La financiera del hijo

500 millones de euros, y una pregunta: ¿y si Marcelo D'Alessio jugó a la deuda como su padre?

 

¿Por qué la llamaron Operación? ¿Para qué usaban la plata? ¿Para comprar bonos basura? El 20 de marzo de 2018, Ricardo Bogoliuk y Marcelo D’Alessio crearon un grupo de WhatsApp con el nombre de Grupo Buenos Aires. Eran cuatro personas. Ellos dos, un financista y una persona que contactaba clientes de organizaciones criminales que necesitaban colocar dinero negro para blanquearlo en el sistema bancario. El Grupo Buenos Aires gestionaba el servicio para enmascarar dinero que movían de punta a punta del mundo. En diez meses movieron sumas varias veces millonarias: 500 millones de euros, y tal vez hasta 2.500 millones. Un dinero no menor. El Estado nacional espera recaudar 3.000 millones con la resistida Ley de Impuesto a la riqueza. El Grupo Buenos Aires se quedaba con una comisión de entre 2 y 4 por ciento por operación, repartido entre sus integrantes.

Si sobre cada 100 millones, a mí me deja medio millón de dólares, es una pequeña fortuna en el corto plazodijo D´Alessio a sus socios.

El Grupo Buenos Aires movió dinero desde guaridas fiscales en el archipiélago de las islas Comoras del océano Índico hasta una filial del Is Bankasi de Turquía. En Comoras tenían un banco, un agente bancario y la cuenta de un cliente con causas de estafas y narcotráfico. En Turquía, acceso a uno de los bancos más importantes del país a través de un empresario dominicano. El dinero viajaba desde ahí limpio dividido en varias partes a bancos de California, Alemania, Suecia y, en el caso de D´Alessio recibía su comisión limpia a través de la simulación de un crédito con el JP Morgan.

El juez federal de Dolores Alejo Ramos Padilla desenredó la maraña de nombres y siguió el rastro de tres operaciones. Una pieza clave fueron los mensajes de WhatsApp. El lunes pasado, el juez cerró ese tramo de la investigación con una resolución de 98 fojas en la que pidió dos detenciones. La investigación tiene méritos varios. Es la primera vez que la justicia argentina prueba el rulo completo de operaciones negras. Y reconstruye a escala doméstica un tema siempre evanescente como la ruta del dinero. El dinero se ve. Ramos Padilla vuelve a usar los diálogos entre los integrantes del grupo para reconstruir la trama. Se ve el ida y vuelta de documentos. Cuentas. Nombres. Y las tensiones en tono de thriller por millones siempre en riesgo y a punto de escapar. Las sospechas constantes entre Sender y Receiver que no se conocen generan fricciones dentro del grupo: los cuatro saben que de uno y otro lado del puente de oro, ninguna de las organizaciones son santas.

Bogoliuk y D’Alessio aparecen para calmar las aguas cuando las cosas se ponen tensas. Bogoliuk había sido comisario, uno de los creadores de la PSA y jefe de la estructura de Ezeiza de la AFI en 2017. Para 2018, no tenía vinculo orgánico reconocido por la AFI. Pero D’Alessio lo reporta como su jefe en su carrera para entrar al organismo de inteligencia. Bogoliuk creó el grupo de WhatsApp. Y lo administró. Con ellos están: Pablo Bloise, el financista encargado del esquema de colocación internacional. Un hombre más cercano a D’Alessio. Quien le ordena las cuentas afuera del país en diálogos personales. El cuarto integrante es Marcelo González Carthy de Gorriti, citado como GM en los mensajes. Es el encargado del contacto con los Sender, la cara visible de los grupos no santos que lo buscan para colocar dinero.

