LA CASA DE PAPEL

La delicada situación argentina en medio de contradicciones globales agudizadas

 

Hay una par de asuntos entremetidos en los análisis de las distintas batallas que se van sucediendo en la Guerra Comercial que llaman a confusión. No son temas alejados de repercusión secundaria porque impactan directamente en las perspectivas del pago de la deuda, en tanto lo que está involucrado son los flujos comerciales (exportaciones e importaciones). En verdad, el fantasma conceptual acerca de esta Guerra sin balas enreda a la misma naturaleza del objetivo de la conflagración. Para calibrar cuánto de ruido y cuanto de nueces hay en todo esto, lo primero es identificar si se está hablando del fruto del nogal, o de tipos diferentes como la nuez póntica o la moscada, entre otras variedades.

A partir de ahí es factible discernir la validez o alcance de las razones por las que la Guerra Comercial cosecha abrumadora mayoría de opiniones críticas y pocos adherentes, al menos en los tribunales de la opinión global publicada. Con la fina ironía y dejo de sorna que le eran características, John Kenneth Galbraith apuntaba que en los temas económicos las opiniones mayoritarias generalmente resultan equivocadas. El intento de tomarle el pulso al desenlace y las posibles condiciones del armisticio, lleva a colegir si se trata o no de la excepción que confirma la regla de Galbraith. La tarea, entonces, se encamina a escarbar en el terreno de la solidez o debilidad de los fundamentos de las opiniones refractarias que la apostrofan, teniendo a la vista –en primer lugar— las oleadas coyunturales en ese mar de fondo, pues hacen a la marcha del conflicto.

 

Pasajera en trance

John Kemp en un cable de Reuters (12/06/2019) afirma que “los flujos del comercio mundial están aplanados o cayendo en todas las principales regiones a medida que la economía mundial se tutea con una recesión por primera vez desde 2008/09, lo que reducirá el crecimiento del consumo de petróleo, especialmente para los destilados medios, como el diesel”. De acuerdo al cable de Reuters, el tráfico comercial ha bajado un 5% en el Aeropuerto Internacional de Hong Kong, el mayor centro de carga aérea del mundo, al comparar marzo-mayo con el mismo período del año pasado.

Con respecto a Hong Kong, cabe consignar que en este centro financiero mundial –uno de los principales—, desde hace una semana se han desatado multitudinarias, violentas e inusuales manifestaciones. La causa es un fuerte coletazo de la Guerra Comercial. La multitud enardecida se opone al proyecto de ley que permitiría la extradición de Hong Kong a China continental, dando el primer paso para quedar bajo el sistema judicial chino, socavando el marco de un país, dos sistemas que ha estado vigente desde que China obtuvo la soberanía sobre Hong Kong en 1997. Los legisladores ante la disyuntiva de ser pronto víctimas del proteccionismo de Trump (hasta ahora inmune por el trato especial que tiene Hong Kong), todo indica que optaron por la carta china. El Congreso norteamericano tomó nota y el consenso bipartidario expresó su disposición a retirar esos privilegios especiales si Hong Kong pierde más autonomía. La Nikkei Asian Review da cuenta de que “alrededor de 1.300 empresas estadounidenses tienen base en Hong Kong, y una serie de empresas estatales chinas cotizan en bolsa”. El tironeo es grande y tiene como probable salida el desplazamiento de las empresas hacia Singapur, ciudad-Estado reputada globalmente como las más honesta plaza para el lavado de dinero. El cónsul general argentino en Singapur es Nicolás Caputo.

Volviendo a Kemp y el tráfico comercial en los aeropuertos, el de Heathrow en las afueras de Londres experimentó una caída en el volumen del 4,5% durante el mismo período, que coincide con los mínimos de 2013. En otros grandes aeropuertos se observan descensos más acotados. Para Kemp esto es relevante debido a que si bien «el transporte aéreo se usa solo para la mercancía más valiosa y sensible al uso inmediato, en general resulta un buen indicador para el resto del sector de carga y la economía en general». Según Kemp, en amplia coincidencia con el resto de los análisis de la materia, “la economía global aún podría evitar una recesión absoluta”. También, como el resto, cifra su esperanza en que los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal, recorten las tasas de interés de referencia. Señala Kemp que los operadores aguardan para enero de 2020 que las tasas sean 75 puntos básicos más bajas que las de hoy. Así esperan que además de que no se agudice la desaceleración en los próximos seis meses, más bien se revierta.

 

Ordeñar la tradición

Ya pinta como una inopinada tradición argentina que las crisis las pague el petróleo. Ordeñar el gas y el petróleo de recuperación secundaria de Vaca Muerta está en el orden del día del repago de la deuda. El precio del barril, ahora sacudido por los serios incidentes del estrecho de Hormuz (por donde pasa el 30% del crudo que consume el mundo) y el del gas por las amenazas de Donald Trump a la canciller alemana Ángela Merkel por el gasoducto con Rusia, depende de la propia situación global del sector como de la fase del ciclo económico que se espera atravesar.

