La deuda, en cuarentena

La respuesta del G-20 y el FMI a los pedidos de condonación de deuda

 

Desde Nueva York*

La semana que ha pasado ha sido clave para el movimiento que busca la condonación de la deuda: el G-20 acabó de poner la deuda en cuarentena. Este multimillonario paquete de alivio dará tiempo y espacio para que las naciones más pobres del mundo puedan salvar vidas, en vez de pagar deudas. Pero, a largo plazo, los líderes del G-20 solo dieron un remedio temporal al tóxico problema de la deuda en el mundo, cuando en realidad lo que se necesita ahora es una cirugía completa, profunda y reparadora. Decenas de países pobres gastan más en el pago de deuda que en servicios médicos, y si no cancelamos estas insostenibles deudas ya, la crisis de hoy podría ser la pesadilla de mañana. En ese sentido, y aunque muchos analistas no lo digan, la Argentina ha marcado una voz sólida y contundente en el G-20 y su actuación en los próximos meses puede definir para siempre el debate sobre las deudas soberanas.

Tras los llamamientos de cientos de miles de personas en todo el mundo para la cancelación de la deuda para ayudar a los países de bajos ingresos a enfrentar el coronavirus, el G-20 decidió suspender toda la deuda bilateral a 77 países para el 2020. Se estima que el monto ascenderá a más de 20.000 millones de dólares, alrededor de 12.000 millones en préstamos gubernamentales y 8.000 millones en deuda privada. Además, el FMI acordó cancelar 215 millones de dólares en pagos de deuda para 25 de los países más pobres del mundo. Son buenas noticias y de hecho le da un respiro a muchas naciones pobres, pero aún queda un largo camino por recorrer.

Lo que antes era una meta difícil de imaginar, ahora es parte de la conversación. Cuando la sociedad civil mundial relanzó su llamado para que los gobiernos cancelen la deuda, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) se hicieron eco del pedido, y un grupo de ministros africanos pidieron la suspensión de todos los pagos de intereses, la mayoría de acreedores privados.

Desde entonces, durante toda la semana hemos visto a personas y organizaciones de todo el espectro pedir unánimemente un alivio de la deuda: el Papa Francisco, el Presidente francés Emmanuel Macron, las Naciones Unidas, la Unión Africana, más de 150 ex Presidentes y economistas y una coalición de más de 240 ONGs en todo el mundo se han pronunciado a favor del alivio. Lo que vimos es que la conversación sobre este tema ha cambiado radicalmente, y por primera vez en décadas vemos a la ciudadanía interesada en este debate.

Recapitulemos. La semana pasada, los países miembros del G-20 y del Club de París anunciaron un acuerdo inédito (incluso China y Estados Unidos, a pesar de las tensiones), lo que demuestra que la cooperación global es posible. Y lo más importante, esto significa que miles de millones de dólares están disponibles de inmediato para que los países más vulnerables los gasten en sus sistemas de salud y respondan al coronavirus, sin pagar préstamos. Entre otros puntos, esta medida incluye pagos, no solo intereses. Por otro lado, el G-20 exhorta explícitamente a los acreedores privados a sumarse, y aunque de hecho esa medida es meramente voluntaria, ya se han anunciado suspensiones por el valor de 8.000 millones de dólares.

Esta semana fue histórica porque también vimos la suspensión o cancelación de la deuda tanto de prestamistas internacionales como de países, así como algunos anuncios de prestamistas privados, todo al mismo tiempo. Hablamos de las deudas bilaterales (prestadas de un país a otro), multilaterales (prestadas por un gran organismo internacional como el FMI o el Banco Mundial), o de prestamistas privados (generalmente bancos o fondos de cobertura). Por otro lado, el lunes pasado el FMI, el organismo que presta a países en crisis temporal, anunció que cancelará 215 millones de dólares en pagos de deuda para 25 países en los próximos seis meses debido a la pandemia de coronavirus: este es un grupo de algunos de los países de ingresos más bajos e incluye a Sierra Leona y Liberia.

