La distancia imposible

Las desigualdades en el retorno del mundo a las escuelas

 

A 89 días de la suspensión de clases en la Argentina, la educación presencial se prepara para el retorno. Las provincias que registran baja tasa de incidencia—o no han presentado transmisión comunitaria— delinean los protocolos conforme a los requerimientos del gobierno nacional. Catamarca, Río Negro y Jujuy ya presentaron los suyos mientras que otras, como Entre Ríos, Córdoba y Chubut, continúan estudiando los alcances de la reapertura. Incluso la ciudad de Buenos Aires comenzó a trabajar en un plan de adecuación. En todos los casos prima el criterio de gradualidad, donde se deja para el final del escalonamiento a las escuelas situadas en las zonas de mayor densidad demográfica.

Tras la vuelta a las aulas en Uruguay, Argentina se perfila para ser el segundo país latinoamericano en reanudar el ciclo lectivo. La experiencia oriental servirá de faro, entre otros indicadores, a la hora de evaluar el impacto del reacomodamiento. Pero además es oportuno pensar la bioseguridad en el contexto global y de América Latina. Como reza el aguafuerte: pensar globalmente, pero actuar localmente.

 

 

El retorno global

Según datos de la Unesco, el 64.4% del total de alumnos se encuentra sin posibilidad alguna de volver a clases. Del 7 de abril (el día con mayor índice de restricción global) a la fecha, volvieron a la escuela más de 470 millones de alumnxs, con una participación determinante de China y los países de Europa occidental y meridional. No hubo países con apertura total: todos desarrollan el retorno de manera localizada y escalonada.

El Covid-19 trajo consigo la reformulación de la organización espacial. La OMS recomienda una serie de medidas que combinan el aspecto sanitario con la arquitectura escolar. Distanciamiento de 1,8 metros dentro del aula, aseo personal —lavado de manos—, uso de barbijo y desinfección diaria. Las recomendaciones también abarcan el viaje en transporte, los recreos, la manipulación de comida y el dictado de clases.

En un reciente artículo de la CNN vemos cómo la nueva cultura de vinculación genera más impacto visual que cualquier distopía sobre el control de los cuerpos. La realidad supera la ficción. En las fotos hay diferencias entre países porque no todos transitaron el mismo camino a la hora de la reapertura.

A tono con los vaivenes de la OMS, no todos los estados determinaron la obligatoriedad del barbijo. Al mismo tiempo hay distintos protocolos para el agrupamiento entre alumnxs. Israel no permite el contacto entre los mismos. Francia mantiene una propuesta de acceso optativo y sólo el 30% del alumnado volvió a la escuela. España tiene un protocolo intermedio, equidistante de la disciplina social china y el libre albedrío finlandés. En un artículo ilustrado del diario El País aparecen las principales medidas adoptadas. China, entre sus estrictas particularidades, realiza mediciones de temperatura en el ingreso a la institución escolar, al igual que Japón y Vietnam.

Otra diferencia nodal es cómo se segmenta la gradualidad. Hay países que comenzaron desde los establecimientos rurales y están en proceso de incorporar a las medianas y grandes aglomeraciones; mientras otros, como Alemania y Holanda, estructuraron el operativo por niveles educativos. Distinto a todos es el caso del Reino Unido, que autorizó la reanudación de clases en medio de una escalada de contagio que ya causó casi 40.000 muertes.

 

 

Las venas abiertas

En Latinoamérica la realidad previa al aislamiento, en términos de arquitectura escolar, ya era deficiente, por lo que el desafío de readaptación es mayor.

Entre las distintas estrategias propuestas por el BID aparecen cuatros ejes: distanciamiento social, escuelas limpias, alumnxs y docentes saludables y lavado de manos. Según el citado informe, las escuelas de América Latina y el Caribe cuentan con aulas que tienen en promedio un alumnx por cada 1,6 m2. Las recomendaciones para el distanciamiento implican de 2,25 a 4 m2 por persona. A primera vista, será difícil adaptar las consideraciones de la OMS en el Cono Sur.