El barril de Brent (precio de referencia argentino) entre enero y abril subió 50 %. Pasó de 50 dólares a 75. Los precios del petróleo han caído más del 20 % ciento desde fines de abril. En enero, los especialistas proyectaban que podrían superar los 90 dólares por barril. Por estos días, los analistas especulaban acerca de que el gobierno de Trump actuaría para sostener al alza el precio del barril si se deslizaba hacia el breakpoint de 45 dólares. Para tener un punto de referencia más firme, esta volatilidad conduce a examinar lo que acontece en el mercado de futuros del petróleo. Lo que vincula los precios al contado y futuros es el nivel de stocks que posee el sector petrolero.

El precio spot (contado) es lo que paga si necesita un barril de petróleo de inmediato. El mercado del petróleo cambia entre backwardation (donde los precios de los futuros están por debajo del spot) y contango (donde están por encima). Actualmente, los precios de los futuros están por debajo de los precios spot. Esta backwardation es una señal para reducir los stocks mientras los precios están altos. Y, de hecho, los stocks han estado cayendo, según datos de la UNCTAD. Esto sugiere que el mercado no cuenta con suficiente oferta. Si los stocks caen más, es probable que la backwardation se vuelva más extrema. Los stocks grandes tienden a disminuir la volatilidad de los precios, los stocks de menor volumen tienden a amplificarla.

Conforme distintos informes del sector, no obstante Arabia Saudita (segundo principal productor mundial), con necesidad de un barril a 80 dólares para equilibrar sus cuentas, está extrayendo por debajo de su cuota OPEP, y Venezuela está en la lona, las que han pesado sobre los precios son las preocupaciones acerca del impacto en la demanda de la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la desaceleración de la economía mundial. En paralelo, muchos traders esperan que el shale de los Estados Unidos crezca más rápido de lo que se anticipó a principios de año. Mientras tanto, los halcones de la política exterior norteamericana no pierden el tiempo y van de amenaza en amenaza sobre Irán y las exportaciones de petróleo de los persas, en tanto Vladimir Putin denunció como «muy grave para nosotros, en términos materiales, económicos y de imagen», el atentado al oleoducto Druzhba, al que se lo contaminó con cloruros orgánicos, para tornar el fluido altamente corrosivo durante el proceso de refinación. Las estimaciones apuntan a que se ven afectados los suministros del 8% del consumo diario del continente europeo.

Lo paradójico es que este mundo deflacionario y alicaído que anda a los panzazos durante 2018 consumió más energía. En el BP Statistical Review of World Energy 2019-68th Edition (editado por BP, anteriormente British Petroleum) se constata que el consumo de energía primaria creció a una tasa de 2,9% el año pasado, casi el doble de su promedio de 10 años de 1,5% anual, y el más rápido desde 2010. El aumento fue liderado por el gas natural y las energías renovables. Sin embargo, las emisiones de carbón crecieron 2,0%, el salto más grande desde 2011. Eso es aproximadamente equivalente a las emisiones de carbón asociadas con el aumento en un tercio del número de automóviles en el planeta. Equivale a como si de golpe hubiera 400 millones de vehículos de pasajeros más en todo el mundo. El origen estuvo en el cambio climático. Aumentaron y se igualaron los días muy fríos y los días muy calurosos. Normalmente, en un año de días muy fríos se registran días de poco calor extremo y viceversa. Ambos se compensan.

Esto afectó principalmente a los Estados Unidos, cuyo consumo de energía se expandió a su ritmo más rápido durante 30 años. Junto a China y la India representaron en conjunto más de dos tercios del aumento global de la demanda de energía. En general, las energías renovables representaron aproximadamente un tercio del aumento necesario en la generación de energía. Por otro lado, el carbón representó aproximadamente la misma proporción. Se observa entonces que las energías renovables no pueden crecer lo suficientemente rápido. Se cierra así el círculo vicioso. El clima extremo hace que se use más energía para climatizar, lo que aumenta las emisiones de carbón, lo que los científicos dicen que es la principal causa del clima extremo.

 

Es por dinero

Flujos comerciales con serias trabas, el precio del petróleo que va y viene, aunque parece que los norteamericanos están muy interesados en que vaya y no vuelva, lo cierto es que la Argentina tiene que resolver su delicada situación en medio de la agudización de contradicciones globales no menores. Tampoco ayuda que los críticos de la Guerra Comercial emprendida por Trump le reprochen, como hace Kimberly Ann Elliott en la World Politics Review (06/ 11/ 2019), resumiendo bien la opinión generalizada de que “las acciones de Trump están socavando la credibilidad de los negociadores estadounidenses […] potencialmente amenazando con llevar a la economía a la recesión […] Lo que quizás sea lo más angustioso de esta letanía de costos económicos y políticos, además de los beneficios cada vez más pequeños, es que el final del juego sigue siendo un misterio. ¿Cree Trump lo que dice sobre los extranjeros que pagan las tarifas? ¿O esa incertidumbre es buena porque alentará a las empresas a devolver la actividad manufacturera a los Estados Unidos? ¿Simplemente prospera con el caos y la confrontación sin tener en cuenta las consecuencias? ¿Es política, pura y simple, o ignorancia, estupidez y ambición personal?”

