“Justicia de Verdad y con Memoria”

Entrevista del Museo ESMA al juez Alejandro Slokar. La necesidad de agilizar los juicios y activar la Interpoderes

 

¿Quién es Alejandro Slokar?

AS: Me llamo Alejandro Slokar y me desempeño como Juez de la Cámara Federal de Casación Penal desde hace casi una década. Nací hace poco más de medio siglo en la Ciudad de Buenos Aires. También soy padre, hijo, hermano, profesor universitario, pero creo que a los fines interesa cuanto menos el aspecto que tiene que ver con el ámbito judicial y estrictamente jurídico.

¿Qué recuerdos tenés del golpe militar y de tu adolescencia en la dictadura?

AS: Sí, recuerdo, tengo muy presente porque había iniciado el colegio secundario. La democracia durante la secundaria para mí duró apenas una semana porque al cabo de esa semana, luego del inicio de las clases, después de una suspensión temporaria, de unos días, se modificaron todas las autoridades del colegio. Yo iba a un colegio estatal, público, de mi lugar, donde nosotros habitábamos con mi familia. Mi padre, mi hermana, mi madre, que es Hurlingham, la escuela Esteban Echeverría de Hurlingham. Tengo muy presente que en ese tiempo de inmediato modificaron todo el staff docente, porque todos los profesores que se habían presentado al inicio del curso, yo con 13 años, fueron modificados, la autoridad también, el director, que pasó a ser un profesor de Educación Física del Colegio Militar. Mi registro de ese tiempo es aquel ligado a la rigidez propia del momento. En un ámbito claramente represivo que se extendía hacia distintas facetas que tenían que ver con lo cotidiano de nuestras vidas, de casi preadolescentes. Lo que yo a veces llamo aquellos microdespotismos. El uniforme, guardar filas a la hora de cualquier formación, era inevitable, los discursos, inclusive la vocación, cierta tendencia que guardaban algunas autoridades que podía ser desde el portero del club, del colegio, hasta el guarda del tren. Todo eso formaba un clima bastante característico entonces. Y a pesar de todo eso mi recuerdo de ese tránsito por el colegio, tanto por la escuela primaria, siempre fui a la escuela pública, siempre es grato por la amistad de los compañeros, amigos que hasta el día de hoy conservo. Es curioso, porque junto con algún colega juez federal de Comodoro Py, compañero del colegio primario, también compartimos la misma división con actuales periodistas de la Argentina, del exterior, ex combatientes de Malvinas, porque mi generación es aquella clase que tuvo que combatir, militares y por cierto que otro conjunto de profesionales, médicos, arquitectos. La formación era muy buena. Tengo presente el detalle de muy buenos docentes, que inclusive compartían labor universitaria, académica, cátedras en la Universidad, pero no obstante todo se daba en ese marco que era propio del tiempo, que se extendía inclusive hasta ámbitos propios de nuestra formación, nuestro desenvolvimiento. Nadie podía ser ajeno a la represión, por vía de la censura, las canciones de María Elena Walsh, de Horacio Guaraní, o la represión sexual, de cualquier señal de erotismo en el cine, que era muy característico de entonces. Ese fue el clima que tengo muy presente.

¿Cómo era tu familia?

AS: Mi familia desde siempre una familia de clase media. No tuvimos nunca ninguna privación, pero de mucha austeridad, yo diría parte de la cultura e identidad propia de la inmigración. Mi papá era un italiano, pobrecito, falleció hace unos años, un italiano que había llegado hacía unos años a la Argentina. Inculcó esta idea del esfuerzo, el sacrificio, en la familia. Somos la primera generación de profesionales, junto con mi hermana, en la familia Y nos formamos todos en la escuela pública. Estamos agradecidos desde siempre a la escuela pública. Tanto a los maestros como a los profesores. Mi sensación de entonces es esa. El arraigo de una familia con mucho amor, rígida, desde luego, con mucha exigencia, pero de excelentes personas, tanto mi padre como madre, de mucho amor. Mi madre ama de casa, de Iglesia, aquella formación de la catequesis. Ella era de misa. De nuestra parte la cuestión propia de hacernos cargo de nuestro deber que era estudiar. No sé si era muy buen estudiante. Creo haber cubierto todas las exigencias de entonces. No me llevé materias. Creo que tenía un rasgo bastante “obse” pero ese es el detalle que tengo muy presente de esos años y particularmente una historia. La historia de una compañera de colegio que desde siempre se sentía mal. Lloraba en los recreos y cuando le preguntamos ese día, sabíamos efectivamente que había sufrido la desaparición de su hermana. Durante ese tiempo ya nos hicimos muy amigos, compartíamos tantas tardes en su casa. Sabíamos que la hermana nunca más había vuelto a su hogar; que los dos hijitos de la hermana habían sido por lo menos salvados por una vecina; ellos vivían con los abuelos. La abuela desde luego, fue una de las Madres y entonces jugábamos con esos chiquitos. Y al tiempo los caminos se cruzan porque ella es una activa querellante en causas de lesa humanidad, pero mucho tiempo antes también descubrimos que eso era parte también de nuestra filiación genética. Es curioso porque cuando empiezo a desempeñarme en Tribunales, a armar legajos, como hacemos todos desde el origen de la carrera, con uno de los expedientes que me tropiezo, uno de los tantos habeas corpus que habían presentado era en favor de la hermana. Bueno, todo esto de algún modo reseña cuál es la vivencia del entonces al hoy, el análisis que uno puede hacer de parte de ese pasado, individual, tanto como colectivo.

