La Feliz

Crónica de la presentación de "Sinceramente" de CFK, esta vez en Mar del Plata

 

¿Qué es Mar del Plata —qué ha sido siempre— sino una postal populista? El balneario donde iba todo el mundo a quien no le molestaba ser todo el mundo. Era el sitio preferido de mis Tías Gordas; la proveeduría de la dosis anual de Havannas, que mi madre racionaba a lo Salomón; la sede de Sacoa y por ende mi oportunidad de jugar con maquinolas arcaicas que me permitían mirar por periscopios y hundir submarinos. Pero en estos tiempos, no puedo decir —ni pensar en términos de— La Feliz sin que la ironía me empaste la boca.

Las pintadas que recuerdan al ARA San Juan ensucian mis memorias de Sacoa. Las dentelladas de la crisis se notan por todas partes. (En lo que va del desgobierno de Cambiemos cerraron 150 locales de comida. Más de cien sobrevivientes del mismo rubro pidieron que se declare la emergencia económica.) El intendente es un personaje grotesco, que aplaudió la Universidad del Gendarme creada por la ministro Bullrich —otro recuerdo de infancia: Es Patolandia, Patolandia el programa feliz / para cantar, para soñar, para reír— aprovechando para ofender en la volada a otros dos colectivos. Para Carlos Arroyo, este engendro pondría en caja a la juventud que vive en zona de riesgo, pero además sería útil para otras poblaciones problemáticas: las mujeres y los discapacitados, que a su juicio —y por definición— no le encuentran sentido a la vida.

Las paredes están cubiertas de afiches de lxs candidatxs que pelean por el alma de la ciudad. Entre ellos Vilma Baragiola, de Juntos por el Cambio, que hace algunos años fue filmada por una cámara oculta en el acto de pedir una coima. Si algo no se les puede negar a los cambiemitas es coherencia: lo que no explican mediante el pasaron cosas, lo resuelven con un aquí no ha pasado nada.

En mi cabeza, la vieja canción de Juan y Juan modifica su letra para adaptarse a la campaña de Baragiola: Qué lindo que es estar en Mar del Plata / haciendo plata / haciendo plata… Porque la versión original ya no corre. Es triste cantar Qué lindo que es estar en Mar del Plata / en alpargatas, ahora que Mauricio se cargó la fábrica y las alpargatas pasaron a ser piezas del Museo de los Tiempos Mejores.

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El taxi al que subimos con Glenda Vieites, de Sudamericana, para ir del aeropuerto a la ciudad, sintoniza una radio cordobesa. Durante algunos minutos me pregunto si habremos tomado el avión equivocado. Recién me tranquilizo cuando el mar aparece en nuestro horizonte. Poco después, al enterarme de que Alberto Fernández está en Córdoba (donde, entre otras cosas, sobrellevará con dignidad el ataque de un antiperiodista), me pregunto si mi percepción no habrá empezado a funcionar como una suerte de banda ancha de la campaña.

La realidad no deja otra que sintonizar lo que ocurre en varias provincias a la vez.

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Durante el viaje veo una y otra vez el video de Macri en la inauguración de un lavadero de trenes. Al principio creo que es un meme que superpone dos imágenes: por un lado el Presidente que sacude su pompis y por el otro el enorme cepillo que gira sobre su eje. Pero no, la grabación es real. Macri mueve el traste mientras el rodillo hace lo suyo por detrás. Las redes recogen bromas a granel. Mi favorita es la que dice que ha encontrado una nueva forma de hacer lo que más le gusta, que es rascarse el culo.

A veces me pregunto para qué campaña está trabajando mejor.

 

 

 

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En el hotel-bunker de Cristina el ánimo es casi zen. El correr de las semanas ha aceitado la maquinaria de las presentaciones. Alguien comenta que la sala del Provincial es más pequeña que las anteriores, lo cual supone que mucha gente que anhelaba una invitación se quedará afuera; pero, al mismo tiempo, las condiciones técnicas —sonido, luces— permitirán una mejor transmisión.

Desde el piso doce, no se ve otra cosa que mar. Pero no se lo oye. Lo que suena de fondo es C5N. Desde Córdoba, Alberto soporta el ataque de esa herramienta roma que es Mario Pereyra con paciencia de monje shaolín.

 

Foto: Lourdes López.

