La batalla de Michigan

Vencer la islamofobia y cambiar el paradigma

Abdul El-Sayed, senador por Michigan.

 

En el Estado de Michigan se ha librado la principal batalla por la recuperación de la democracia en Estados Unidos. Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado, ha tenido que enfrentarse, por este orden, a su rival republicano; a la islamofobia de Donald Trump y a los prejuicios antimusulmanes que este ha propagado; al lobby israelí de la AIPAC y, por último, al establishment del propio Partido Demócrata, representado por su rival en las primarias, Haley Stevens. Así, un médico hijo de inmigrantes egipcios, que ha obtenido el 52% de los votos, representará a Michigan en el Senado a partir de enero. El-Sayed dirigió el Departamento de Salud de Detroit entre 2015 y 2017 y, posteriormente, un departamento de salud del condado de Wayne. En 2018 quedó segundo en las primarias demócratas para la gobernación, con cerca del 30% de los votos. Defiende un sistema de salud universal, propone abolir la agencia de inmigración ICE y quiere poner fin al apoyo económico y militar que Estados Unidos presta a Israel.

 

 

La islamofobia de Trump

El Presidente Trump no tuvo reparos en asociar a El-Sayed con el 11-S. En un mitin celebrado en Michigan, acusó a El-Sayed de ser "un yihadista" y, al mismo tiempo, invitó a participar en el acto al padre de un pasajero que se enfrentó a los secuestradores del 11-S. "Si Abdul y los demócratas ganan, abrirán las compuertas e invitarán a hordas de yihadistas a nuestras costas, creando una pesadilla de violencia y terror hasta el punto de que ni siquiera podréis celebrar la Navidad", declaró Trump sin inmutarse. Además, dijo que El-Sayed "tendría que pasar por un detector de metales antes de que se le permitiera entrar en el Senado". En respuesta, El-Sayed se limitó a señalar que quien debería pasar por un detector, pero de mentiras, era Trump.

El-Sayed también ha declarado: "Donald Trump no es, en sí mismo, la enfermedad de nuestro sistema político. Donald Trump es el peor síntoma de la enfermedad que aqueja a nuestro sistema político, un sistema que permite a las grandes empresas, a los multimillonarios, a los grupos de interés y a los oligarcas comprar y vender a los políticos". Y ha añadido: "El hecho de que el sistema esté amañado contra nosotros es la razón por la que pagamos más por todo lo que compramos. Nos pagan menos por el trabajo que hacemos y vemos cómo se malgasta el dinero de nuestros impuestos para lanzar bombas sobre otras personas y sus hijos, en lugar de construir colegios, servicios sanitarios y oportunidades para los nuestros".

 

 

La deserción de Haley Stevens

La representante demócrata por Michigan Haley Stevens respaldó al candidato republicano al Senado, Mike Rogers, dos días antes de las elecciones. La decisión, sorprendente, causó conmoción en el partido en medio de las renovadas tensiones entre los demócratas por las políticas relacionadas con Israel. Stevens acompañó a Rogers en una iglesia de Detroit el domingo por la mañana y, más tarde, difundió un vídeo en el que anunciaba que votaría por él. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, de Nueva York y firmemente proisraelí, calificó la decisión de Stevens de "despreciable traición". Stevens y El-Sayed se habían enfrentado tres meses antes en las primarias demócratas al Senado por Michigan. Aquella contienda, que ganó El-Sayed, puso de manifiesto sus diferencias respecto al apoyo militar a Israel. Stevens, cuya campaña recibió más de 30 millones de dólares del lobby israelí, se declaró ferviente defensora del vínculo entre ambos países. El lobby, que la había apoyado en las primarias demócratas, respaldó después al republicano Mike Rogers en las elecciones generales. Como ha señalado Eli Clifton en Responsible Statecraft, "el primer paso para combatir la influencia del financiamiento político proisraelí es hablar abiertamente sobre el papel de Israel en nuestras elecciones. No hacerlo equivale a permitir que el dinero proisraelí siga influyendo en las acciones de los candidatos de ambos partidos, en detrimento de sus partidos y votantes".

El-Sayed había criticado duramente al gobierno de Benjamín Netanyahu, al que responsabilizó del genocidio en Gaza, y había abogado por poner fin a la ayuda estadounidense a Israel. La disputa se reavivó tras la publicación de un anuncio independiente en apoyo de El-Sayed que vinculaba la ayuda militar de Estados Unidos a Israel con el elevado precio de los huevos en Michigan. El-Sayed no se amilanó ante la deserción de Stevens y reiteró el argumento central de su campaña: la ayuda militar estadounidense a Israel es, en parte, responsable del alto precio de los alimentos y de la incapacidad de Michigan para financiar adecuadamente sus escuelas. "Creo que deberíamos invertir los impuestos aquí", dijo. "En lugar de subvencionar ejércitos extranjeros, estoy a favor de subvencionar las escuelas nacionales". Y añadió: "No debería ser tan difícil pagar los impuestos y saber que ese dinero se gastará en ti y en tus hijos, en lugar de gastarse en lanzar bombas sobre otros y sus hijos", una frase que repitió a menudo en sus discursos de campaña.