En Argentina, en promedio, las aulas tienen 45 m2 y 30 alumnxs. Se dispone de 1,5 m2 por alumnx. Por lo tanto, para adaptar al formato OMS habría que reducir la currícula entre un 37 y un 67%. Menos alumnxs por aula. Un paliativo temporal sería una alternancia entre los mismos. Que no todxs concurran los cinco días de la semana. En ese sentido, el “modelo blended” propone una articulación presencial-virtual para evitar el hacinamiento escolar.

Otro asunto de vital importancia es el acceso al agua. La necesaria para el lavado de manos como acción directa para combatir el contagio, el consumo y la limpieza. Además de la infraestructura escolar: el uso continuo de agua potable, fosa séptica para almacenamiento, acceso a baños en buen estado, tanques, grifos y desagües. La región más castigada en términos de acceso, según los informes del BID, es Centroamérica, pero Sudamérica no se queda atrás.

El hacinamiento, el limitado acceso al agua potable y la falta de financiamiento en infraestructura, son los condicionamientos estructurales de la región.

Alejandro Morduchowicz es economista y especialista en Planeamiento Educativo. Consultado sobre el retorno a clases explica que “hasta hace poco pensábamos la nueva infraestructura escolar y la gestión educativa en función de las necesidades de enseñanza y aprendizaje. Pero la crisis sanitaria y el eventual regreso a clases nos obligan a dar vuelta el razonamiento”. ¿Cuál es el modelo pedagógico y organizacional posible para los recursos que tenemos?

Sobre las particularidades de América Latina, el investigador explica que las normas de bioseguridad son tan estrictas, que no hay mucho margen para alternativas. Dice: “Menos aún en nuestra región, donde los espacios y la cantidad de alumnos por escuela y por curso se encuentran a miles de kilómetros de flexibilidad de los que tienen los países más desarrollados”. La tarea de rearmar las condiciones para la vuelta a clases no será grata, pero sería pueril juzgarla con la vara europea.

 

 

El oriente

El lunes pasado más de 80.000 estudiantes uruguayos de educación primaria y secundaria pudieron volver a clases presenciales. Uruguay es el primer país de América Latina en retomar la actividad de manera gradual y optativa. El escalonamiento marca que el 15 de junio se sumarán 230.000 estudiantes y los 390.000 restantes se incorporarán a fin de mes.

La Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) difundió un protocolo de higiene y seguridad similar a los países europeos: ingreso ordenado, ventilación, lavado de manos, barbijo obligatorio, alcohol en gel y desinfección total de superficies. El esquema escalonado se confeccionó priorizando las zonas rurales, las escuelas de comunidades vulnerables (por fuera del área metropolitana de Montevideo), los últimos años de bachillerato y las escuelas de educación especial. En una entrevista reciente, Ginés González García comparó la situación uruguaya con las provincias de Entre Ríos y Santa Fe, que tienen menor densidad de población y están atravesando una fase de la cuarentena distinta al AMBA.

El retorno a la educación presencial en la Argentina, más puntualmente en la pre-puna y en las zonas rurales de la provincia de Jujuy, podría darse desde el 15 de junio. Ahí veremos la capacidad de respuesta del Estado, en un país con siete millones de habitantes que no tienen acceso al agua potable y una infraestructura escolar donde el hacinamiento, en particular en las grandes ciudades, es la norma. El AMBA parece ser el gran interrogante de expertos y funcionarios. Con los condicionamientos estructurales mencionados y con una apuesta muy fuerte del Ministerio de Educación de la Nación, comenzará el retorno parcial y progresivo de las clases. Si la pandemia puso al desnudo las desigualdades, que la reapertura protocolizada de la escuela bajo el imperio de una nueva normalidad habilite el cuestionamiento a las desigualdades estructurales.

 

 

 

 

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