Historias Desobedientes

Se realizó el primer encuentro de familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia

 

Nacimos al encontrarnos.

Nos buscábamos sin saberlo porque trasponer el velo del silencio y el ocultamiento nos había dejado en completa soledad.

Corría el año 2017 y algunes de nosotres nos conocimos y comenzamos a compartir nuestras historias de vida. Teníamos muchas ideas que se mezclaban con sentimientos de vergüenza y culpa, resabios del pasado que se iban aliviando a medida que los compartíamos.

 

 

 

 

Acontecía al interior de nuestras familias un ambiente de violencia tácita o explícita y un mandato de silencio en relación a los crímenes cometidos en lo que se nombraba como “Proceso de reorganización Nacional” y los crímenes que se habían cometido —era el marco en el que nuestra subjetividad, a duras penas, se fue construyendo—, fue luego de un largo recorrido solitario, con contradicciones e inseguridades que nos propusimos romper las estructuras que nos amordazaban bloqueando nuestro crecimiento personal para manifestar nuestro claro repudio al accionar genocida. La consecuencia fue el inmediato rechazo familiar, con el costo emocional que esto implica, pues debimos abandonar estructuras que de alguna manera nos cobijaban. Pero al mismo tiempo experimentamos la inconfundible sensación de libertad que trae aparejado el pensar autónomo.

Así, la primera vez que marchamos resultó una experiencia en la que nos sentimos probados como colectivo capaz de tener una voz propia. Buscamos lograr una única voz que sea el resultado de la comunión de muchas voces internas dispuestas a manifestar una posición ética que nos comprometiese y al mismo tiempo nos trascendiera como actores políticos.

La indignación que generó en la sociedad en 2017 el proyecto de ley del 2×1 fue el empujón para nuestro primer grito colectivo. Este fallido intento por parte de la Corte Suprema de dar una “amnistía encubierta” tracciona y precipita la emergencia de Historias Desobedientes. Fue al calor de la lucha y al abrigo de una sociedad que no está dispuesta a permitir el retorno de la impunidad que las hijas, los hijos y los familiares de los genocidas nos encontramos y decidimos conformar este colectivo que no tiene precedentes, como tampoco lo tiene el recorrido que en Argentina hemos hecho en materia de Derechos Humanos.

El 24 de marzo de 2018, bajo una bandera que nos identificaba como “Historias Desobedientes: hijas, hijos y familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia” marchábamos por primera vez de manera colectiva quienes tenemos un vínculo filiatorio con los genocidas. El trabajo colectivo y sostenido que venimos realizando desde hace tres años en Historias Desobedientes —los encuentros, las jornadas de reflexión, los intercambios interpersonales, los nuevos testimonios que día a día se acercan, los proyectos compartidos y las devoluciones que recibimos— no ubican hoy en un lugar de mucho compromiso y responsabilidad social y política.

Inauguramos un campo de estudio bastante inexplorado acerca de cuáles son las consecuencias de los crímenes de lesa humanidad al interior de las propias familias de los perpetradores y, paralelamente nos instamos a reflexionar acerca de cuál es la responsabilidad que tenemos desde esta condición de familiares de genocidas que tenemos en la construcción de la memoria colectiva.

A su vez reconocemos una función social del colectivo en virtud de que se ha convertido en un lugar de referencia para otres familiares de genocidas que por “vergüenza” o “culpa” no se animan a desobedecer los mandatos de silencio intrafamiliares. Nuestra existencia como colectivo y nuestros testimonios interpelan a las familias de los genocidas y, en muchos casos, colabora en la posibilidad de poder hablar o comenzar a cuestionar. Estas lógicas intrafamiliares que intentamos pensar y deconstruir nos obligan a reflexionar acerca de lógicas institucionales que imperan actualmente dentro de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y que se trasladan a las familias. Entendemos que el lugar de enunciación que tenemos –al haber nacido y crecido en estas instituciones cerradas y endogámicas— pueden ser un gran aporte en relación a la implementación de políticas públicas que reorienten y reconfiguren la función social de estas instituciones y que deben estar orientadas a la protección de los DDHH.

Historias Desobedientes viene caminando con paso firme tras el objetivo inclaudicable de defender las causas de Memoria, Verdad y Justicia. Militamos esa causa con la particularidad de haber conocido en la intimidad a los genocidas que lesionaron de manera irreparable el entramado social de la Argentina durante la feroz dictadura de la década del ’70.

Tres años han transcurrido, de crecimiento y generación colectiva. Hemos publicado un libro con testimonios y estamos publicando el segundo con reflexiones acerca del surgimiento de este colectivo y los primeros interrogantes que nos atravesaron. Realizamos jornadas internacionales en las que nos dimos a conocer como colectivo conformado por familiares de genocidas, comunicamos a la sociedad nuestra posición política, nuestro manifiesto ético y nuestro compromiso en la lucha por los DDHH. Recorrimos el país dando testimonio de este posicionamiento, interpelando y siendo interpelados por todos aquellos que de alguna manera han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias del genocidio, pero también por aquellos que necesitan aprender de la experiencia pasada para no repetirla nunca más.