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A la hora señalada, el corralito que se forma entre el Provincial y el mar se ha llenado de gente. Pronto el cielo que encapsula la escena será —Cortázar lo vería así— de color malva. Nubes no hay, a excepción de un par de trazos que suenan a firma del autor.

Doy la bienvenida a la gente que colma el teatro. Cristina me interrumpe, para que vea —y saludemos también— a la masa que apiña afuera, tal como nos la muestra una pantalla que está al costado del escenario.

Estar atento a lo que ocurre más allá de nuestras narices es, que duda cabe, un don.

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Lo que ha ocurrido en otras provincias vuelve a confluir sobre la arena de Mar del Plata. Cristina quiere que hablemos de lo que acaba de pasar en Mendoza y Entre Ríos. En Godoy Cruz, un puntero al que califica de «energúmeno» atacó a patadas y piedrazos el auto de Gabriela Malinar, candidata a concejala y miembro de La Cámpora. La justificación que dio el violento es elocuente respecto de la línea que baja su patrón feudal: «Acá Cristina no entra, esto es de (el gobernador mendocino) Cornejo». En Entre Ríos, otro energúmeno ha incendiado el auto de Gustavo Hein, intendente de Basavilbaso por Cambiemos. Los medios bobos repitieron la línea que bajó la Sultana de Patolandia, diciendo que el agresor era «un militante ultra K». Poco después recogieron el sedal, cuando trascendió que el violento era un simpatizante del Pro que incluso habla mal de La Cámpora en su página de Facebook.

«Toda la vida dijeron que los punteros eran patrimonio del peronismo», reflexiona Cristina. «Imaginate la que se habría armado si en efecto ese hombre hubiese sido uno de los nuestros… Como digo en el libro, cada vez estoy más convencida de que operan como si estuviesen delante de un espejo invertido: proyectan sobre los demás lo que ellos son, sus propias miserias. Y nadie pide disculpas… A esta altura, de esta gente no me extrañaría nada».

Aun así, la diferencia entre lo que hacen y lo que predican no deja de ser escandalosa. En Sinceramente se lo plantea de este modo:

«El que sacó a Yrigoyen por corrupto, el que fue contra Perón y contra Eva, y luego el del 24 de marzo. ¿Eran moralizadores? No. Venían por los derechos y las conquistas logrados por millones de argentinos que habían mejorado su vida, impulsados por el movimiento nacional y popular que se había encarnado en distintas épocas, bajo distintas formas y con distintos nombres… Los rostros de quienes se quieren presentar ante los argentinos como cruzados contra la corrupción son los mismos que durante los ’80 y ’90 formaron parte de la ‘Patria Contratista’ y su apellido estuvo indisolublemente ligado a escándalos y negociados con el Estado. Sí, los Macri».

 

Foto: Lourdes López.

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Para construir una imagen pública tan distante de lo que son en verdad han contado con ayuda. «A veces pienso que sin la complicidad de los medios de comunicación este gobierno no existiría», dice en la página 50 del libro.

Pero hasta la ficción más perfecta empieza a mostrar grietas si se abusa de ella. Y en las últimas semanas esto se tornó inocultable. Un par de repreguntas de María O’Donnell y Ernesto Tenembaum en simple ejercicio del periodismo desnudaron a una María Eugenia Vidal dubitativa, que apeló a una lógica defectuosa. «Hay más desocupados porque hay más gente» tiene tanto sentido como «hay más piojos porque hay más cabezas».

«La tesis sería: nació más gente, va a haber más desocupación. O lo dijo para salir del paso, o si lo cree de verdad los bonaerenses están en problemas», razona Cristina. «La sociedad soporta una mala gestión porque se le vendió un producto que no era tal. Pensemos específicamente en la provincia: casi el 39% de la población vive acá, el 31% del trabajo registrado está acá. Cuando me imagino a la gobernadora tratando de defender los intereses de Buenos Aires en el marco nacional… Por eso es importante contar con alguien que tenga una visión macroeconómica… Dirigentes que sepan de qué se tratan los problemas de los argentinos».

«Con coacheo podés ganar una elección. Pero cuando tenés que gobernar, no hay coacheo que valga».

