La deuda es con nosotras

¿Qué tiene que ver el Ni Una Menos con la deuda con los organismos internacionales?

 

Un nuevo aniversario del “Ni Una Menos” nos enfrenta con la consigna: “¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!”. Vivas porque en nuestro país muere una mujer cada 34 horas, libres porque queremos decidir por nosotras mismas, sin condicionamiento alguno, y desendeudadas ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver el Ni Una Menos con la deuda del país con los organismos internacionales de crédito y en particular con el Fondo Monetario Internacional (FMI)? La respuesta es mucho, por no decir todo.

Desde el primer grito en contra de la violencia machista en 2015, los feminismos lograron incorporar la consigna de desendeudamiento a su agenda, lo problematizaron y explicaron cómo una variable macroeconómica y supuestamente lejana incide en la situación cotidiana de mujeres y diversidades. Se visibilizó una situación que hasta el momento sólo leían algunos sectores entre líneas: la deuda externa afecta principalmente la vida de las mujeres, lesbianas, travestis y trans.

La historia de la deuda de nuestro país con el FMI se remonta a la última dictadura cívico- militar. Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo fueron las primeras en hablar del terrorismo financiero como una pata del Terrorismo de Estado. Desde entonces, consignas como “Fuera FMI” y “No al pago de la deuda” se repiten en cada movilización social (excepto en el período de desendeudamiento). La deuda como herramienta estatal se reformuló con la llegada de la democracia, luego con los gobiernos neoliberales, hasta que fue saldada por el ex Presidente Néstor Kirchner en 2005. La Argentina pasó 15 años sin tener ataduras con el Fondo hasta que en mayo de 2018 el entonces primer mandatario Mauricio Macri decidió volver a tomar un préstamo. Fue de 45.000 millones de dólares y, con los intereses, el país debería devolverle al FMI casi 53.000 millones, que pagaría hasta 2024. Nos convertimos en el principal deudor del organismo y hoy el gobierno, que suspendió los pagos, busca llegar a un nuevo acuerdo con las autoridades del Fondo.

Con el nuevo desembarco del FMI en el país llegaron también las viejas fórmulas de ajuste. La intención de Juntos por el Cambio de lavar la cara del organismo, presentándolo como un “nuevo Fondo” del que los argentinos nos teníamos que “enamorar”, se desmoronó tan pronto como se implementaron las primeras medidas de encorsetamiento, condición sine qua non para el desembolso. Quienes más padecen las políticas del Fondo son las mujeres y diversidades por una doble situación: se encuentran debajo de la pirámide social –por el creciente fenómeno de la feminización de la pobreza– y se ven afectadas además porque en los ámbitos en que son mayoría, como la salud o la educación, de dan los mayores recortes del sector público.

 

 

Feminización de la pobreza y el ciclo de la violencia

La violencia por motivos de género no puede ser pensada hoy sin contemplar la dimensión económica del problema: el “Ni Una Menos” se convirtió también en una demanda económica. Latinoamérica vivencia un proceso cada vez más profundo de feminización de la pobreza. ¿Qué significa? El concepto surgió en la década del ‘80 para referir al fenómeno específico de la pobreza que experimentaban los hogares monoparentales a cargo de mujeres. En aquel entonces se consideraba que la pobreza tenía un mayor anclaje en ese tipo de hogares. Con el tiempo este fenómeno fue cambiando y ahora refiere a la mayor incidencia relativa que tiene la pobreza por ingreso en las mujeres. La economista Corina Rodríguez Enríquez explicó a El Cohete que “se habla de feminización de la pobreza cuando miramos las estadísticas y el porcentaje de mujeres pobres en relación con el de hombres pobres es mayor a la relación que hay entre mujeres y varones en el total de la población”.

Rodríguez Enríquez señaló otro fenómeno: la feminización de los programas que se diseñan para atender a la población en situación de pobreza, los llamados programas de transferencias monetarias condicionadas. El Estado transfiere un ingreso a los hogares que suele tener condiciones de acceso vinculadas con la carencia de ingresos pero también que suelen estar asociadas a otra condición, que es la existencia de niños en los hogares y la obligación de cumplir con la asistencia escolar o controles de la salud. “Los programas han tenido innegablemente un efecto positivo en las mujeres porque las acerca a ingresos monetarios regulares pero a su vez tienen la contracara de reforzar el rol cuidador de ellas, al hacerlas responsables de esa función. Entonces las identifica como sujeto de derecho en tanto madre, no en tanto mujeres o en tanto ciudadanas con privaciones”, detalló.

Los recortes del gasto público propuestos por el FMI comienzan por la transferencia de ingresos para mitigar la pobreza y continúan con los sectores de salud y educación, cuyos trabajadoras son en su mayoría mujeres (8 de cada 10). A esa situación se suma que las mujeres tienen además niveles más altos de precarización laboral y de desempleo. Un informe publicado el viernes por el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav) muestra que en el cuarto trimestre de 2020 la desocupación en mujeres fue del 11,9%. Aquellas que lograron acceder al mercado de trabajo lo hicieron en condiciones de mayor precariedad al registrarse mayores tasas de subocupación (18%) y empleo no registrado (32,9%) que los varones, marcando brechas de hasta casi dos puntos porcentuales.

