La calle y las protestas

María Celia Cotarelo y el avance de una fuerza social popular, nacional y democrática

El período 1997-2015, tuvo en 2008 el año de mayor cantidad de protestas sociales con el escenario del conflicto de las patronales del campo. Pero a diferencia de aquellos años, el período abierto desde diciembre de 2015 está mostrando dos años y medio de movilizaciones constantes de cientos de miles de personas con una confluencia de todos los sectores sindicales y una oposición política al gobierno. María Celia Cotarelo es una de las fundadoras con Nicolás Iñigo Carrera del PIMSA, programa de Investigación del Movimiento de la Sociedad Argentina. Con una perspectiva que toma sus instrumentos de la teoría social crítica y el análisis de clases, creó la categoría de fuerza social popular, nacional y democrática para pensar al kirchnerismo como emergente de las luchas de los ’90 que se canalizaron institucionalmente a partir de 2003. Hoy está mirando la calle. El último paro. Y diciembre de 2017 con jornadas que mostraron a una parte del movimiento popular dispuesto enfrentarse. «Es un movimiento al que no le da miedo que le tiren con balas de goma, gases o lo que sea -dice-. Y con una disposición a la lucha que permite entender que efectivamente hay condiciones para un nuevo hecho de tipo insurreccional, incluso en un grado superior al de 2001».

Cotarelo es profesora de historia, doctora en ciencias sociales y autora del libro Argentina 1993-2010. El proceso de formación de una fuerza social, un libro producto de su tesis de doctorado de 2010, publicado seis años después, con un epilogo que le permite llegar hasta nuestros días.

Vos hablas de fuerza social popular, nacional y democrática. Y categorizas a la fuerza opuesta. Retomas la teoría de clase. ¿De qué se trata? ¿Y con quién discutís?

Discuto con medio mundo. Empezamos investigando los saqueos del 89-90 porque aparece como un hecho novedoso. No era la primera vez que había saqueos, pero sí sólo saqueos. Le decimos la revuelta del 89-90. Pero es un hecho que cierra y abre un período de destrucción de todas las relaciones de la fase anterior del capitalismo, y a partir de ahí se impone la hegemonía del capital financiero. En un contexto también mundial, el período que había empezado en los ’70 se hace hegemónico. En los primeros ’90, emergen resabios del periodo anterior con luchas derrotadas hasta el año ’93 cuando se produce el Santiagazo. Ahí marcamos un punto de inflexión. Y analizamos el ’93 porque escapó a la normalidad de lo que se venía dando.

 

María Celia Cotarelo

Vos apuntás que es un proceso contra las instituciones.

Fue un hecho distinto de otros. Hasta ahí había protestas de estatales: por falta de pago, despidos y ajustes en las provincias. El Santiagazo va contra las tres instituciones del Estado provincial, destrucción de los edificios y casas de dirigentes políticos. Y es un hecho que desborda el sistema institucional. No se da en el resto de las provincias, donde sí había protestas. Por eso decimos que se da por fuera del sistema institucional, lo desborda y al mismo tiempo se da en su contra. Pero hasta ahí está focalizado en personas. Por eso lo llamamos motín. Debíamos conceptualizarlo. Dejar de pensar en quienes lo emparentaban al Cordobazo y el Rosariazo, eran muy diferentes. Hubo que entender qué tenía de específico. Construimos una base de datos que arrancó ahí, en diciembre de 1993. Y esas bases nos permitieron comenzar a discutir con quienes decían que el movimiento obrero ya no tenía relevancia y centralidad en las luchas sociales y políticas de la Argentina ni del mundo. Para algunos ya ni siquiera era sujeto. O lo ponían al mismo nivel de muchos otros. Se hablaba de los nuevos movimientos sociales -ya en los ’80-, buscaban equiparar a lo sumo la clase obrera con otros movimientos, el movimiento de derechos humanos, de mujeres, de vecinos. Más tarde, con el movimiento piquetero que acaparó toda la atención. Contra esa mirada, decíamos que el movimiento obrero siguió siendo central.

En el marco de esa discusión, lo presentan como viejo movimiento social frente a los nuevos.

