JUJUY VA POR LA DOBLE CORONA

La provincia del contador Morales ranquea alto en violencia institucional y contagios de Covid 19

 

Al menos cincuenta balas de plomo y goma disparó el Servicio Penitenciario de Gerardo Morales el jueves 16 de julio contra un grupo de detenidos del penal de Villa Gorriti que protestaba por una alarma de Covid-19. Las balas salieron de escopetas disparadas desde la cocina del penal hacia el techo de uno de los pabellones, a una distancia de unos ocho metros. Así se desprende de la investigación del ministerio de la acusación de Jujuy. “No hay dudas de que tiraron con la intención de matar”, señalaron a El Cohete. Los detenidos muertos fueron asesinados con balas de plomo. Eran Marcelo Montenegro y Dardo Vicente Yapura, uno murió por una herida letal en el cuello y el otro en el abdomen. Cincuenta disparos para reprimir una protesta a ocho metros de distancia es un fusilamiento. Tal vez, el emergente máximo de la escalada punitiva que ensaya la provincia contra el avance del virus cuyos números empezaron a explotar en las últimas semanas con el colapso de hospitales y el sistema de salud.

Tras una primera etapa inicial sin casos de Covid-19, Jujuy registra hoy una curva de crecimiento que la ubica entre las tres provincias con números más altos: detrás de la Provincia de Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires, el viernes registró 1.353 casos con un 90 por ciento de las camas de terapia intensiva ocupadas. El número de impacto en la población por millón de habitantes también es uno de los más altos del país en términos comparativos: hasta el viernes, tenía 889,9 por millón contra 1.282 de Buenos Aires o 162 de Mendoza, de acuerdo al indicador que publica el senador correntino, y contador Martín Barrionuevo (ver tabla abajo). En el ministerio de Salud de Nación, ayer tenían datos más graves: Jujuy superó la barrera de 1.000 contagios por millón de habitantes una proporción comparable a la Ciudad de Buenos Aires.

 

 

Los números  de Martín Barrionuevo. Jujuy, abajo.

 

La tasa de duplicación de casos estaba en 7 días, luego de haber llegado a 4,9. Hay casos en casi todos los departamentos y la situación se agrava en la zona de las yungas, hacia el lado tropical: en departamentos como Ledesma y San Pedro, ciudades densamente pobladas donde las tasas de incidencia superan entre tres y cuatro veces el promedio. El viernes a la mañana, viajó a la provincia un grupo cinco funcionarios del ministerio de Salud para ver los datos en el terreno. En diálogo con El Cohete señalaron que la situación es dramática, que podría estar peor y podría estar mejor. Jujuy está al lado de Bolivia que tiene los números estallados. La frontera es un colador que supera a las fuerzas de seguridad de Nación. La provincia tiene en este momento dos problemas. Un déficit de recursos humanos en Salud producto de un brote inicial que se extendió con trasmisión de manera horizontal entre los médicos, lo que disminuyó sensiblemente la cantidad de prestadores. Y el otro problema grave es que no tuvo ni tiene todavía un sistema de detección activa de casos con vigilancia que permita hacer lo que se hizo en zonas de brote de todo el país: focalizar, identificar y aislar. Eso no se hace. O se hace mal. Y ahora es una de las mayores debilidades de las políticas sanitarias.

Hay problemas además con los resultados de test: Jujuy tiene un sólo laboratorio de testeo, tiene carga de resultados demorados en un proceso que se acentuará con la evolución de la curva. Eso genera un cuello de botella. Que no cambiará. Para alterarlo, Nación tramita dos autorizaciones del Instituto Malbrán a una Universidad y otro organismo local. Finalmente, hay problemas con las camas de terapia pero el gobierno local consiguió un acuerdo para obtener 100 camas en un sanatorio privado, un paso hacia la integración público-privada que avanza en otras provincias.

Ante ese panorama dramático y de duelo entre los médicos, los funcionarios de Nación que viajaron sostienen que necesitan sostener el ánimo de quienes trabajan en salud y contenerlos. Algo de eso explica lo que sucedió el viernes a la noche. Apenas habían llegado, pero Morales los sentó en la mesa del COE. Los hizo hablar y luego publicó una síntesis en las redes sociales: en la síntesis los hace decir que todo está realmente magnífico.

 

 

 

Mientras tanto, durante toda la semana se conocieron datos sobre el colapso del sistema de salud. Un informe relevado por los integrantes del Frente de Todos de la provincia señala que los principales hospitales y centros de salud están sin terapias intensivas, con médicos que presentaron sus renuncias pero no son aceptadas y pacientes adultos que son trasladados al centro materno infantil de la ciudad capital. La nota extrema de la semana fue una carta escrita en primera persona por una médica de la terapia intensiva del Hospital de San Pedro, uno de los dos hospitales de cabecera más importantes del interior con una población de más de 80.000 habitantes.

«No tenemos respiradores en cantidad suficiente para atender la pandemia —dijo—. Ya que sólo tenemos ocho respiradores de los cuales cuatro están con las horas vencidas lo que significa que no tienen el funcionamiento adecuado, dos no funcionan porque hicieron mal el mantenimiento y otros dos son prestados. No tenemos electrocardiógrafo, el cual es fundamental para monitorear pacientes”. La terapia carece del depresor negativo que se utiliza para ventilar pacientes con Covid. No cuentan con material suficiente de protección como barbijos, mamelucos, antiparras, cofias, batas, botas y máscaras de protección facial. “Los pocos que nos dieron son de baja calidad –dijo— y no cumplen con su propósito”. La carta firmada por la médica Sonia del Valle Almaraz señala en el final lo mismo que se advierte en toda la provincia: “Desde el mes de marzo 2020 se puso en conocimiento del director del hospital previendo esta situación y no tuve respuesta”.