Todos estos son pasos positivos y ayudan a mantener recursos vitales en los países donde se necesita ahora, pero sabemos que aún queda mucho por hacer. Porque si bien esta es una buena noticia, lo cierto es que es una gota en el océano en comparación con los montos totales de cancelación de deuda que se necesitan. Se estima que los países de ingresos medios y bajos necesitan cancelar hasta 300.000 millones de dólares para ayudar a combatir el coronavirus durante el próximo año.

Y aunque hubieron muchos avances en esta semana, los países más afectados por las deudas (entre ellos la Argentina) deben mantener la presión y asegurarse de que se realicen cambios estructurales reales para que las crisis de la deuda no continúen. El coronavirus ha expuesto la fragilidad económica de los países que tienen altos niveles de deudas injustas.

Hay dos actores clave que pueden y deben hacer más en esta crisis: por un lado, el Banco Mundial también tiene que anunciar cancelaciones similares a las del FMI. Y por otro lado, el gobierno chino debe tener una actitud constructiva en la conversación sobre la deuda, si es que realmente quiere posicionarse como una potencia líder y superadora de viejos colonialismos.

Dado el sombrío panorama económico mundial, de acuerdo al último informe del FMI es urgente un cambio radical. Ha llegado el momento de considerar que durante este año se cancelen los pagos de deuda insostenibles para aquellos que necesitan esos fondos. En ese sentido, la voz de Argentina se ha escuchado con atención en el G-20 y en las naciones más pobres. Como dijo el Ministro de Economía, Martín Guzmán, “las perspectivas de recuperación luego de la pandemia dependerán en buena medida de cómo se lidie con el problema de sostenibilidad de deuda de los países más afectados”.

Que el FMI ahora se encuentre abogando por el alivio de la deuda es un símbolo. Los términos del debate han cambiado y están cambiando. Y si no existe dentro del G-20 la visión para pensar el problema de la deuda de una manera más creativa, seguramente aparecerán otras ideas y otros espacios para considerar otros mecanismos, como el cambio de deuda por educación o el cambio de deuda por naturaleza, siempre respetando los derechos de consulta de la ciudadanía.

Además, el G-20 necesita ser más severo y estricto con los prestamistas privados: el alivio de la deuda no debe limitarse a pagar otros préstamos. Ahora están surgiendo ideas interesantes sobre cómo obtener el apoyo del sector privado, como por ejemplo que los acreedores privados no sean elegibles para un rescate financiero debido al Covid-19 a menos que suscriban un acuerdo de deuda global.

El mundo necesita ver la cancelación real de la deuda, no solo la suspensión, para que las deudas de hoy no se transfieran “a futuro”, y para que se introduzca un mecanismo permanente de resolución de deudas en la ONU. Los países afectados no deberían tener que elegir entre pagar y financiar atención médica. También debemos asegurarnos que las deudas con los prestamistas privados estén debidamente reguladas: en este momento, si los países no pagan, no hay nada que impida que los prestamistas privados demanden en los tribunales del Reino Unido o Nueva York. El caso de los fondos buitre contra la Argentina, allá por el 2014, debe ser recordado con mucha atención en este debate. Necesitamos más legislación para asegurarnos de que esto no suceda.

Aquí Argentina, siempre blanco de los fanáticos del mercado hasta el punto de estigmatizar al país como un “paria” del sistema financiero, ha mostrado el camino de lo que es razonable, y ha ofrecido una visión de lo que se debe hacer, no solo por el bien del país sino del mundo. Como dijo Guzmán esta semana, Argentina “constituirá un gran antecedente para el funcionamiento de la arquitectura internacional de resolución de crisis de deuda soberana”. Los próximos seis meses pueden marcar un hito histórico, donde el país abra el camino hacia una década libre de deudas y dominación financiera.

La deuda está en cuarentena. Pero podemos, y debemos, cerrarle la puerta para siempre.

 

* Oscar Soria es un activista argentino, director de campañas e incidencia del movimiento cívico internacional Avaaz, una comunidad online sobre derechos humanos, equidad social, medio ambiente y otras iniciativas de bien público que ha lanzado una campaña mundial por la condonación de la deuda.

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