La feminización de la pobreza es un problema estructural que se emparenta directamente con la violencia de género. Cuando Elizabeth Gómez Alcorta, la ministra de las Mujeres, Género y Diversidad, presentó el año pasado su “Plan Nacional de Acción contra las violencias por motivos de Género” para 2020-2022 –establecido por la Ley 26.845 de Protección Integral a las Mujeres del año 2009– propuso un nuevo paradigma para abordar las violencias. Este implica crear condiciones subjetivas y materiales para que las víctimas puedan desarrollar un proyecto de vida autónomo, es decir modificar esas condiciones estructurales que sostienen a la violencia por motivos de género. Cabe destacar que para cumplimentarlo el Plan dispone de un presupuesto 24 veces mayor que el anterior, presentado por la entonces titular del Consejo Nacional de las Mujeres, Fabiana Túñez. Una mujer en la pobreza, sin independencia económica, difícilmente pueda salir del círculo de la violencia en el que está inmersa. Que vivamos en un país con cada vez más mujeres pobres, hecho que se agudizó con la pandemia del coronavirus, es uno de los factores que imposibilitan frenar la violencia por motivos de género.

 

 

El derrame de la deuda

Para las sociólogas Verónica Gago y Luci Cavallero existe una conexión entre la deuda externa y la deuda doméstica. En su libro Una lectura feminista de la deuda: vivas, libres y desendeudadas nos queremos, analizan cómo las políticas de austeridad impuestas por la deuda externa –privatización de recursos públicos, baja de salarios, política de dolarización de alimentos, medicamentos y alquileres– produce una forma sistemática de empobrecimiento y de precarización en las mujeres, lesbianas, travestis y trans. “Notamos que la deuda externa se derrama hacia abajo y aparece como la deuda doméstica”, señaló Gago a este medio. Las investigadoras muestran cómo el aumento del endeudamiento en los hogares, especialmente durante los cuatro años del macrismo, tiene una correlación con la toma de deuda al FMI. “La deuda se convirtió también en la herramienta principal para financiar la vida cotidiana. El aumento de la deuda externa se va traduciendo en la necesidad de tomar deuda en los hogares por el empobrecimiento. Las mujeres son las principales endeudadas, sobre todo las jefas de hogar”.

La doctora en ciencias sociales e integrante del colectivo “Ni Una Menos” alertó que con la pandemia se agudizó la exigencia a las mujeres en términos de trabajo de cuidado. «Más del 90% de quienes cobran subsidios sociales son mujeres. Están endeudadas y esto implica también que son las mujeres las que se hacen cargo de la reproducción cotidiana”. A partir de un trabajo de campo en sindicatos, ferias de pequeños productores, organizaciones de base y asambleas, arribaron a la conclusión de que son las mujeres y otras feminidades las que toman deuda para comprar alimentos, pagar urgencias médicas, comprar medicamentos, para pagar el alquiler y hasta para tener conectividad de los teléfonos (estos dos últimos son fenómenos que comenzaron con la pandemia).

El gobierno de Alberto Fernández logró desarrollar algunas políticas puntuales para paliar la deuda doméstica en los últimos meses, como por ejemplo la suspensión de la tasa de interés de los préstamos de la ANSES o la financiación de la tarjeta de crédito. Sin embargo, las expertas aseguran que vivir endeudadas mientras haya una deuda externa significa que cada subsidio o beneficio que otorgue el Estado termine siendo fagocitado por los compromisos previos. “La deuda y la inflación generan la dolarización de los sectores claves de la economía –vivienda, alimentos y medicamentos– y eso es un impulso permanente al endeudamiento doméstico”.

Por otro lado, la actual gestión realiza un esfuerzo para colar en la renegociación de la deuda externa la mirada de género. Según reveló la asesora presidencial Dora Barrancos en una entrevista con El Cohete a la Luna, la primera vez que una delegación del FMI visitó el país durante el gobierno de Alberto Fernández “hubo reuniones específicas respecto de cómo la brutal y hazañosa deuda afecta centralmente a las mujeres”, y Mercedes D’Alessandro, directora nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, presentó un informe con datos alusivos. Sin embargo el FMI parece aún no haberse abierto a una lectura feminista. Rodríguez Enriquez dijo al respecto: “El Fondo Monetario, el Banco Mundial, las instituciones financieras internacionales han incorporado en los últimos años un discurso de género pero con una visión muy instrumental. Consideran que hay que abordar los problemas de desigualdad de género porque es económicamente ineficiente, con una mirada que no tiene que ver con los derechos de las mujeres. Su lógica es que el hecho de que haya muchas mujeres pobres retrasa el crecimiento económico, entonces hay que empoderarlas económicamente”.

En un nuevo Ni una Menos, la pandemia por segunda vez no nos permitirá movilizarnos este jueves. En tanto, el reclamo en contra de la violencia machista se plasmará de manera virtual en actividades artísticas, charlas y una asamblea latinoamericana. Los cuerpos no estarán en las calles pero sí habrá carteles empapelando todo el país con diferentes consignas. Una de ellas será: “La deuda es con nosotras”.

 

 

 

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