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Los figurones de Cambiemos se desenvuelven bien cuando la puesta en escena es elaborada, como la que preparó Fantino hace pocos días para entrevistar a la gobernadora. Tan elaborada fue en ese caso, que evocaba encuadre por encuadre las imágenes de la trilogía romántica de Richard Linklater (Antes del amanecer, Antes del atardecer, Antes de la medianoche). Sólo que en lugar de Ethan Hawke y Julie Delpy estaban Fantino y Mariu Vidal.

 

 

Lo inexplicable es que hayan incluido a modo de bonus track una escena en la cual Fantino le pregunta cuál es su personaje favorito de Game of Thrones. (Que, como consta en Sinceramente y ha confesado en vivo más de una vez, es una de las series favoritas de Cristina.) La gobernadora responde:

—…Daiquiri.

No Daenerys. Daiquiri.

Fantino trata de ayudarla, le dice el nombre correcto. Y Vidal la embarra aún más, corte mediante, diciendo que en realidad su personaje favorito ahora es Aira. No Arya Stark: Aira. Como el escritor de Flores, a quien por lo demás no creo que haya leído.

 

 

No sé qué me desconcierta más, si el hecho de que hayan conservado la escena o que hayan consensuado preguntarle eso, que deja a Vidal en el sitial de aquel personaje de quien se quejaba China Zorrilla en Esperando la carroza. «Yo hago puchero, ella hace puchero. Yo veo Juego de tronos…«. Aunque más que a Juego de tronos, Daiquiri suena a Princesa de los Cócteles de un show llamado Juego de tragos.

 

 

 

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Lo veo a Axel Kicillof, candidato a la gobernación de Buenos Aires, sentado en primera fila junto a Fernanda Raverta, que aspira a la intendencia de Mar del Plata por el Frente de Todxs. Y recuerdo un dato que leí horas atrás: por la vianda de cada pibe o piba en edad escolar, el gobierno provincial paga 25 $. ¿Qué se puede comprar hoy por 25 pesos, cuando un simple kilo de manzanas sále 75 o más?

«La situación es seria. Por eso tenemos que devolverle a la sociedad la esperanza de que las cosas van a cambiar, porque tienen que cambiar», dice Cristina. Luego de lo cual pondera la preparación de Raverta pero también otra característica, armando un combo imprescindible para cada dirigente del campo popular: «Además de la capacidad, hace falta sensibilidad frente a los problemas».

Capacidad y sensibilidad. Lindo slogan, con un touch de Jane Austen.

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Foto: Charo Larisgoitia.

 

Le recuerdo un momento histórico, aquel discurso de despedida del 9 de diciembre de 2015 en una Plaza de Mayo que en el libro califica de única e imborrable. «La cosa más íntima que sentí —esto no lo escribí en el libro— fue que había cumplido con Néstor. Había sentido una inmensa responsabilidad a partir de su muerte y también temor. Temor a ser horrible, ¿por qué no? A no poder terminar ni siquiera aquel primer mandato como Presidenta… Pero esa tarde dije que debíamos sentirnos orgullosos, porque podíamos mirar a los ojos a las Madres y Abuelas y también a los trabajadores y decirles que nunca los habíamos traicionado. En un país de tantas mentiras y frustraciones, sentí que habíamos cumplido con lo que mucha gente había esperado».

«Nunca pensé que (los actuales gobernantes) iban a hacer esto que hicieron», agrega. «Porque una cosa es no cumplir con lo prometido, y otra muy distinta es hacer todo lo contrario… Recibieron un país desendeudado, que le debía cero dólares al FMI, y ahora le debemos 57.000 millones y tenemos una deuda emitida con acreedores privados de 160.000 millones. ¡Son cifras superiores a las deudas que creó la dictadura, en apenas tres años y medio! En números actualizados, ya entraron más dólares que durante todo el Plan Marshall, la ayuda económica que los Estados Unidos dieron a Europa cuando terminó la Segunda Guerra. Pero con ese dinero, allá reconstruyeron Europa. ¿Y dónde están estos dólares que entraron, cuando cada vez hay más gente en la calle, desocupación, fábricas que cierran…? Ese 9 de diciembre, esto no me lo imaginaba. Pensé que el FMI era un capítulo cerrado para la Argentina».

Le señalo que Macri dijo que, en caso de ser reelecto, seguiría haciendo lo mismo y a mayor velocidad. «Confiemos en la sensatez del pueblo argentino», replica, «que sabe que haciendo lo mismo no se obtienen resultados diferentes».

