El domingo 25 de enero a las 11:22, un Boeing C-40 Clipper (matrícula 05-0730) del Departamento de Defensa de los Estados Unidos aterrizó en el aeropuerto Malvinas Argentinas de Ushuaia, con una tripulación que contaba con al menos siete congresistas norteamericanos. La aeronave había partido de Aeroparque dos horas antes, tras haber llegado el viernes previo a la Ciudad de Buenos Aires procedente de San Juan de Puerto Rico. Su ruta se había iniciado originalmente en la Base Conjunta Andrews de la Fuerza Aérea estadounidense en Camp Springs (Maryland).
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El interés geopolítico de los Estados Unidos por el extremo sur del continente (Tierra del Fuego) y su proyección antártica es tan antiguo como la conversión de esa nación en un actor imperial, un proceso materializado entre fines del siglo XIX y principios del XX que fue retratado con maestría por el escritor estadounidense Gore Vidal. En su fenomenal novela histórica Imperio (Empire), la trama sigue al personaje de ficción Caroline Sanford, una ambiciosa editora de periódicos neoyorquina que procura competir con el poderoso empresario William Randolph Hearst. El texto, que explora temas de poder, prensa, proyección imperial e incluso el revolucionario cambio en la consideración social de la mujer, despliega una galería de personajes de la época como Henry Adams, Henry James o Theodore Roosevelt.
En el primer capítulo, Sanford dialoga en la residencia del embajador en Londres y futuro secretario de Estado, John Hay, con su novio (Adelbert Stone Hay, hijo del entonces representante ante la Corte de Saint James). Ese diálogo ficcional retrata varias cuestiones ligadas al gobierno del Presidente William McKinley (1897-1901), el mandatario admirado por Donald Trump debido a su proteccionismo comercial y su expansión imperial en todo el continente americano.
Sorprendentemente, igual que en la actual geopolítica regional, Tierra del Fuego y el desplazamiento de rivales hemisféricos aparecen en la literatura de Vidal:
"Del: Padre [John Hay] cree que nos quedaremos con las Filipinas. Dice que el Comandante [McKinley] ya está convencido (…). Aunque la emoción de la guerra había complacido a Caroline, no podía entender que tuviera tanta importancia. ¿Por qué echar a la pobre y vieja España del Caribe y del Pacífico? ¿Por qué tener colonias lejanas? (…) ¿Es todo el hemisferio occidental, incluida Tierra del Fuego, nuestra casa?". [1]
Y más adelante:
"Del: ¿Quieres decir que los hombres los leen [refiriéndose a los periódicos] y las mujeres no? (…)
Caroline: Así que cuando los hombres hablan y hablan horas y horas de lo que todos ellos han leído por la mañana sobre China y Cuba y Tierra del Fuego y sobre política y dinero, nos dejan al margen porque nosotras no hemos leído esas noticias concretas (…)
Del: Entonces, ¿qué harías tú si pudieras cambiar las cosas?
Caroline: Leer el Morning Journal —se apresuró a decir Caroline—. De cabo a rabo.
Del: ¿Y creértelo todo?
Carolina: Claro que no. Pero así al menos podría hablar con los hombres sobre Tierra del Fuego y el equilibrio de poder". [2]
Durante las semanas que siguieron al misterioso aterrizaje del Boeing C-40 Clipper en Tierra del Fuego, se han concretado inéditas concesiones del gobierno argentino a los Estados Unidos en el marco de lo que hemos denominado un proceso de “occidentalización dogmática y desnacionalización estratégica”. Se trata de una lógica de aquiescencia que no solo compromete activos materiales, sino que ata el destino de la Nación a una administración extranjera que atraviesa una inocultable crisis de legitimidad.
Comercio, minerales y "board de tiranos"
La arquitectura de “dependencia para-colonial” [3] bajo el experimento libertario ha alcanzado niveles de formalización que superan con creces las “relaciones carnales” de los años ¡90. Esta contribución a la desnacionalización estratégica se ha cristalizado en tres hitos fundamentales durante el inicio de 2026, donde la Argentina ha asumido compromisos que la sitúan como un apéndice del aparato gubernativo de Washington.
En primer lugar, el 5 de febrero el canciller Pablo Quirno suscribió en Washington el “Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro y Procesamiento de Minerales Críticos”. Este acuerdo, diseñado para limitar la influencia de China en el control de materiales estratégicos como el litio y el cobre, asegura a los Estados Unidos el acceso preferencial a materias primas vitales para su industria tecnológica y de armamento. Lo más alarmante es que el gobierno nacional cedió a Washington el derecho de participar directamente en el mapeo geológico de los recursos naturales del país y en la gestión de su procesamiento, renunciando al manejo soberano de activos indispensables para la transición energética global. Mientras Brasil utiliza sus recursos para negociar con múltiples actores, la Argentina de Milei se entrega a la compulsión de un actor imperial que concibe a la región como su “patio trasero”.