 

 

La financiación de la política

La batalla de El-Sayed está estrechamente relacionada con la pugna entre progresistas y centristas dentro del Partido Demócrata y, también, con las distintas formas de hacer y financiar la política. El-Sayed, al igual que Alexandria Ocasio-Cortez, el senador Bernie Sanders, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y otros candidatos progresistas, ha renunciado a financiar su campaña con aportaciones de empresas, corporaciones y lobbies, a diferencia de sus rivales republicanos y de los miembros del establishment demócrata. Algunas de las personas más ricas de Estados Unidos han gastado sumas sin precedentes para influir en el resultado de las elecciones de mitad de mandato de 2026. Según un informe publicado en The New York Times, los 20 mayores donantes han gastado, por sí solos, un total de 2.000 millones de dólares en estos comicios. El mayor financiador, con mucha diferencia, es el multimillonario Elon Musk, que ha aportado casi 450 millones de dólares para ayudar a los candidatos republicanos.

"Si los demócratas logran recuperar la Cámara de Representantes e incluso el Senado, el Partido Demócrata debe someterse a una reforma fundamental e inmediata", escribió Sanders en un correo electrónico dirigido a sus seguidores y enviado un día antes de las elecciones. La victoria de El-Sayed anticipa la batalla que probablemente dominará el partido durante los dos próximos años, hasta las elecciones presidenciales de 2028. Los progresistas sostienen que los tiempos han cambiado y que los candidatos del establishment ya no convencen a unas clases medias y trabajadoras asfixiadas por el alto coste de la vida y por las crecientes dificultades para acceder a un seguro médico de calidad.

Los Socialistas Democráticos de América (DSA), que se han distinguido por su oposición declarada a la ayuda militar estadounidense a Israel, obtuvieron cuatro escaños en el Congreso por los distritos de Nueva York, Pensilvania y Colorado. En Nueva York, Claire Valdez y Darializa Ávila Chevalier, respaldadas por el alcalde Zohran Mamdani, derrotaron a sus oponentes republicanos. En respuesta al anuncio de Trump de que recortaría la ayuda estadounidense a Israel antes de finales de 2026, Ávila Chevalier escribió en X: "Poner fin a la ayuda militar no es suficiente. Necesitamos dejar de financiar con los impuestos de los estadounidenses los crímenes de guerra de Israel, imponer un embargo total de armas y garantizar el derecho al retorno de los palestinos". En Colorado se impuso Melat Kiros, miembro de la DSA, que derrotó a la republicana Christy Peterson. En 2023, Kiros había sido despedida de un bufete de abogados de Manhattan tras negarse a retirar un ensayo en defensa de los manifestantes propalestinos de los campus universitarios. En Pensilvania, concretamente en Filadelfia, el socialista demócrata Chris Rabb derrotó al independiente Dennis Mahoney en la contienda por el tercer distrito. Rabb pidió que Pensilvania retirara los fondos públicos destinados a Israel y prometió copatrocinar en el Congreso una ley que reconociera la Nakba y el derecho al retorno de los refugiados palestinos.

 

 

Posibles acciones futuras

Las nuevas mayorías demócratas podrán utilizar su control del Congreso para aumentar la presión sobre la administración Trump en relación con su política hacia Israel. Entre otras medidas, podrían tratar de restringir las transferencias de armas, limitar la capacidad del Presidente para participar en una guerra junto a Israel o impulsar investigaciones sobre la violencia de los colonos en Cisjordania. De momento, y de forma sorpresiva, Trump anunció el martes por la mañana, cuando los estadounidenses se dirigían a las urnas, que pondría fin a toda la financiación militar estadounidense a Israel antes de que terminara el año. El anuncio puso de manifiesto la creciente sensibilidad política de la cuestión, incluso entre los republicanos. Vance ya había criticado la influencia de Israel en la política estadounidense hacia Irán y sus esfuerzos por prolongar la guerra. En julio, acusó a ciertos sectores del gobierno israelí de intentar apartar a la administración Trump de su política y de promover la continuación indefinida de la campaña militar.

Es difícil hacer previsiones sobre el futuro con una persona de las características singulares de Trump que sigue al frente de la presidencia de Estados Unidos. Según la Constitución estadounidense, el Presidente conserva la capacidad de vetar las nuevas leyes que apruebe el Congreso, pero ha perdido la posibilidad de impulsar nuevas leyes u otras iniciativas de política interna. La política exterior es el único ámbito en el que todavía puede actuar con menos restricciones. Ahí reside el peligro, según sostienen Daniel Drezner y Elizabeth Saunders en la revista Foreign Affairs: "Un Trump acorralado, sin una vía clara para canalizar su energía en política exterior constructiva, bien podría reaccionar con agresividad a nivel internacional". De modo que, si bien los resultados electorales han sido contundentes, todavía no podemos considerarnos a salvo.

 

 

 

 

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