nacional.

En esa transición entre los siglos XIX y XX, la Argentina se convertía en el primer país en crear una empresa pública destinada a la revolución energética en curso: en 1922 (está muy próxima a su centenario) nace Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) para hacerse cargo de la producción basada en petróleo y más tarde en gas.

Cien años después atravesamos una nueva revolución energética que promueve una doble transición hacia la generación en base a fuentes renovables y la electrificación. Si hemos recorrido tanto trecho como para dimensionar el acceso a la energía como derecho humano fundamental, garante de las condiciones mínimas para la dignidad y el desarrollo humano integral, entonces también tenemos la obligación de mirar de frente a esta transición para que no ocurra sino con justicia social e inclusión.

Bajo el prisma que nos revelan las oportunidades y las opciones de una Argentina en el siglo XXI, sabernos una nación industrial, científica y tecnológica parece ficcionario para lo que estamos acostumbrados a oír. Es que algunos sectores se han dedicado a construir sentido en función de pintar de incapaces a quienes habitamos este suelo, idolatrando a los extranjeros y tirando por tierra cualquier sueño de desarrollo nacional con soberanía tecnológica y autonomía energética.

Siguiendo el modelo de una exitosa empresa argentina de base tecnológica que ha permitido ni más ni menos que poner satélites nacionales en órbita –INVAP–, el Estado dio respuesta ante el pedido de IMPSA durante 2020 y hoy está en marcha la capitalización de una de las cinco empresas con capacidad para producir turbinas hidroeléctricas en el mundo.

 

Fabricación de una turbina para Yacyretá.

Sobre la empresa

IMPSA fabrica turbinas hidroeléctricas, aerogeneradores, grúas de montaje portuario, piezas claves de los reactores nucleares, además de participar en la industria hidrocarburífera. Está construyendo junto a INVAP el primer reactor nuclear 100% argentino, de desarrollo y fabricación nacional: CAREM 25.

 

Reactor CAREM 25, en construcción en Lima, provincia de Buenos Aires.

 

El trabajo en la metalmecánica y la metalúrgica ha permitido ir acumulando experticia, formado recursos humanos altamente calificados (el 35% de sus más de 720 trabajadores/as son Ingenieras/os, perfil muy poco usual en las empresas por el estilo), productos del más alto valor agregado, con un elevado desarrollo tecnológico propio, equipos y piezas muy sofisticadas que verdaderamente están en la frontera de la innovación en sus rubros.

Dentro de los datos más relevantes sobre la empresa que ahora tiene más del 80% de participación estatal se encuentra el encadenamiento productivo que se desarrolló a partir de su liderazgo en el sector: una trama con más de 100 PyMEs de Mendoza y Cuyo.

Los proyectos de la empresa están presentes en los cinco continentes y la mayor parte en el Cono Sur de Latinoamérica, donde es la empresa número uno entre las hidroeléctricas y una de las principales en aerogeneradores.

En la Argentina, sus productos están en proyectos en 16 de las 24 jurisdicciones del país.

Hoy el 85% de su producción se exporta para proyectos localizados en el extranjero, generando divisas para nuestro país.

Como se ve, el modelo de negocios y el rubro en el que ha sabido construir un liderazgo regional debe redundar en beneficios y oportunidades para el desarrollo de nuestro pueblo.

¿Qué desafíos tenemos por delante para transitar un camino de transición energética soberana y justa desde la periferia global?

La propuesta es observar las potencialidades y desafíos de un ecosistema local frente a un escenario global revolucionado.

Foros de negocios, cumbres de líderes mundiales, consorcios de empresas y grupos de bancos, todos hablando de crisis climática y transición energética. ¿Qué pasó y cómo hacemos para no quedarnos sólo en la superficialidad de un capitalismo verde?

Lo primero que hay que identificar es el contexto: la transición energética no toma lugar a partir de una decisión de mercado o de la voluntad de un grupo de países centrales sino que es una necesidad ineludible ante el cambio climático, haciéndose presente en las realidades de los modelos de negocios y en la afectación directa a las personas y a los territorios. Incluso la sostenibilidad financiera del modelo actual está en una encrucijada por falta de racionalidad ambiental y social. Esto ha llevado a Naciones Unidas, pero también a Davos e incluso al FMI y al Club de París con la Unión Europea a comenzar un fuerte proceso de reestructuración de los incentivos y las metas. Ahora, el Acuerdo de París ya es una materia conocida y no marginal en el mundo globalizado, y actuar en consecuencia es impostergable.

