Jugar con fuego

Biden desbarata una razonable convivencia con Rusia y pone en peligro la paz mundial

 

No es fácil comprender por qué Joseph Biden se ha metido en un berenjenal que puede conmover al mundo. Ha creado una compleja y peligrosa situación que implica a la Federación Rusa, a la que acusa de tramar una invasión a Ucrania y la coloca como la causante del descalabro internacional que podría acontecer cuando, en rigor, es Rusia la agredida, en dos escenarios: Donbas y el Mar Negro. Veamos.

 

Donbas

La ucraniana región del Donbas contiene dos provincias de mayoría cultural y lingüística rusa. En ambas se inició, a comienzos de abril de 2014, una guerra civil separatista que avanzó rápidamente hacia la autoproclamación de las Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk respectivamente, luego de la realización de sendos referéndums en el mes de mayo de aquel año. En Donetsk, el 89% de los votantes se pronunció en favor de su independencia; sufragó el 75% del electorado. Y en Lugansk el 96% también dio su voto favorable y sufragó el 73% del padrón.

Ucrania no aceptó estas decisiones y el conflicto continuó. Hacia fines de abril del antedicho año, Kiev atacó duramente a ambas entidades y los combates continuaron hasta julio, mes en el que se firmó el Protocolo de Minsk acordado entre Ucrania, Rusia y representantes de ambas repúblicas populares, que quedaron como entidades autónomas pero subordinadas a Ucrania. Se estableció, además, un alto el fuego que en los hechos no se concretó. Debido a esto se avanzó luego con un Memorando Complementario relacionado básicamente al alto el fuego, la remoción del armamento pesado y la retirada de mercenarios, entre otros ítems. Pero nada de esto funcionó.

En febrero de 2015 fue firmado el acuerdo Minsk II impulsado por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania. Tuvo algún éxito al comienzo pero no pudo avanzar mucho y los problemas de fondo, como la violación del cese de fuego, continúan sin ser resueltos.

El conflicto se ha extendido, con vaivenes, hasta el día de hoy. Merece destacarse, sin embargo, que entre los meses de noviembre y diciembre de 2021 Ucrania destacó un numeroso contingente militar hacia Donetsk y Lugansk, lo que seguramente no le cayó nada bien al Kremlin. Y que para la misma época se inició el despliegue de fuerzas militares rusas hacia sus fronteras con Ucrania.

 

 

Mar Negro

Biden, a poco de asumir como Presidente, puso en marcha la ejercitación militar denominada Sea Breeze, cuyo comienzo data de 1997. Es la más importante de todas las maniobras norteamericanas/OTAN, que tiene una periodicidad anual y se realiza en el Mar Negro. La de 2021 desbordó largamente a todas las anteriores. Fue presentada ante los medios con la indicación de que entre sus más importantes propósitos se contaban: mejorar la cooperación internacional para garantizar la paz en la región, mostrar solidaridad con Ucrania y acercarla a los estándares de la OTAN. Nótese que los países ribereños del antedicho mar son: Bulgaria, Georgia, Rumania, Ucrania y Rusia. Y que de este lote, el único país que a los ojos norteamericanos puede resultar un obstáculo para para sus intereses es Rusia.

La Sea Breeze de 2021 fue desmesurada. Participaron 20 países: Bulgaria, Canadá, Dinamarca, Eslovenia, Estonia, Francia, Georgia, Italia, Letonia, Lituania, Moldavia, Noruega, Polonia, Reino Unido, Rumania, Suecia, Turquía y Ucrania, además de Estados Unidos. De todos ellos, sólo tres no integran la OTAN: Moldavia, Suecia y Ucrania. Participaron en la ejercitación 5.000 efectivos, 32 buques y 40 aviones. La participación de Ucrania fue destacada: proveyó numerosos helicópteros de diversas capacidades y una cantidad alta también de naves de guerra y/o apoyo.

A buen entendedor pocas palabras. Se trataba de exhibir poder militar, de mostrar fuerza casi en las barbas del Kremlin y de demostrar el acercamiento de Ucrania, con posibilidades de incorporarse a la OTAN.