Nuevos y viejos no decían nada. Desde hacía muchísimo había habido todo tipo de movimientos de mujeres, vecinos. Eso no era novedoso, lo que pasa es que recién los «veían», pero querían invisibilizar al movimiento obrero ante la sociedad y sobre todo ante el conjunto de los trabajadores. O sea, no existimos, es así. Y las luchas ya no tienen centralidad. Nosotros decíamos que no. En un país como la Argentina, capitalista, con sus niveles de desarrollo y la importancia del movimiento obrero en toda la historia, buscamos esa centralidad a través de los números. Datos cuantitativos. Y esos datos mostraron que esa enorme cantidad de la protestas eran protagonizadas por trabajadores en tanto trabajadores. Los nuevos movimientos sociales, en todo caso, eran menos de 10 por ciento de todas las protestas. Podes decir, cuantitativamente son mas, pero no tienen importancia política. No era el caso: en cada hito, veías que era el iniciador o estaba a la cabeza. A lo largo de los ’90, se hablaba de marchas federales, de las huelgas de la CTA, pero la CGT convocó varias huelgas. Podes decir, son burócratas. ¡Pero se paró el país! En 1996 hubo tres huelgas generales. Una, el paro y medio: y se paró el país, como el otro día.

Entonces políticamente, el movimiento obrero continuó jugando un papel central. Ahí tenés la discusión con la teoría de los nuevos movimientos sociales.

También discutimos la teoría de la acción colectiva que comenzó a imponerse en el ámbito académico. Y directamente dejaba de lado el concepto de clase y veía sólo individuos. Entonces, cuando hablo de esta investigación digo que arrancamos en ese período largo, con el ’93, seguimos estallidos de otras provincias, las huelgas generales, los cortes de ruta, íbamos a cerrar la investigación y apareció el 2001. Por suerte esperamos porque 2001 nos hizo ver todo el proceso anterior desde otro lugar: lo que venía pasando se nos presentó muy claramente articulándose. Echó luz sobre el proceso anterior.

¿Cómo leyeron 2001?

Lo conceptualizamos como insurrección espontánea. Primero como proceso, de hecho dura 9 días. Arranca con una huelga general de la CGT y todas las centrales de la CTA. Empiezan a producirse saqueos, luego marchas de diversos gremios de trabajadores, comerciantes, marchas pacíficas y choques callejeros. Se extienden los saqueos hasta el 19: el momento de mayor extensión. Esa noche, después del discurso de De la Rúa por el Estado de Sitio, se produce el cacerolazo. La noche del 19. Y al día siguiente se da lo que llamamos el combate en el centro de Buenos Aires del 20. Ese combate no puede entenderse sin el cacerolazo de la noche anterior porque fue una prolongación; el cacerolazo no se entiende sin el Estado de Sitio; el Estado de Sitio, sin los saqueos porque se declaró por eso. Y todo eso que es la insurrección propiamente dicha de pobres, pequeña burguesía y actores revolucionarios o lo que quieras -que es otra discusión-, no se puede entender sin la huelga general. En esos 9 días tenes concentradas todas las formas de lucha que existieron desde fines de los ’80. Saqueos en adelante y donde ya la huelga general queda subsumida en esta insurrección espontánea que es superior. Espontánea porque no tenía una organización aunque estaba lleno de organizaciones y militantes. Pero no se propone cosas como la toma del poder. Y ni siquiera hay un objetivo explicito formulado.

El que se vayan todos. Un movimiento que pone el discusión la política, un poco como tu mirada del Santiagazo.

En Santiago del Estero tenes bien claro que va contra todo el sistema institucional local. En 2001, ya no solo tenes que va contra personas o políticos sino sobre personificaciones del Capital financiero. Los bancos. Otras expresiones del imperialismo: los McDonald’s, las privatizadas. Hay otro enemigo que se ha ido construyendo, no por generación espontánea, sino por el proceso que arranca en el ’93 y transita por todas estas formas, hasta 2001. Lo vemos como proceso único con distintos momentos.

Vos decís que a lo largo de la historia reciente, hubo dos momentos de conflicto social que abarcó a la sociedad en su conjunto: 2001, 2008. ¿Por qué?