A naciones como la Argentina, de la periferia (o subdesarrollo), nos toca insertarnos en la discusión bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas sobre el escenario climático y ambiental. Es por eso que incluso el Presidente Alberto Fernandez ha transmitido a los líderes mundiales una posición que deja traslucir la deuda ecológica que las naciones del mundo desarrollado han contraído con Latinoamérica y el sur global. Por comprensión histórica del camino que nos trajo hasta acá, es tiempo de no recaer en las mismas lógicas que crean sólo externalidades y nos dejan en una posición desfavorable, típica del esquema colonialista.

¿Qué define cuál sí y cuál no es una empresa estratégica? ¿Estratégica para quién? ¿Tenemos presentes cuáles son esas empresas que existen y trabajan actualmente?

La transición energética argentina es de la mano de empresas claves como IMPSA, que no sólo es única en su tipo sino que contiene una serie de atributos centrales para los desafíos de nuestro país. Los principales son el conocimiento tecnológico y las capacidades humanas altamente calificadas para desarrollar las ramas (y tramas) productivas de forma competitiva pero orbitando al gran sector a construir: el de la transición energética.

Pero con empresas buenas no alcanza y sólo con un Estado activo no es suficiente. El enclave está en construir la complementariedad planificada, vía políticas públicas claras y de larga escala temporal y territorial. No podemos dejar librado a los intereses y regulaciones del mercado un eje tan crítico para el desarrollo, justamente porque se trata de un tema de justicia social.

Entonces, en asuntos estratégicos –como la energía o la alimentación– la presencia y el rol planificador del Estado es imprescindible. No será posible construir una trayectoria con soberanía nacional, con autonomía tecnológica, desarrollo territorial e inclusión social si no damos los pasos adecuados en esta dirección, y apostamos a un sector energético local de alto vuelo de la mano de un Estado que apuesta recuperando la herramienta de planificación por excelencia: la inversión pública.

Que el Estado (nacional y provincial) haya tomado la decisión de salvar a esta empresa nos remite a la pregunta sobre el criterio. Al explorar el proceso de la capitalización, vemos que se aplicaron varios pasos de asistencia y colaboración, pero el salto clave fue el encuadre bajo el Programa que se aprobó por Resolución 551/2020 de la cartera liderada por Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, destinada específicamente a Empresas Estratégicas. Los vientos de la iniciativa de capitalización de la cerealera Vicentin en plena pandemia permitieron aprendizajes que hoy nos dan esta buena noticia cuyana, en un rubro más estable y más competitivo.

 

 

Si pensamos en clave del desarrollo industrial y lo encadenamos a la matriz científico-tecnológica nacional, IMPSA permite soñar en un plazo breve en la concreción de pasos históricos para la inversión energética basada en tecnología nacional, por ejemplo en la vida útil de centrales hidroeléctricas y nucleares, en la transformación de concesiones hoy en manos extranjeras como la binacional Yacyretá, en parques eólicos con altísimos porcentajes de participación argentina y con insumos locales, pero también en el ecosistema tan fructífero de empresas de alta capacidad instalada que ya tenemos.

¿En qué ecosistema se inserta y se apoya IMPSA?

El caso testigo es INVAP, que no sólo hace posible el Plan Espacial Nacional sino que también construye radares, colabora con el sector nuclear y es fundamental para la industria de la defensa. Junto a ella se para VENG, otra de la misma camada pero dedicada exclusivamente a la alta tecnología espacial. Pero también tenemos a YPF, con su sector Agro, pero fundamentalmente con Y-TEC, con participación del CONICET y de YPF en un esquema modelo en materia de vinculación y transferencia científica y tecnológica, y a InnovaT (la Unidad de Vinculación Tecnológica del CONICET).

Todas ellas son grandes faros, repletas de oportunidades, y juntas dan un cuadro muy potente para el desarrollo nacional con inclusión social, con políticas de empleo, redistribución, reducción de la pobreza y encadenamientos productivos de alto valor agregado en un marco estratégico de transición hacia otro modelo de matriz social y económica para un mundo en transición.

Hace unos días la Comisión Nacional de Actividades Espaciales cumplió 30 años, INVAP anunció inversiones importantes para nuevos desarrollos y colaboraciones externas, y cada semana tenemos noticias en materia de litio e hidrógeno. Sin ir más lejos, las últimas dos iniciativas del Consejo Económico y Social fueron el lanzamiento de un financiamiento de proyectos que contribuyan al desarrollo territorial armónico y el Foro Hidrógeno 2030, con paneles de alto nivel, intersectorial e internacional.

En definitiva, la Argentina debe dar pasos hacia un paradigma que viabilice el desarrollo humano integral, con equilibrio territorial, descentralización y redistribución de valores. Nunca mejor expresada la frase “si no es sostenible, no es desarrollo”. La capitalización de IMPSA es un punta de lanza de soberanía energética y nos debe permitir la autonomía tecnológica.

 

 

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