 

 

¿Por qué abogado?

AS: Es difícil responder esa pregunta. Creo que la vocación por lo público es algo que lo tuve presente desde siempre en el reconocimiento de algunos próceres. Fundamentalmente la figura de Belgrano para mí es emblemática, ese sentido de abnegación, de compromiso, pero también de entrega. La historia es algo que siempre me interesó desde chiquito. Ese registro que pasa desde las invasiones inglesas hasta la disolución de la unidad nacional en el año ‘20 es algo que está muy presente en esa temprana formación. Desde luego que la historia contemporánea por entonces nunca era parte de los programas de estudio. Cuanto mucho se podía llegar a la generación del ‘80. Pero esa identificación con el bien común, con la idea de Nación, con la construcción de lo colectivo.

¿Qué recuerdos tenés de la recuperación de la democracia?

AS: Efectivamente fue la experiencia ya con más de 20 años, el ejercicio del sufragio. Desde luego voté a Raúl Alfonsín y a Augusto Conte. Lo hice convencido que frente a la autoamnistía que era validada por la otra fuerza política no existía otro camino. Ya para entonces era estudiante universitario, porque inicié tempranamente la carrera una vez finalizado el colegio secundario tanto la formación en derecho como la carrera judicial, son 40 años de justicia y derecho que no siempre son lo mismo ni van de la mano. Tengo presente el inicio de la primavera desde el punto de vista democrático, precisamente por la modificación del staff del orden. Ya no sólo los profesores universitarios, el clima que se vivía en la Facultad de Derecho, sino también dentro del ámbito judicial. Bajo ese prisma creo que definitivamente fue un momento fundacional para todos nosotros en el orden generacional porque nos abría paso al entendimiento de que sin el respeto de algunas normas básicas, que se centran esencialmente en la garantía de la vida humana, la integridad física, los resguardos propios de cualquier derecho, dentro del ámbito estrictamente judicial que a mí me interesaba, me interesa, pero en los inicios de la carrera, y tengo muy presente que a partir de ese tiempo, del 10 de diciembre del 83, muchos de los presos a los que notificamos de inmediato, algunos cuando firmaban, al estampar el dígito pulgar, trataban de referenciar Costa Rica, por el Pacto de San José, la Comisión de Derechos Humanos y es una referencia propia de aquel momento, en el marco de algunas conmutaciones que habían tenido lugar, era práctica cómputos de pena que se aplicaban. Ese es un momento para mí muy rico de todo esto. El golpe fue un golpe civil, que la dictadura fue siempre cívico militar y en cualquier caso el Estado aparecía subordinado a otros intereses, a una matriz, a un patrón de acumulación del orden económico que aparecía en ese entonces y a veces proyecta consecuencias hasta el día de hoy y en donde aparece claramente un fenómeno, esa ortodoxia economista financiera, desde entonces la Argentina se dolariza, se extranjeriza, se concentra económicamente, se desindustrializa por sustitución de esa matriz propia de industrialización y en verdad es esa pulsión permanente entre un modelo de dependencia y un modelo autónomo de país, emancipado. En definitiva los beneficiarios de ese tiempo, propio de la última dictadura que se trata de recomponer a partir del ‘83 desde el ejercicio selectivo que tiene el sistema penal, todavía no alcanzaron a redimir todo y ese es un detalle que me parece indispensable atender, porque algunas de las causas en trámite, inclusive la causa ESMA trasunta todavía, al día de hoy, muchos de esos aspectos.

¿Cómo se vivió la apertura democrática en la Universidad?

AS: Estudiaba la carrera al tiempo también de desempeñarme en el Poder Judicial. Recuerdo tener durante el curso de ingreso, el primer año de la carrera, al profesor Rodríguez Varela que nos enseñaba Derecho Político. Nos enseñaba Derecho Penal Mario H. Pena, con esos nombres estoy connotando de qué se trataba la formación de entonces, pero sin duda el cambio de registro se produce a partir del año ‘83. Yo creo que la gestión de entonces ilumina dos grandes rasgos que para mí van a marcar un factor estructural de la Argentina democrática. Uno decididamente es el juicio a las juntas del año ‘85, y con eso es coincidente al plan de estudio de la Universidad de Buenos Aires. El CBC marca una ruptura, al tiempo que cuando formé mi carrera me da por comenzar otra carrera para llevar adelante la etapa del CBC, porque tenía esa vocación democratizadora dentro de la enseñanza pública, que sin duda nos marca una señal identitaria fuerte para el resto esencialmente de Latinoamérica y también del mundo: la Argentina como país de inclusión, país integrado, sociedad con algunos rasgos de igualdad, es bien característica desde esos fenómenos, que tiene que ver con la educación pública, la salud pública y la educación universitaria pública y gratuita.

