Juventud en llamas

Un estudio de la OIT analiza el impacto de la pandemia sobre los más jóvenes

 

A pesar que desde hace meses el foco protector planetario está puesto en los sectores de alto riesgo —en particular los mayores de 65 o 70 años—, las consecuencias de la pandemia golpean significativamente a la juventud.

Tres de cuatro jóvenes que estudiaban antes de la crisis sanitaria mundial se confrontaron al cierre de las escuelas. No todos pudieron continuar con el aprendizaje en línea y a la distancia. Y los que lo hicieron manifiestan una pérdida en su calidad de aprendizaje.

Uno de cada seis jóvenes con un empleo antes del inicio de la crisis, dejaron de trabajar totalmente. Muchos de los que lograron mantener sus puestos vieron reducidos su tiempo laboral casi en una cuarta parte. Y dos de cada cinco, es decir el 42 %, sufrieron una reducción de sus ingresos.

Conclusiones todas de un Estudio que acaba de ser presentado el 11 de agosto por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra. (https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@ed_emp/documents/publication/wcms_753054.pdf)

El estudio sintetiza los resultados de la Encuesta mundial sobre los jóvenes y Covid-19, realizada en los meses de abril y mayo por ese organismo internacional junto con sus cinco socios de la Iniciativa Mundial sobre Empleo Decente. Hacen parte el Grupo Principal de la Infancia y la Juventud de las Naciones Unidas; la Asociación Internacional de Estudiantes de Economía y Ciencias Comerciales (AIESEC); el Foro Europeo de la Juventud; el Fondo Fiduciario de Emergencia para África de la Unión Europea; y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).

 

 

 

Habla una parte de la juventud

El sondeo, en 23 idiomas, fue respondido por más de 12.000 jóvenes de 112 países. Se propuso reflejar los efectos inmediatos de la crisis sanitaria en una población generacional ubicada entre 18 y 29 años, en el mismo momento en que adquiría ya la dimensión de crisis económica. Se centró en cuatro ámbitos: el empleo, la educación y la formación, el bienestar mental y los derechos y las opiniones. Examinó, también, las acciones de los jóvenes en relación con el activismo social y el comportamiento de respuesta a la crisis.

La población juvenil en esos 112 países representa 1.470 millones, y corresponde al 92 % de la población juvenil mundial. Sin embargo, como la misma OIT lo aclara, por el hecho de tratarse de una encuesta en línea –que exige medios técnicos y nivel educativo para responderla—, representa la opinión de una parte de la juventud que cuenta con niveles de educación media o superior.

 

 

Los jovenes suizos protestan en Berna antes de la pandemia, en defensa de la selva amazónica.

 

 

Casi tres cuartas partes (el 73,8 %) de los jóvenes encuestados viven en países de ingresos medios, y 25% en países de ingresos altos. Sólo el 1,3 % de los encuestados proviene de países de ingresos bajos. Por otra parte, el 59,2 % de los consultados proceden de zonas urbanas, el 31,8 % de zonas suburbanas y el 19,1 % de regiones rurales. A nivel geográfico, la mayor cantidad de respuestas provinieron de Asia. Solo el 18,4% fueron de las Américas.

 

 

 

Bienestar mental, trabajo y escuela

El documento de la OIT, de más de 50 páginas, concluye que el impacto de la pandemia en los jóvenes “es sistemático, profundo, desproporcionado”. Y ha sido particularmente duro para las mujeres jóvenes, los de menor edad (18 a 24 años) y aquellos que viven en países de ingresos más bajos.

“En un momento de crisis e incertidumbre como el actual, las opiniones y acciones de los jóvenes pueden dejarse de lado con demasiada facilidad”, subraya el estudio, que pretende de esta forma darle la voz a un sector de la juventud planetaria.

“El stress familiar, el aislamiento social, el riesgo de violencia doméstica, la interrupción de la educación y la incertidumbre en torno al futuro son algunos de los canales a través de los cuales la pandemia de la Covid-19 ha tenido un impacto en el desarrollo emocional de los niños y los jóvenes”, subraya el estudio de la OIT en su capítulo dedicado al “Bienestar Mental”.

Afirma, como contexto general, que la mitad de todos los trastornos de salud mental comienzan, en general, a los 14 años, lo que significa que los niños y los jóvenes corren un riesgo particular en la crisis actual. Y recuerda que, según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la segunda causa de mortalidad entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad.

A fin de comprender mejor la situación psicológica, la encuesta presentó un módulo con la Escala de Bienestar Mental de Warwick-Edimburgo (SWEMWBS). La misma reveló que, a nivel mundial, uno de cada dos jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 29 años sufren ansiedad o depresión, mientras que otro 17 %, probablemente, se ve afectado por ella.

Las/los trabajadoras/es jóvenes que habían perdido su empleo tienen casi dos veces más probabilidades de verse afectados por una probable ansiedad o depresión que los que seguían trabajando. Entre las/los jóvenes que creían que su educación se retrasaría o podría fracasar, el 22 % sufría ansiedad o depresión, en comparación con el 12 % de los estudiantes cuya educación había proseguido.

En síntesis, los resultados subrayan el vínculo entre el bienestar mental, por una parte, y el éxito educativo y la integración del mercado de trabajo, por otra.

 

 

Otros derechos juveniles

La mayoría de países tomaron medidas enérgicas en respuesta a la pandemia, incluida la recomendación-orden de “quedarse en casa” para ralentizar su propagación. Consecuencia inevitable ha sido la limitación de la libertad de movimiento de los jóvenes, lo cual ha tenido un fuerte impacto en el derecho al ocio, a participar en los asuntos públicos y a practicar su religión o sus creencias.

