La batalla por la igualdad

Atacar la pobreza es cuestión de decisión política

 

El 1º de marzo, en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el Presidente realizó algunas definiciones impactantes, en particular en lo referido a la Justicia, pero también esbozó los lineamientos programáticos de lo que piensa que hay que hacer en materia económica, social, respecto de los femicidios, la vivienda y unos cuantos tópicos más. Quizás lo más importante no necesitó decirlo expresamente porque se identificó en el espíritu de su discurso, que es esa voluntad inclaudicable de gobernar para las mayorías populares, de defender los intereses del conjunto de los argentinos e incluso de reconstruir la Patria Grande Latinoamericana y del Caribe con la que soñó Nestor Kirchner, para defendernos, en conjunto, de las agresiones de las grandes potencias y ejercer la soberanía de forma plena. Un buen discurso, dicho en tiempo oportuno.

El Presidente ratificó su propuesta respecto de que la reactivación debe empezar ayudando a los que más necesitan. Destacó que hay algo más de 40% de la población debajo de la línea de pobreza y, una vez más, flotó en el aire aquella idea que expresara Martín Guzmán de que este año los salarios y las jubilaciones deben aumentar por encima de la inflación por lo menos un 4%. Una gran idea que se fundamenta en un concepto simple y lógico: para que haya reactivación es necesario reactivar el mercado interno, y si crecen los salarios y las jubilaciones ese dinero se direccionará al consumo, incrementándolo, y ese mayor consumo será un elemento para poner en marcha el aparato productivo. Sin duda una gran definición, sobre la que es difícil estar en contra salvo que se tengan intereses mezquinos en juego.

Si uno lo compara con la experiencia del gobierno neoliberal de Mauricio Macri, puede verse con claridad la diferencia. El macrismo destruyó el salario real, que disminuyó un 23,8%, mientras las jubilaciones disminuyeron un 20,5%. El resultado fue una mayor concentración de la riqueza, la destrucción del aparato productivo y el crecimiento desenfrenado de la pobreza y la indigencia, todo ello sin contar con que convalidó una “tierra fértil” para los más escandalosos casos de corrupción, sólo comparables con algunas etapas del menemismo.

En pocas palabras, si la disminución del ingreso real de salarios y jubilaciones provocó un tsunami de destrucción económica es lógico pensar que recorrer el camino inverso, haciendo crecer los salarios y las jubilaciones, permitirá reconstruir el aparato productivo y lograr un crecimiento sostenido, situación que se traduce en mayor bienestar para un mayor número de personas.

 

 

Algo que cuesta entender

En la Argentina existen alrededor de dos tercios de la población que son empresarios, comerciantes, profesionales, trabajadores asalariados, jubilados y pensionados. Todos ellos se verán claramente beneficiados. Serán, o mejor dicho seremos, los beneficiarios de la reactivación económica prevista por el gobierno. Pero el otro tercio, aquellos que son considerados pobres o marginales, como en el tango, se quedan mirando de afuera. ¿Esta situación no es contradictoria con el mensaje presidencial respecto de comenzar con aquellos mas necesitados? Me preocupa que alguien diga que los pobres se beneficiarán con lo que los otros gastan, porque sería la aplicación de la teoría del derrame pero para los más indefensos y eso sería una enorme contradicción conceptual respecto de los lineamientos presidenciales.

Quisiera que tengamos un minuto de reflexión solidaria y pensemos: ¿los jubilados están bien? La respuesta es simple: no están bien, y en consecuencia hay que mejorar su situación. ¿Los trabajadores tienen buenos salarios? La respuesta es la misma. Ahora bien, ¿qué grupo está en peores condiciones: trabajadores y jubilados, o pobres e indigentes? La respuesta es más que simple, los pobres e indigentes están mucho peor. Entonces, si la idea es empezar por los que más necesitan, ¿no habría que empezar por los pobres o al menos aplicar las mismas ideas que para el resto de la población? Si alguien piensa que repartiendo más de 11 millones de raciones de comida y una tarjeta de compra de alimentos a 1,5 millones de personas estamos empezando por los que menos tienen, les digo humildemente que ello profundiza la pobreza, no la elimina ni la ayuda a superar. La única forma de eliminar la pobreza es con dinero, porque la única diferencia entre una persona pobre y una no pobre es que uno tiene plata en el bolsillo y el otro no. Por lo tanto, la única forma de empezar por los que menos tienen es poniéndoles plata en el bolsillo. Nada se va arreglar con políticas paternalistas, ni asistencialistas, ni caritativas. Es una decisión estratégica de política nacional. Como fue la política contra la pandemia.

 

 

La discusión por los recursos

Se escucha cotidianamente decir que no hay recursos para todos. Si este fuera el argumento para no incluir a los pobres, no sólo tendríamos una contradicción con las palabras del Presidente sino que además estaríamos frente a una falacia. Para construir una sociedad más justa y equilibrada, una premisa fundamental es que quienes más tienen aporten más y quienes menos tienen aporten menos; pues bien, ese principio de justicia distributiva fue reiteradamente violado por el macrismo y representa otra maldita herencia que nos deja el neoliberalismo.

La Secretaría de Ingresos Públicos de la Nación publica en forma anual un Informe Sobre Gastos Tributarios. En su inicio se lee: “Se denomina Gasto Tributario al monto de ingresos que el fisco deja de percibir al otorgar un tratamiento impositivo que se aparta del establecido con carácter general en la legislación tributaria, con el objeto de beneficiar o favorecer el desarrollo de determinadas actividades, zonas, contribuyentes o consumos. Implica, por lo tanto, ‘una transferencia de recursos públicos implementada a través de una reducción de las obligaciones tributarias con relación a un impuesto’”. En pocas palabras, son privilegios de diversas características que algunos tienen respecto del resto de la sociedad.

