Inclúyanme afuera

En respuesta al Woman 20 (W20) se articula el Foro Feminista Contra el G20

 

Un video circula en las redes desde 2014 con insistencia. Un muchacho pasado de copas, sostenido por sus compinches, le grita a la cámara: “¿Si ya saben cómo me pongo pa’ qué me invitan?”. La frase se volvió remera en el feminismo argentino. Las feministas están incómodas e incomodan, entonces, ¿pa’ qué las invitan?. Haciendo un poco de reduccionismo injusto, es lo que ocurre con la inclusión de la agenda de las mujeres dentro del Grupo de los 20 (G20). La perspectiva feminista es esencialmente, sin miedos al esencialismo, crítica al neoliberalismo. ¿Qué esperaban que pasara? Organizadas en el Foro feminista contra el G20, a través del análisis crítico minucioso de las propuestas del Women 20 (W20), las feministas aseguran que “es una farsa”, que “es la parodia de inclusión social en un contexto neoliberal” y que “se apropiaron de la lengua del feminismo”.

El Foro feminista contra el G20 es una articulación de diversos espacios que logró conformarse como referencia a partir del año 2017, cuando varias organizaciones se manifestaron y accionaron públicamente contra la presencia en la Argentina de la Organización Mundial del Comercio. Desde el Foro, que cuenta con participantes en diversos países de América Latina, se construyó una contra cumbre para los días 1 y 2 de octubre. Mientras el Mujeres20 esté sesionando y presentando sus recomendaciones al G20 (el día 3 cierra con una teleconferencia de Máxima Zorreguieta, reina de Holanda, y unas palabras del seudofeminista Mauricio Macri) en el Centro Cultural Kirchner, en los alrededores del Congreso el Foro desarrollará dos días de ocupación del espacio y de formación para pensar la economía desde el punto de vista feminista.

 

Farsa20

El W20, presidido este año por Susana Balbo, ex diputada del PRO y empresaria vitivinícola, se ha dado cuatro ejes de trabajo. En cada uno de ellos detectó falencias del actual sistema y recomendaciones, cuya letra final será presentada en la jornada del 1 y 2 en el CCK. Los ejes son Inclusión digital, Inclusión laboral, Inclusión financiera y Desarrollo rural. En términos generales podríamos afirmar que mientras algunos diagnósticos son adecuados, los remedios que proponen crean nuevas urticarias. Por ejemplo, en sus plataformas mencionan como basamento de la inclusión laboral que el 50% de las mujeres del mundo no tienen ingresos propios, y que las que lo tienen ganan en promedio un 30% menos que los varones. Es verdad, pura verdad. Ahora, ¿qué política proponen para revertir esta injusticia? ¿Alguien en su sano juicio histórico podría creer que quieren distribuir e igualar? ¿Qué se puede esperar de los países que representan el 85% del PBI mundial pero son solo el 10% del mundo?

Norma Sanchís, de la Red de Género y Comercio (Argentina) puso en contexto el W20 en uno de los encuentros de formación (llamados Webinarios): “El G20 surge a partir de la creciente inestabilidad del sistema económico internacional, de las crisis financieras que se producen en los años ’90. El G20 tiene como principal objetivo coordinar abordajes comunes para enfrentar las crisis financieras en los países emergentes y controlar su impacto en el sistema financiero global”.

Con este escenario las feministas activistas, trabajadoras y estudiosas de la economía feminista se preguntan: ¿qué inclusión es posible? Y, ¿quién gana realmente con esta inclusión?

 

Paradoja20

Es una farsa, una parodia. Pero también es una paradoja. El filósofo italiano Georgio Agamben describió la lógica de la inclusión excluyente y la exclusión inclusiva. Se trata de una paradoja por la cual la ley incluye dentro de sí a su propia anulación mediante el Estado de excepción, o Estado de sitio. De la misma manera el plan del G20, y del W20 en particular, incluye en sus propios libros el mandato de incluir aquello que por su naturaleza excluye. Es a todas luces una inconcordancia. ¿Cómo el sistema financiero global podría incluir a lxs sujetxs que necesita excluir para seguir existiendo? Construyendo nuevas subjetividades, garantizando la exclusión mediante la inclusión.

Respecto a la Inclusión laboral, por ejemplo, el Mujeres20 promueve un modelo de emprendedurismo, de desarrollo individual de la responsabilidad empresaria, un modelo bien diferente del cooperativismo, de la economía social, el asociativismo y la economía familiar que plantea la economía crítica y feminista.

“Todas las propuestas de desarrollo económico, de inclusión social, de equidad, de empoderamiento, suenan retóricas y vacías de contenido, es una apropiación de un discurso y un lenguaje feminista que es engañosa”, sostiene Sanchís y señala que ninguna inclusión es posible si no se considera central el trabajo no remunerado de las mujeres, abocadas naturalmente a las tareas domésticas y de cuidado.

Para Patricia Gómez, Secretaria de investigaciones de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCYT), el término que utilizan para referir a Inclusión digital pone de relieve la lógica mercantilista. “Hablan de digitalización de las mujeres, se digitalizan las cosas, no las personas”, dijo durante el Webinario. Y, por otra parte, alertó sobre “el futuro del trabajo”, en el que detrás de la modernización y la flexibilidad se esconde una desregulación que redunda en mayor desigualdad. Para muestra basta un botón: una de las mujeres seleccionadas para exponer en el W20 es una ejecutiva de UBER.