¿Seguiste de cerca el Juicio a las Juntas?

AS: Quienes hayamos transitado los Tribunales, indefectiblemente, sobre todo desde el fuero penal, teníamos esa proyección, identificación con el Juicio a las Juntas. El seguimiento era puntual a través de publicaciones de esos días. Recuerdo particularmente también propio del momento que marca un rasgo por definición, que es la aparición del diario Página/12, creo que en el año ‘86. Diariamente, actualmente no, pero a partir de entonces compré ese diario, no lo hago ahora porque accedo por otros mecanismos, no porque no tenga empatía ni mucho menos con la publicación. El seguimiento del juicio y esa proyección, esa identificación de cualquier judicial con el juicio era inevitable porque en ese juicio aparecía, sin duda, la matriz de esa transformación del tiempo, los que formamos parte de ese universo propio, del derecho, del judicial estrictamente penal, veíamos allí una característica central de ese momento.

¿Cómo viviste las tensiones que derivaron en la impunidad?

AS: Habían transcurrido ya más de dos años, o casi dos años del régimen democrático, de la recuperación del estado de derecho y entonces la situación por parte de las estructuras castrenses, quien tenía la Instrucción y Juzgamiento de todas las causas de lesa humanidad, no avanzaba, estaba ralentizado, entonces la decisión fue el impulso, por parte de la Cámara Federal. Después lo ocurrido, porque en definitiva, al muy poco tiempo, en el ‘84 fue la entrega del Informe Sábato, Nunca Más, en el ‘85 el juicio, pero ya en los años siguientes, por el año ‘86 se conoce la Ley de Obediencia Debida, después en el año ‘87 la Ley de Punto Final, claramente era un condicionamiento carapintada, muy fuerte entonces, y después lo conocido a partir de los ‘90 con los indultos. Creo que eso marca un hito también, hace a la identidad colectiva a la Argentina, porque como bien se conoce, es una instancia no conocida por nuestro país, ni siquiera el mundo, porque sin fuerza de ocupación, sin tribunal internacional, sin legislación ordinaria, por parte de los tribunales ordinarios, se lleva adelante la tarea de la persecución y sanción de esos crímenes, que en tanto otros países que tuvieron que padecer el mismo horror, nunca lo pudieron hacer, no sólo en orden regional sino a nivel europeo, sólo pensar en la catástrofe del franquismo, que al día de hoy no mereció esa reacción, esa respuesta por parte del poder político. Por un lado todos sabemos que lo que se llamaba robo de bebés, apropiación de bebés, estaba exenta de cualquier ley o norma de impunidad. Por otra parte sabíamos también que desde el punto de vista internacional, iban avanzando algunos escenarios, por principio universal, que fue determinante, la intervención de Baltasar Garzón en todo esto. Por otro lado los Juicios a la Verdad, que transformaron también en ese entonces el vacío que había tenido lugar la política del temprano alfonsinismo de entonces, con su limitación. Tengo claro que en diciembre del ‘83, con la votación, el reclamo era aparición con vida y hoy se traduce en aquello de Juicio y Castigo, desde luego, pero fue mutando todo ese proceso en un plazo muy corto de años, pero sin duda, es uno de los rasgos más auténticos, sobre todo para el derecho y el derecho penal de nuestro país en el mundo.

¿Cuál fue tu primera actuación en el proceso de verdad y justicia?

AS: Accedo a un cargo de defensor oficial en la Ciudad de Buenos Aires, pero entonces ya a partir de fines de 2003 el presidente Néstor Kirchner me vincula, participo de la gestión de gobierno, primero como subsecretario de Política Criminal, después como secretario de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios. Tengo también muy marcado el hito que conforma ese tiempo, ese momento, particularmente el acto del 24 de marzo del 2004 en el predio de la ex ESMA, en donde el entonces presidente Kirchner pide perdón a la sociedad argentina en nombre del Estado, cosa que desde luego también constituye una bisagra. Lo que hace Kirchner es recuperar la agenda de Derechos Humanos que había quedado perdida, propio del tránsito de los ‘90, fines de los ‘90 y hasta comienzos también de los 2000. Creo que nunca hay que olvidar en definitiva, que después de las leyes de impunidad y de las políticas llevadas adelante tanto por el gobierno de la Alianza como la del duhaldismo, a favor de la negación de la extradición de aquellos pedidos que formulaba Baltasar Garzón desde España, que ya había originado a fines del ‘98 la detención de Pinochet en Londres, se iba reproduciendo en la Argentina. Sistemáticamente los gobiernos de entonces habían dicho que no procedía y sin duda Kirchner en ese momento rompe con esa lógica y entiende que la Argentina no se podía transformar en un aguantadero. Bajo esa consigna deroga el decreto que impedía la extradición; impulsa la derogación de las leyes de impunidad. Mi función de entonces como secretario de Política Criminal fue la de proyectar un conjunto de herramientas normativas que acompañen ese proceso que encarnaba Eduardo Luis Duhalde en la Secretaría de Derechos Humanos, con el que atravesamos prácticamente todo ese proceso durante esos años y creo que la referencia interesante desde el punto de vista simbólico es la famosa combi de Abuelas y de Madres que se desplazaban hacia todos los actos. En el año 2008 me destacan para formar parte en nombre del Poder Ejecutivo, de la Comisión Interpoderes que había generado la Corte Suprema de Justicia porque había identificado que había cierto temor en el desenvolvimiento, desarrollo de los juicios. El impulso que había provocado la derogación de las leyes y el empuje que tenía que ver con instrucción, aunque fragmentada en tantos casos para provocar de inmediato en forma rápida un juicio con la correspondiente sentencia, estaba definitivamente ralentizado. Al amparo de esa elaboración, construcción de la Corte, se trató de catalizar algunos de los reclamos. Algunas de esas cosas llegaron a buen término, otras decididamente no. Al día de hoy ya no funciona.

