Historias Desobedientes, un año después

Documento de hijos y nietos de genocidas a un año de la fundación.

Hace exactamente un año, el 25 de mayo de 2017, en un cuarto piso perdido de uno de los tantos barrios porteños comenzábamos a esbozar los primeros trazos de lo que sería el primer intento del que se tenga memoria de organización colectiva de quienes tenemos un vínculo filiatorio con genocidas. Historias Desobedientes, decidimos llamarnos. Porque estamos hechos de historias, somos historias y tenemos historias desobedientes para contar.

Los aniversarios y conmemoraciones representan una especie de parate, un llamado de atención sobre lo que es importante. Una suerte de compás de espera en el que, por un momento, por más breve que sea, es válido y también necesario recapitular y hacer balances. Traer a la memoria los sentidos fundantes de los acontecimientos, recrearlos, seguir construyéndolos, mantenerlos vivos.

Pensar el 25 de mayo es reavivar en la memoria los ideales revolucionarios de soberanía popular y de Estado emancipado, libre de sujeciones externas. Es recordar que hace poco más de 200 años esto ya venía pensándose -según la lógica de la época y el contexto-, y que ya entonces se puso la voluntad popular a trabajar para conseguirlo. Hoy, sometidos a un gobierno mentiroso y negacionista, asistimos a la entrega de nuestra soberanía a manos extranjeras. Hoy más que nunca reivindicamos los ideales revolucionarios de no aceptación de las lógicas preexistentes y de no sometimiento con los que fue gestado este país. Bregamos por un Estado argentino autónomo y por una ciudadanía unida y empoderada frente a las presiones, hostigamientos e injusticias proferidas a la sociedad.

Conmemorar el 25 de mayo de 1810 hoy es manifestar el convencimiento de que en la unión de la ciudadanía está la fuerza; fuerza que hoy denuncia, resiste y exige justicia social frente el avasallamiento de un gobierno que saquea nuestros recursos, maltrata a la clase trabajadora, reprime la protesta social e hipoteca nuestro futuro. Paradójicamente, también hoy conmemoramos el año de vida de nuestro colectivo Historias Desobedientes. La ocasión nos invita a preguntarnos, entre otras cosas, sobre el sentido de nuestra conformación y emergencia en un día tan particular, en el seno de nuestra sociedad y en esta coyuntura política.

Un tejido social democrático se nutre de las diferentes voces que lo configuran. Historias es, en parte, la desobediencia a los mandatos ante la necesidad de dar voz a esos relatos, sentires e ideas que fueron enseñados a ser callados y olvidados. Es la búsqueda de colaborar en los procesos de un mayor, permanente y siempre dinámico desarrollo democrático, en un país que lo practica hace apenas poco más de 100 años; un país donde la democracia fue herida, ultrajada y censurada tantas veces, pero también defendida a través de la resistencia, la protesta y acción del pueblo.

Historias es hoy la irrupción de sí mismo, que no es poco. Es evidenciar que el silencio y la inacción es siempre funcional justamente a todo aquello que nuestra democracia pretende evitar: sujetos silenciados, silenciosos, oprimidos… y obedientes. Es pronunciarse en contra de que exista un clamor acallado, reprimido o disciplinado por el poder -patriarcal, autoritario, corrupto-. Es esbozar la posibilidad de no tener miedo ya de pronunciarse. Y más, es disponerse a hacerlo.

Somos prueba y confirmación del daño profundo e innegable que generan las culturas represivas: su nivel de perversión es tal, que la intransigencia florece en el seno más primario de las mismas. Nuestros apellidos funcionan muchas veces como insignias del terror, por lo tanto nuestra aparición resulta sorpresiva y hasta quizás inesperada, aún para nosotros mismos. Pero acá estamos despojándonos de la vergüenza y del intolerablemente cómodo lugar del silencio. Traemos nuestro testimonio como aporte, proclamamos la importancia de resistir, pronunciarse, hablar con la verdad. Acá estamos, en la calle: diciendo NO AL FMI. Diciendo no a cualquier intento de sometimiento que nos quieran imponer.

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