De todas las inclusiones excluyentes, quizás sea la del Desarrollo rural la más sobreactuada. El eje de la ruralidad fue propuesto por la Argentina y su objetivo principal es “promover la inclusión de las mujeres que habitan en zonas rurales en el mercado laboral a través del acceso a los servicios financieros y digitales”. Para la ecuatoriana Alejandra Santillana, de la Colectiva Feminista Las Lorenzas e investigadora del Instituto de Estudios Ecuatorianos (IEE) y del Observatorio del Cambio Rural (OCARU) de Perú y Ecuador, este objetivo responde a un dato: Latinoamérica tiene el 60% de las tierras cultivables. El interés del G20 en potenciar a las mujeres que viven en ámbitos rurales tiene que ver con “la capacidad de adaptabilidad del capitalismo, que tiene como objetivo acelerar la producción de mercancías. En el fondo es la reafirmación de la hegemonía neoliberal”, reflexiona Santillana. El problema que el W20 detecta y la inmediata solución que proponen es el acceso de las mujeres rurales al crédito para emprendimientos productivos. Las incluyen dentro de las plazas del endeudamiento.

“¿Por qué al capitalismo le interesaría que se incluya a las mujeres? Los capitalistas saben que mantener a las mujeres en el ámbito doméstico-reproductivo asegura la reproducción del capital. Pero si manteniéndolas en ese ámbito convertimos a las mujeres de sectores populares y rurales en microempresarias (propietarias, emprendedoras o dependientes del crédito del sistema financiero formal), habrá un quiebre en las posibilidades del campesinado en el mundo y de las naciones indígenas, que se verán mucho más ancladas a la producción capitalista”, agregó Santillana.

La inclusión de género en clave empresarial no cambia la composición del capital pero sí acelera su producción. La trampa es que para garantizar el desarrollo rural, las mujeres son forzadas a incluirse en el sistema financiero. Al tiempo que se registra a las mujeres se refuerza la división sexual del trabajo y se deja intacto el sistema de producción y de organización de la vida. Esa es la inclusión financiera: más crédito y más deuda.

Patricia Laterra, investigadora argentina del Espacio de Economía Feminista de la SEC, y una de las más activas economistas feministas, responde a la pregunta de por qué al capitalismo y al G20 en particular le interesa incluir a las mujeres. El “G20 busca cumplir un compromiso de aumentar la participación de las mujeres en el mercado laboral en un 25%. ¿Por qué? Un estudio del Banco mundial de 2013 estipula que las mujeres son más eficientes en el mercado laboral y eso redundaría en mejoras para la productividad”. Otra vez la única razón de la inclusión es aumentar la productividad. El problema no es solamente que este modelo sigue beneficiando al capital concentrado sino cómo se pretende llegar a ese objetivo ex(in)cluyente. Aquí Laterra refiere a “la uberización de la economía”, que plantea una pérdida de derechos laborales y obligaciones fiscales y que por otro lado busca en las mujeres “conciliar el trabajo doméstico con el trabajo remunerado”. El famoso “trabajo desde casa”, es decir “nunca no estoy trabajando”.

 

La contra cumbre

Con la consigna NO EN NUESTRO NOMBRE, referentes de las distintas organizaciones, redes y colectivos que integran el Foro Feminista contra el G20, presentaron en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires las actividades de las próximas Jornadas de Acción Contra el W20 del 1 y 2 de octubre que tendrán lugar en la Plaza de los Dos Congresos.

El 1 de octubre a las 12:30 se convoca a una intervención que denominaron “¿QUÉ LLENA UNA OLLA FEMINISTA?”. La olla comunitaria en la Argentina es símbolo de la resistencia de las mujeres al hambre. Después del “Ollas no” escrito sobre el cuerpo de una docente que organizaba un comedor popular en su escuela, las artistas y colectivos coordinados en el Foro llaman a sacar las ollas, apilarlas y usar las tapas como escudos.

El martes 2, de 12 a 18 se desarrollará una Feria de la Economía Feminista Popular en las inmediaciones de la Plaza de los Dos Congresos y conversatorios en torno a tres ejes: Cuerpo y territorio I: Las luchas por una vida digna; Cuerpo y territorio II: Discutiendo los ejes del W20 en la profundización neoliberal; y Violencia económica, ajuste y deuda

“Se busca desarmar los discursos del W20 y mostrar alternativas y resistencias feministas en temas que el G20 no toca”, dice una de las gacetillas emitida por el Foro. También se intenta mostrar la conexión entre las cumbres del G20 y las consecuencias de sus políticas de ajuste neoliberales sobre las mujeres, en especial las que no responden a la “mujer tipo” blanca y empresaria. Porque en especial lo que el W20 construye es una noción de mujer que no existe y niega a las migrantes, afrodescendientes, campesinas, refugiadas, lesbianas, bisexuales, travestis, trans y personas no binaries.

Por eso, del W20, mejor inclúyanme afuera.

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