La fase bélica del mileísmo

El desgaste prematuro de un Presidente que no la ve

 

El asombro de sufrir el primer paro general a 45 días de haber asumido –todo un récord–. El significado de ese hito como cauce a una protesta social que intuye amenazante. La conveniencia de utilizarlo como elemento galvanizador de una base que empieza –poco a poco– a cuestionarse sus decisiones políticas recientes. El efecto de ese proceso sobre la puja distributiva y, con eso, sobre su capacidad de disciplinar a la sociedad para que se resigne a vivir con menos. Y la verdad histórica de que el peronismo en el llano se reorganiza desde la pelea sindical. Esos son los elementos que llevan al gobierno a plantearse lo que ocurrirá el próximo miércoles como una guerra.

Ahora bien, ¿una guerra contra qué enemigo? ¿Contra la CGT o, si se atienden los motivos que esgrime la central sindical para explicar la medida de fuerza, contra los propios trabajadores?

Manuel Adorni, la voz de Javier Milei, afirma no entender esas razones, aunque podría encontrarlas con facilidad en la letra del decreto sin necesidad ni urgencia 70/2023, que sigue en suspenso en su capítulo laboral y será examinado por la Corte Suprema: la caja, dada por el proyectado carácter optativo de los aportes de los trabajadores a las organizaciones y la competencia entre prepagas y obras sociales; y una reforma radical y unilateral, que apunta contra el modelo indemnizatorio, empuja la renegociación forzosa de los convenios vigentes y limita de modo severo el derecho constitucional de huelga. Fin.

Como no entiende, el gobierno –se explayó el vocero– decidió no pagarles el día a los empleados del Estado nacional que se sumen al cese de actividades, además de promocionar sin pausa la línea 0800-BUCHON para denunciar supuestas presiones. ATE protestó, ¿pero se puede descontar el día? El vacío legal y los usos y costumbres sugieren que sí. Al fin y al cabo es lo que ocurre en todos los conflictos laborales durante su etapa inicial, bélica. La cuestión es si se quiere guerra. En ese y en otros frentes.

 

La guerra y la paz

 

 

Tal vez por su experiencia más o menos reciente, el “opoficialismo” se sumó a la estrategia de mostrar los dientes y sus retoños más silvestres, ya asumidamente gobernistas, exponen la agonía del momento en un lenguaje basto.

Eso no debería sorprender en Patricia Bullrich, cuya azarosa vida política tiene en la lógica guerrerista su único rasgo de continuidad. “Se van a encontrar con un gobierno que no va a ceder tan fácil”, dijo, a la vez que se comprometió a aplicar el protocolo contra el corte de calles a una multitud que se contará de a decenas o cientos de miles de personas. ¿Se ató al mástil porque realmente está dispuesta a cumplir?

Sus dichos preocupan. Para la ministra de Seguridad, “algunos están aportando al cambio que necesitamos y otros, defendiendo intereses que se han ido creando a lo largo del tiempo. Las oligarquías defienden sus intereses. Hay que dar una pelea de vida o muerte”.

Ojalá pronto recobre el tino: la prensa internacional ya empieza a contar, risueña, la trama “terrorista de su sainete “El instructor de tenis de mesa, el peluquero y el mercenario español”. Nos estamos cansando de triunfar.

 

Peleas de fondo

 

 

Este periodista te contó en más de una ocasión lo que se juega en la puja salarial: nada menos que la viabilidad del plan de ajuste de Luis Toto Caputo. En efecto, la continuidad de la puja distributiva, a través de la cual los sindicatos más fuertes impongan en las negociaciones paritarias una suerte de indexación –imperfecta, claro– de los salarios, amenazaría la base principal del Caputazo, esto es la intención de bajar la inflación a fuerza de recesión, caída de los ingresos populares y retracción del consumo. No lograrlo haría que la carrera de los precios relativos siga fuera de control, que el precio que vuelva a atrasarse sea el tipo de cambio oficial y que una nueva corrección dé lugar a una segunda vuelta de remarcaciones. Esa es la secuencia fatal que temen la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda. La persistencia al alza del dólar blue y del contado con liquidación mantienen encendidas las luces de alerta.

 

La lucha nuestra de cada día

Uno de los sindicatos más fuertes del país es el de los aceiteros, vinculado a la actividad exportadora por excelencia. Este finalizó una negociación que cerró la paritaria 2023 con un aumento salarial igual que la inflación: 211,4%. Con eso, el sueldo inicial quedó fijado en 992.161 pesos.

La Asociación Bancaria, en tanto, consiguió una actualización del 23,2% retroactiva al 1º de diciembre, a la que se sumará un anticipo del 20% este mes, lo que eleva el salario inicial a 904.000 pesos. Luego seguirá la paritaria permanente, hija de un IPC enorme y que muestra, al otro lado del dique enclenque de la recesión, un gran embalse de inflación reprimida.