A comienzos de julio, la portavoz del ministerio ruso de Relaciones Exteriores, María Zakharova declaró que las maniobras de EEUU/OTAN en el Mar Negro eran “una muestra de poder provocativa… El Mar Negro de hecho está siendo convertido por Washington y sus aliados en una zona de enfrentamiento militar… Esto se está haciendo intencionalmente”. Y el propio Vladimir Putin, poco después, declaró públicamente que esas ejercitaciones “habían incluido aviación estratégica” y que eso era muy peligroso; que “era un desafío a Rusia que no le parecía apropiado” y que “no había necesidad de una mayor escalada de tensión”.

 

 

Comportamientos

Con una alta dosis de cinismo, Biden y sus socios han generado situaciones provocadoras tanto en el Donbas, donde bancan los atropellos ucranianos sobre las mayorías autonómicas de Donetsk y Lugansk, como en el Mar Negro, en el que colocaron un alto desafío aeronaval. También juguetearon con la posibilidad de incorporar a Ucrania a la OTAN, al mostrar su acercamiento y compromiso con ésta. Todas estas cuestiones han sido muy irritativas para Rusia. Vale recalcarlo: lo está haciendo deliberadamente, probablemente con el propósito de que Putin dé un paso en falso y le posibilite a él –Biden– recuperar posiciones en las escenas tanto internacional como local. Frente al desempeño prudente y firme del premier ruso, sólo ha conseguido plantar lo que hasta ahora es una monumental fake news: la posibilidad de una invasión rusa a Ucrania (lo que sería un grave error de Putin).

Por el contrario, con templanza y paciencia el Presidente ruso evita entrar en el juego de Biden. Tiene, al parecer, claramente asumido que no es conveniente caer en esa trampa. Y que el despliegue de unidades predominantemente terrestres hacia sus fronteras con Ucrania es suficiente respuesta, al menos por ahora.

 

 

Final

Es raro el comportamiento político de Biden. ¿Por qué acosa militarmente a Rusia? ¿Por qué luego de cancelar las “guerras interminables” de Oriente Medio y alrededores desata un nuevo y muy temible enfrentamiento entre ambos poderosos países nucleares? ¿Por qué, más precisamente, da la impresión de que vería con agrado que Moscú avanzara sobre Ucrania y se abriera un escenario bélico con participación prácticamente directa de las dos potencias militares más grandes del mundo? ¿Por qué agita la posibilidad de que Ucrania se incorpore a la OTAN, a sabiendas de que esto sería muy mal visto por el Kremlin? ¿Por qué, en definitiva, opta por desbaratar una hasta ahora razonable convivencia para poner en peligro la paz mundial y proyectar la terrible posibilidad de un holocausto?

Se me ocurren solamente dos hipótesis. Una sería que Biden ha asumido –o quizá alimentado desde siempre– y magnificado aquella doctrina del destino manifiesto de los Estados Unidos, afianzada en los años ’40 del siglo XIX, que suponía que el continente americano le había sido dado al pueblo norteamericano por la Divina Providencia. Demás está decir que la padecimos en América Latina de diversas maneras. La primera, con esa doctrina ya bien consolidada, fue la guerra contra México, país al que le arrebató el 50% –dicho a grosso modo– de su territorio. Y continuó luego en nuestra América casi sin descanso. Puede ser que ahora, el Presidente norteamericano haya querido ampliar el alcance geográfico de aquel paradigma religioso.

La otra remite a la baja que ha ido registrado la aprobación de su gestión. Sendos sondeos muy recientes de las empresas Gallup y NBC News muestran los siguientes guarismos: 40% de aprobación y 57% de rechazo, la primera, y 42% de aprobación y 54% de rechazo, la segunda. No es improbable que ante esta tendencia que indica un desagrado significativo, a poco más de un año de haber comenzado su gestión, haya decidido jugar con fuego para recuperar posiciones. Una opción ciertamente poco muy responsable.

En fin, el tiempo dirá.

 

 

 

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