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El Memorándum de Entendimiento entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán —después de que Trump anunciara en 38 ocasiones que ya había sido alcanzado— tiene toda la fragilidad que encierra un acuerdo forzado por las circunstancias. El Presidente norteamericano se sentía urgido por regularizar el tránsito de mercancías por el estrecho de Ormuz para evitar la anunciada hecatombe de la economía mundial, al tiempo que necesitaba reducir el precio de los combustibles en su país para poder afrontar las elecciones de medio término en noviembre con los electores calmados. Por parte de Irán, el grave deterioro económico, consecuencia de las sanciones internacionales que pesan sobre su economía, suponía un alivio si conseguía levantarlas. No obstante, pese al riesgo de que ese acuerdo provisional pueda romperse en cualquier momento por la acción de sabotaje de terceros interesados en su fracaso, es una buena noticia que se haya producido un cese de las hostilidades para dar paso a la diplomacia. Si esa etapa se consolida, los perdedores claros de la guerra que se inició el pasado 28 de febrero son los sectores belicistas que la provocaron, es decir, la banda de halcones que anidan tanto en Israel como en Estados Unidos.
La opinión de los “warmongers”
La opinión de los warmongers (belicistas) norteamericanos se puede rastrear en la revista online The Free Press, que habitualmente recoge el pensamiento de estos sectores. En una nota titulada “¿Ha merecido la pena la guerra contra Irán?”, los editores hacen una evaluación del resultado de la guerra. Para Elliott Abrams, puede considerarse que Irán ha obtenido una clara victoria si se levantan las sanciones económicas; si se permite que el régimen controle el estrecho de Ormuz mediante el cobro de peajes, por muy disimulados que estén; y si el acuerdo incluye al Líbano. Añade que “el domingo, Trump dijo: ‘En cuanto al cambio de régimen, nunca me ha importado. Este es el tercer grupo con el que hemos tratado, y este es el grupo más racional hasta ahora’. Eso parece la ‘opción Venezuela’. Si esta es la nueva política de Trump hacia Irán, todos los logros de la guerra se habrán perdido”.
Para Michael Oren, ex embajador de Israel en Estados Unidos y fundador del Grupo de Defensa de Israel, si el acuerdo levanta las sanciones contra Irán y le deja el control de facto del estrecho de Ormuz, la guerra habría servido para reforzar la hegemonía regional iraní. “Hamás, Hezbolá y los hutíes recibirían un salvavidas financiero y estratégico, lo que garantizaría que Gaza y el sur del Líbano sigan siendo campos de batalla. Al perder la confianza en el poder estadounidense, los Estados del Golfo podrían apresurarse a buscar un acercamiento con Teherán mientras los Acuerdos de Abraham caen en el olvido. Irán podría conservar y expandir sus arsenales de misiles balísticos intercontinentales y preservar su capacidad para convertirse, una vez más, en un estado con capacidad nuclear. El pueblo iraní podría perder toda esperanza de alcanzar algún día su libertad. El escenario estaría preparado para la próxima guerra, potencialmente mucho más devastadora”.
Roya Hakakian es una escritora iraní-estadounidense que se manifiesta furibundamente irritada por el acuerdo. Considera que la verdadera víctima de este acuerdo es la posición global de Estados Unidos: “Su ejército, otrora considerado el mejor del mundo, habrá demostrado ser solo una fachada de poderío: sus hombres y sus armas son demasiado valiosos para ser puestos a prueba contra un enemigo que prospera con drones baratos y sueña con el martirio”. Añade: “Las humillantes retiradas de Estados Unidos de Vietnam, Irak y Afganistán palidecerán ante la humillación de nuestra salida de Irán. Ninguno de esos países, por muy opresivos que fueran, representaba una amenaza real para sus vecinos ni albergaba ambiciones expansionistas. Pero Irán, el mayor patrocinador estatal del terrorismo en el mundo, sí las tiene. Y ahora, con sus aliados afianzados por el triunfo de sus protectores, se convertirá rápidamente en un imperio que patrocina el terrorismo”.
Otra opinión interesante es la del columnista de The New York Times Bret Stephens, declarado neoconservador que estaba a favor de la guerra.
