Israel first

Acompañar la estrategia de Netanyahu puede fulminar al gobierno de Trump

Funeral de niños de la escuela primeria en Minab, sur de Irán. Foto: Amirhossein Khorgooei.

 

Una de las mayores incógnitas de la guerra ilegal lanzada por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán es establecer el motivo estratégico que ha llevado al Presidente Trump a acompañar al primer ministro Netanyahu en esta aventura militar. Benjamín Netanyahu ha venido proclamando la necesidad de atacar Irán desde principios de la década de 1990, cuando pronunció un discurso alegando la amenaza existencial que representaría un Irán nuclear para Israel. Aunque la intensidad ha variado, esa retórica se ha mantenido durante más de 30 años. En 2009, afirmó que el desarrollo nuclear de Irán era cuestión de “semanas” o “meses”. En los años 2015-2018 se opuso firmemente al acuerdo nuclear con Irán alcanzado durante la presidencia de Barack Obama.

Tras los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023, la retórica se tradujo en bombardeos directos sobre territorio iraní en junio de 2025, calificándolo de “victoria histórica”. De modo que la posición de Netanyahu es coherente con su objetivo de obtener la hegemonía militar total en Medio Oriente, lo que le permitiría cumplir el sueño sionista del Gran Israel. Sin embargo, el rol de los Estados Unidos en este apoyo resulta un tanto paradójico en momentos en que el aspirante al Premio Nobel de la Paz y presidente del flamante Board for Peace se declara enemigo de las “guerras eternas” libradas por Estados Unidos.

 

La narrativa desde la Casa Blanca

Para desesperación de los analistas, las declaraciones del propio Trump y de su séquito más cercano no han hecho más que aumentar la confusión. A partir de declaraciones públicas del Presidente, miembros de su gobierno (como Marco Rubio) y portavoces de la Casa Blanca han ofrecido varios motivos —a veces contradictorios— para justificar que Estados Unidos se sumara a Israel en los ataques contra Irán. Una de las justificaciones directas de Trump fue que Irán estaba a punto de atacar. Afirmó que ordenó la intervención porque “creía que Irán iba a atacar primero”, clásico argumento para justificar los ataques preventivos pero que en el actual contexto resulta poco convincente.

El secretario de Estado, Marco Rubio, eligió brindar una explicación más enrevesada, manifestando que Washington sabía que Israel iba a atacar y que eso provocaría represalias iraníes contra tropas estadounidenses, por lo que Estados Unidos decidió golpear primero para evitar esas bajas. “El Presidente tomó una decisión muy acertada: sabíamos que habría una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses y sabíamos que, si no los perseguíamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas”, dijo Rubio en el Capitolio el lunes pasado. Esta versión ha dado lugar a polémicas porque supone un reconocimiento de que la ofensiva israelí precipitó la intervención estadounidense.

Ante las críticas, Trump insistió en que la decisión fue estadounidense: “No… la acción de Estados Unidos no fue porque Israel nos obligara. Podría haber forzado su mano, pero no fuimos obligados… quizás fui yo quien forzó la mano de Israel”, hipótesis que ni siquiera convenció a muchos de los integrantes del mundo MAGA. “Nadie debería morir por un país extranjero. No creo que esos militares murieran por Estados Unidos. Creo que murieron por Irán o por Israel”, dijo la comentarista del MAGA Megyn Kelly. “Nadie se queja de la muerte del ayatolá, pero la labor de nuestro gobierno no es cuidar de Irán ni de Israel. Es cuidar de nosotros”, dijo el comentarista Tucker Carlson, quien emitió un episodio de dos horas atacando a Israel por sembrar inestabilidad regional e internacional. Añadió que “las puertas del infierno se han abierto... y las personas que lo hicieron sabían que así sería”.

 

Las armas nucleares

Otro de los argumentos de la Casa Blanca ha sido el clásico vinculado con la seguridad nuclear. De este modo, la portavoz presidencial señaló el propósito de que Irán “nunca tenga armas nucleares”, a lo que añadió otros objetivos militares adicionales como el de destruir el programa y la industria de misiles iraní; neutralizar la marina iraní y golpear a los aliados de Irán como Hizbulá. Otros miembros del gobierno estadounidense afirmaron que Irán había bloqueado las negociaciones diplomáticas que estaban celebrándose, sosteniendo que Teherán “se negó a detener el enriquecimiento de uranio”. Según esta narrativa, el ataque habría sido consecuencia de que la vía diplomática se había agotado, pero lo cierto es que el acercamiento de una poderosa flota en el mes previo y los numerosos encuentros entre Trump, Netanyahu y sus responsables de inteligencia revelan que la decisión de atacar a Irán estaba tomada desde tiempo atrás.