¿Cómo se procesó desde el interior del Poder Judicial la reapertura de los juicios?

AS: Al tiempo de la apertura de los primeros procesos en el año ‘83, los impulsos que tuvo entonces, ya bien sea la Procuración General como el dictado de instrucciones por parte del Ejecutivo Fiscal como la orientación de la selección de casos, estaban orientados en función que era la ejemplaridad a partir de un número reducido, ese es mi entendimiento, sin perjuicio del devenir en orden a lo que trasunten el universo, la multiplicidad y enorme cantidad de casos. Eso tuvo claramente un diseño, una planificación elaborada entonces por el malogrado Carlos Nino, después por Jaime Malamud, de la Procuración, pero en cualquier caso había una guía. El patrón que se seguía adelante respondía a esas directrices, que pueden o no compartirse pero en cualquier caso estaba guiado el rumbo. Con la reapertura de los juicios, a partir de las leyes de impunidad y del fallo Simón de la Corte, muchos pensaban que era el final, pero sin embargo sólo constituía el principio de esto. Por eso digo, al tiempo el colapso era inevitable porque más allá del empuje, el empeño de muchos magistrados, o aun la provisión de algunos recursos que podía favorecer la Corte, me parece que la planificación en términos macro estuvo y aparece ausente. Eso obligaba atender la agilización por parte de algunas normas, sobre todo y por ejemplo tengo muy clara mi participación en la reforma de un tema puntual del Código de Procedimientos que alentaba la agilización durante la etapa de la impugnación en la Cámara de Apelación en favor de la oralidad. Eso fue en algún tiempo resistido, luego fue asumido, de modo de impedir que se produzcan esos entorpecimientos. Al tiempo, cuando decimos que todavía fracasa la estrategia, o que en cualquier caso no es ostensible, suficientemente evidente, esto revela la necesidad de otro impulso. Otro tiempo, un nuevo momento. Es inaceptable que las causas puedan tener una demora de cinco o seis años durante la etapa recursiva una vez obtenida la sentencia de juicio, porque si no lamentablemente, con la justicia a cuentagotas, más la biología haciendo su parte, difícilmente lleguemos a obtener Memoria, Verdad y Justicia. Siempre me interesa invertir los términos, a propósito de la necesidad de una Justicia de Verdad y con Memoria.

¿Pudiste incidir de alguna manera, desde tu lugar de juez de Casación, para solucionar estos problemas?

AS: Cuando llego a la Cámara en el año 2011, de inmediato lo que pusimos en marcha fue una serie de instrumentos, mecanismos. Dictamos una acordada que dio buenos resultados que se llama Reglas Prácticas para, precisamente, brindar otra dinámica a todos esos procesos, sobre todo en la etapa de juicio. Tratar de agilizar, provocar celeridad, acortar algunos plazos, impedir que el letargo se haga cargo del final de muchos de estos conflictos, fruto de la cuestión biológica ya sea por parte de imputados o de víctimas. En ese sentido esa fue la experiencia inmediata que tuve al tiempo de la incorporación a la Cámara. La cámara está identificada como un cuello de botella de todo esto, independientemente de las bondades o defectos de cada quien, sin duda se traducía mucha de la estructura judicial de entonces en un gran obstáculo. Pensemos que en el año 2004 recién la Corte dicta el fallo, el primer fallo de Arancibia Clavel, luego en el 2005 dicta Simón. Creo que en 2007 es el fallo relativo a la inconstitucionalidad de los indultos, pero poner en marcha todo ese proceso requería de mucha voluntad, mucho compromiso e instrumentos idóneos para el caso. Creo que en etapa incipiente la Comisión Interpoderes, luego las Reglas Prácticas favorecieron la dinámica, pero creo que al tiempo, contando desde la fecha, es mucho lo que se tiene que transitar en ese sentido.

¿Cómo afecta la pandemia al desarrollo del proceso de justicia?

