La desidia

Ni protocolos activados ni atención del SAME: el relato de la primera muerte por coronavirus en Argentina

 

Guillermo Abel Gómez es el primer muerto por coronavirus en la Argentina. Estaba por cumplir 65 años cuando un amigo lo cargó hasta la guardia del Hospital Cosme Argerich después de tres llamadas infructuosas al SAME. La cabeza le pesaba y casi no podían mantenerlo sentado en la silla que el guardia del centro médico le había cedido a Gómez. Estuvieron casi seis horas para que lo atendieran, mientras otros pacientes y usuarios del centro sanitario pasaban por allí. Gómez murió a los tres días. Los vecinos del barrio denuncian desatención del SAME y los trabajadores del Hospital que no se activaron los protocolos para tratar al Covid-19.

Gómez había estado de visita en Francia. Había ido a ver a su hija. Él mismo había vivido en Francia junto con su compañera Nélida para huir de la represión de la dictadura en Argentina. Había sido militante del Movimiento Villero Peronista. En Buenos Aires, vivía en la calle Balcarce – a unas cuantas cuadras de la Casa Rosada –, en el barrio de San Telmo. Por ahí, era común escucharlo hablar de su militancia en los ’70 – con los más jóvenes que se acercaban a las actividades políticas.

En París, sus compañeros del exilio lo recuerdan como el Gordo Guillermo. Trabajaba en la cantina del Banco de Francia y tenía mucha actividad en la CGT francesa. Nelly se ganaba la vida allá como cocinera de unos religiosos. Los dos solían participar en las actividades de solidaridad que organizaban los exiliados en la capital francesa.

Este verano Guillermo volvió a Francia, y regresó a Buenos Aires el 25 de febrero. No tenía síntomas del coronavirus, por lo que se dio varias vueltas por el barrio. Tuvo contacto con otros vecinos y vecinas – varios que integran los grupos de riesgo por superar los 65 años. Estuvo dos veces en una pizzería del barrio que solía frecuentar por la mañana. Su muerte sorprendió a los trabajadores del local, que también sabían que sufría de varias enfermedades. Tenía diabetes (insulinodependiente), hipertensión, bronquitis crónica e insuficiencia renal.

Para el 28 de febrero, los síntomas ya empezaron a manifestarse – según comunicó oficialmente el Ministerio de Salud de la Nación. Tos, dolor de garganta y fiebre. Su ingreso al Hospital Argerich quedó registrado recién el miércoles 4 de marzo.

 

La espera

Luis Contreras tiene 79 años y vive en El Jagüel, Monte Grande. Fue compañero de militancia de Gómez en el Movimiento Villero Peronista.  Estaba en su casa cuando recibió el llamado de Nélida, la compañera de Gómez. Estaba muy preocupada. Contreras se apuró y se fue para San Telmo.

Llamaron al 107 – el número del SAME, que depende del Gobierno de la Ciudad. Pidieron ayuda, explicaron que había estado en Francia y que tenía mucha fiebre. Luis bajó para esperar la ambulancia. Pensó que iba a llegar rápido, pero se cansó de esperar. Volvieron a llamar y les dijeron que la ambulancia estaba en desinfección. Hubo un tercer llamado. En este caso, fue el mismo Luis quien se comunicó. Le contestaron que estaba restringida la ambulancia – según contó el lunes en El Destape Radio.

Lo vistieron como pudieron y Luis, con sus 79 años a cuestas, bajó como pudo a su amigo desde el primer piso. Se tomaron un taxi hasta el Argerich. Para su sorpresa, al llegar, vieron que había tres ambulancias del SAME estacionadas frente al hospital.

Nélida fue a sacar un número a la guardia y Luis le pidió una silla al guardia del hospital porque Guillermo no se sostenía en pie. Estuvieron desde las 12.30 hasta las 18 para ser atendidos. Cuando lo vio una médica, dijo que debían haberlo ingresado antes.  Quedó en un box en la guardia.

Luis volvió a visitarlo el viernes. Estaba alojado en el segundo piso. Había otras personas. “Vi que ya estaba muy mal”, contó. En la mañana del sábado, lo llamó Nélida. Había fallecido. Le dijeron que era una pulmonía, que se había complicado por la insuficiencia renal.

