La entrevista final a Maduro

Horas antes de su secuestro

El bombardeo a Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa retrotraen la situación regional a no menos de seis décadas. En 1965, más de 40.000 tropas estadounidenses invadieron la República Dominicana,  para aplastar el movimiento encabezado por el coronel Francisco Camaño Deno. Camaño había tomado las armas para reponer en la presidencia a Juan Bosh, derrocado dos años antes por el Ejército. Esto desató una guerra civil, con unos 2.500 muertos dominicanos y 27 estadounidenses. Antes y después hubo otras invasiones, en Nicaragua, Panamá, Granada, Haití, Cuba, México, Honduras, pero el eje de la política internacional estadounidense estaba puesto en Asia y Europa. Nunca antes el presidente de los Estados Unidos fue tan explícito en la confesión de su propósito de apoderarse del petróleo venezolano. Nunca, tampoco, la mayoría de las sociedades latinoamericanas, respondió con menos interés y vigor a un acto de brutalidad colonial, al margen de la valoración que merezcan los modos del gobierno de Nicolás Maduro.  En la noche del 31 de diciembre, Maduro circuló por las calles de Caracas en compañía del periodista Ignacio Ramonet, el principal partidario europeo de su gobierno, en lo que denominó un podcar. 

 

Loris Zanatta ha escrito que no hay movilizaciones en cada capital gritando Yanquis go home porque Maduro es indefendible.  Con mayor seriedad sería preciso indagar en los efectos de la nueva modalidad de guerra, touch and go, con drones, aviones y misiles y sin despliegue de tropas terrestres de Estados Unidos. El operativo también tiene reminiscencias del que condujeron Barack Obama y Hillary Clinton contra Osama Bin Laden cuyo cadáver fue arrojado al mar. Trump se vanaglorió en conferencia de prensa sobre la eficacia del operativo. Igual que Obama y Clinton, lo vio en tiempo real por televisión. Dijo que estaban monitoreando desde hace tiempo a Maduro y que en su conversación telefónica lo había invitado a renunciar y alejarse. En la entrevista con Ramonet, Maduro dice que fue una conversación agradable. Según Trump desde la Segunda Guerra Mundial no se veía una operación de esa envergadura. La CIA tuvo un infiltrado que permitió ubicar a Maduro, quien tenía un bunker de acero en esa residencia pero no alcanzó a encerrarse en él porque los comandos Delta fueron más rápidos que él.   Edmundo González Urrutia dijo que se disponía a asumir la presidencia, cosa que también anunció María Corina Machado. El canciller argentino Pablo Quirno les dio su apoyo y Milei lo ratificó. Pero Trump dijo que Estados Unidos conduciría una transición pacífica hacia nuevas elecciones, porque ni Machado ni González Urrutia pueden gobernar Venezuela porque no tienen apoyo ni inspiran respeto. ¿Qué dirán ahora Milei y Quirno?. ¿Por qué respetaría Trump la democracia en Venezuela, si se la lleva por delante en su propio país?

Por si faltara confusión, Trump agregó que está negociando la transición con la vicepresidenta en ejercicio, Delcy Rodríguez. Pero ella lo negó y dijo que el único presidente legítimo es Maduro, quien con las primeras sombras de la noche llegó en avión a Nueva York. Trump advirtió a civiles y militares que no intentaran ocupar el sitio de Maduro porque les ocurriría lo mismo que a él. Pero en Caracas, el ministro Diosdado Cabello y el jefe militar Vladimir Padrino López anunciaban la decisión de resistir, aunque su tono ya no es el mismo de antes de la incursión estadounidense. Maduro  y su esposa fueron helitransportados hasta el acorazado Iwo Jima. Trump ironizó que era un viaje agradable. También dijo que las grandes compañías petroleras de su país se encargarán de explotar los yacimientos de Venezuela. Esto forma parte de su propósito de bajar el precio del barril para favorecer a la industria de su país. Depende del nivel al que caiga el precio, los depósitos no convencionales de la Argentina serán viables o no. Mientras la fiscal general Pat Bondi dijo que Maduro será juzgado en Nueva York, Trump afirmó que también podría ser en Miami. Y si no hubiera acuerdo, amenazó con una segunda serie de bombardeos, al despiadado estilo con que Israel está demoliendo Gaza.

 

 

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