AS: No tengo duda que la cuarentena es un obstáculo. La demora en el desarrollo de tantos debates, cierta cuota de obstruccionismo, por parte de algunas defensas, provocaron desde siempre el colapso. Eso se potenció mediante la intermediación de la tecnología en este tiempo al tener que resolver planteos propios de afectación a garantías, tal como lo planteaban algunas defensas. En el marco de esta causa, particularmente de la Sala que integro, fue el rechazo, pero sin duda nada de eso contribuye porque en definitiva tiende a entorpecer y a demorar el desarrollo de tantas audiencias, debates que estaban en curso. La digitalización de todos los expedientes de la etapa recursiva parece indispensable, sino el trabajo a distancia es imposible. Lamentablemente, la cuarentena fruto de la pandemia no es la mejor noticia para la buena marcha de estos procesos y hay que poner especial atención a todo esto, al punto que la última reforma que cuenta con media sanción, lo que se exige, fíjense, uno de los puntos es otorgar prioridad de preferente despacho a cualquiera de estas causas. Eso está establecido por acordadas de la Corte, la propia Casación. Lo que se reclama es un avance mucho más importante, con mucha más celeridad sobre todo con causas que fueron elevadas a juicio y todavía están esperando turno de audiencia. Quiere decir que es indispensable priorizar estos expedientes, estas causas, respecto del conjunto de otras causas que pueden tener estos Tribunales. De modo que este es otro desafío inmediato a partir de la cuarentena.

¿Qué aportes personales pudiste plasmar como juez en los casos de lesa humanidad?

AS: Creo que hubo algunos aportes que son valiosos, particularmente en la sentencia de la megacausa ESMA, en el primer tramo, que aparecen puestos de manifiesto porque había cuestiones hasta entonces bastante invisibilizadas. En el primer tramo bien se conoce fue un número reducido de personas que aparecen condenadas, no suman más de veinte; las víctimas no llegan a cien, son ochenta. En el segundo tramo, en la causa que se conoce como “ESMA unificada”, que ya tiene resultado, durante la etapa de juicio, que ahora está sometida a inspección, como un nuevo examen por parte de nuestra Cámara, la definición fue a favor de más de 65 creo que fueron los imputados y un poco más de 700 los casos de víctimas. Creo que junto con las condenas, en algunos casos a prisión perpetua, inhabilitación perpetua, las decisiones integraron algunos extremos, cuestiones que son de particular interés. Por ejemplo respecto de la atribución de responsabilidad en términos individuales. Sabemos todos que en la Causa 13, en el Juicio a las Juntas, se incorporó en el derecho nacional una doctrina penal de origen alemana, que es la autoría mediata por aparatos organizados de poder. No obstante ese criterio no fue validado por la Corte cuando confirma la condena. Trató a todos los responsables como partícipes, cómplices necesarios. En otro caso lo que provocamos fue como un giro, una vuelta más de tuerca en favor del desarrollo y la aplicación de una doctrina que había incorporado el juez (Pedro) David, quien integró la sala entonces con nosotros, que venía de la experiencia del Tribunal Penal de la ex Yugoslavia, en el sentido de la empresa… común, como se llama la categoría. Esa doctrina es importante porque permite atender la suerte de aquellos que no están próximos a la ejecución del acto y por eso no pueden ser alcanzados por la responsabilidad del orden individual. Entendimos que sí, la decisión fue homologada por la Corte y se abrió un debate interesante, porque hubo por ahí editorialistas de la “Tribuna de Doctrina” que cuestionaban el fallo, porque al tiempo que invocamos al Tribunal Penal de La Haya, en Yugoslavia había sido revertido en favor de lo que se da a conocer como la dirección específica, que excluía la posibilidad de responsabilidad a aquellos que no tenían un compromiso inmediato, claramente directo con la realización criminal. Por cierto que ello se revirtió, porque el propio tribunal dejó sin efecto esa teoría de la dirección específica. Me parece importante recuperarlo porque todo, como analizábamos antes es un proceso que tiene marchas y retrocesos, flujos y reflujos y en ese entonces al amparo de aquel precedente querían derrumbar la teoría de la empresa criminal común. Otro aspecto interesante me parece el propio de los delitos económicos y patrimoniales. Nosotros en el caso del fallo también destacamos que son crímenes de lesa humanidad que por lo tanto son imprescriptibles, pero por cierto que alcanza a un grupo reducidísimo de hipótesis que en tanto pueden ser atrapados y alcanzados por el conjunto de casos de esa naturaleza. Es mucho lo que hay que avanzar en ese terreno porque la historia enseña que la intervención de tribunales en el orden internacional favorecieron decisiones en favor de condenas y atribución de responsabilidad a lo que se da en llamar complicidad civil y empresarial. El caso Friedrich Flick en el orden del tribunal de Nüremberg creo que marca todo un rumbo en ese sentido. Otro aspecto interesante que no aparece del todo visibilizado también, tiene que ver con la aparición de delitos de género, o sea cómo atribuir responsabilidad independiente más allá de la calificación de tormentos, a atentados contra la integridad sexual, a todo lo que tenía que ver con un sinnúmero de abusos, podía ser violación, podía ser tocamiento, desnudamiento, todas esas condiciones que entonces, o por lo menos hasta hace algunos años no formaban parte de este paradigma, que es el género que atraviesa también desde luego, la persecución y sanción de estos crímenes me parece que cobran impulso en el marco de estas decisiones. Después el tropiezo con situaciones aberrantes, son de las que conservo como de lo más vil que puede haber ocurrido. Tengo dentro del universo de causas que conforman ex ESMA, el caso de Telma Jara de Cabezas, cuando es sometida para brindar una entrevista a la revista Para Ti, por el año ‘79. Eso ya me parece desde siempre un punto máximo de perversión.