“Los hospitales están desbordados”, dice Carlos Eduardo Remondegui. Médico infectólogo graduado en la UBA, ex Jefe del Servicio de Infectología del Hospital San Roque de San Salvador, instructor actualmente de residentes, habitante de Jujuy, que se ha comenzado a dialogar con el COE. Hoy advierte que la situación en la provincia es cada vez más critica, en este caso destaca las camas de terapia como cuello de botella y cada vez menos. “Hasta el domingo pasado quedaban libres 30 camas con una ocupación total de 80 por ciento, cuando los datos señalaban que teníamos 900 contagios. Hoy los números señalan que llegamos al 90 por ciento de ocupación con una situación que sigue crítica sobre todo porque no tenemos recursos humanos”.

Remondegui dice que “Jujuy tiene experiencia acumulada en el manejo en epidemia, no tenemos máster como dice el gobernador, pero hemos pasado muchos brotes y epidemias con mejores resultados que otras provincias del NOA y NEA. Pasó con el Cólera Ricketsias, Paludismo, Hantavirus o H1N1. Muchos saben cómo trabajamos ante estas enfermedades emergentes. No es mi intención dar un toque sensacionalista, ni provocar descreimiento o desesperanza porque no le hace bien a nadie, pero se pudieron haber tomado otras medidas con tiempos diferentes”. Critica la gestión de la crisis en Jujuy que no formó un grupo de consenso y a Nación porque gestiono de manera etnocéntrica, dice, sin profesionales con expertise del interior y mirada mas federal y diversa. “Para mí se ejecutaron medidas extremas tempranamente, cuando la epidemia recién estaba en Buenos Aires y acá no teníamos sospechosos. El COE local tomó la decisión con cierto atropello y exitismo, estuvimos 40 ó 30 días sin Covid hasta que se desató la epidemia con el ingreso de un grupo de policías (que cruzó la frontera para traer hojas de coca). Ese era el momento para empezar las restricciones segmentadas, escalonadas y en forma geográfica, racional. No se hizo. Y se terminó haciendo más tarde, pero ya con una provincia en epidemia, en llamas y datos bastante preocupantes”.

La provincia tiene una estructura sanitaria limitada, pero en este momento, dice, el punto crítico, también para él, son los recursos humanos: médicos, terapistas y enfermeros. Esta situación que no sólo es coyuntural responde al achicamiento del esquema de salud y de medicina pública de largo aliento. “Y esto nos agarro así: mal, con una decadencia que se arrastraba y ahora explotó: todo está más crítico y al límite con tasas de penetración cercanas a Chaco”.

Entre los focos también está la actividad en la minera de Exar de la Puna donde han continuado trabajando mil personas. Pero hay contagios producto de reuniones sociales. En el Servicio Penitenciario, ahora con un número que el viernes llegaba a 17 personas del SP de Gorriti. Desde marzo Morales anuncia todo tipo de medidas punitivas para frenar la entrada del virus: intentó marcar casas de contagiados, penalizó salidas y desarrolló un monitoreo electrónico en clave de mano dura. No pudo frenarlo. El virus llegó. Entró. Y avanza. Tal vez las balas de plomo contra los detenidos que protestaron solo fueron un anticipo de lo que viene. Esta semana habló de lo que sucede en Ledesma, uno de los puntos rojos de la provincia. Lo hizo cuando se cumplía un nuevo aniversario de la Noche del Apagón. Y dijo que todo entraba en fase uno. Todo el mundo adentro, dijo. Miró a un costado, golpeteó el escritorio y soltó: una suerte de toque de queda.

 

 

 

 

 

 

 

No hubo intento de fuga

Como consecuencia de la represión en Gorriti, renunciaron el jefe y subjefe del Servicio Penitenciario. Fueron arrestados y luego excarcelados once integrantes del SP que continúan imputados por “homicidio doblemente calificado por alevosía y por la calidad funcional de los autores”. Los primeros datos de la investigación señalan que uno de ellos levantó del piso los casquillos y restos de balas para esconderlos en una bolsa que finalmente fue localizada. En la investigación interviene el fiscal Diego Funes y Carlos Ariel Urquiola. Ellos dijeron que no es verdad que los detenidos hubiesen intentado tomar la cocina del penal para armarse, como publicaron los diarios locales. Ni que organizaban una fuga masiva como sostuvo el gobierno. Aquí puede escucharse la entrevista a un fiscal realizada por el periodista José Luis Politi del Submarino de Jujuy. Allí dice que los presos estaban completamente desarmados y que fue un homicidio.

 

 

 

 

 

 

13 Comentarios
  1. Guillermo Ortiz dice

    MUY TRISTE PERO MUY REALISTA. ANTE PREGUNTARME:¿CÓMO SALIMOS DE ESTA? ENTRÓ EN PÁNICO. Y NO ERA UN HOMBRE TEMEROSO…

  2. Romina dice

    https://youtu.be/SEdrmJM14XQ

    Video de artistas Jujeños. Llamado
    «Usted es nuestra Pandemia»
    Julio 2020

  3. Anónimo dice

    hijo de mil p…ese fiscal!!!defiende la escoria y la basura de la sociedad!!! que siga jodiendo,que Jujuy saldrà a la calle a defender a los derechos de los PENITENCIARIOS que hicieron su trabajo.Que pretendia este Urquiola,que se quedaran de brazos cruzados y tomen rehenes a los transauntes que ese dia pasaban por ahi?Un asco este fiscal…un asco

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