 

Grupo Buenos Aires

 

 

Entre marzo y abril de 2018, el Grupo hizo su primera gestión: Operación Sánchez. Aldo Sánchez es un ciudadano argentino, nacido en Santa Fe, pero con pasaporte italiano, como cuenta en esta misma edición Rocco Carbone. En la lógica de la teoría del hombre de atrás, él sería el hombre de adelante: pone la cara por otros a quienes ninguno de los integrantes menciona en los mensajes. Cuando deben hacerlo sólo aluden a una referencia de la que han hablado en reuniones presenciales. Según un informe de la Guardia di Finanza italiana, a la que consultó el juzgado, Sánchez tiene antecedentes en estafas y asociación ilícita de 2013, fue señalado por las autoridades mexicanas y tiene diversas causas vinculadas al tráfico de drogas. En marzo de 2018, contactó a Carthy de Gorriti para colocar 500 millones de euros. El 21 de marzo, el grupo se puso en marcha.

 

 

Aldo Sánchez.

 

 

Para transformar dinero negro en dinero legal, necesitaban crear un joint venture: un acuerdo de cooperación entre personas, generalmente jurídicas (empresas), para realizar proyectos o inversiones, que en realidad no se realizaban. El acuerdo generaba que una sociedad enviara dinero desde un banco y la otra lo reciba desde otro. En ese esquema, Pablo Bloise tenía los contactos con personas que pondrían a disposición estructuras empresariales a cambio de una comisión, de entre el 21% y el 27% del dinero colocado. El grupo Buenos Aires generaba la estructura de contactos por la cual cobraba cuantiosas comisiones a través del sistema llamado Paymaster: otras empresas que gestionan cobros en nombre de terceras personas, cuyos nombres no se expresan en la documentación de las operaciones. En el caso del grupo Buenos Aires, si bien aún se encuentra en investigación el modo en el que cobraba las comisiones, la empresa que ofició de Paymaster es Goldmax Development Limited, }que surge vinculada a los Panamá Papers.

Para la Operación Sánchez, Carthy de Gorriti gestionó como origen el Foreign Finance Bank de las Islas Comoras con la cuenta a nombre de Aldo Sánchez Building and Entertainment. Hubo un oficial bancario, Mike Jefferson, que aparece en las otras operaciones. Bloise consiguió como Receiver a Eglain Villanueva, un ciudadano dominicano con contactos financieros y políticos en Turquía, a quien describió de la siguiente manera: “Eglain es un hombre difícil de ubicar. Es dueño de empresas de petróleo, de logística, de varios barcos petroleros y también de hoteles. ”

 

Los pedidos.

 

Eglain Villanueva realizaría las negociaciones en nombre del Eksi Group, una empresa aparentemente real que al ser rastreada en la web muestra grandes inversiones en Turquía y Nigeria: autopistas, bancos, puentes, aeropuertos, universidades y viviendas de lujo. Cuando esa operación concluyó, el grupo siguió con otras dos: Operación IPID-Edil System y Operación Swift.

Edil System es la empresa de un ciudadano italiano de Calabria, Giovanni Gentile, Sender de la operación. Como Aldo Sánchez, también tiene antecedentes penales en Italia y empresas de compraventa de inmuebles o construcción de edificios. Las empresas habían dado una pérdida de 157.677 euros en el 2016, dice el juzgado, y extrañamente en 2018 realizaba acuerdos para mover 500 millones de euros. Esa situación provocó un conflicto con el banco de Turquía. Uno de los momentos más dramáticos de la operación. Edil System estaba en una lista negra y no cerraba.

 

 

Bloise exigía formalidad a Carthy de Gorriti. Y él, velocidad con los turcos. Para julio de 2018, Carthy de Gorriti estaba en España. Desesperado. La trasferencia se dilataba.

 

 

Pocas horas después, volvió a escribirle.

 

 

Bloise en algún momento se quejó. Dijo que estaba “igualando los requerimientos de una de las principales instituciones de la banca turca con un sello de goma offshore de una isla africana”. Ahí, Bogoliuk entró en rol, buscando un poco de  calma:

–Creo que ciertas apreciaciones están demás –dijo—. Todos saben de qué es el negocio y de qué tipo, por lo tanto nadie debería ser mas que otro. En estos números nadie es un sello de goma.