¿Cómo es tu relación con las víctimas?

AS: Particularmente son aquellas que intervienen en su rol de querellantes. Son quienes tienen un protagonismo más activo dentro del ámbito del proceso. Recuperaba la cuestión de mi amiga de infancia pero también la labor de muchos de los abogados litigantes, que reemplazan desde luego el protagonismo de muchas víctimas. Desde siempre es de puertas abiertas, muchas transitaron por allí, bajo intercambio y diálogo permanente tratamos de atender cuáles son sus reclamos, cuáles son sus requerimientos, cuál es la medida de satisfacción que se puede brindar dentro de este contexto de esos requerimientos y me parece que ese es un terreno indispensable para la buena marcha de todo esto. Mucho de todo eso tenía lugar en la Comisión de Interpoderes, que llevábamos como preparatoria desde la Cámara de Casación. Lamentablemente hace cuatro años que no tiene lugar una reunión de esas características en el marco de la Corte. Creo que hay que recuperar ese sendero.

¿Cómo te imaginas el futuro de los juicios?

AS: No es fácil por todo el camino que todavía hay que recorrer, en función del número de casos y del tránsito de más del 50% de esas hipótesis durante la etapa de investigación criminal al día de hoy. De modo entonces que si la mitad o más no alcanzó el desarrollo para la elevación de un juicio difícilmente se aventure el mejor horizonte. Los países que llevaron procesos siquiera equivalentes a esto, sino más o menos parecidos, fueron los que por ejemplo reclamaron la extradición de Priebke a la Argentina casi 60 años después. Bajo esa consigna no me preocupa tanto la dilación en el tiempo, como la insatisfacción de una solución justa en tiempo. Por cierto parece un juego de palabras pero no es tal. La agilización, la búsqueda de una solución eficaz en tiempo es indispensable. Sin eso no hay justicia. Creo que hay que discutir seriamente cuáles son las herramientas desde el punto de vista, ya no sólo legal sino también organizativo, instrumental, desde el punto de vista de la estructura judicial la que pueda llegar a buen término en favor de esto. Lo que nunca me imagino es una vuelta de página, porque no debe haber tal en la medida en que, insisto, para mí esto es un deber y es constitutivo con nuestra democracia y para nosotros es una obligación indispensable mantener el recuerdo bien vigente, porque sin eso el problema es, no diría la posibilidad de repetirlo, sino de banalizar lo sucedido en nuestro país. Nosotros, en términos democráticos, siempre somos hijos de aquellos que lucharon precisamente por la Libertad y la Justicia en este terreno. No habría democracia sin Abuelas, sin Madres, como tantas otras víctimas que aún en democracia exigen una respuesta en favor del agravio a la violación a sus derechos. Quiero decir, esta idea de que no se repita es propia del mandato ni siquiera kantiano, imperativo del orden moral, precisamente como lo formula Adorno, aquello de que no se repita Auschwitz. Es el imperativo categórico superando el individual, moderno, liberal, del orden de la moral kantiana. De modo que no se repita Auschwitz significa llevar adelante el proceso y agotarlo en el tiempo más próximo, pero desde luego si aún llevase tanto tiempo más es indispensable mantenerlo vigente.

 

«No habría democracia sin Abuelas, sin Madres».

 

¿Hay un consenso sólido sobre la necesidad de hacer justicia? ¿Crees que hay batallas ganadas?

