Torcer contra Bolsonaro

El fútbol no es indiferente en Brasil a la posible llegada del fascismo al Palacio Planalto

 

Las hinchadas de los principales clubes de fútbol de Brasil firmaron en un acto público en el teatro de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo un manifiesto en apoyo al candidato a presidente por el Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad. Son 69 las torcidas que rubricaron el texto, entre las que se destacan las de los dos grandes paulistas: Corinthians y Palmeiras y la del gigante carioca: Flamengo.

 

 

“La limpieza ahora será mucho más amplia, nunca vista, si ese grupo quiere quedarse aquí, va a tener que someterse a nuestra ley, o va para fuera o va para la cárcel. Esos marginales rojos serán desterrados de nuestra patria”. Esa frase la pronunció el candidato ultraderechista Jair Messias Bolsonaro el 21 de octubre de 2018 en un discurso grabado que se emitió por pantalla gigante a manifestantes concentrados en la Avenida Paulista. Ya amenazó a gays, negros, feministas, pobres, pueblos originarios, militantes de izquierda. También a movimientos sociales. Afirmó que tipificará como “organizaciones terroristas” al Movimiento Sin Tierra (MST) y al Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST). Además, en una transmisión por Facebook live   —Bolsonaro no da conferencias de prensa ni participa en debates—, sostuvo que prohibirá “el activismo y a los activistas”.

 

 

Contra las torcidas cargó el mayor Sergio Olímpio Gomes, senador elector por el Partido Social Liberal (PSL) y uno de los principales asesores de Bolsonaro, quien amenazó con ilegalizar a las hinchadas, criminalizando a sus integrantes.

Por eso, el manifiesto ‘Las hinchadas por la Democracia’ subraya: “No podemos permitir tamaña injustica y autoritarismo. No podemos permitir que el activismo social existente en Brasil sea exterminado, lacerando a millones de personas que quieren solamente expresar sus derechos”.

«Vivimos hoy en Brasil un momento delicado y decisivo” en el que de “un lado” está una “democracia conquistada a duras penas y mucha lucha, y del otro, un retroceso conservador que motivó la lucha de tantos ciudadanos en nombre de la democracia y la libertad que tanto buscamos”.

Las 69 torcidas advierten que “los riesgos que trae esta polarización causan desencuentros e informaciones basadas en el odio, la mentira, la construcción de un enemigo público común con la falsa idea de corregir errores y que amenaza con punir y privar a los individuos de su libertad”.

“Es preciso manifestarnos públicamente para defender el estado democrático de derecho que conquistamos a lo largo de los años en que vivimos bajo un régimen militar. Es preciso definir qué tipo de sociedad queremos ser. ¡Y nosotros queremos la democracia!”

Exhortaron acerca de los “caminos oscuros que pueden perjudicar nuestra existencia” por lo que “es muy importante que tengamos claridad y diálogo para posicionarnos en este momento en nombre de la democracia y la libertad. Caso contrario, todos nuestros sueños y luchas habrán sido en vano. Por eso apoyamos, en este segundo turno, la candidatura que representa la supervivencia de la democracia. Estamos en una lucha de democracia contra el autoritarismo”.

 

Los Gavilanes de la Fiel

En 1969 se creó una de las hinchadas organizadas más emblemáticas de Brasil, conocida como Gaviões da Fiel (Gavilanes de la Fiel). Con 112.000 asociados, es la más grande del Corinthians, club del este paulista y representativo de las barrios más populares. Su historia está asociada a la lucha por la justicia social, contra la dictadura que asoló al Brasil entre 1964 y 1985 y por el derecho al voto. Su cultura es por una gestión transparente y social en las entidades deportivas y contra el monopolio de la Red O Globo en los partidos televisados.

 

 

Rodrigo Gonzalez Tapia, conocido como Digão, es el presidente de Gaviões da Fiel, quien firmó un durísima carta contra Bolsonaro y contra aquellos asociados que lo apoyan: «¿Usted sabe que en el período da nuestra fundación teníamos como principal objetivo derrumbar a un dictador dentro de nuestro club? ¿Usted sabe que nuestro fundadores sufrieron mucha opresión por levantar la bandera en favor de la democracia y los derechos del pueblo?», inquirió.

«Somos una hinchada que defiende los derechos de nuestro pueblo. No podemos dejar que nuestro mayor representante vaya contra nosotros y todo aquello por lo que luchamos. Ustedes que apoyan a un tipo que está contra todas nuestras ideas y tiran a la basura nuestro pasado de muchas luchas, por favor, repiensen su permanencia en nuestra hinchada. Si está en los Gaviões por interés personal, retírese. Puede pasar ya a firmar su carta de salida”, sostuvo Digão.

 

Democracia Corinthiana

Aquella selección maravillosa de Brasil de 1986 era comandaba por un flaco alto, barbudo, que usaba una vincha cuyo fin no sólo era contener unos rulos endiablados: en ella lucía inscripciones políticas. Era conocido como Sócrates o Doctor. Su nombre completo: Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira. Nordestino de Belém. Donde nacen los pobres más pobres. Un homenaje que su padre, lector de filosofía griega, hizo al libro La República de Platón.

“Nunca soñé en convertirme en un jugador profesional. Mi sueño fue siempre ser un brillante médico. Me acerqué a la medicina por una cuestión de sensibilidad social”, dijo a la revista El Gráfico en una entrevista en 1990.

Su juego era arte y militancia, comprometido con sus compañeros pero libre para crear. Como cuando se afilió al PT de Lula o cuando dirigió una obra de teatro sobre el fútbol o hizo pintura y música o se calzó los cortos a los 50 años para jugar unos minutos en un ignoto equipo minero de Inglaterra. Siempre de la mano de sus ideas socialistas.

De su mano nació una revolución en el fútbol de Brasil a principio de los ’80. Corinthians dinamitó las estructuras organizativas del equipo paulista con un modelo de autogestión y democracia que se forjó al acervo ideológico de Sócrates.

Esta experiencia se puso en práctica en 1982 y 1983, en plena dictadura militar, y se conoció como la Democracia Corinthiana. Todas las decisiones se tomaban por consenso: los horarios de entrenamiento, la comida, las contrataciones y los días libres. Además se eliminaron las concentraciones. Todos formaban parte de las decisiones, desde el presidente del club hasta el utilero votaban y el voto valía por uno. No había privilegios.

El Corinthians fue también una tribuna en la pelea contra la dictadura militar. La casaca blanca del club salía a la cancha con lemas como “Democracia”, “Directas Ya”, “Yo quiero votar para Presidente”.

El correlato de la Democracia Corinthiana estuvo en el éxito futbolístico al alzarse con los campeonatos de los años 82 y 83 y la elección de Sócrates como el mejor jugador de Sudamérica de 1983. El club además era superavitario.

Sócrates definió así a la Democracia Corinthiana: “Una sociedad en donde el trabajador más simple tenía el mismo peso que su patrón en las votaciones colectivas. Ni en la familia existe eso. Una extrema necesidad de eliminar las diferencias sociales y las injusticias. Creo que el futuro de cualquier corporación de ese estilo pasa por algo similar”.

Si viviera, se entristecería del camino de Brasil hacia el abismo, pero se enorgullecería de ver a su amado Corinthians y a las torcidas brasileñas poniendo el pecho contra el fascismo.

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