Comencemos así: Alex es una joven y prometedora fiscal del crimen que trabaja en Barcelona en la actualidad, que se estuvo preparando y capacitando durante años para su puesto como funcionaria de la Justicia. En su trayectoria le ha dado especial importancia a los asuntos vinculados a las graves violaciones de los derechos humanos en la historia del siglo XX; de allí que fuera alumna en Harvard del ex fiscal del juicio a las juntas, Luis Moreno Ocampo. Hizo varios cursos en La Haya, incluso con el legendario Ben Ferencz, fiscal de los juicios de Núremberg que falleció hace muy poco.
Esa vocación por estos temas se despertó en Alex de repente; desconoce los motivos, es algo que siente que la atrapó y que la ha llevado a investigar y escribir sus trabajos y tesis. Pero ocurre que un buen día, en un almuerzo familiar, alguien mencionó —al pasar— la historia de un tío que vivió en la Argentina. El comentario fue que esa persona era un militar que tuvo algo que ver con la dictadura de ese país y llegó a estar preso por eso. Nada más, pocos datos. Alex quedó muy desconcertada. Preguntó y no le supieron decir nada más.
De repente, justo se trataba del tema que obsesiona a esta fiscala, temática a la que se ha dedicado todos estos años a estudiar. El mundo se desmorona. Tuvo (y no lo sabía hasta entonces) un tío acusado por delitos de lesa humanidad. Ambos portan el mismo apellido.
Así nace esta historia: la “carta” que escribe la fiscal Alexandra García Tabernero (1991) a su tío, el coronel Reinaldo Tabernero. Represor de las huestes de Ramón Camps, miembro de rango de la estructura del terrorismo de Estado montada en los circuitos concentracionarios de la provincia de Buenos Aires, que produjo miles de secuestros y desapariciones.
El libro se convierte así en una investigación apasionante acerca de los cruces del destino y sobre los hilos laberínticos de la memoria, que además unen a la Argentina con España.
Atenazada por el descubrimiento y por la falta de mayores datos, Alexandra no perdió el tiempo y viajó de inmediato a Buenos Aires a encontrarse con su historia.
Carta al coronel (así es el título del libro) se va escribiendo en un cuaderno como una auténtica road movie; cada dato, cada encuentro se transporta a la escritura, que fluye mientras ella le va contando a su pariente lo que va encontrando por el camino a cada paso: en los archivos, en sus charlas con las víctimas, quién fue, lo que hizo, de qué se lo acusa, pero también le cuenta quién es ella y por qué eligió ser fiscal.
Decía que Reinaldo Tabernero fue un coronel de la dictadura argentina, mano derecha del general Ramón Camps; se desempeñó en la subjefatura de la Policía bonaerense entre el 29 de noviembre de 1976 y el 14 de diciembre de 1977. Falleció en 2007 a los 85 años, mientras estaba preso por delitos de lesa humanidad, por los que nunca alcanzó a ser juzgado. Por ser parte de la cadena de mandos y ocupar un rol preponderante, las pruebas en su contra eran muchas.
Cuando Rodolfo Walsh decidió darle formato de carta a su último mensaje dirigido a la junta militar, sabía que ese género era efectivo, por eso lo había elegido. El registro de la misiva interpela, es un cross incisivo en la mandíbula de quien la recibe. Pero ¿qué ocurre cuando está dirigido a un fantasma en pena que sigue dando vueltas por este mundo por alguna razón y no se va al más allá? La “carta al coronel” que escribe Alex pareciera sugerir que el alma de su tío es un alma en pena atrapada debido a asuntos pendientes, hechos violentos de los que formó parte y por los que nunca rindió cuentas.
Que las nuevas generaciones hagan rendir cuentas a sus descendientes de este modo es un hecho bastante inédito. Que encaren la memoria con frescura y se hagan cargo de los silencios y obturaciones de las generaciones pasadas tiene un efecto liberador.
Quizás haya una línea que cruza a este libro con aquel escrito por Javier Cercas hace ya muchos años titulado Soldados de Salamina (2001). En este, el escritor cuenta la historia de Rafael Sánchez Mazas, escritor miembro de la Falange que es perseguido y logra escapar de las escuadras republicanas en la frontera con Francia a fines de 1939, pero es emboscado y, a través de un momento de gracia, un soldado republicano que lo encuentra le perdona la vida. Por eso Sánchez Mazas se convierte, más tarde, en el ministro de Cultura de Franco. Porque alguien, ni más ni menos que un republicano, le ha perdonado la vida.
Hay en el libro de Alexandra algo de eso que cuenta Cercas. Aquello que ella concede a su familiar verdugo. Una última instancia de la memoria; no como acto de perdón o reconciliación, sino como mecanismo de justicia poética a través de la carta interpelativa. Porque al fin y al cabo ella reconstruye por medio de la escritura (se convierte en escritora) la historia de su familiar, perpetrador de un genocidio, que no ha podido ser juzgado a tiempo.
Entonces, ese acto de justicia es la condena de tener que escuchar a alguien de su propia sangre relatar los horrores que cometió, contarle qué pasó después de que murió. Contarle quién es ella, que hubo juicios en la Argentina y —acaso— qué hubiera pasado de seguir vivo y ser juzgado.
En el fondo se trata de una rendición de cuentas generacional y de un intercambio con el sentido de lo justo en los legados de la memoria social e individual, como cruce.
Alex insistirá en que no escribe como fiscal. Ha preferido dejar de lado esa investidura para ceder al lugar de mujer, de investigadora, viajera, ciudadana y, en última instancia, como familiar del verdugo y escritora. Demuestra que es posible des-exorcisar a los propios fantasmas, mientras se dona a las víctimas el sentido de esa historia, que es, en última instancia, un modo de reparar, mientras se conocen los caminos de la propia identidad, que a veces coinciden con las extrañas simetrías y los leves anacronismos.

* Alexandra García Tabernero (Barcelona, 1991) es fiscal y profesora de Derecho Penal en la Universidad de Barcelona y en la Escuela de Policía de Cataluña. Tras cursar un máster sobre derecho penal internacional en Harvard, trabajó en la Corte Penal Internacional y en el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia. Su primer libro nace de un descubrimiento: un familiar suyo, coronel y subjefe de la policía de la provincia de Buenos Aires en 1977, habría acabado preso, investigado por crímenes cometidos durante la última dictadura argentina como los que se ha dedicado a combatir.
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