Al día siguiente, en el Hospital Malbrán, el hisopado que le habían hecho dio que la verdadera causa de la muerte era la enfermedad que estaba haciendo estragos en varias partes del mundo. Covid – 19. Coronavirus.

 

El aviso

Una vecina de San Telmo que conocía a Guillermo del barrio se preocupó cuando empezó a circular la información de la primera muerte por COVID–19. Lo había visto en algunas actividades. Él le había hablado de Francia y de sus militancias. Le había contado cuántas ganas tenía de volver.

El domingo pasado leyó la noticia de la primera muerte por coronavirus en la Argentina. Con los datos que circulaban tuvo pocas dudas de que se trataba de Guillermo. Además, encontró varias llamadas perdidas en su celular. No tenía el número registrado. Pudo reconstruir que se trataba de Nélida, que quería avisarle. No pudo hablar con ella, pero se comunicó con una familiar.

La vecina también llamó al 107. Esta vez, para consultar qué tenían que hacer quienes habían estado en contacto con Guillermo después de su regreso de Europa. No era su caso, pero quería acercarle la información a otros vecinos y vecinas. El primer mensaje que recibió fue que quienes habían visto a Gómez tenían que ir al Hospital Muñiz. El mensaje varió en la segunda comunicación: No debían concurrir a ningún hospital público.

Ella les ofreció pasarles los contactos para que se comunicaran con estas personas que podían estar contagiadas – como sucede con los pasajeros que comparten el avión con personas que dan positivas en el test. No les interesó.

— Nosotros no podemos salir a cazar gente – le dijeron en la última comunicación.

 

El protocolo

El lunes 9, el médico Roberto Veneroni, jefe de guardia de los días lunes, comunicó que estaban en colapso operativo en el Argerich. Para entonces, una asamblea de trabajadores se había congregado en las escaleras del centro médico. Denunciaban que, a diferencia de lo que decía el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, no se había activado ningún protocolo. Ni barbijos ni áreas restringidas. Nada de nada.

— ¿Por qué sucedió eso? – preguntó El Cohete a uno de los representantes de los trabajadores.

— Porque decían que venía de Francia y que no era una de las zonas de riesgo.

A Guillermo lo testearon, según relataron fuentes, por insistencia de la jefa de infectología. Ese hisopado fue analizado en el Malbrán y el resultado se conoció el domingo, cuando el hombre ya llevaba varias horas muerto.

Según contó Eduardo Paredes, delegado del Sindicato Único de Trabajadores y Empleados de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA), se confeccionó una lista de personas que estuvieron en contacto con Guillermo durante los tres días que estuvo internado en el Argerich. En la lista hay médicos, enfermeros y camilleros. También se empezó a trasladar a pacientes de cuidados intensivos a otros hospitales.

La lista, por lo que informaron a este medio, era, al principio, de 60 personas. Se depuró y terminó conformada por unas 40 personas, que están licenciadas y en cuarentena.

Sin embargo, la lista no contempla a todos los que pasan por el Hospital de La Boca o que tienen contacto con quienes lo hacen. Por ejemplo, el sábado por la noche hubo una fiesta de cumpleaños a la que acudió personal que había estado en contacto con el paciente. Estas personas también están en riesgo.

Pero también para quienes acuden a diario a la guardia o incluso para quienes van a dormir al Argerich porque no tienen un techo donde hacerlo. Las Asambleas del Pueblo, por ejemplo, comunicaron que muchas de las personas en situación de calle con las que sus militantes trabajan durmieron en los bancos de la Guardia, a metros de donde estaba Guillermo. Después concurrieron al comedor de la Asamblea, ubicado en Chacabuco y México, o al Merendero Darío Santillán (México 640), pudiendo portar el virus y transmitirlo a otras personas. El riesgo de contagio es enorme. Por eso, desde el lunes, no abrirán las puertas ni el comedor ni el merendero, y, en su lugar, entregarán viandas.

Estas son las historias que el Gobierno de la Ciudad no cuenta, ni hace videos para explicar sus propios errores—como lo hizo con el estornudo de Rodríguez Larreta. Pero son las historias que pueden cobrarse vidas.

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