Hemos generado espacios de encuentro y reflexión acerca del accionar de las FFAA y de Seguridad. Desde el interior de las familias de quienes integran estas instituciones hemos observado y denunciado que los modos vinculares internalizados por la formación que han tenido y siguen teniendo (estructuras jerárquicas, de obediencia ciega, formas autoritarias
incuestionables y relaciones endogámicas) se reproducen dentro de las instituciones y se extienden a las propias familias y a la sociedad en su conjunto. Seguimos denunciando y trabajando para que los genocidas sean exonerados de estas fuerzas. Nos resulta inconcebible que se siga manteniendo dentro de estas instituciones a quienes han cometido crímenes de lesa humanidad.

Pudimos, en este corto tiempo de trabajo colectivo, hacer nuestro aporte a la justicia. Hemos presentado un proyecto de ley para que los hijos y las hijas de genocidas podamos dar testimonio en los juicios —ante el impedimento que impone el actual Código Penal—, proyecto que aún no ha sido tratado en el Congreso. El compañero Pablo Verna ha dado su testimonio en el juicio “Contraofensiva Montonera” en relación a los crímenes que su propio padre —aún impune— le admitió tiempo atrás. También logramos, a través de la figura de amicus curiae, dar nuestro testimonio y argumentaciones jurídicas para que no se otorguen salidas transitorias a quienes cumplen condena por crímenes de lesa humanidad. Hemos entrado en vinculación con descendientes de nazis y participado conjuntamente en un seminario acerca de “la responsabilidad de los familiares de genocidas frente al negacionismo”. Les compañeres desobedientes en Chile se han organizado y conformado un colectivo hermano que nos enorgullece.

Entendemos que el eje de nuestro posicionamiento ético es «La Desobediencia» a todo mandato de silencio, a la prohibición de un pensar crítico, al odio a lo distinto, y a la autoridad constituida sin derecho.

Queremos hacer un aporte a la memoria colectiva desde un lugar inédito como es el de ser familiares de genocidas. Al repudiarlos y marchar contra ellos inauguramos un espacio político que antes no existía pero que consideramos necesario y natural consecuencia de la larga lucha en materia de DDHH que llevamos como sociedad. Desde este lugar nos vamos empoderando políticamente al mismo tiempo que nos ponemos al servicio de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Desde este lugar les damos la bienvenida a todes quienes por causa de su filiación y ruptura con los mandatos de silencio han decidido ser libres y desobedientes, con los costos emocionales y subjetivos que sabemos existen.

Manifiesto Desobediente:

● Formamos este colectivo porque en comunidad sanamos mejor las heridas.
● Desobedecemos al miedo de pensar por nosotros mismos.
● Desobedecemos a la imposición de una verdad única y mucho más cuando esa verdad la imponen los poderosos.
● Desobedecemos al odio que nos inculcaron por los que piensan distinto.
● Desobedecemos a la autoridad que exige respeto por tener un uniforme, un arma, una sotana, o un cargo importante, pero es incapaz de respetar la dignidad de un ser humano.
● Desobedecemos al mandato de amor incondicional hacia aquellos familiares que nos mintieron, ocultaron, y defraudaron. En su accionar no nos tuvieron en cuenta.
● Desobedecemos, por lo tanto, a la complicidad familiar.
● Desobedecemos al mandato de silencio porque nuestras voces que crecieron acalladas tienen mucho que decir.
● Desobedecemos, sobre todo, a la culpa por desobedecer.

Desde nuestro espacio de Historias Desobedientes nos comprometemos a ser un espacio de encuentro hospitalario para todes quienes pasaron por nuestra experiencia y quieren despertar a la verdad, la memoria y la justicia.

Apoyamos y acompañamos los reclamos de los colectivos defensores de los Derechos Humanos en materia de Memoria, Verdad y Justicia. Queremos participar de toda manifestación de repudio en ese sentido y ofrecemos nuestro apoyo y colaboración en favor de esclarecer los crímenes de lesa humanidad.

“Hablamos para defender la justicia,
repudiamos para no ser cómplices,
desobedecemos para romper mandatos”.

 

 

 

 

 

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1 comentario
  1. Marcelo Marmer dice

    Presencié de modo virtual la presentación del libro y me parece importante su difusión por este medio.
    Los puntos a que se refiere el Manifiesto Desobediente inauguran una posición ética, la de estas víctimas del genocidio, una toma de decisión con consecuencias no sólo en su subjetividad sino también en la sociedad que entre otras cosas, no debería condenar a nadie por ser hijo de.
    Este colectivo es la mejor prueba de esto.

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