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«Nunca he visto un blindaje mediático semejante durante la democracia. La única etapa comparable en términos de ocultamiento es exclusivamente la dictadura. Pero además hay manipulación de lo que se cuenta. Y esto confunde a gente de todas las clases sociales. En diciembre de 2018 me encontré en una cena con el empresario de una multinacional argentina que tuvo su origen durante el primer peronismo. De los que votó a Macri, pero que a partir de 2016 no tuvo más que balances negativos. En un momento no pude con mi genio, y le dije: ¿Le puedo preguntar algo? …Pero ojo, no es chicana ni estoy enojada ni es ningún reproche… Al contrario, quiero preguntarle algo que me interesa casi sociológicamente, y también un poco en lo personal. ¿Qué fue lo que hicimos o dijimos los peronistas o kirchneristas, como más le guste, o yo en términos generales o particulares? ¿Qué es lo que les molesta de lo que decimos o hacemos que los hace votar en contra nuestro, después de haber ganado tanto durante nuestros gobiernos? Y no pudo responderme».

«Después lo acusan a Axel de tener una mirada marxista… Soviéticos son estos. Este es un régimen no capitalista, donde la gente no puede comprar lo que quiere ni en la cantidad que quiere. Hay racionamiento real. Durante nuestra gestión, los supermercados rebosaban de mercaderías. Ahora proliferan marcas que nadie conoce —La Pindonga, El Cuchuflito— y hasta productos que nadie sabe qué son. No es leche, sino producto lácteo que contiene leche. ¿Qué es eso? En aquella época los diarios contenían páginas y páginas de anuncios. Pesaban más, por entonces — en todo sentido. Y ahora vienen flaquitos… Esto es el prejuicio y la manipulación, que logra que la gente vote en contra de sus propios intereses. Dar vuelta esta situación es nuestro desafío. Si pensara que no lo puedo revertir, me quedaría en casa y no estaría acá hablando con ustedes».

«La vida —dice— no puede ser solamente trabajar hasta la medianoche y que no te alcance para nada. Siempre tiene que haber un contexto que te permita desarrollarte. Nadie puede ser él solito con su alma, individualmente, mientras todo alrededor se derrumba. Este es el tema: la solidaridad, again«.

 

Foto: Lourdes López.

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Al rato veo que en uno de nuestros canales de cabotaje televisivo, de esos que están vacunados contra el buen gusto, expresan en un graph su repeluz ante el uso de la palabra pindonga. Al día siguiente Laura Alonso se fardará por Twitter de lo que va a desayunar, diciendo que la marca de esos productos no es pindonga. Pero Coty Alonso —candidata a intendenta de Chivilcoy por el Frente de Todxs— le recordará que de los 217 litros de leche por habitante que consumíamos en 2015 pasamos a consumir apenas 180 en 2019; y que la empresa láctea que Laurita dice preferir echó a la calle a la mitad de sus trabajadores. «Donde Ud. ve la posibilidad de hacerse la graciosa —dirá Coty al final de su hilo— está el drama de quienes no toman leche, no pueden comprarla y de quienes perdieron sus trabajos».

La mejor manera de no terminar comprando productos Pindonga es no tener un gobierno marca Pindonga.

 

 

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«Hace días leí el último Informe de la Procuración de la Provincia de Buenos Aires. ¿Vos sabés que el delito que más creció en 2018 —un 63% respecto del año anterior— fue el de hurto agravado? No se trata de delincuentes organizados, porque en su mayoría usan armas blancas. Esa es gente que salió a sacar plata para comer. Ojo, que no estoy justificando nada. Pero hay un componente brutal de miseria en estos casos. En situaciones como esta, la inseguridad se incrementa exponencialmente. En otros lugares, como África y ciertos rincones de Asia, hay hambrunas», dice, señalando que —a diferencia de nuestro país— existen tierras ásperas que no producen nada comestible. Sin embargo acá, donde los alimentos abundan, «la caída de la gente en la pobreza, que no puedan comprar un litro de leche o un pedazo de pan, genera esto. Es muy fuerte lo que nos está pasando. Pero yo tengo esperanzas de que este sea un momento de inflexión».

