La escasez de divisas a la luz de los datos

El problema externo latinoamericano es irremediable en el marco del capitalismo

 

En los últimos días se ha reavivado el debate sobre los problemas del sector externo de la economía argentina a partir de la publicación de un nuevo libro de los investigadores de Flacso. También la Cepal ha difundido recientemente trabajos sobre esta misma cuestión referidos a América Latina más en general. La mayoría de los economistas no ortodoxos recurre al argumento de la “restricción externa” para explicar los problemas del sector externo en la región, aunque con formulaciones que difieren a veces en aspectos importantes. Un elemento común de estas variantes es la centralidad que se atribuye a la estructura productiva relativamente atrasada de las economías latinoamericanas con sus consecuentes limitaciones de la capacidad de exportación y elevada dependencia importadora. El drenaje de divisas a través de los canales financieros, sin embargo, es tratado con notoria vaguedad. Para muchos de los defensores de la tesis de la “restricción externa” (tal vez la mayoría), la salida de divisas financieras tiene la categoría de “agravante” de la dificultad de acceso a recursos externos, que es “causada” por la asimilación pasiva del progreso técnico del exterior.

Un rasgo notable de este histórico debate es la escasez de argumentaciones basadas en estudios empíricos. Con el objeto de hacer un aporte en este sentido el autor de esta nota ha realizado recientemente un trabajo sobre la balanza de pagos de 16 países de América Latina (95% del PBI de la región) con datos para el período 1990/2019 (fuente FMI). Esta muestra contiene a todos los países de América del Sur, las principales economías de América Central y México. Como parte del estudio y con fines de comparación se analizó el sector externo de varios países desarrollados. Compartimos aquí algunos de los principales resultados.

1. Con pocas excepciones, la gran mayoría de las economías de América Latina tiene una balanza comercial cíclica. La frecuencia con que los distintos países obtienen saldos superavitarios difiere, con Paraguay (90%), Venezuela (80%), Chile (73%), Uruguay (63%) en un polo, y Costa Rica (27%) y Ecuador (33%) en el otro. Sólo cuatro economías centroamericanas presentan un déficit comercial sistemático en las últimas tres décadas.

El carácter cíclico del resultado comercial no es una particularidad de las naciones latinoamericanas. Ciertamente, algunas economías avanzadas se revelan como exportadores estructurales (Alemania, Austria, Países Bajos, Dinamarca, Noruega), con balanzas comerciales que nunca o muy raramente caen en terreno negativo. Pero otras muestran un resultado comercial fluctuante, con una propensión al superávit similar e incluso inferior a la de muchos países de América Latina; Australia sólo obtuvo superávit comercial el 27% de los años, Francia 50% y Canadá 57%.

Con la balanza comercial fluctuando entre saldos positivos y negativos, el promedio de América Latina acumula un resultado de -0,2% del PBI en las últimas tres décadas, más cerca de un equilibrio que de un agujero estructural que deba cubrirse con entradas de capital extranjero. Algunos podrían señalar esto como un contraste con los países desarrollados, la mayoría de los cuales tiene un saldo acumulado positivo para dicho período. Sin embargo, son varias las economías de la región que muestran el mismo resultado: Argentina (0,9%), Chile (2,7%), Paraguay (3,7%), Perú (0,8%), Uruguay (2%), Brasil (0,1%) y Venezuela (6,4%).

Evidentemente, dado el carácter cíclico del resultado comercial para la mayoría de los países, el saldo acumulado va a depender críticamente del período que se tome. Sin embargo, el punto puede ayudar a desterrar la idea de un comercio exterior latinoamericano especialmente problemático o patológico.

2. Todos los países, independientemente de su grado de desarrollo, reciben montos sustanciales de inversión y crédito del exterior y deben afrontar, por lo tanto, pagos en divisas por las rentas generadas (débitos de ingreso primario). El peso de estas entradas de capital y de los pagos al exterior por rentas alcanza cifras muy elevadas en Países Bajos, Reino Unido y las naciones del Norte de Europa. Comparados con estos guarismos, los débitos por rentas de la inversión de América Latina (4,6% del PBI) lucen moderados.