Considera que con este acuerdo “Trump está traicionando a Israel, nuestro principal aliado en esta lucha, al presionar a Jerusalén para que cese sus esfuerzos por detener los ataques de Hezbolá en el norte, otorgándole así a Teherán la victoria de crear un vínculo diplomático entre Líbano y Ormuz”. Sostiene que sólo “hay una palabra para esto: debacle. No porque la guerra, con todos sus costos o errores de ejecución, haya sido un error. Sino porque esta farsa de paz es un acto de autodestrucción geopolítica que perseguirá nuestra posición en el mundo durante años”.
Senadores alarmados
Dos senadores republicanos de línea dura expresaron su preocupación por el contenido del acuerdo, advirtiendo contra la aceptación de cualquier pacto que deje a Irán en una posición de mayor fuerza que antes de la guerra. "Si en la región se percibe que un acuerdo con Irán permite que el régimen sobreviva y se vuelva más poderoso con el tiempo, habremos echado leña al fuego en los conflictos del Líbano e Irak", escribió el senador Lindsey Graham (republicano por Carolina del Sur). El senador Graham ha sido el principal defensor de una línea dura contra Irán en el Congreso, y mantuvo a Trump bajo su influencia durante meses. Ahora indicó que los republicanos obligarán a Trump a someter el acuerdo al escrutinio del Congreso.
El senador Ted Cruz (republicano por Texas) dijo estar "profundamente preocupado" por lo que ha estado escuchando sobre el acuerdo y expresó especial inquietud por el hecho de que Irán obtenga alivio de las sanciones estadounidenses y pueda mantener la capacidad de cerrar el estrecho de Ormuz. “Si el resultado de todo esto es que un régimen iraní —todavía dirigido por islamistas que gritan 'muerte a Estados Unidos'— que ahora recibe miles de millones de dólares”, escribió Cruz, “sea capaz de enriquecer uranio y desarrollar armas nucleares, y tenga el control efectivo del estrecho de Ormuz, entonces ese resultado sería un error desastroso”.
The New York Times
Para el consejo editorial del diario The New York Times, que tradicionalmente representa la opinión demócrata, “Trump perdió la guerra”. Consideran que Trump cometió un grave error al iniciar esta guerra: “La llevó a cabo de forma temeraria y en abierta violación de la ley. Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará un alto precio estratégico durante los próximos años. Los detalles del acuerdo no están claros, pero el marco anunciado sugiere que Trump ha conseguido pocos de los términos que insistía en obtener. Es un revés humillante para él y para la nación que lidera”.
El resultado de la guerra para el diario neoyorquino es que Estados Unidos se muestra más débil ante el mundo. “El Ejército estadounidense ha demostrado ser incapaz de derrotar a un adversario mucho menor, incluso después de haber agotado gran parte de sus misiles de precisión de largo alcance e interceptores. Este resultado perjudica la capacidad del país para disuadir a otros adversarios potenciales”. Añaden que “Trump ignoró la Constitución y se negó a buscar la aprobación del Congreso para la guerra. No escuchó a los aliados europeos y asiáticos que se oponían a su guerra. No previó la evidente capacidad de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz. Hizo amenazas de destruir la civilización iraní que solo lograron menoscabar la reputación moral de Estados Unidos. Por sus pecados, ahora ha aceptado un marco de paz que el mundo entero entiende que representa una derrota para él. También es un revés para Estados Unidos”.
La reacción israelí
Altos funcionarios y figuras de los medios israelíes están indignados por el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra iniciada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Mientras Israel lanzaba un nuevo bombardeo contra el Líbano el martes, el ministro de Defensa, Israel Katz, se apresuró a anunciar que la presencia israelí en Líbano continuaría "indefinidamente", recalcando: "Nos oponemos a la retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel de Líbano". El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, también se sumó afirmando que "el acuerdo de Trump no es vinculante" para Israel, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, afirmó: "El acuerdo con Irán es perjudicial para Israel y para todo el mundo libre... Seremos puestos a prueba en Líbano. Esa es nuestra guerra".