En 2001 tenemos el primer enfrentamiento total general, producto del ciclo de rebelión del 1993. Desde el 1993 porque como dije, antes de eso hubo huelgas derrotadas. Telefónicos, ferroviarios, Somisa, las luchas contra las privatizaciones. Con el Santiagazo comienza a extenderse la rebelión, arrancan protestas en distintas provincias y se va extendiendo hasta llegar a Capital. Comienzan los estatales, después se incorporan fracciones de clases medias, estudiantes, productores agropecuarios, pequeños chacareros, desocupados, las clases medias urbanas, trabajadores de la actividad privada. Si uno mira el período previo desde 2001, no hay protestas aisladas sin relación. Hay conexión entre las protestas. Conexión que no es explícita salvo determinados momentos: la marcha federal dice que articula con otras luchas, pero más allá de lo explícito, hay vasos comunicantes. E indicadores. Trabajadores que dicen: nosotros hacemos como Santiago del Estero. O, aunque no lo digan, lo hacen. Ves como se extienden determinadas formas de lucha. Reivindicaciones y sujetos. Hay articulación. Quienes estudian los ’90 suelen decir que fueron estallidos aislados que se terminan en sí mismos. Nosotros vemos que no. Santiago se termina, aunque después continúa con la abstención electoral alta para la constituyente y queda ahí, pero después pasa a Córdoba, Salta, Jujuy, Tucumán, Río Negro.

¿Qué pasa con la ascensión de Nestor Kirchner?

Hasta 2001 hay protestas que se dan dentro del sistema institucional, fuera del sistema institucional y en contra del sistema institucional. Una marcha pacífica o una huelga convencional, están por dentro. Cortes de ruta o ocupaciones están por fuera porque son delitos pero aparecen como pedidos de inclusión. Y Santiago del Estero o el 2001, son en contra. Por fuera y en contra. Pero es importante ver esto: todo eso es un proceso de lucha e intermitencias. Empieza dentro del sistema institucional con protesta de estatales, sale del sistema, vuelve a meterse con las huelgas generales, vuelve a salir en los cortes de ruta, se vuelve a meter en la campaña electoral de 1999. Vuelve a salir en 2000. Y ahí nosotros decimos que hubo un último hecho de ese ciclo en el Puente Pueyrredón que marcó los límites para unos y para otros. Para el poder, el límite con la represión. No pueden reprimir de esa manera porque la reacción termina forzando el llamado de elecciones. Y hasta ahora ese es el límite. Y para el campo popular, también marcó un límite porque Puente Pueyrredón aparece aislado. Ya había división entre piqueteros duros y blandos. Entre quienes quieren cortar y no. Las asambleas barriales habían decaído, caía el estado de movilización. Y eso se canalizó en la campaña electoral, aunque sea para decir voto en blanco. Y todo ese proceso de rebelión dentro del sistema institucional entró en su punto más alto con el cambio en el gobierno: ahí cambia la alianza en el gobierno. Entonces, toda esa fuerza que se fue conformando durante el ciclo en ese proceso de articulación de luchas, construcción de un enemigo, utilización de diversas formas de lucha, construcción de valores, discurso común, objetivos comunes a distintas fracciones sociales, llega a su punto culminante. A eso lo llamamos fuerza social popular, nacional y democrática.

Vos decís que ese fue un punto culminante, pero que la institucionalización, el gobierno, marcaba inevitablemente un límite a la calle.

Y lo caracterizo como fuerza material y moral. Material porque tienen cuadros dirigentes, recursos, medios de todo tipo. Y moral porque,  siguiendo a Clausewitz, hay voluntad de la lucha, de objetivos y sentimiento de intención hostil. Hostilidad, que es un sentimiento emocional y espontáneo. Y una intención hostil que es avanzar sobre ese enemigo y cambiar la relación de fuerzas. Eso aparece. Y se va a notar mucho más en 2008 que es el enfrentamiento siguiente.

¿Cómo lo viste?