AS: No creo que el consenso en favor del juicio y castigo sea lo suficientemente amplio ni esté definitivamente consolidado, al punto de reconocer que indefectiblemente que esas marchas contra el fallo vergonzoso del 2×1 de la mayoría de la Corte de entonces revelaba esa caracterización. Por el contrario, estoy convencido que es todo al revés. La regla definitivamente es la impunidad. Lo que opera es todo excepción en función del impulso que pueda darse desde el otro extremo. Si no existiese ese impulso desde luego que lo otro se consolida. Lo que tiende a consolidarse es la impunidad antes que esto. Por eso es indispensable el empeño para mantener la memoria, porque la carga genética del otro sector también cuenta. No es de una sola perspectiva, si no nos tropezaríamos en términos casi de farsa. La tragedia conocida del golpe cívico militar del ’76, endeudamiento y fuga de capitales y un modelo económico de exclusión es lo que imperó entonces y se proyectó hasta hace muy pocos meses en la Argentina de hoy. Hay una matriz que responde a todo eso que es indispensable enfrentar con una política activa en favor de los Derechos Humanos. Creo que la sentencia del 2×1 que por lo menos en la Sala que integro nunca compartí, ni antes ni aun después, fue un pésimo cálculo si alguien pensaba que podía dar vuelta la página en favor de todo esto, que venía acompañado de otras decisiones inquietantes en ese sentido. El fallo Fontevecchia, de ese mismo año, la decisión del máximo tribunal argentino, llevaba algunos indicadores preocupantes, respecto de este proceso de declive que desde el orden del contexto y de la política era parte de una finalidad de hundimiento de la política de los derechos humanos. Lo que ocurrió fue una reacción muy importante de millones de personas que salieron a las calles, a las plazas de todo el país, rechazando cualquier tentativa de impunidad. El concepto de penas adecuadas, que es el que elabora la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es clave para todo eso. Cualquier tentativa que lleve implícita eventualmente la posibilidad de impunidad, sea por vía de un cómputo privilegiado, sea por vía inclusive de una morigeración fuera de los estándares internacionales, es vista desde luego como un rechazo desde el sistema normativo a la protección internacional interamericana. Creo que la sociedad se hace eco de eso, pero desde luego no creo de ninguna manera que sea el momento, ni mucho menos el contexto que favorezca bajar los brazos, o sea bajar la guardia, porque insisto que la regla desde siempre, es la impunidad.

¿Cuál fue tu participación en la habilitación del Museo Sitio de Memoria ESMA?

AS: En la habilitación del Museo había llegado un reclamo en lo que se conoce como “incidente” técnicamente, que era la prohibición de innovar que oportunamente había dictado el juez (Sergio) Torres, a cargo del Juzgado 12 de Instrucción. Entonces frente al planteo de la Secretaría de DDHH de llevar adelante el Museo, el plan de instalación del Museo, particularmente una querella había apelado, llegó eso a la Cámara de Apelaciones y la Cámara Federal, y la Cámara II revocó la decisión del juez Torres. El juez Torres lo único que había dicho era que era parte de la misión central que tenía el ente nacional, llevar adelante la tarea conforme a los destinos y los propósitos que el ente estableciese, pero que no había ningún tipo de inconveniente, no veía obstáculo para realizar las tareas propias de instalación del Museo bajo la condición de que esto sea movible, que eventualmente pueda llegar a moverse y nunca opuso obstáculo. La Cámara de Apelaciones lo entendió de otro modo, de manera que nos vimos obligados a entender en el reclamo por vía recurso de la Secretaría de DDHH y nosotros por mayoría, ya que hubo un voto en disidencia, reafirmamos la decisión del juez Torres, en el sentido que bajo esas condiciones no existía ningún tipo de inconveniente para llevar la tarea del plan. Eso fue luego también impugnado por la querella ante la Corte. La Corte al cabo de muchos años resolvió en contrario, pero eso devino abstracto porque había perdido virtualidad en la medida que si no me equivoco, ya para entonces, en diciembre del año 2014 el Museo ya se pone a andar, se pone en marcha y la Corte para esto ya había resuelto. No estábamos equivocados, en definitiva era un obstáculo que había que salvar, pero el tiempo da la razón si uno repara que por allí, por el año 2017 no se da a pesar sino gracias al Museo se recuperaron algunos valiosos documentos, como una carta de amor “en capuchita” bajo esas condiciones, no solo la muestra, sino la labor producida por la muestra, de ninguna manera podía interferir en lo que podía ser el resguardo o la protección de eventual material probatorio y de documentos que se pretendía oponer como resistencia a la marcha de la instalación del Museo.

¿Qué motivó a la Cámara de Casación a entregar al Museo la documentación sobre la causa ESMA?

AS: La donación o la entrega del material documental, ya sea todo el material fílmico vinculado a las audiencias producidas en la causa, luego todo el registro también informático del volumen infinito de legajos, cuerpos de todos los expedientes, sumada la entrega material de algunos de esos expedientes al Museo se llevó a cabo por fines del 2016. Creímos entonces que la política estatal de memoria tenía que integrar indefectiblemente al Poder Judicial. No todo se agota cuando dictada la sentencia o el archivo de las actuaciones. Parece que en el orden simbólico es indispensable entender que si el escenario de la elaboración del recuerdo era el Museo, esas piezas son las que tienen que contribuir a favorecer la política del Museo. Habíamos tomado por experiencia lo que había llevado adelante la Cámara Federal luego de dictada la sentencia que en resguardo del archivo en una fundación sueca en Estocolmo. Bajo esa condición, dada la situación de los juicios en la Argentina, al amparo de una política vinculada a Derechos Humanos y la agenda propia, era claro que ese resguardo, refugio, es parte de la tarea que complementa la labor del Museo y que el Judicial tenía que trasladar, que contribuir a las misiones que tiene el Museo como preservación de la Memoria. Lo contrario sería, en definitiva destacar todo ese material al archivo judicial, lo que se me ocurre es un sin sentido, porque si el espacio para el escenario de la Memoria, del recuerdo, sigue siendo el Museo, toda pieza que contribuya a la Memoria desde el orden judicial tiene que tener ese lugar por destino. Y esa fue, ni más ni menos y más allá de la por cierto protección del material, por cierto el mejor destino de archivo, pero también la idea del fortalecimiento de la labor del Museo en términos de construcción de memoria, era lo que correspondía y corresponde hacer al día de hoy. Creo que es indispensable. La política de la Memoria tiene que comprender al Judicial y el Judicial tiene que formular su aporte. Creemos entonces que eso es lo que debemos hacer.