Netanyahu, en junio de 2025, había prometido “una victoria histórica que perdurará por generaciones” al eliminar “las dos amenazas existenciales” que emanaban de Irán: la del armamento nuclear y la de los 20.000 misiles balísticos. El lunes pasado, en su primera rueda de prensa en tres meses, intentó convencer a los israelíes del éxito de la campaña bélica. Según su opinión, el principal éxito de la operación habría consistido en que salvó a los israelíes de la amenaza inmediata de aniquilación porque, de no ser por la guerra, Irán “ya habría tenido el arma nuclear”. “Lo más importante es que salvamos al Estado de Israel de la amenaza de una aniquilación nuclear”, dijo. “¿Y qué significaba eso? Significaba que millones de ciudadanos israelíes habrían estado en grave peligro de muerte masiva”, agregó. Netanyahu recalcó que las fuerzas israelíes permanecerán en el Líbano, Gaza y Siria "el tiempo que sea necesario para defender nuestro país". Sobre su relación con Trump, el primer ministro afirmó: "A menudo coincidimos, y también hay ocasiones en las que no. Soy responsable de los intereses de seguridad de Israel e insisto en ellos".
Lo cierto es que, a los ojos de todos los analistas, las diferencias estratégicas entre Israel y Estados Unidos han terminado por causar enorme daño a la relación personal entre Trump y Netanyahu. Hace seis meses, Trump presionaba al Presidente de Israel, Isaac Herzog, para que concediese un indulto a Netanyahu por los tres casos de corrupción en los que está imputado. En los últimos días, lo ha tildado de “jodidamente loco” y de “tipo muy complicado” sin “una jodida brizna de juicio”, lo que no augura que la relación pueda recomponerse. Según Ben Samuels, periodista de Haaretz, “si Netanyahu decide actuar por su cuenta a pesar de los deseos explícitos de Trump, Israel y Estados Unidos podrían encontrarse en una situación en la que Trump determine que la presión retórica debe dar paso a medidas punitivas más contundentes. Huelga decir que esto sacudiría los cimientos mismos de la relación bilateral y la posición política a largo plazo de Israel en Estados Unidos”. En opinión de Zvi Bar'el, periodista del diario israelí Haaretz, “cualquier acción israelí sin el respaldo de Estados Unidos y el apoyo regional sería una apuesta irresponsable, incluso suicida, dada la situación de aislamiento diplomático de Israel”.
Una nueva ecuación
Según Haaretz, funcionarios de defensa israelíes afirmaron que Irán está logrando limitar la libertad de acción de Israel en Oriente Medio al vincular la lucha contra Hezbolá con el enfrentamiento más amplio con Irán. En conversaciones privadas, altos mandos del Ejército israelí, incluidos oficiales de inteligencia y planificación estratégica, advirtieron que esta política permite a Irán avanzar en una estrategia largamente temida: la de vincular los diversos flancos que enfrentan a Israel, un resultado que las fuerzas armadas han intentado evitar a casi cualquier precio. Los oficiales del ejército advirtieron que, si la política se mantiene sin cambios, podría erosionar gradualmente la capacidad de disuasión que Israel ha construido durante los últimos dos años y medio de guerra. “Los iraníes han logrado crear una nueva ecuación”, declaró un alto funcionario de defensa, y añadió: “Cada operación en el Líbano se considerará parte de una única campaña. Si Israel acepta este principio, implicará mayores limitaciones a su capacidad para actuar de forma independiente contra las amenazas”.
Las guerras tienen siempre resultados imprevisibles. En el mes de mayo, en un artículo titulado “Jaque mate en Irán”, Robert Kagan, historiador y uno de los referentes del pensamiento neoconservador en la política exterior de Estados Unidos, advirtió que la derrota en el actual enfrentamiento con Irán tendrá una naturaleza completamente distinta: “No podrá repararse ni ignorarse. No habrá retorno al statu quo anterior, ni un triunfo estadounidense definitivo que deshaga o supere el daño causado. El estrecho de Ormuz no estará "abierto", como lo estuvo antaño. Con el control del estrecho, Irán emerge como actor clave en la región y uno de los actores clave en el mundo. El papel de China y Rusia, como aliados de Irán, se fortalece; el de Estados Unidos, se ve sustancialmente disminuido. Lejos de demostrar la destreza estadounidense, como han afirmado repetidamente los partidarios de la guerra, el conflicto ha revelado una América poco fiable e incapaz de terminar lo que empezó”.
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