Viene a cuento una interesante observación de Lord Keynes de 1933, al puntualizar que “la distinción entre una economía cooperativa y una economía entrepreneur [de empresarios emprendedores] tiene cierta relación con una significativa observación hecha por Karl Marx […] Señaló que la naturaleza de la producción en el mundo real no es, como suelen suponer los economistas, un caso de M-D-M’ […] Ese puede ser el punto de vista del consumidor privado. Pero no es la actitud de los negocios, la que es un caso de D-M-D’, es decir, tomamos como punto de partida el dinero por la mercancía […] para obtener más dinero”. La producción (M por mercancía) se realiza con la convicción de que la cantidad de dinero recibida al final del proceso de intercambio de producción (D’) será mayor que la cantidad de dinero anticipada al inicio (D).

Lo que hace la académica Elliott del George Washington University Institute for International Economic Policy, y con ella el conjunto de críticos de Trump, es basar sus anatemas como si se tratara de una economía de pequeñas cooperativas. En ese caso la secuencia que captura la visión neoclásica del beneficio de la economía basada en el comercio es M-M’, donde M y M’ representan bienes producidos (Mercancías) con diferentes valores de uso. Cuando se introduce el dinero, la relación se modifica a M-D-M’ y no se produce ningún cambio fundamental. El dinero simplemente facilita el proceso de intercambio. En el capítulo XXIII de la Teoría General, Keynes señaló que la preocupación de los mercantilistas por la balanza comercial positiva «durante unos doscientos años», y que redundó en que «casi todos los teóricos de la economía hayan sostenido que la ansiedad con respecto a estas cuestiones es absolutamente infundada, excepto para los cortos de miras [ahora le parecían] ser el elemento de verdad en la doctrina mercantilista».

Ese elemento de verdad es que una balanza comercial desfavorable (es decir, un déficit comercial) llevaría a una salida de oro, lo que reduciría la inversión doméstica y extranjera y, en consecuencia, la producción y el empleo. La inversa es cierta. Keynes reconoció, que estos problemas no son peculiares de las naciones que operan bajo el patrón oro; surgen con cualquier sistema de tipos de cambio fijos o no. Plantear un sistema flexible es un ejercicio escolar sin relación con la realidad, porque siempre las monedas flotan con respecto a una de referencia. En este caso el dólar. Más allá de esto, o por esto mismo, la pelea de fondo de Trump es por el dólar. El comercio es el mensaje del país que emite la moneda mundial y, a raíz de eso, los problemas de su déficit comercial son de naturaleza diferente.

Como el déficit norteamericano de cuenta corriente ha estado significativamente por arriba de la tasa del comercio internacional, entonces hay sobrecarga de dólares en el mundo (aunque la tasa de interés esté en casi cero). Esa liquidez explica el sobreendeudamiento argentino. Michel Bordo (VoxEU 07/06/2019) traza un paralelo entre la situación actual y la que llevó a Nixon a poner fin a la convertibilidad del oro en 1971. Especialmente con relación a las políticas fiscales y el uso de la protección arancelaria como herramienta estratégica. Entiende que hoy como ayer una de las principales causas fundamentales de estos desequilibrios, es que fueron creados por las políticas macroeconómicas de los Estados Unidos y amenazaban y amenazan la salud del dólar. El Presidente Nixon culpó al resto del mundo en lugar de corregir las políticas monetarias y fiscales de Estados Unidos, dice Bordo. No se percibe una diferencia entre la austeridad presupuestaria que Bordo y otros más conscientes de la naturaleza del problema le reclaman a Trump y la austeridad de una protección aduanera lisa y llana, que tiene en forma directa sobre las importaciones de ese país, y por ende sobre el equilibrio del comercio, los mismos efectos que los que se busca obtener en forma indirecta y aleatoria mediante la deflación del presupuesto.

Como los dólares no son convertibles, la única manera de la que dispone el resto del mundo para deshacerse de ellos o para reducir su cantidad es no ganándolos, es decir vendiendo menos bienes a los Estados Unidos o comprándoles más. De lo contrario, deberá cosechar tantos dólares como derrama el déficit comercial norteamericano. Todos están jugando en la zona más taimada de la diplomacia y la Argentina debe tomar debida nota. Al respecto, no se percibe cómo podría alentar la salida de la crisis la alcahuetería orgánica hacia los norteamericanos (lo contrario a establecer relaciones serias) que propone Miguel Pichetto, el tránsfuga flamante candidato a vicepresidente de la Nación por el oficialismo.

 

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