Haz lo que ordeno pero no hago

La razones de la resolución del ANSeS para jueces y fiscales

 

Hace un mes salí de vacaciones, por lo cual unos días antes me comuniqué con el Cohete a la Luna informándoles que, por 15 días, no escribiría las notas que tanto disfruto hacer. Pero el destino me jugó una mala pasada y me contagié de coronavirus. Cosa que, a los 71 años y con diabetes, asusta mucho. Siempre me cuidé, por lo que me cuesta entender cómo sucedió el contagio. Pero ocurrió y por suerte pasó, ahora ya estoy recuperado y, afortunadamente, también vacunado, por lo que entro nuevamente al ruedo dispuesto a dar batalla.

El 9 de octubre de 1967 era asesinado el Che Guevara, y a los pocos días, el enorme Julio Cortázar, le escribía una carta, donde en un párrafo se lee: “…No sé escribir cuando algo me duele tanto… La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que el silencio”. Salvando las distancias con el gran escritor que llenó mi adolescencia, hoy sentado frente a la computadora siento algo muy parecido. Ha muerto la justicia que es insustituible. Veo que la justicia ha entrado en un estado de decadencia y descomposición que parece no tener fin. Siempre creí, quizás porque soy un optimista empedernido, que todo futuro es mejor. Pero con el recrudecimiento de las fake news y la cobardía de muchos jueces que le temen más a una tapa de Clarín que a la muerte, aquella idea de que lo que nos espera será mejor, la cual me ha acompañado toda mi vida, ha entrado en crisis.

Ver como jueces de la Nación están dispuestos a tirar su moral a los perros para defender su puestito de juez, o para tratar que Clarín no los escrache, sometiéndose mansamente a los designios de los poderosos, me produce un sentimiento de desazón, tristeza e indignación incomparable. Y lo que es increíble es que luego de usarlos para hacer el trabajo sucio, los tiran al fondo del tacho. No puedo sentir otra cosa que un gran estupor y desasosiego que día a día crece y se anida en mi alma.

 

Hay algo que no entiendo

Hay algo que me sorprende sobremanera, es cierto que generalizar y poner a todos en la misma bolsa es tedioso, porque seguro que algunos jueces y juezas, a pesar de la decadencia de su entorno, se mantienen firmes en sus convicciones, y se manifiestan refractarios a las fake news con dignidad y coraje.

Pero hay otros jueces descarados, como el Juez Gustavo Hornos, que con impunidad manifiesta reconoce haber ido a ver varias veces a ver al ex Presidente Macri a la casa de gobierno, aferrándose a su silla a pesar del repudio de sus propios colegas. Por mucho menos ha habido jueces que optaron por suicidarse ante de vivir el escarnio. Y los hay de los otros que actúan con dignidad, como los Ramos Padilla (padre e hijo), que configuran un saludable ejemplo. Pero lo que me cuesta entender es cómo los buenos y los malos, a la hora de defender los privilegios son, por acción o por omisión, cómplices, y cuando alguien osa incursionar en algunos de esos privilegios salen como una jauría a defenderse corporativamente.

Ya tuvimos un ejemplo el año pasado cuando se modificaron algunos puntos de la ley que los privilegiaba. En marzo del año pasado se modificó la ley 24.018, que es el régimen jubilatorio del poder judicial. Allí se modificó la edad de acceso al beneficio, el porcentaje de descuento y algunas otras cuestiones menores. Ahora está en pleno desarrollo otro capitulo de esa misma historia. ANSeS le envió a 226 jueces y fiscales que habían iniciado el trámite jubilatorio una carta documento para intimarlos a que continúen el trámite hasta obtener la jubilación, o bien que retiren el trámite hasta el momento que decidan hacerlo. Automáticamente la reacción fue desmesurada, una decisión tan simple, básica y llena de sentido común como definir si va a continuar o no con la tramitación de una prestación para la corporación judicial es desestabilizadora de la autonomía judicial, y Clarín amplifica las “consecuencias” de la medida hasta el paroxismo, en un accionar más de esta dupla desfachatada que tiene a la Argentina a mal traer.