Ahora bien, ¿cuál es el monto de ese privilegio? Según el citado informe, “el monto de Gastos Tributarios estimado para el año 2021 alcanza a $995.799 millones, que equivale a 2,64% del PBI”. Me atrevo a agregar que, respecto a la temática de la Seguridad Social, a lo anterior habría que adicionar el terminar con la disminución de las contribuciones patronales vigentes desde 1993, que implica que los empleadores se quedan anualmente con el 2,99 % del PBI que correspondería al sistema de seguridad social. En conclusión, si se rompieran los privilegios que implican estas exenciones, podría recuperarse un 5,63 % del PBI sin afectar ningún ítem del presupuesto nacional. Esas cifras representan alrededor del 60 % de todo el sistema previsional.

Para que se entienda, ¿qué significan esos privilegios? A modo de ejemplo: que Clarín y La Nación no paguen contribuciones patronales; que infinidad de fundaciones creadas con el único objeto de evadir impuestos se llenen los bolsillos; que mientras un jubilado medio, si quiere tener un seguro médico, se lo tiene que pagar él mismo, un rico lo puede debitar de ganancias; que los ricos descuentan de ganancias a la empleada doméstica, que el hijo de un rico reciba mas ayuda del Estado que el de un trabajador medio a través de las asignaciones familiares o la AUH, etc. No es una entelequia sino una intolerable injusticia que pagan los pobres con su necesidad, o los jubilados y pensionados con menores prestaciones. Si simplemente termináramos con estas rapiñas de los poderosos, podríamos rápidamente atender las necesidades de los que menos tienen y hacer honor a las palabras del Presidente.

 

 

Aprender de la experiencia

El año que pasó, con pandemia incluida, nos debe dejar una gran experiencia respecto de lo que significa la herramienta de la seguridad social. Quizás la más importante sea comprender que es una actividad esencial como los médicos o los docentes, y tiene que ponerse en la primera línea de fuego para acompañar a los que están en situación extrema. Algunos números ponen en blanco sobre negro esta cuestión: a diciembre de 2020 y respecto de diciembre de 2019 se resolvieron 12.968 expedientes menos del régimen general; 63.819 expedientes menos de jubilaciones de moratoria; 82.420 asignaciones familiares menos y 38.000 AUH menos. Y estos números son absolutos, es decir no tienen en cuenta el crecimiento vegetativo de la población. Por lo tanto, puede inferirse que cuando las necesidades fueron más apremiantes, el Estado no dio todas las respuestas necesarias. Y esa situación no sólo duele en el alma sino que nos tiene que interpelar a arbitrar los medios necesarios para que en 2021, con la pandemia aminorada y con los programas vacunatorios en curso, no vuelva a ocurrir.

En 2018 el balance entre altas y bajas de jubilados y pensionados dio un saldo positivo de 214.292 nuevos beneficiarios; en 2019 ese balance arrojó 221.624 mientras que en 2020 el balance fue negativo: las bajas superaron las altas en 48.715 casos. Estos datos son preocupantes. Es cierto que también en este año recuperamos la fórmula de movilidad, que representa una gran esperanza a futuro. También es verdad que el otorgamiento del bono en abril y mayo para los que menos ganan es una muy buena medida, pero hay que tener en cuenta que las políticas de seguridad social tienen una cara macro y una cara micro, y a las dos hay que darle la misma importancia porque caso contrario estaríamos en el absurdo de que se otorgan aumentos pero cada día lo reciben menos personas. Sería algo así como si producto de la pandemia se compraran millones de vacunas pero quedaran en un depósito y nadie las usara.

 

 

¿Cómo atacar la pobreza y ser coherentes?

Permítaseme decir que no es difícil atacar la pobreza y ser coherentes con el discurso presidencial. Sólo es cuestión de decisión política. No hace falta romper con el capitalismo ni salir del mundo globalizado, sólo hace falta estar dispuestos a dar la batalla por la igualdad, nada más que eso. Las medidas son simples:

  • Romper el privilegio de unos pocos, revisando la racionalidad de cada una de las desgravaciones impositivas.
  • Eliminar la disminución de contribuciones patronales. El productor o el comerciante necesita vender más, no gastar menos. Si no venden, no le sirven ni los esclavos, entonces que paguen lo que corresponde y construyamos juntos un mercado con capacidad de consumo.
  • En materia jubilatoria:
    • Dictar urgentemente una nueva moratoria previsional sin condicionamientos.
    • Eliminar la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) que nos dejó de regalo el macrismo, y transformar a esos beneficiarios en jubilados.
    • Elevar la prestación por discapacidad al haber mínimo (hoy cobran el 70% de ese monto).
    • Hacer una profunda reforma del sistema judicial en materia de seguridad social.
  • En la lucha contra la pobreza, hay que implementar una herramienta de coordinación entre la nación, las provincias y los municipios para tener una estrategia común y crear un fondo de ayuda económica que unifique todos los recursos disponibles en un fondo único, que incorpore paulatinamente a aquellas personas que se encuentren en mayor situación de vulnerabilidad.
  • Hay que mantener la premisa de que este año, y los subsiguientes, los salarios y los beneficios de la seguridad social crezcan un 4% por arriba de la inflación.

Existe un horizonte de oportunidad que permite cristalizar las palabras esperanzadoras del Presidente. Hace falta inteligencia y transpiración. ¡Que así sea!

 

 

 

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