La Babel del odio

Un libro para entender la instrumentación política neofascista

 

El lenguaje del odio nunca se compone solamente de enunciaciones hirientes, sino de lo que esa enunciación supone y actualiza. ¿Qué sentidos instalan hoy los medios de comunicación, incesantemente, al referirse a discursos del odio?

Sobre la disputa de la palabra pública y las controversias de los lenguajes injuriosos trata La Babel del odio, políticas de la lengua en el frente antifascista, un libro que integra la colección Cuadernos de Lenguas Vivas, publicada por la Biblioteca Nacional. La idea de trazar una cartografía sobre las lenguas en disputa fue de la directora del Museo del Libro y de la Lengua, María Moreno, quien pensó esta obra –que completa una trilogía– durante la pandemia, en el año 2020. En este marco, La Babel del odio surge para intervenir en el espacio político.

En diálogo con esta cronista, Luis Ignacio García, autor del prólogo del libro, responde que uno de los problemas de la actual difusión en torno a los discursos de odio es que vacían de contexto y del verdadero sentido a la práctica discursiva. Se habla de odio en general, como una pasión política que siempre existió y existirá, con formas de izquierda o de derecha. El problema no puede reducirse a que un conjunto de injurias se convierte en un lenguaje de odio, tampoco a ser llamado al terreno de los sentimientos. Los discursos de odio buscan nombrar formas específicas de instrumentación política del odio como movilización de la violencia contra sectores vulnerables, o contra sus representantes, para canalizar la violencia social circulante en un régimen de acumulación que profundiza las desigualdades a un extremo insostenible en democracias.

El libro, organizado en dos partes, toma el proyecto Diarios del odio [1], de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny, esa obra estética-política que se inicia en 2008 con la crisis por las retenciones al agro. Ese año se produce la bisagra política a escala local y global, que marcará el inicio de una etapa en donde la derecha política emergerá como contracara del altermundismo izquierdista de principios de siglo.

En la segunda parte, titulada “Odios última generación”, textos de distintos colaboradores ofrecen otros aspectos del fenómeno. Los lenguajes que marcan la época se asientan sobre la precarización socio-económica como condición de base. Favio Lo Presti suma una crónica sobre los discursos libertarios en las redes sociales. En “Sacarle la lengua al Neoliberalismo”, Cecilia Palmeiro y Verónica Gago hacen una lectura feminista en la que vuelven sobre las relaciones entre neoliberalismo a ultranza y neoconservadurismo moral. Alberto Canseco, Emma Song, Ianina Moretti Basso, Martín de Mauro Rucovsky, Noell Gall y Victoria Dahbar deslizan sus inquietudes y posiciones en una conversación en torno al odio. Ignacio Gago, Leandro Barttolotta y Gonzalo Sarrais Alier, junto con Gabriel Giorgi y Silvio Lang, completan la obra.

 

Toda violencia es política

Hay al menos tres grandes problemas acerca de la violencia en la lengua. Por un lado, la relación entre violencia lingüística y violencia socio-económica, o el modo en que las “lenguas de odio” son la manifestación de un neoliberalismo en crisis que busca recomponerse a partir de 2008. Por otro lado, la relación entre violencia lingüística y descomposición de la lengua pública en las redes sociales y sus dinámicas de anonimato, desinhibición, polarización, aislamiento en burbujas de opinión, radicalización de las posiciones. Y finalmente la relación entre lenguas de odio y giro neoconservador de fuerzas que buscan una representación política de todas estas transformaciones en curso, la “derecha alternativa” de los libertarios que, a diferencia de los liberalismos tradicionales, da curso a una agenda neoconservadora en lo social y antidemocrática en lo político, que encuentra en los “discursos de odio” la identidad de su gramática. De todo esto conversa García, y agrega en respuesta a la pregunta inicial: por estas variables, el lenguaje no sólo dice, sino que hace. No cualquier enunciación injuriosa, ni cualquier exabrupto, es lenguaje de odio.

El lenguaje de odio implica la puesta en funcionamiento de la estigmatización simbólica de un grupo social o sus representantes, como explicación de todos los males. La canalización de las violencias circulantes, y la movilización de la dimensión performativa del lenguaje. Una enunciación violenta, en apariencia inocente por ser sólo una palabra, puede enlazar en una misma cadena de actos –lingüísticos y no lingüísticos– un conjunto reiterado de enunciados estigmatizantes, que induzcan a la eliminación del grupo social o de sus representantes.

A la pregunta sobre la actualización del lenguaje de odio llevado al acto a través del atentado a la Vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández, García explica: “El intento de magnicidio instaló en el centro de la agenda político-mediática el tópico de los discursos de odio. Al saltar al centro de la escena pasaron dos cosas: la discusión asume una nueva relevancia y resonancia, pero a la vez se empantana en un mar de malentendidos y tergiversaciones. Esa nueva relevancia ofrece la posibilidad de visibilizar abiertamente el riesgo real del neofascismo social y la crisis profunda de los pactos democráticos. Sin embargo, se vuelve a colocar a los discursos de odio en la gramática omnívora de ‘la grieta’, de manera que los medios y la derecha acusan a quienes hablan de discurso de odio de pretender pararse en el lugar moralmente impoluto del amor”.

 

 

¿El amor vence al odio?

Tras el atentado a Cristina Fernández queda por delante el desafío de sostener el equilibrio en el reconocimiento de que todxs estamos expuestxs a los efectos de los discursos de odio. Existen fuerzas políticas que basan sus formas de reclutamiento en las lenguas de odio, y son fundamentalmente las nuevas derechas que empujan el juego democrático hacia formas neofascistas para recomponer un neoliberalismo neoconservador. Al odio no se lo combate con amor, ni el amor es aquí lo opuesto al odio. A los discursos de odio se los combate combatiendo sus causas: la precarización económico-social, la descomposición de la subjetividad troll y la ruptura de los pactos democráticos de las nuevas derechas. Las lenguas de odio proliferan en condiciones sociales de precarización, en condiciones subjetivas de vulnerabilidad, en condiciones técnicas de burbujas de opinión y fake news y en condiciones políticas de deslegitimación de la vida democrática.

Todos estos factores, políticos, técnicos, comunicacionales y sociales que tejen la trama del lenguaje político integran La Babel del odio…. La colección Cuadernos de Lenguas Vivas se completa con Antología degenerada, una cartografía del lenguaje inclusivo y con Reunión: Lof Lafken Winkulmapu, que abarca los problemas de las lenguas en las comunidades originarias. Se pueden adquirir en la librería de la Biblioteca Nacional: Av. Las Heras 2500 y/o acceder desde https://www.bn.gov.ar/micrositios/libros

 

 

 

 

 

 

[1] Diarios del odio es una obra artística visual basada en la recopilación de comentarios online de los diarios La Nación y Clarín de 2008 a 2015, que derivó en un poemario en 2016.

 

 

 

 

 

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