Hasta en el colectivo

La música que escuché mientras escribía

 

Salí apurado para llegar al cumpleaños de uno de mis nietos antes de que se pasaran o se enfriaran los chorizos que asó mi hijo, en su chulengo. En el camino compré una botella del Malbec de López, que siempre me gustó pero que ahora además tiene el prestigio de un concurso internacional que lo premió como la mejor combinación de calidad y precio en el mundo. Lo estaba guardando en la mochila cuando llegó el bondi. Manoteé el teléfono y estaba buscando la app correspondiente cuando el muchachón sonriente que manejaba arrancó. Al lado de la máquina de pasar la tarjeta o el teléfono, una mujer me sostuvo del brazo y me ofreció lugar para apoyar mis paquetes y liberar las manos para que no patinara hasta el final del coche, muy bonito con sus luces, espejos y cromados. No conozco Asia pero te aseguro que en el resto del mundo no hay un sistema mejor de transporte público colectivo que el de Buenos Aires. Feliz de anticipar el encuentro con hijos y nietos, en cuanto me senté le agradecí la ayuda a la vecina, que sonrió divertida, y me di cuenta que ella también debió necesitar compasión al subir, porque además de una mochila cargaba un estuche. Le pregunté si era una viola, y me contestó que una guitarra. Me dijo que cantaba y tocaba profesionalmente. Me preguntó qué hacía yo y mencioné El Cohete, y dentro de él, esta sección musical. Lo gugleó y prometió verlo el domingo y yo le retribuí, preguntándole su nombre y dónde encontrar sus grabaciones. Al volver a casa, después de la choriceada que estuvo a la altura de los antecedentes, bajé los temas que vas a encontrar aquí y empecé a escucharlos a la mañana siguiente. Me pareció un material digno, aunque me hubiera gustado escuchar también las cosas de jazz que me dijo que hacía. También enseña canto, presencial o por computadora. Por ahora nos conformamos con esto, uno de los milagros que nos propina esta ciudad maravillosa donde tuvimos la fortuna de nacer, cuando todavía existía la movilidad social ascendente y dejamos de ser pobres como ratas para llegar hasta el casillero de la clase media, bien alimentada y alojada. Con ustedes, Carlota Ríos, que nació en La Carlota en 1982.

 

 

 

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