En síntesis, las justificaciones oficiales más repetidas han sido evitar un ataque iraní inminente, prevenir represalias contra fuerzas estadounidenses, impedir que Irán obtenga armas nucleares, debilitar su ejército y sus aliados regionales y presionar para un cambio de régimen. Como interpretan los seguidores de Kant, la utilización de muchos argumentos puede indicar falta de uno sólido. En filosofía, la acumulación falaz de argumentos o la utilización del argumento de autoridad (falacia ad verecundiam) son muestras de la debilidad argumental del oponente. Esto es lo que ha llevado al senador de Virginia, Mark Warner, el demócrata de mayor rango en el Comité de Inteligencia del Senado, a declarar que “no existía una amenaza inminente por parte de los iraníes para Estados Unidos. Había una amenaza para Israel. Si equiparamos una amenaza para Israel con una amenaza inminente para Estados Unidos, entonces nos adentramos en territorio desconocido”. La representante por Washington, Pramila Jayapal, citó los comentarios de Rubio y dijo: “Entonces, en lugar de exigir que Israel no bombardee Irán, ¿permitimos que Israel nos obligue a una guerra eterna con graves consecuencias para las vidas y los contribuyentes estadounidenses? Netanyahu ha intentado convencer a todos los Presidentes estadounidenses de que ataquen a Irán, pero Trump es el único lo suficientemente ingenuo como para hacerlo”.

 

El cambio de régimen en Irán

En algunas intervenciones, Trump ha sido más explícito sobre el más ambicioso objetivo de forzar un cambio de régimen. “Cuando terminemos, tomad el control de vuestro gobierno,” dijo Trump, dirigiéndose a los iraníes. La representante de California, Sara Jacobs, replicó: “No creo que Estados Unidos ni Israel deban liderar una operación de cambio de régimen en Irán. No puede brindar seguridad ni protección al pueblo de Irán, a la región ni a Estados Unidos”. Para el profesor John Mearsheimer, es probable que en su fuero interno Trump haya apostado por un cambio de régimen más o menos rápido, repitiendo el modelo de Venezuela. Pero enfrenta una realidad muy diferente. El movimiento chiita en Irán, a pesar de las últimas revueltas, está muy asentado en el territorio, dado que combina una doctrina religiosa que profesa el 90 % de la población con un islam radicalizado y revolucionario. La Guardia Revolucionaria es el brazo militar que sustenta la defensa del régimen y su expansión en la región. En opinión de Mearsheimer, sin instalar tropas en el terreno sería muy difícil imaginar la caída del régimen. Pero aún en ese caso, estaríamos hablando de una guerra muy larga, completamente alejada de los deseos de Trump, que ya afronta un 60% de oposición a la guerra según las encuestas realizadas en Estados Unidos.

 

 

La cuestión clave, por lo tanto, reside en saber hasta qué punto Trump acompañará a Netanyahu en una estrategia que puede fulminar su propio gobierno. El objetivo de Netanyahu es bastante evidente, replicando lo que aconteció en Gaza: conseguir en Irán una destrucción similar a la que tuvo lugar en Palestina, hasta que no quede piedra sobre piedra. Es decir, el bombardeo diario, aprovechando su preeminencia en el aire, sin exponer tropas en tierras, y consiguiendo, mediante dosis diarias, el mismo efecto que tendría lanzar varias bombas atómicas sobre el territorio persa. El misil lanzado sobre una escuela primaria en Minab, al sur de Irán, matando a más de 180 niñas, es una muestra palpable de lo que se avecina, siempre que cuente con el respaldo de Estados Unidos en el suministro de las bombas necesarias para llevar a cabo la macabra tarea.

Resulta siempre arriesgado hacer pronósticos sobre lo que puede acontecer en una guerra, dado que como decía Hitler, que de guerras algo sabía, es como entrar a una habitación oscura sin saber lo que has de encontrar. Sin embargo, una consecuencia política probable de un conflicto prolongado es que contribuya a la ruptura del cordón umbilical que históricamente ha unido a Israel con Estados Unidos. Gavin Newsom, el gobernador de California que se perfila como probable candidato demócrata en las próximas elecciones presidenciales de 2028, ha criticado públicamente a Netanyahu. Dijo que “tiene sus propios problemas internos. Está tratando de mantenerse fuera de la cárcel”, refiriéndose al juicio por corrupción en curso del primer ministro. “Tiene elecciones próximamente. Posiblemente esté contra las cuerdas. Tiene gente —de línea dura— que quiere anexar Cisjordania”, y agregó que algunos “hablan de ello, apropiadamente, como una especie de estado de apartheid”. Newsom estableció una relación de causalidad entre la situación actual de Netanyahu y la decisión de Trump de iniciar una guerra, diciendo que “esa influencia, en el contexto de la postura de Trump sobre este asunto, es bastante evidente”.

Lo cierto es que Trump, en lugar de poner fin a las guerras como había prometido, ha iniciado acciones militares en siete países, computando las diferentes intervenciones que han tenido lugar en Siria, Irak, Nigeria, Yemen, Somalia, Venezuela e Irán. Si Irán se convierte en un pantano similar al que atrapó a Estados Unidos en Vietnam, pagará un elevado precio político. Existe un consenso cada vez más mayoritario en la sociedad norteamericana de que las guerras eternas y la presidencia imperial deben llegar a su fin.

 

 

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