En segundo término, el mismo 5 de febrero se conoció que la Argentina selló un acuerdo comercial con los Estados Unidos en el que nuestro país asume 113 obligaciones operativas, mientras que Washington únicamente reconoce una decena de compromisos, en su mayoría condicionales y no exigibles. Este pacto transforma la dependencia en un esquema permanente de subordinación que restringe severamente el margen de acción del Estado en áreas críticas. Entre sus cláusulas más gravosas, la Argentina renuncia a su poder regulatorio en salud pública y seguridad vial. Permite así que la aprobación de la FDA estadounidense y las normas FMVSS sean suficientes para importar medicamentos, alimentos y vehículos, sorteando los controles de la ANMAT, el SENASA y otros organismos locales. Además, el país se compromete a no comprar reactores nucleares o uranio enriquecido de “ciertos países” —un eufemismo para no mencionar a China y Rusia— y a adoptar medidas comerciales de “seguridad nacional” dictadas por Washington.
Obligaciones de Argentina = 113 (son más xq hay listados de cosas)
Obligaciones de EEUU = 10 (8 de esas son mutuas con Argentina... asi que en realidad son 2)Acuerdo de Sumisión comercial y económica. pic.twitter.com/fqFqELFcZs
— Julieta Zelicovich (@jujizel) February 5, 2026
Finalmente, el 19 de febrero (al momento de cierre de esta nota), Javier Milei concretó su decimocuarto viaje a los Estados Unidos para participar como miembro fundador en el primer encuentro del Board of Peace (Consejo de Paz). Este organismo paralelo, creado por Donald Trump para competir con las Naciones Unidas, ha sido calificado por sus oponentes demócratas como un “board de tiranos”, dado que la mayoría de sus integrantes son mandatarios de países con bajas calificaciones democráticas o monarquías absolutas.
Milei fue el primer Presidente del mundo en confirmar su presencia en este esquema donde Trump ejerce como presidente vitalicio con poder de veto, consolidando la imagen de la Argentina como un “gobierno vasallo”. La coincidencia en este organismo con entidades como Kosovo —cuya independencia la Argentina no reconoce, en línea con su argumento sobre la integridad territorial en Malvinas— constituye un nuevo “papelón diplomático” de la gestión Quirno que debilita el reclamo soberano sobre las islas del Atlántico Sur.
Una apuesta altamente riesgosa
La decisión argentina de atar su destino a Donald Trump y a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, es altamente problemática, no solo por la asimetría de los acuerdos, sino por la fragilidad política del propio líder republicano. Para el gobierno libertario, la administración del magnate constituye el principal sostén para su supervivencia, tal como quedó demostrado en las elecciones legislativas del 26 de octubre, donde el rescate financiero de Bessent fue el salvavidas del mileísmo.
Sin embargo, el apoyo de Bessent —quien ha intervenido de manera opaca en el mercado del dólar y ha negociado un swap de monedas por 20.000 millones de dólares para evitar el colapso argentino— se asienta sobre arenas movedizas. Donald Trump atraviesa un declive político acelerado que la Casa Rosada parece ignorar. El descontento ciudadano en los Estados Unidos es palpable: el índice de aprobación de Trump se sitúa en un 37%, mientras que su desaprobación alcanza el 63%, el nivel más alto de sus dos presidencias.
Más complicado aún para las aspiraciones del gobierno argentino es la sucesión de siete derrotas electorales consecutivas que Trump ha sufrido desde fines de 2025 en elecciones municipales y estatales. Los demócratas han arrasado en distritos históricamente republicanos, evidenciando un cambio de ánimo en el electorado norteamericano:
- En Texas, bastión republicano por excelencia, los demócratas ganaron una elección especial para el Senado local en el Distrito 9, revirtiendo una ventaja de 31 puntos que Trump tenía en 2024. Fue la primera derrota republicana en territorio texano desde 1991.
- En Miami, los republicanos perdieron la alcaldía por primera vez en 30 años.
- En la ciudad de Nueva York, el joven musulmán Zohran Mamdani fue electo alcalde con un discurso fuertemente crítico al trumpismo.
- En Nueva Jersey, la ex aviadora de la Marina y ex fiscal federal Mikie Sherrill ganó la gobernación basando su campaña en el rechazo a las políticas de Washington.
