La caridad humanitaria del injerencismo

O, de la guerra como avanzada de las corporaciones

 

El neoliberalismo monopólico se da la mano en Colombia: Ivan Duque y ex comandante 
del Comando Sur Kurt Tidd.

 

La ayuda humanitaria propuesta por Estados Unidos para morigerar la crisis económica y social y social que vive Caracas ha sido precedida por un programa orientado a disciplinar a la República Bolivariana, y a toda la región, con el objeto de evitar caminos soberanos alternativos al neoliberalismo.

Más allá de las controversias acerca de la existencia o no de responsabilidades de gestión y/o ineficiencia de las políticas del chavismo en la situación interna de Venezuela, la fingida ayuda humanitaria desplegada por la fuerza militar del Comando Sur del Pentágono no responde a los protocolos demandados por los organismos de cooperación internacional para ser catalogados como una contribución destinada a paliar el sufrimiento de los venezolanos.

El domingo 10 de febrero, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) señaló en un informe público que dicha ayuda carece de todo carácter humanitario dado que no está gestionada por organismos específicos dedicados a ese tipo de cooperación. Además,  está gestionada por fuerzas militares que amenazan con invadir un territorio soberano, agregó.

Tanto la Asamblea de las Naciones Unidas como su Consejo de Seguridad –los pilares de la arquitectura institucional global— han rechazado, por mayoría, la intervención en los asuntos internos de Venezuela. Sin embargo, los países que fueron derrotados en las votaciones de ambas organizaciones multilaterales, entre ellos Estados Unidos y una parte de los integrantes de la Comunidad Económica Europea, continuaron la ofensiva injerencista desconociendo los acuerdos internacionales y el principio de no injerencia suscripto en la carta fundacional de la ONU. En ese marco, el Presidente Donald Trump abandonó el anunciado aislacionismo prometido en su campaña electoral y anunció que no descarta la intervención militar o la colaboración con las fuerzas militares de los países limítrofes de Venezuela, dispuestas a contribuir a la liquidación de la resistencia chavista.

En la última semana, el primer mandatario colombiano Iván Duque viajó a Washington para someterse a los planes resueltos por el Departamento de Estado. En forma paralela, el ex embajador de Estados Unidos asignado en Caracas, William Brownfield, subrayó que “quizá la mejor solución sería acelerar el colapso de la economía”, o sea aislar y producir una crisis terminal a la población caribeña. Por su parte, el canciller ruso Serguei Lavrov acusó a Trump de disimular una intervención militar en Venezuela a través de la llegada de ayuda humanitaria. Subrayó en total coincidencia con Brownfield, que se busca “camuflar provocaciones (…) con el envío de ayuda humanitaria, como medio para desestabilizar la situación en Venezuela y obtener el pretexto para una intervención militar directa”.

El posicionamiento de Rusia coincide con el de China y el de dos tercios de los países adscriptos a la ONU. En ese marco, el portavoz del secretario general de la ONU, Stephan Dujarric, aseguró que el organismo reconoce la legitimidad del Presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, como única autoridad de la nación. A través de su vocero, Antonio Guterres rechazó las demandas de Estados Unidos para validar al diputado de la Asamblea Nacional, en desacato, Juan Guaidó. [1]

 

Ex embajador William Brownfield sincera el objetivo prioritario de su cancillería.

Humanismo del garrote

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), una de las voces más representativas de la catalogación de emergencias internaciones, consigna 7 situaciones de gravedad humanitaria en el mundo durante 2018: Irak, Nigeria, República Democrática del Congo, Siria, Sudán del Sur, Yemen y Myanmar (en relación a los rohingyas) [2]. En todos esos escenarios se han denunciado masacres, desplazamientos de población y crímenes de lesa humanidad. En tres de ellos (Irak, Siria y Yemen) las acusaciones de matanzas a población civil involucran a las fuerzas militares de Estados Unidos ya sea por bombardeos de su fuerza aérea y/o por asesoramiento, financiamiento o provisión de armamento a los grupos implicados en los respectivos crímenes masivos. En el caso específico de Siria han impulsado las operaciones de los grupos fundamentalistas islámicos (del ISIS), repitiendo el modelo de apoyo a Al Qaeda, en Afganistán, en su guerra contra la ex Unión Soviética en los años '80.

La última emergencia internacional consignada por ACNUR se desarrolla en la actualidad muy cerca de la frontera de Estados Unidos y abarca al 50 % de la población de Haití, que sufre una situación de violencia interna, hambrunas y posibles pandemias  capaces de extenderse peligrosamente a su vecina República Dominicana. En los últimos días las oficinas de las Naciones Unidas instaladas en su capital contabilizan 52 muertos y casi 300 heridos, en el marco de una confrontación social que incluye el pedido de renuncia de su primer mandatario dictatorial, Jovenel Mouse, curiosamente avalado por el Departamento de Estado, quien llegó en el marco de un fenomenal fraude electoral digitado desde Washington [3].

Las denominadas guerras democratizadoras impulsadas por Washington desde 1945 han impuesto dictaduras, como en Corea del Sur, o generado millones de muertos como en Vietnam, Afganistán, Irak, Somalia o Libia. La pretendida ayuda humanitaria es la fase actual de un proceso de larga duración que se inició en 2002 con el golpe de Estado al entonces presidente Chávez.

La ofensiva se complementó con una campaña mediática orientada a socavar las decisiones soberanas del gobierno venezolano, proceso que incluyó la protección a empresarios denunciados por Caracas que hallaron refugio en Miami. La campaña de desestabilización se completó con la aceptación por parte de los organismos de control de Washington de una gigantesca fuga de capitales canalizados por las entidades bancarias offshore, que administran capitales estadounidenses y británicos asentados en islas del Caribe y en el estado de Delaware. Las etapas posteriores incluyeron un progresivo bloqueo, que impidió la importación de medicinas y alimentos y un intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro mediante la utilización de drones explosivos.