«Si los argentinos —los dirigentes de todos los partidos, incluido el mío— hubieran comprendido que podíamos discutir todo y tener diferencias en todo, salvo respecto de los fondos buitre… Frente a eso tendríamos que haber sido un solo partido, porque eso habría beneficiado a cualquiera que ganase las elecciones… Si nos hubieran hecho caso, Axel, qué historia diferente hubiésemos tenido».

«Hay que visualizar cómo vivíamos antes y cómo vivimos ahora. Y producir un punto final al endeudamiento con fines especulativos y de fuga de dólares. Porque el país, así, no da para más».

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Buscando un cierre, le recuerdo que dijo algo similar en abril de 2016, debajo de la lluvia, en las puertas de Comodoro Py. Fue la primera vez que habló de la necesidad de «construir un gran frente ciudadano, donde no se le pregunte a nadie por quién votó, ni en qué sindicato está, ni en qué partido, sino si le está yendo mejor o peor que antes… porque el punto de unidad era la batalla por los derechos perdidos o por la felicidad perdida». Pero, cuando me pongo a leer, lo primero que se cierra es mi garganta: «Les prometí —dice en el libro— que iba a seguir batallando para que la gente volviera a ser feliz, para que vuelva a sentir que la libertad no es un sueño imposible, que no quería ver a una dirigente social como Milagro Sala encarcelada, sin que se supiera a ciencia cierta de qué se la acusaba, por qué se la juzgaba». Y le pregunto si sigue sosteniendo esa promesa.

«No se trata de volver a tener la misma Presidenta —me responde—, sino de decidir si quieren tener las mismas cosas que tenían antes. Trabajo. Comida. Techo. Remedios. Si quieren tener eso, tienen lugar en este frente que es el Frente de Todxs. Sí. Sigo con el mismo compromiso de siempre».

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Entre Fernanda Raverta y Axel. Foto: Lourdes López.

 

Cuando sale a saludar a la gente que la espera afuera, suena de fondo Flight 956, ese tema del Indio que dice: Yo sé que vos vas a regresar. Pero casi no habla, le cede la palabra a Axel y a Fernanda Raverta.

Al final salgo por la puerta principal, mezclándome con la gente que se desconcentra. El ánimo es festivo. Me cruzo con grandes y chicos, con hombres y mujeres de todas las extracciones sociales. Y pienso que al menos durante unas horas esa parte de Mar del Plata volvió a merecer el apelativo con que la conocemos, su espíritu de postal populista, escaparate de esa felicidad por la que vale la pena seguir batallando.

Como tentempié antes de octubre, no estuvo nada mal.

 

Foto: Lourdes López.

 

 

 

 

 

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14 Comentarios
  1. MONICA dice

    TODO FANTASTICO!!!! PERO LOS QUE ESTABAMOS AFUERA SOMOS LOS MAS FUERTES !!! VENIA UN FRIO DEL MAR PEO ALLI ESTUVIMOS FIRMES ESPERANDO ALA JEFA , A AXEL Y A NUESTRA QUERIDA FERNANDA RAVERTA!!cuando organicen desde la capital esten atentos…los jubilados en mardel somos muchos…

  2. SeremosLibres dice

    Sinceramente ha sido esta una forma que solo a una peronistas se le podría ocurrir como campaña política, y a la vez promoción de su libro. No hay registro histórico de que lo hubo. Pensaba que los actos partidarios eran lo mas adecuado, sin los medios de por medio. Ya no nos representa solo a los argentinos, viene a la par del laborista ingles, el demócrata gringo y obviamente a la patria grande.

  3. Diego M. Vidal dice

    Ah! Lo de machista está demás, lo tuyo roza con la intolerancia y nada peor que usar las armas del enemigo para agredir a quien disiente.
    “si se negara el derecho a disentir en los métodos de
    construcción (lucha ideológica) a los propios revolucionarios,
    se crearían las condiciones para el dogmatismo más cerril”
    Ernesto Che Guevara
    A ver si aprendemos algunas vez…

  4. Diego M. Vidal dice

    No hace falta me perdones, sólo que respetes mi opinión y que CFK no le dé argumento a la reacción.

  5. Marta Salon dice

    Gracias Marcelo
    Excelente crónica.
    Lloré con el recuerdo de aquel 9 de diciembre. Mi salud pagó un costo muy alto por lo que temí, se vendría. Pero la escucho a Cristina y te leo, y vuelvo a la calma. Que la gente reflexione y compare.Sólo resta luchar contra el fraude.No es poca cosa.

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