- En Virginia, la ex oficial de la CIA Abigail Spanberger se quedó con la gobernación superando a los candidatos de MAGA.
- A estas derrotas se suman victorias demócratas en elecciones especiales en Kentucky e Iowa, estados que Trump consideraba propios.
La debacle electoral trumpista coincide con la caída de la imagen del Presidente republicano a causa de la conmoción social generada por las violentas redadas y asesinatos de la policía migratoria (ICE). Además, el caso Epstein ensombrece la Casa Blanca con la amenaza de la publicación de archivos que involucren directamente a Trump y a funcionarios como el secretario de Comercio, Howard Lutnick.
Si este declive se profundiza y los demócratas recuperan el control del Congreso en las elecciones de medio término, Trump enfrentará lo que el senador republicano Ted Cruz calificó como un “impeachment cada semana”. Para la Argentina, haber depositado sus decisiones soberanas en manos de un líder que podría quedar inmovilizado políticamente o ser removido del cargo representa una creciente vulnerabilidad estratégica. Si el amo cayera, el “gobierno vasallo” quedaría a la intemperie, habiendo entregado el control de sus minerales y su autonomía regulatoria a un actor que ya no podría cumplir sus promesas de salvataje.
Psicología de la claudicación
Para comprender por qué un país decide correr tales riesgos, resulta útil remitir a la obra del académico estadounidense Alexander L. George sobre el papel de los aspectos psicológicos en la toma de decisiones en política exterior. [4] George sostiene que el trazado de la política exterior a menudo padece de restricciones psicológicas que confinan la respuesta política a temas de “valores e incertidumbre”. En el caso de Javier Milei, su personalidad opera como un filtro que distorsiona la evaluación de riesgos y beneficios nacionales.
Milei utiliza lo que George denomina “ideología y principios generales para la acción” como un recurso cognitivo para simplificar la complejidad del mundo. Al adoptar los criterios de un anarcocapitalismo radical y un supuesto espíritu de cruzada moral, el Presidente elude el análisis de los costos reales de sus decisiones. Para George, el uso de reglas de decisión dogmáticas permite al decisor evitar el malestar psicológico que genera el conflicto de valores, aunque esto lleve a una política exterior inconsistente e imprudente.
Asimismo, se observa en la gestión libertaria lo que Alexander George denomina “refuerzo”: una tendencia a aumentar el atractivo de una opción ya elegida, desacreditando violentamente las alternativas. Milei se rodea de un círculo íntimo —especialmente su hermana, a quien considera su "Moisés"— que funciona como un sistema de apoyo para consolidar sus creencias místicas y su misión presidencial “encomendada por Dios”. Este refuerzo anula la capacidad de beneficiarse del asesoramiento técnico-profesional en política exterior, llevando al Presidente a recurrir a lo que George denomina “retraso defensivo” o elusión del conflicto de valores, postergando cualquier decisión o información que no encaje en su esquema dogmático de “Occidente contra el mal”.
Como ha señalado el sociólogo chileno Alberto Mayol Miranda, Milei es un “niño doliente” que proyecta su trauma de desprotección infantil [5] en la gestión de las políticas públicas. Extremando el análisis, en el caso de la política exterior, esto significaría que la Argentina de Milei celebraría la autopercibida insignificancia nacional frente al hegemón hemisférico. El resultado es lo que hemos denominado una “pedagogía de la impotencia”, donde la convicción mesiánica del líder busca convencer a la sociedad de que la única salvación posible es la entrega voluntaria de la soberanía.
Linaje colonial y estridencia parlamentaria
La instrumentación de esta política exterior decadente recae en perfiles personales que encarnan la claudicación soberana. El canciller Pablo Quirno personifica lo que podríamos llamar un “linaje colonial”. Orgulloso de una genealogía que se remonta a 1810, Quirno omitió que su antepasado, Norberto de Quirno Echeandía, votó en el Cabildo Abierto a favor de la continuidad del virrey Cisneros, en contra de la Revolución de Mayo.
Antes de la Independencia inclusive…
Acta del Cabildo de Mayo de 1810 👇🏼 https://t.co/bRJcHHIA0u pic.twitter.com/nN6XneYUG2
— Pablo Quirno (@pabloquirno) November 6, 2025
Este ex director del JP Morgan integra —junto a Luis Caputo y Santiago Bausili— un tridente financiero que maneja simultáneamente la economía y la diplomacia, supeditando los intereses del Estado al parecer de los bancos de inversión y los intereses estadounidenses. Su desprecio por la soberanía quedó expuesto en viejos posteos donde ironizaba sobre el reclamo de Malvinas; y en su reciente orden de purgar archivos históricos sobre derechos humanos y sobre la reivindicación soberana de las islas del Atlántico Sur en las embajadas, instalando la lógica del miedo entre los funcionarios de carrera de la Cancillería.