El 68 % de los encuestados indicaron limitaciones considerables de las actividades recreativas, en particular salir, reunirse con los amigos, hacer deporte, cultivar sus intereses culturales y viajar.

Uno de cada tres jóvenes manifestó el impacto considerable en su derecho a participar en los asuntos públicos. Este es mayor para aquellos que viven en países de ingresos bajos (el 40 %) que para los que viven en países de ingresos medios-bajos (el 36 %) y en naciones de ingresos altos (el 28 %).

Las/los jóvenes perciben que tienen dificultades para tomar parte en los procesos políticos, las instituciones y la formulación de políticas. El problema no es nuevo, aunque se ve agravado por la coyuntura. Un estudio realizado ya en 2016 por la Unión Interparlamentaria Mundial, indicaba que menos del 2 % de los parlamentarios de todo el mundo eran menores de 30 años.

Más de una/o de cada cuatro jóvenes (el 27 %) declaró que la pandemia ha menoscabado considerablemente su derecho a la libertad de movimiento y a la libertad de religión o de culto.

Casi una/o de cada cuatro jóvenes (el 24 %) indicó, por otra parte, un efecto considerable en su derecho a la información. La difusión de información errónea sobre la pandemia a través de las redes sociales ha sido notoria. Por otra parte, las y los jóvenes que se identifican como parte de una minoría étnica, religiosa o de otro tipo indicaron un impacto más pronunciado que otros grupos de jóvenes en lo que respecta al derecho a la libertad de religión o de culto, a la vivienda, a estar libres de violencia, y a asistencia jurídica.

Entre las/los jóvenes que se autoidentificaron como una minoría, el 44 % señaló que se había menoscabado considerablemente su derecho a la libertad de religión, en comparación con el 37 % de los demás jóvenes.

En cuanto a la actividad social solidaria, último tema central del estudio presentado por la OIT la segunda semana de agosto, las conclusiones son significativas y expresan un aumento progresivo con el paso de las semanas. El 31 % de las/los jóvenes señaló un alto grado de voluntariado, mientras que el 27 % realizó donaciones en gran medida.

 

 

Balance

En la Encuesta mundial, cuatro de cada cinco jóvenes de 18 a 29 años reconocieron que se habían quedado, en gran medida, en casa, mientras que dos de cada tres se habían puesto en contacto con sus amigos, familiares y seres queridos.

Más de una cuarta parte indicó un alto grado de participación en actividades de voluntariado y en la realización de donaciones para luchar contra el Covid-19. La participación de las/los jóvenes en actividades de voluntariado fue aumentando considerablemente durante el período de la encuesta, es decir del 21 de abril al 21 de mayo.

A medida que el mundo fue testigo de cambios radicales en las actividades sociales y económicas, las/los jóvenes compartieron sus perspectivas sobre las medidas adoptadas por los gobiernos para luchar contra la epidemia. La mayoría estuvo a favor de quedarse en casa con el objetivo de proteger el mundo del trabajo, los empleos y las empresas. Abogaban por medidas firmes para proteger la salud y los medios de sustento de los sectores más vulnerables de la población, incluidos las/los trabajadoras/es migrantes y las/los trabajadoras/es de la economía informal.

Esta juventud instó a los gobiernos a que, cuando fuera posible, relajaran gradualmente las restricciones, poniendo énfasis en la salud y la seguridad de quienes trabajan. Propusieron, además, adoptar medidas complementarias para impulsar los servicios de salud y lograr una gobernanza adecuada a través de mecanismos de información, rendición de cuentas y coordinación.

Imposible anticipar, en una crisis todavía abierta, las consecuencias a largo plazo de la misma en el conjunto de la sociedad humana. Sin embargo, se hace cada día más evidente que si bien a nivel médico-sanitario no es la más afectada, la juventud del 2020, a la que ya se comienza a denominar “juventud del confinamiento”, cargará sobre sus espaldas una parte significativa del impacto estratégico (económico, social, psicológico) de una pandemia tan destructiva como indescifrable.

 

 

  • Desde Suiza

 

 

 

 

 

 

 

 

1 comentario
  1. Luis Juan dice

    Estimado Sergio:
    Excelente informe.
    Una humilde digresión, si me permite:
    Como no soy un experto en la materia, tómese lo que digo como una simple opinión subjetiva.
    La problemática es muy anterior a la pandemia y tiene que ver con el mundo que el poder dominante viene gestando desde hace demasiado tiempo.
    Al mundo laboral realmente ominoso que se vislumbra, le antecede la falta de oportunidades que se ha gestado desde mucho antes.
    En lo que respecta a lo educativo, lamentablemente y generalizando, nos encontramos que quienes se reciben en las Universidades, no suelen tener los conocimientos que supuestamente deberían.
    Ni qué hablar en relación a las escuelas primarias o secundarias que resultando la base sustancial, tampoco logra los objetivos adecuados.
    Pero, aunque lamentable, no es el verdadero problema de fondo.
    Hubo épocas donde las escuelas industriales debían cursar 7 años, luego se redujeron a 6 años y hoy día muchas mantiene un ciclo de siete años.
    Con esto quiero significar que tampoco resulta tan dramático, si por esta situación excepcional el ciclo lectivo se extendiera un año más.
    El mayor de los problemas, a mi humilde modo de ver, es la falta de oportunidades que tendrán los que se reciben.
    Y, no veo claramente que se esté abordando una problemática que resultará oprobiosa.

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