La bomba de Jefferson

Manifestaciones de violencia sacuden la campaña de Jair Bolsonaro

 

La última semana de la campaña electoral en Brasil fue mucho más reveladora de lo que parece. La recta final parecía favorable al bolsonarismo, con encuestas que mostraban el acercamiento de los dos candidatos presidenciales, hasta la semana pasada. El campo del PT trató de evitar el miedo a la derrota, pero no pudo. Hasta el viernes pasado se mostró pesimista, inseguro por el resultado de las encuestas. La baja moral de los votantes del ex Presidente Lula parecía haber dejado tranquilo al entorno del Presidente actual, lo que le hizo perder el control de su “bolsonarización”.

Empezó el sábado, con el ex diputado y ex presentador de O povo na TV, Roberto Jefferson, desde su arresto domiciliario, maldiciendo a la ministra Cármen Lúcia y terminó el domingo con veinte disparos de este contra agentes de la policía federal. Las vulgares ofensas contra la ministra, publicadas en las redes de su hija Cristina, habían provocado una nueva orden de aprehensión para el ex diputado por violar las condiciones de su arresto domiciliario y este resistió a la policía a los tiros. De la noche a la mañana, Jefferson encabezó las noticias, dejando atrás a Lula y a Bolsonaro en las búsquedas de Google. La negociación que habían llevado adelante el ministro de justicia Anderson Torres y Vinicius Secundo, un policía “bonachón”, para concertar la entrega del reincidente, había sido desastrosa. Secundo había llamado «burocráticos» a los miembros del equipo atacado por Jefferson, como se pudo ver en el video filtrado que muestra al Padre Kelmon presenciando el diálogo entre Jefferson y el oficial de policía.

Se suponía que la situación iba a terminar de manera trágica, pero la presencia del Padre Kelmon disuadió las tensiones. Las imágenes corrieron como la pólvora en una semana tan estratégica para una de las disputas más encarnizadas de la historia de Brasil. El bolsonarismo, después de todo, no es omnipotente.

El ambiente entre la policía, base segura a priori para el bolsonarismo, se deterioró. El silencio en los grupos de WhatsApp bolsonaristas evidenció que el recorrido de la campaña por la reelección de Bolsonaro se había salido del guion. La cobertura de Jovem Pan trató de equiparar la actitud del ex diputado con el “autoritarismo” de la ministra Cármen Lúcia por su voto a favor del derecho de respuesta de la campaña de Lula. Lo mismo había hecho el Presidente de la República a través de Twitter, poco después del atentado de Jefferson: “Rechazo las declaraciones del Sr. Roberto Jefferson contra la ministra Cármen Lúcia y su acción armada contra la PF [Policía Federal], así como la existencia de investigaciones sin ningún sustento en la Constitución y sin el rol del MP [Ministerio Público]”, escribió antes de la metamorfosis en la plaza pública. Pero en cuestión de horas el Presidente casi afirmó no saber exactamente quién era Jefferson, dijo que no tenía fotos con él y lo llamó «bandido». La prensa y las redes sociales lo desmintieron a la velocidad de la luz: se publicaron fotos de los dos y las pruebas de su relacion de larga data, incluidas las conexiones de Jefferson con su hijo, Eduardo Bolsonaro. La campaña de reelección acababa de exponer una fisura.

Veinticuatro horas después, Bolsonaro ya hablaba de él como un “amigo” que había metido la pata. La bomba de Jefferson explotó en el tramo final de la campaña. Incluso se pensó que, si Bolsonaro fuera derrotado, la mecha encendida por el ex diputado podría ser un ensayo del Capitolio brasileño. Jefferson, al mostrar su resistencia al arresto y el ataque que promovió contra policías federales, parecía estar dispuesto a ser un mártir y a plantar “semillas de resistencia”, como lo expresó en un video el domingo pasado; creía en el carácter del bolsonarismo. Pero fue solo otro teatro, al igual que lo que sucedido el 7 de septiembre de 2021, cuando los bolsonaristas creyeron piadosamente que el Presidente implementaría un Estado de sitio en el país.

Los ensayos golpistas no están funcionando. Brasil no es Estados Unidos y la hazaña puede haber tenido un efecto búmeran. Los indecisos de hoy no quieren votar a Bolsonaro, entre varias razones, porque es violento. La imagen de sangre junto a un vehículo de la PF y el riesgo de que alguien muriera, evidentemente, no los va a hacer cambiar de opinión. Es más fácil ser indiferente a las muertes en los márgenes del país, en la periferia, donde la policía militar tan bien esconde los homicidios. Las imágenes de los ataques a la Policía Federal en la televisión pueden tener el mismo impacto que la imagen de una maleta con dinero en una campaña decisiva. Todo tiene un límite.

Quizás el país haya descifrado otro elemento más del ADN golpista brasileño. La misma inercia que nos hace volver a la memoria feudal y esclavista trajo también el recuerdo del atentado en el estacionamiento del Centro de Convenciones Riocentro, en Barra da Tijuca, el 30 de abril de 1981: la bomba que explotó en el regazo de un militar del DOI-CODI cuando intentaba incriminar a jóvenes opositores a la dictadura que estaban participando de un evento.

Estamos muy lejos de “cantar victoria” cuando despunta la segunda vuelta. Mucho más lejos de celebrar un camino para volver al civismo. Con Bolsonaro o Lula en la presidencia, el bolsonarismo ya se ha extendido y exigirá mucho a la sociedad brasileña para ser disecado. Son muy poderosos.

Por ahora, basta observar. Otras bombas explotaron. Una en la campaña de Santa Catarina, donde el candidato al gobierno del Estado del PT, Décio Lima, mostró un audio de 2018 atribuido al empresario bolsonarista Luciano Hang y al secretario de Hacienda del Estado, Paulo Eli. Este último le estaría reclamando a Hang, propietario de la cadena Havan, que pagara los impuestos adeudados al Estado por su cadena minorista, famosa por maniobras internacionales para evadir impuestos. Según los informes, Eli se quejó de que estaba a punto de retrasar los salarios de los maestros. “Demorá el salario. Paulo, disculpame. Retrasá el salario, despedí”, pidió Hang, según el audio. Sensibilidad bolsonarista a flor de piel. Puede que esto no cambie el escenario electoral en Santa Catarina, pero exponer otra faceta de uno de los empresarios más cercanos a Jair Bolsonaro. No, el bolsonarismo no está desnudo; hasta ahora: solo le falta que se le descosa un punto.

 

 

 

 

 

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