En el ámbito legislativo, la diputada nacional Juliana Santillán, flamante presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, representa una degradación sin precedentes de la diplomacia parlamentaria. Resulta pertinente recordar que destacados autores del campo de las relaciones internacionales —entre ellos, Alberto Van Klaveren [6]— destacan que los parlamentos modernos desempeñan relevantes facultades de fiscalización y participan subsidiariamente del diseño de la política exterior. Sin embargo, en el caso de Santillán, esta facultad es empleada para actuar como una escribana de la entrega bajo un manto de ignorancia técnica y estridencia mediática.
El perfil de Santillán está marcado por dos años de constantes “papelones”: desde confundir la Navidad con la resurrección de Jesús —una "Navidad de resurrección", según sus propias palabras— hasta citar erróneamente datos del INDEC para burlarse de los sueldos de los médicos del Hospital Garrahan. También pesan sobre ella sospechas sobre su autonomía intelectual en el recinto, donde se ha sugerido el uso de audífonos para repetir discursos grabados, evidenciando una absoluta falta de preparación para los desafíos geopolíticos actuales. Esta combinación de linaje patricio-financiero (Quirno) y estridencia parlamentaria (Santillán) forma parte de la esencial “estructura de colaboración periférica” con que cuenta Washington para consumar sus intereses en la Argentina.
¿Hacia una desnacionalización irreversible?
La Argentina asiste a la demolición de su patrimonio institucional y diplomático a manos de un “estado matón” externo y de una élite colaboradora interna de niveles inéditos de ignorancia en materia de política exterior. El alineamiento dogmático con el gobierno de Donald Trump no supone un abordaje utilitarista de la política exterior como el que alguna vez planteó Carlos Escudé e instrumentó Guido Di Tella. Se trata de algo mucho peor: una lectura insustancial del mundo, estructurada en torno a la “occidentalización dogmática”, que ignora que el centro de gravedad global se ha desplazado hacia Asia-Pacífico, con eje en China.
Al aceptar —parafraseando a Juan Carlos Puig— ser un “apéndice del aparato gubernativo” estadounidense, el gobierno no solo compromete la base productiva y los recursos estratégicos del país. También socava el reclamo histórico sobre las Islas Malvinas al avalar de facto el principio de autodeterminación de poblaciones coloniales e integrar organismos como el Board of Peace junto a entidades como Kosovo.
Mientras el mundo transita hacia un orden “no hegemónico” y post-occidental —según surge de la convergencia conceptual de autores como Robert Cox y Roberto Russell—, la Argentina de Milei se aferra a un orden global de primacía estadounidense que ya no existe. Solo mediante el rechazo a la “pedagogía de la impotencia” impuesta por el mileísmo se podrá evitar que nuestro país vuelva a ser el campo de materialización de las ambiciones imperiales hemisféricas de un gendarme global en retroceso.
De lo contrario, la historia recordará este periodo como el momento en que la Argentina, impulsada por las obsesiones psicológicas de su líder y la obsecuencia de funcionarios subordinados a Wall Street, decidió renunciar definitivamente a su destino como nación soberana para convertirse en un protectorado de una potencia en declive.
[1] Vidal, Gore (1988). Imperio. Barcelona: Edhasa, pp. 28-29.
[2] Ibídem, pp. 30-31.
[3] Puig, Juan Carlos (1980). Doctrinas internacionales y autonomía latinoamericana. Caracas: Instituto de Altos Estudios de América Latina de la Universidad Simón Bolívar.
[4] George, Alexander (1991). “Aspectos psicológicos de la toma de decisiones: la adaptación a las restricciones en la toma de decisiones racional”. En Alexander George, La decisión presidencial en política exterior, Buenos Aires: GEL, pp. 35-64.
[5] Afirma Mayol: “Milei se alegra de que todos los niños dolientes del mundo queden a la intemperie, como él quedó. Se alegra de que no haya ningún apoyo, como él lo sufrió (…) Él fue desprotegido. No lo cuidaron sus padres, no lo cuidó el Estado. ¿Y qué quiere para Argentina? Lo mismo que él sufrió”.
[6] Van Klaveren, Alberto (1992). “Entendiendo las políticas exteriores latinoamericanas: modelo para armar”. Estudios Internacionales, 25(98).
* Luciano Anzelini es doctor en Ciencias Sociales (UBA) y profesor de Relaciones Internacionales (UBA-UNSAM-UNQ-UTDT).
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