El portal Letra P actualiza día a día los resultados de esa guerra de guerrillas, una en la que las patrullas más poderosas aspiran a un empate con los precios, mientras que las más débiles temen una derrota dolorosa. Juntar esas puntas dispares, todo el arco de la Argentina trabajadora damnificada por el proyecto en curso, es lo que pretenden medidas de fuerza como la del próximo miércoles, lo que explica en buena medida la furia oficial.

La lucha no cesa y los diputados peronistas Julia Strada y Sergio Palazzo presentaron un proyecto para limitar la intimidatoria presencia de móviles de la Policía Federal en las inmediaciones de las sedes de los medios públicos que se pretenden privatizar y que ya sufren ahogo financiero. ¿Hace falta semejante amenaza de violencia?

 

La política por otros medios

Cuentas detallistas de X contabilizan la reciente hiperactividad presidencial en forma de posteos y reposteos en esa red y en Instagram. El resultado es sorprendente: ¡más de 21 por hora!

Milei pareciera tener más tiempo para vivir en Internet como jefe de Estado que el que tuvo como candidato.

Si un recurso se repite no es un recurso: es un método. Sí, como anticipó este periodista, se confirma que la comunicación del gobierno de ultraderecha también ingresó en fase bélica.

En los mensajes del mandatario hay de todo: auto-celebración, difusión narcisista de felicitaciones, viralización de memes que hacen culto a la fuerza machista, devoluciones de gentilezas, adulaciones a magnates extranjeros a los que les interesan el país y su litio, ataques a periodistas de trayectoria intachable que debieron defenderse de una jauría de trolls, groserías dedicadas a dirigentes políticos… El Presidente parece fuera de control.

 

 

Siempre incisivo, el consultor Juan Courel no deja de recordar que escandalizarse con el estilo Milei no daña al mandatario, sino todo lo contrario. Acierta: como en los casos de Donald Trump y Jair Bolsonaro, el exceso y la provocación son su fuerza, no su debilidad, y viralizar sus mensajes no hace más que afirmarlo en el centro del ring.

 

 

Así las cosas, ¿hay que cuestionarlo o hay que naturalizar lo inaceptable? Tal vez una buena guía pase por aceptar la realidad –guste o no, el Presidente tiene centralidad– y por la distinción de roles: el público hace lo que quiere, los periodistas y analistas informan y comentan, y los políticos opositores tienen que encargarse de armar espacios capaces de ganar elecciones. Zapatero a tus zapatos.

Vale insistir en que todos en la Argentina saben que el peronismo – principal y, acaso, única oposición real y significativa a la ultraderecha y sus satélites– siempre se reconstruye en el llano acompañando la acción sindical. A esto también se le declara la guerra.

 

Fuerzas menguadas

En medio del escenario difícil que heredó y que empeoró con sus primeras medidas, Milei comienza a sufrir un desgaste prematuro. Una encuesta de Analogías divulgada por Clarín demostró una caída leve de su popularidad, ya menor al 50%.

 

 

La recesión inflacionaria que se instala con fuerza será el campo de la batalla que viene y no la indignación por un estilo autoritario y chabacano.

Mientras, Milei se pertrecha, como demostró en Davos, para lo que considera su misión, esto es la “batalla cultural” contra la izquierda que alucina a su alrededor. ¿Será eso lo que espera de su gestión el 55,7% que lo votó o, en cambio, que aplane los precios y mejore, de una vez, la calidad de vida? Tal vez sea el Presidente quien no la ve.

Una de sus múltiples auto-celebraciones tuiteras fue el reposteo del reposteo de una nota de Infobae que recoge un estudio de la consultora Analytica, según el cual “en diciembre, el gasto real devengado sin estacionalidad disminuyó un 31% respecto de noviembre y 33,8% en términos interanuales”.

 

 

Tanto no la ve Milei que su súper-ministra Sandra Pettovello preocupa a los movimientos sociales al sumar a la motosierra, falta de reflejos políticos y administrativos, así como una peligrosa sordera. El Conurbano bonaerense cruje, pero la funcionaria que se suponía que tendría billetera no lo advierte.

 

El motor del ómnibus

Aunque es difícil desentrañar qué es lo central en el mamotreto de proyecto de ley ómnibus, puede señalarse que una parte relevante pasa por la guadaña fiscal.

Guillermo Francos, uno de los pocos que entiende de qué se trata la política en el elenco oficial y quien debe lidiar con los balazos en los pies de la “batalla cultural”, apuraba las gestiones con la oposición dialoguista para allanarle la ruta al ómnibus en la Cámara de Diputados. Nueva fórmula de movilidad jubilatoria, reversión de los aumentos en las retenciones a las exportaciones de las economías regionales y exclusión de YPF de la lista de empresas del Estado a privatizar son los ejes de un acuerdo cercano. En tanto, las facultades delegadas se reducirían a un año prorrogable por uno más por el Congreso, no por decisión del propio Ejecutivo. ¿Saca Milei poco o mucho? Conviene esperar a conocer la letra final para determinarlo, sobre todo en función de lo que ocurra con la agenda fiscal.

En tanto, las miradas comienzan a converger en el Senado, terreno a priori más complicado.

 

* El artículo se publicó en el portal Letra P.

 

 

 

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