Hasta ese momento lo que tenés es una alianza de clases, heterogénea con distintos intereses. Que se formó fuera, dentro y contra el sistema. Fuera y en contra, en diciembre de 2001. Dentro, con el cambio de gobierno. Y luego hubo una fuerza desplazada del gobierno que llamo oligárquica e imperialista, que empieza a reconstituirse. ¡Pero enseguida! En 2002, ya tiene múltiples medios de lucha. Y varios ejes de movilización en la calle. Seguridad, en 2002. La Iglesia convocando al diálogo social. Blumberg, el más importante de ese eje; la reivindicación de la lucha antisubversiva de Plaza San Martín como respuesta a la política de derechos humanos. Apelan a valores, cristianos, de libertad, entra el juego el tema de la libertad contra un Estado. Y lo que hay en 2008, es el resultado de lo que ha ido avanzado en la fuerza contraria: se reconstituye aunque no logra una expresión política. Está en formación. Lo intenta. Tratan con los saqueos, cacerolazos, pero no logran un 2001 cuando tenían hasta la figura de recambio con Cobos. Entonces, lo que se ve es que aparece el otro lado primero en la calle y luego una respuesta a través del Congreso: ley de Medios, AFJP, matrimonio igualitario, como que redoblan la apuesta. Siempre dentro del sistema institucional. Y digo que es el punto siguiente a 2001, porque lo que hay ahí es una enorme movilización a través ejes como el ALCA, por ejemplo, que son parte del programa implícito de 2001. Lo que pasó después, es conocido.

Hubo conflicto general pero no hubo insurrección como en 2001. ¿Por qué?

Porque de un lado tenés los defensores del orden que en realidad alteran el orden sin problema con cortes ilegales, pero los disfrazan de república. Aparecen ellos como garantía de la institucionalidad. Y del otro, tenes calle. Pero todo está metido en lo institucional. Si bien se desarrollan acciones por fuera, no logran otra cosa. En ningún caso hubo enfrentamientos directos en la calle. Cada uno tuvo su territorio. Las patronales se movieron en zona sojera y usaron sus territorios en las ciudades, avenida del Libertador y Palermo para las cacerolas. El gobierno se movió en su territorio político. Congreso, Plaza de Mayo, un territorio que ocupaba circunstancialmente: tenía el gobierno, pero no tenía el poder. Es decir, no hay más que eso. De un lado, tenías las cabezas de los dirigentes empresarios, la mesa de enlace y pero no tienen compañía política. Esa fue una de las debilidades: no logró una expresión política que les permita acceder, movilizan pero no les alcanza -los otros también mueven-, y avanzan hasta dar una ofensiva, desde 2012 en adelante. Entonces, hubo muchísimos instrumentos de lucha de un lado y otro, pero con estas características. Pero, además difícilmente podría haberse planteado como insurrección popular porque obviamente esa calle estaba defendiendo la trinchera del Estado. Entonces, los otros eran los destituyentes. Y como instrumentos de lucha de la burguesía no apelaron a otros medios, simplemente a la movilización, cortes y luego todo lo que es la lucha en el ámbito parlamentario. Y termina ahí porque el propio gobierno, la puso ahí.

Desde tu mirada, eso volvió a institucionalizarse vía elecciones. Decís que las elecciones de 2015 no diluyeron esa confrontación. La pregunta es, ¿cómo ves desde entonces lo que sucede en la calle?

Creo que esa confrontación continua. Del lado de la fuerza popular, por supuesto se perdió un recurso importante que era el aparato del Estado. Ahora hay un desarrollo local pero muy distinto al que podría darse con el control de gobierno nacional o provinciales. Y en el terreno de la calle, lo que hay es una consolidación de esa fuerza nacional, popular y democrática del kirchnerismo que ahora confluye con otros que eran antikirchneristas. El FIT es el ejemplo mas claro. De hecho, se da la unidad en la acción, nunca se da una unidad política partidaria. Y comenzaron a haber condiciones para esa articulación antes, con la ofensiva de la otra fuerza en 2012 -2015.

¿Y diciembre de 2017, cómo lo ves?