 

Slokar en la entrega de materiales de la megacausa ESMA al Museo, en 2016.

 

¿Qué emociones te provoca la visita al Museo Sitio de Memoria ESMA?

AS: La imagen de siempre es la del edificio central, me refiero al predio, que creo es la de la escuela misma. Eso de las columnas, creo que son cuatro columnas neoclásicas, siempre chocan porque constituyen la referencia en términos de imagen, de la ex ESMA. Eso es muy curioso, es un estilo arquitectónico, no soy profesor de estética ni mucho menos pero es una arquitectura bien propia del monumentalismo de dictaduras. Por cierto que el predio tiene su origen mucho más remoto pero junto con las rejas, cuando se exhibían las imágenes, las fotografías de los miles de personas que habían tenido que atravesar ese campo de extermino, lo que más choca es siempre es ese frente, la fachada de esa casa central, y es interesante, porque alguna vez vi en un libro jurídico, no arquitectónico, que me pareció de lo más elocuente, cómo bajo esa monumentalidad tantas veces se esconde el horror. En este caso el libro lo que confrontaba es el portal de rejas de Auschwitz, aquello de que el trabajo libera con las puertas de Brandemburgo y sintetizaba ese proceso, donde lo jurídico aparecía solapado también dentro de lo que era el exterminio. Siempre se me ocurrió pensar cuál sería el cruce de esas columnas con otras columnas, que bien podrían ser las de la Facultad de Derecho de Figueroa Alcorta, si no las columnas del Palacio de Tribunales de Talcahuano, etcétera. Pero una vez ingresado, ya directamente dentro del Museo, lo que más me impacta es la Maternidad, definitivamente. Ese sector me parece la expresión máxima de la crueldad humana. Nunca dejo de conmoverme al observar las cartas y los mensajes de las madres a sus hijos que expresan esas cartas. Eso me parece, desde siempre, lo que más me moviliza, desde el punto de vista humano, más allá de cualquier responsabilidad pública, funcionarial. Es la Maternidad.

¿Con quién recorriste el Museo?

AS: El Museo lo recorrí en tres oportunidades, lo hicimos con colegas del Tribunal pero también lo hice en ocasión con víctimas mujeres. Lo hice también con colaboradores de la Facultad, con la Cátedra. Fueron tres experiencias distintas pero nunca dejó de impactarme el sector de la Maternidad. Desde luego, si lo pienso en términos de la sentencia, aquella expresión, la categoría traslado y el destino fatal que suponía aquello, también me suma la existencia de ese playón que conduce al exterior del contrafrente, pero fundamentalmente Maternidad.

¿Estuviste el día que se recuperó el predio de la ESMA?

AS: Yo estaba allí. Es importante para mí desde lo simbólico, no tengo claro el discurso, sí recuerdo la aparición del ex Presidente, de la entonces senadora, pero bueno, Cristina Fernández, luego presidenta, de Juan Cabandié, quien pronuncia las palabras… de ninguno otro integrante, no tengo registro de muchos integrantes del Gabinete. Luego desde siempre el recuerdo es en función de las palabras pronunciadas en razón de ese pedido de perdón, ni siquiera disculpas, el perdón en nombre del Estado argentino.

¿Cómo imaginás el Museo Sitio de Memoria ESMA dentro de 15 años?

AS: No tuve ocasión de conocer museos de estas características en Europa, por ejemplo, no fui a Auschwitz, no conozco otros museos de esas características emplazados dentro de lo que fueron los campos de exterminio. Sí esta experiencia creo que está a la altura de lo inédito del factor en la Argentina, que insisto, creo que hace a la identidad nacional ya y bajo esa consigna creo que será fortalecido, porque todo lo que pueda acompañarse desde el plano judicial es importante pero creo que aun en la renovación generacional que ocurrirá indefectiblemente en términos de organismos y colectivos de víctimas será por cierto otra sangre todavía la que potencie ese escenario del recuerdo contra cualquier pretensión de amnesia, que digo a veces la historia nos indica que es la regla contra cualquier desmemoria u olvido. El Museo siempre será la pata del cable a tierra que fortalezca la idea de que frente al horror, que es la pregunta en definitiva de Anna Harendt. ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo pudo haber ocurrido este horror? Bueno, eso lo explica todo.

 

* Desgrabación y edición: Lucho Soria.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

1 comentario
  1. Juan dice

    Gracias por la entrevista! Argentina necesita unos/as 10 jueces/zas más como Alejandro Slokar y con ello la Justicia cambiaría 180º

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.