La bullshit macrista

Cuando no hay segundo tiempo o el mal uso del descanso

 

 

La ilusión de victorias que son derrotas

 

“El caso de los Cuadernos generó un gran escándalo…

Y se empezó a mencionar la figura de mi padre, Franco, como un símbolo

de las relaciones poco claras entre el Estado y los contratistas de la obra pública.

En una entrevista, dije que (mi padre) era parte de un sistema

que se vio extorsionado por el kirchnerismo

en el que, para trabajar, había que pagar”.  (Pág. 122).

 

“¿Por qué Miguel? (Pichetto)

Lejos de una traición, se trataba de una apuesta

para ampliar las bases necesarias para lograr

esa Argentina con la que él también sueña».  (Pág. 241).

 

El libro de Mauricio Macri [i] –que parece una grabación llevada a texto escrito– es autocomplaciente con falsas afirmaciones, lo que lo hace peligroso, porque el discurso con fines partidistas lo coloca al borde de la pérdida de la realidad.

Por razones personales y por motivos electorales, el ex Presidente cree que ha ganado elecciones cuando las pierde o las obtiene con escaseces que le hicieron gobernar en minoría en el Congreso, por lo cual el Poder Judicial pasó a ser el poder a conquistar, aunque sea a decretazos.

Pero ahora, el ex Presidente durante su descanso que sigue a su primer tiempo, termina por creer que –de hecho– ganó las elecciones de 2019. Ese año las perdió, pero sigue creyendo o propagandizando que tuvo un comportamiento triunfal por subir ocho puntos desde las PASO a los comicios definitivos, donde obtuvo el 40% de los votos. Cree que está ganando el segundo tiempo y, por lo tanto, el resultado final del partido.

El ilusionismo macrista construye este triunfo libresco. A lo largo de todo el texto repite como sonsonete una serie de afirmaciones alejadas de la realidad. Así, por enésima vez recuerda que es ingeniero para que no lo ubiquen en las desprestigiados roles de político de partido o de empresario, aunque se desconoce alguna ingeniería en que haya participado. No se detiene para decirse empresario, rol en el que sólo se le conocen sus gestiones fracasadas al límite de la deshonestidad.

Veamos los resultados de las tres últimas elecciones nacionales sin contabilizar sus respectivas PASO. El macrismo logró alcanzar el 51% de los votos para ser victorioso en 2015, pero luego rebajó su participación. Por su parte, el peronismo, sumando sus distintas participaciones, se acercó a su caudal histórico en las elecciones de 2019.  Los resultados porcentuales de las elecciones definitivas o de segunda vuelta fueron los siguientes:

 

2015 (%) 2017 (%)(Senado) 2019 (%)
Peronismos 48,7 46,6 55,9
Macrismos 51,3 41,8 40,3
PARTICIPACIÓN ELECTORAL 80,8 77,6 81,3

 

El gran éxito de las ideologías que apoyan al macrismo fue tomar una participación en 2015 que arrumbó a los peronismos, al desplazarlos de su posición de mayoría.

 

 

 

El falso silogismo macrista

 

“El mayor éxito del populismo en estas décadas es haber inyectado

en el sistema sanguíneo argentino el virus de la resignación:

no esperar nada y no desilusionarse cuando nada ocurre.

Espero que no se resignen los que no tienen cloacas

y que no se resigne la clase media a ser maltratada

por un Estado ausente y a veces mafioso”. (Pág. 74).

 

En todo el libro, el autor no se cansa de afirmar que no es peronista ni antiperonista, y repite hasta el cansancio su adhesión a la ideología liberal antipopulista o neoliberal, si así se prefiere denominar.

De estas dos premisas de su errado silogismo, la primera es falsa. Todos saben que es definida pero ocultamente antiperonista. La segunda premisa es verdadera, por cuanto el peronismo es una de las versiones más netas del populismo.[ii] Entonces, se concluye que Macri no es populista ni antipopulista, lo que es falso. Todo el libro tiene entre uno de sus designios culpar al populismo de los males habidos y por haber en nuestro país y en el universo. La conclusión no es verdadera porque se trata de una persona que es cumplidor estricto de los intereses liberales (a pesar que sus amores a Donald Trump y a Jair Bolsonaro lo acercan fuertemente al fascismo).

Es un antiperonista que lo niega y que intenta rodearse de radicales que, al apoyarlo, se alejan de la historia popular de Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen, quienes combatieron al conservadorismo y sus formas liberales. La conclusión cierta, no la del falso silogismo macrista, esclarece que se trata de un antiperonista que no quiere confesar, no por razones doctrinarias sino puramente electorales. El peligro radical de abandonar el pensamiento de sus fundadores se repite con el peronismo al borde, muchas veces, de la pérdida actualizada del pensamiento de Perón y Eva Perón.

 

 

No trata lo que importa

 

“Entrando al año electoral, supe entonces que una parte importante de

nuestro futuro energético debía pasar por Vaca Muerta.

Eso hicimos y ahí arrancaron las reuniones,

ya con el liderazgo de Juanjo Aranguren, que tomó el tema con pasión…

Viajamos a Houston a presentar nuestro plan,

hablamos con todo el mundo, para convencerlos de que esta vez

Argentina iba con Vaca Muerta. Llevó un tiempo llegar al acuerdo final,

pero en enero de 2017 pudimos anunciarlo».  (Págs. 67 y 69).

 

Macri continúa con la versión debilitada de las dirigencias políticas actuales que, con sus más y sus menos, actúan para sus intereses personales y los de los grandes del poder económico global. Por eso, los temas importantes como el poder financiero, la debilidad del poder político, la internacionalización de los intereses económicos de las grandes potencias, sus efectos en nuestra economía, la crisis de inversión nacional, la desocupación laboral, la falta de justicia social, el papel mundial del país y la región, el futuro post-pandémico, la creciente falta de trabajo, la división de poderes del Estado (pero no la de toda la economía), los intereses verdaderos del subsidio a Vaca Muerta, y muchos más que hacen al presente y al futuro de los argentinos, no se tratan en este libro. Son reemplazados por temas pequeños, que son los propios de los intereses personales de los políticos partidarios que no respetan ni a sus “representados” ni al poder nacional propio.

Libros como el presente muestran la realidad por su ausencia, ya sea por la falta de verdad o por ignorancia. Sus afirmaciones son bullshit.* Pero la realidad y la verdad siempre son muy fuertes para que se puedan cubrir con tapujos elementales.

 

 

 

[i] Mauricio Macri, Primer Tiempo, Planeta, Buenos Aires, 2021.

[ii] “Populista quintaesencial fue el general Juan Domingo Perón (…) populista posmoderno es el comandante Hugo Chávez (…) Su caracterización (la del populismo) no debe intentarse por la vía de su contenido ideológico sino de su funcionamiento”, en Enrique Krauze, “Decálogo del populismo iberoamericano”, El País, Madrid, 13 de octubre de 2005.

 

*Es más fino usar el término inglés que el “bosta” de nuestra lengua. Además, el bullshit está de moda. Su origen no es nuevo (unión de bull, toro y de shit, excremento) pero tiene un significado nuevo, ya que antes hacía referencia a idiotez, taradez, bolazo o disparate. Su actual sentido es una mentira encubierta de verdad o, como afirma el filósofo estadounidense Harry Gordon Frankfurt en su obra ‘On Bullshit’, el vocablo describe algo enemigo de la verdad pero aún más peligroso que las mentiras. Es recomendable leer el artículo de Christian Schwarz, “El bullshit, un nuevo fenómeno entre la desinformación y las fake news”, Perfil, 26 de mayo de 2020.

 

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