 

Las máscaras se derriten

 

Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders, ex candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos.

 

La fase actual de la promocionada ayuda humanitaria abarca el intento de duplicidad del Poder Ejecutivo venezolano con el reconocimiento del auto erigido presidente Juan Guaidó [4]. En las cercanías de las oficinas de los congresistas estadounidenses circulan humoradas respecto a la crisis humanitaria que implicaría, para los empresarios norteamericanos, desaprovechar negocios respecto a la mayor reserva certificada de petróleo de mundo, la tercera de gas, la tercera de oro, la quinta de hierro y la hipótesis de contar con los yacimientos de coltán más importantes a nivel global, mineral vital para la elaboración de las futuras baterías de los dispositivos electrónicos necesarios para la cuarta revolución industrial. Las bromas esparcidas en los despachos del Capitolio se hicieron más ácidas cuando se difundió que el jefe de la comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, el demócrata Eliot Lance Engel, descartó la autorización de su bancada, que posee la mayoría de los escaños, para una intervención militar en Venezuela, como la que sugirió reiteradamente el presidente Donald Trump.

Las humoradas se vieron justificadas por la intervención de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, quien recientemente se refirió al rol de las corporaciones trasnacionales monopólicas, y sobre todo las petroleras y aquellas que producen aparatología bélica, para inficionar el sistema político estadounidense y lograr intervenciones militares e invasiones dirigidas a lograr ventajas estratégicas en el acceso a materias primas y control logístico territorial. Ocasio-Cortez también apeló al humor para desenmascarar el mecanismo por el cual parlamentarios y miembros del poder ejecutivo buscan ventajas basadas en la corrupción corporativa y empresarial. Frente a un comité de expertos en ética, convocados en una audiencia de la comisión de vigilancia del Congreso, pareció explicar las motivaciones últimas de la injerencia sobre Venezuela.[5]

 

Los mandatos del capitalismo monopólico global al interior de la política estadounidense. Una explicación de cómo funciona la ofensiva injerencista.

 

A fines del siglo XX Hugo Chávez inauguró una etapa enfrentada al neoliberalismo que tuvoecos, continuadores y socios en varios países de América Latina . Ese proceso se condensó en 2005, en la ciudad argentina de Mar del Plata, con el “No al ALCA”, que significó un límite preciso a la manipulación de Washington en la región. La irrupción del supremacista Trump profundizó la guerra de baja intensidad basada en sanciones financieras, la pretendida dualización y la restricción a recuperar reservas de oro y divisas depositados en Gran Bretaña y Estados Unidos. Según un pormenorizado análisis reciente divulgado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), el aislamiento humanitario –mejor denominado asfixia programada— supuso la pérdida de 350.000 millones de dólares en producción de bienes y servicios entre 2013 y 2017. “Desde que Nicolás Maduro asumió la Presidencia en 2013, el sector público venezolano dejó de recibir, en términos netos, flujos que en el quinquenio 2008-2012 habían supuesto más de 95.000 millones de dólares, es decir, unos 19.000 millones de dólares anuales” [6]. El bloqueo económico y la amenaza de la guerra civil para generar el colapso, la imposición de un imaginario justificador de la existencia de un poder dual y la invasión estadounidense que se anuncia entre los opositores con fecha precisa el 23 de febrero, disimulada en el caballo de Troya de la supuesta ayuda humanitaria: todo para terminar, de forma ejemplarizante en la región, con el virus de la Revolución Bolivariana.

Años atrás, un importante funcionario de la cancillería argentina participó en Washington de la presentación del libro de Henry Kissinger Orden mundial: Reflexiones sobre el carácter de las naciones, por entonces un best seller mundial. Luego de las acotaciones elogiosas de dos comentaristas y la pausada alocución del autor, se autorizó una ronda de preguntas los presentes. El funcionario diplomático argentino inquirió, respetuosamente, al autor: “¿Cuál es la razón, señor Kissinger, por la cual usted se refiere a América Latina en forma tangencial y exigua en su texto?” El ex jefe del Departamento de Estado apeló a una risa disimulada y respondió: “Porque America Latina no es un problema de política exterior de los Estados Unidos. Es una cuestión doméstica de nuestro país”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

 

[1]. No todos los países de la Unión Europea (UE) se suman al desconocimiento de Maduro. Hasta el momento Italia, Grecia, Rumanía, Irlanda, Bulgaria, Chipre, Malta y Eslovaquia han omitido la legitimación de Juan Guaidó. En total, sólo 40 países de las 193 reconocidas por las Naciones Unidas avalaron al autoproclamado primer mandatario Guaidó.

[2]. https://www.acnur.org/emergencias.html

[3]. https://www.miamiherald.com/news/nation-world/world/americas/haiti/article41860518.html

[4]. El bloqueo proscribe el acceso de Venezuela a los mercados financieros internacionales, lo que impide renovar sus títulos de deuda pública o solicitar nuevos. Imposibilita la compra de crudo liviano para la refinación de la materia prima lo que genera fuertes caídas en la generación de divisas. Un proceso generado por Estados Unidos para empujar el colapso.

[5]. https://www.lavanguardia.com/internacional/20190212/46411250884/juego-corrupicon-alexandria-ocasio-cortez.html El video de Alexandria Ocasio-Cortez sobre la corrupción institucionalizada se convirtió en el video político más visto de la historia de Twitter con 40 millones de reproducciones.

[6]. https://www.celag.org/consecuencias-economicas-boicot-venezuela-resumen/

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