Todavía no tengo medido diciembre, pero creo que hay que mirarlo desde antes. Y hay que decir que a diferencia de otros momentos -salvo, 2000 – 2001-, la movilización es política de entrada. O sea, todo es movilización contra la política del gobierno. Por supuesto, tenés luchas sectoriales, pero inmediatamente enganchan contra la política económica y el gobierno. Eso está todo el tiempo, cosa que no pasaba antes. Hasta acá siempre era muy sindical, económico corporativo. Y si bien siempre está eso, porque es permanente, enseguida toman carácter político o articulan con una lucha política. Otra dato es la cantidad de movilizados. Ha habido cientos de miles de personas sostenidas a lo largo de dos años y medio. Sin que decaiga. Los números se mantienen. Hubo fechas emblemáticas, el 24 de marzo y el 25 de mayo, dos de las fechas también importantes para el gobierno anterior. Fechas asociadas a las luchas nacionales, antiimperialista simbólicamente. Luego, están los actores. Ha habido movimientos de las centrales sindicales de todas las líneas, y confluencia de todos sectores. Y otro elemento es la extensión: hubo un nivel alto de movilizados en todo el país con una extensión que deliberadamente no aparece mucho en los medios. En esa línea, lo que digo es que diciembre estaba dentro de lo esperable. Pero la novedad de diciembre es que el gobierno decidió -ya venía con Maldonado y demás-, pero decidió desplegar la Gendarmería, la Policía Federal y de la Ciudad en el centro político del país, rodeando el Congreso. Ante cada manifestación que había, se sabia que había que ir con el pañuelo para los gases. ¡Y se iba! Y no bajaba el nivel de movilización. Entonces, esa decisión del gobierno de usar sus fuerzas de Seguridad en la movilización para frenarla, lo que hizo fue potenciarla. Mostró a una parte del movimiento popular dispuesto a enfrentarse. Que no le da miedo que le tiren con balas de goma, gases o lo que sea. Está dispuesto a enfrentarse. Creo que hay una disposición a la lucha muy fuerte en buena parte de esta fuerza popular. Algunos para ir directamente, y el resto como parte del apoyo. Y eso avanza con un sentimiento hostil enorme de odio. De un lado y del otro. Yo creo que hoy esa disposición a la lucha está. Como lo está del otro lado, también. Pero no fue 2001. Hubo elementos que empezaban a recordarlo, pero esto obviamente lo vio el gobierno y por eso retiró a la Gendarmería.

Es interesante la relación con 2008. Pero desde tu perspectiva, en 2008 no hubo insurrección porque el Estado actuó como dique, de alguna manera. El punto es que ahora ese dique no está. ¿Hay condiciones de insurrección?

Lo que decís es exactamente así. Efectivamente hay condiciones para un hecho de tipo insurreccional, incluso en un grado superior al 2001. Eso dependerá de la acción de la fuerza contraria y de la evolución de la crisis. Claro que no hay garantías. Si eso pasa, puede volver a institucionalizarse y nuevamente, canalizarse por la vía electoral. Habrá que ver si hay un detonante.

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3 Comentarios
  1. María Neder dice

    Hermosamente técnico y respetable el estudio de Cotarelo pero, si «todavía» no tiene medido diciembre de 2017 ni el análisis de las movilizaciones inmediatamente anteriores -digo, para seguir su línea de trabajo-, entonces me parece que toda su exposición se queda ahí, en un análisis de la historia de las movilizaciones. Me asombra -a esta altura de 2018-.
    Siento su exposición como una mirada al sesgo. Puesto que tantxs coincidimos en que «hay condiciones de insurrección».
    Hasta bastaría con leer los sucesos (no me refiero a las noticias), la realidad, en todo el país. Incluso las miradas que se publican aquí, en El Cohete.

  2. Roberto dice

    Solemos utilizar el termino santiagueñazo. Está incluso asi nominado por Raul Dargoltz en su libro sobre lo vivido entonces. La utilizacion de «santiagazo» intenta buscar una linea de continuidad con «cordobazo» por ejemplo o es un error de redaccion? Excelente el desarrollo y la conexion entre las diversas manifiestaciones de lucha popular.

  3. Myriam dice

    Me sorprende la absoluta ausencia del feminismo en el análisis.

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