3. Existe, sin embargo, una estructura jerárquica en la exportación de capitales; los países avanzados realizan inversiones y otorgan créditos al exterior que son generadores de rentas a cobrar (créditos de ingreso primario) y alcanzan con ello, en general, un saldo positivo de la partida de rentas. En América latina hay exportaciones de capital (2,2%) pero estas son en gran medida “estériles”, no generan rentas sustanciales a cobrar. Como consecuencia, la partida de rentas es ampliamente negativa.

4. Es así que América Latina presenta un desequilibrio estructural en la partida de rentas de la inversión y un flujo ininterrumpido de salida de capitales. En algunos períodos, como en los años ‘90, el desequilibrio comercial ha operado como un agravante de dicho déficit, pero nunca ha sido la causa principal. Por ejemplo, en 1993/98 cuando el conjunto de las economías sudamericanas tenía un déficit comercial de 1,5% del PBI, los pagos de rentas sumaban 2% y la salida de capitales 1,3%. En otros (2003/07), un comercio exterior superavitario ha contrarrestado con creces el desequilibrio originado por las partidas financieras.

5. El argumento de la restricción externa se refiere siempre a una deficiencia de carácter intermitente en la capacidad de generar divisas que, por ejemplo, no fue operativa o “se relajó” en los años de altos precios de las materias primas. Los datos comentados más arriba pueden dar lugar a una interpretación por completo diferente; nuestras economías sufren un drenaje permanente de divisas por el canal financiero. Este drenaje restringe permanentemente la disponibilidad de recursos externos y, en las coyunturas en que el ingreso de divisas se derrumba, da lugar a crisis cambiarias.

En este contexto, es fácil apreciar la debilidad de las propuestas de atacar el problema externo mediante un aumento de la capacidad exportadora. Tal como ocurrió en los ‘80, en los 2000 y en los últimos años, los canales financieros drenarán oportunamente gran parte de los recursos adicionales de exportación (conseguidos probablemente mediante subsidios, menores salarios y derechos laborales, represión del consumo interno, etc.).

6. Falta un elemento central en este análisis. El hecho de que, ante una crisis cambiaria, las autoridades propicien una disminución de la actividad económica para reducir las importaciones mientras se sostienen o incrementan los pagos por rentas y la salida de capitales no tiene nada que ver con la estructura económica atrasada o el carácter periférico de las economías latinoamericanas. Tampoco el hecho de que, en una coyuntura de holgura de divisas, las autoridades toleren la salida por el canal financiero de una parte sustancial del total de los recursos externos ingresados (como ocurrió en los años de altos precios internacionales de las materias primas).

Los fenómenos que observamos en la balanza de pagos surgen de una combinación de procesos económicos objetivos nacionales e internacionales y una gestión estatal del sector externo. En tanto proceso permanente, el drenaje de divisas por los canales financieros no se reduce a una determinada regulación del mercado de cambios (aunque esta puede afectar su velocidad) y trasciende a las distintas fuerzas políticas que se vienen alternando en el gobierno en los países de la región en las últimas décadas. Refleja, en cambio, la gestión normal del sector externo de la que ninguna economía capitalista se puede apartar y que consiste básicamente en la preservación del acceso del sector privado al mercado de cambios. Un acceso que incluye el “derecho” a la adquisición de divisas para sacar capitales del país y para pagar deudas en moneda extranjera (aunque el agente mantenga activos en el exterior), incluso en períodos de fuertes desequilibrios en otras partidas de la cuenta corriente.

El problema externo latinoamericano no es producto de una patología de su aparato de comercio exterior; surge del funcionamiento normal de una economía de mercado históricamente importadora neta de capital extranjero, en que el sector privado goza del derecho de conversión de sus fondos a dólares y en que tanto las rentas del capital extranjero como la dolarización de carteras se cubren, en buena medida, con nuevo capital extranjero con la ayuda ocasional de los excedentes comerciales y las remesas de emigrados. Con un funcionamiento de este tipo no hay modo de evitar las crisis cambiarias cuando el ingreso de divisas se desploma; pero de ahí a afirmar que la raíz del problema es la incapacidad para obtener divisas hay un largo trecho.

El problema externo latinoamericano es de muy simple identificación cuando se miran los datos, pero irremediable en el marco del capitalismo. Es esto lo que mantiene a los economistas girando en redondo en torno a este tema desde hace décadas.

 

 

 

 

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