Pero vayamos por partes, lo primero que hay que decir es que iniciar un trámite jubilatorio es un acto voluntario e individual. Nadie le exige a ningún juez ni a un particular que presenten el trámite. Quien lo hace es porque tomó la decisión de dejar de ser trabajador activo y pasar a ser trabajador pasivo. Insisto, es una decisión individual, propia y de nadie más. En segundo lugar, existe un principio básico del derecho que es la igualdad ante la ley, así que veamos como actuamos ante esta situación los que no somos jueces. Pueden darse tres situaciones al momento de decidir jubilarse:

  • Los trabajadores del régimen general (la inmensa mayoría) deben presentarse con la totalidad de los papeles en una oficina de ANSeS y el resultado final será: se jubila si completó todos los requisitos o no se jubila si le falta algo. Cobra o no cobra, así de simple.
  • El caso de los docentes, donde rige un sistema que se llama “cese condicionado”, cuando hacen el trámite la institución educativa le emite un certificado por el cual se acredita que al momento de otorgarse el beneficio entregará el cese definitivo. Cuando los/las beneficiarias reciben la notificación que indica que está todo completo, obtiene el cese definitivo y lo entrega en ANSeS que lo ingresa a su expediente y se tramita el pago de la prestación.
  • Un caso paradigmático que es el que atañe a los presidentes y vicepresidentes, quienes inician el trámite una vez cesados en el cargo y así ha sido siempre. Es decir, que los jueces no sólo son privilegiados respecto de las personas del común, sino que lo son, o lo eran, respecto del Presidente. Jueces e integrantes del Ministerio Público Fiscal son los únicos que ingresan el trámite antes de jubilarse, y hasta ahora lo mantenían en suspenso hasta el cese.

 

Por lo tanto, lo que se les requiere a los jueces y fiscales que han recibido la Carta Documento solicitándoles regularizar su pedido de jubilación es que hagan lo que, sencillamente, hacemos todos: cuando tomen la decisión de jubilarse, deben renunciar a su cargo e ir a ANSeS a entregar la documentación pertinente, y una vez cumplimentados estos trámites se procederá a liquidar su beneficio y poner al pago la prestación previsional. Nada del otro mundo.

ANSeS se vio obligada a intimar a los jueces a regularizar el requerimiento jubilatorio debido a que, desde la modificación de la ley y el decreto reglamentario, ocurrida en abril del año pasado, se eliminó uno de los tantos privilegios de los que gozaban, que consistía en la existencia una oficina en el ámbito del Consejo de la Magistratura que les hacía todo el trámite jubilatorio y ahora cada uno tiene que hacerlo como cualquier hijo de vecino.

La lista de intimados contiene un conjunto variopinto de casos y nombres.  Aparecen, por ejemplo, desde Leopoldo Bruglia que hace unos meses, en un plenario insólito de la Corte, consideraba que había una crisis institucional y ahora quiere ser un simple jubilado, pasando por otros, de los llamados de la familia judicial, como es el caso de Carlos Mahiques. También figuran  personajes como Eduardo Rafael Riggi, el Camarista en lo penal económico Roberto Enrique Hornos, de dinastía militar y profesor en todas las universidades más retrogradas del país, y hasta el inefable fiscal Eduardo Raúl Taiano. Claro que hay muchos más, los nombrados son solo un botón de muestra. Cuando se lee la lista puede comprenderse por qué Clarín hace tanto escándalo con un tema menor, y ello obedece a que pierde, si optan por la jubilación, a los aliados que le permite hacer tantos desbarajustes con el derecho y la justicia.

Lo cierto es que, por más que pataleen, ANSeS tiene las facultades suficientes para hacer lo que hizo a partir del Decreto 354/2020, y la medida es, lisa y llanamente, la aplicación del principio de igualdad ante la ley, lo cual también se apega al sentido común. Lo que ocurre es que, para la justicia que supimos conseguir, el sentido común quieren aplicarlo para los plebeyos, mientras que ellos con reminiscencia monárquica, entienden que se encuentran en un plano distinto. Algo así como haz lo que ordeno, más no lo que yo hago.

Juan Jacobo Rousseau, hace más de doscientos años, enseñaba que: “Puesto que ningún hombre tiene por naturaleza autoridad sobre su semejante, y puesto que la fuerza no constituye derecho alguno, quedan sólo las convenciones como base de toda autoridad legítima sobre los hombres.”  Y de eso se trata, con que simplemente la justicia se apegue a las convenciones, cumpliéndolas y respetándolas, una nueva justicia estará naciendo.

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