 

 

 

La Operación

Hasta ahora, Ramos Padilla había procesado a Bloise, Bogoliuk y D’Alessio sólo por los datos del cruce de mensajes. Ahora terminó el cruce de datos. Pidió la detención de Carthy de Gorriti, a quien ya había citado a indagatoria y no se presentó. Y pidió la detención de Aldo Sánchez, pieza clave de la primera operación pero la persona que aparece detrás de toda la trama.

Las operaciones tienen varios Sender. Aldo Sánchez y Gentile son dos. Luego aparece una asociación llamada Contigo Conmigo Con México, representada por un ciudadano mexicano, Teodoro Menes Ortega. Ortega interviene en las siguientes dos operaciones. Pero cuando le toca hacerlo aporta el mismo número de cuenta de Aldo Sánchez. Finalmente también aparece un nombre ruso, Aleko Rogachevski, del que Ramos Padilla no tiene otros datos. Pero aparece detrás de Gentile.

Por estas razones, el juez aún investiga si todo esto fue una operación o varias. Ramos Padilla lo dice de esta manera:

“Corresponde reiterar que no queda claro aún –pues los verdaderos nombres de los titulares de los fondos permanecen ocultos— si se trata de un gran y único negocio dividido en tramos o de varias operaciones en las que intervienen distintas partes”.

Y agrega:

“Sin embargo, en esta instancia ello no resulta jurídicamente relevante, pues se ha comprobado el desarrollo de las distintas operaciones o planes ilícitos que desarrolló la organización criminal -y, en particular, los procesados- a lo largo de casi de un año para introducir dentro del circuito legal millonarias sumas dinero proveniente de actividades ilícitas”.

Un mensaje de Bogoliuk contribuye a pensar que pudo haber sido una sola Operación:

– Por favor, les pido a las partes que una vez planteadas las posiciones, volvamos a tratar de tener objetividad sobre el motivo que nos llevó a esta actividad no siendo otro que el de sacar adelante esta operación— dice.

 

 

La resolución tiene un subtítulo con una de las reglas de D’Alessio: la sensación de verdad. En medio de las negociaciones, Turquía objeta al operador bancario de las Islas Comoras, que no estaba físicamente en el banco, ni siquiera en ese país. D’Alessio tiene la solución para salvar el negocio.

 

 

 

 

La pregunta pendiente

La investigación deja sobre todo grandes preguntas pendientes. Y plantea hipótesis que escalan la idea de un sencillo negocio. ¿Qué significan estos vínculos en la historia de D’Alessio? ¿Para qué usaba el dinero?

D’Alessio llevaba una vida ostentosa. Autos de alta gama. Autos de carrera. Propiedades en Puerto Madero que comienzan a investigarse. Armas. ¿Cómo sostenía esos gastos? En la causa hay varias pistas sobre esto. Una parte. Su socio Rolando Barreiro dijo que cobraba mensualidad en dólares de la Embajada de Estados Unidos. Él mismo dijo que cobraba dinero del ministerio de Seguridad por la representación de Leonardo Fariña. Y está el camino de las extorsiones. Pero ninguno de esos ingresos parecen justificar el glamour. Tal vez esta línea sea una pista en ese sentido. Pero el juez cree que, en realidad, hay otra cosa.

Ramos Padilla mira la agenda de D’Alessio para pensar las acciones del Grupo Buenos Aires en ese contexto. Cuando se abría el grupo de WhatsApp, D’Alessio mantenía varias agendas al rojo vivo. En Comodoro Py, se caía la causa del Gas Licuando con un peritaje trucho y él se ponía a trabajar en el libro de Daniel Santoro sobre el mecanismo de contratos de seguro de Enarsa con lo que buscaban generar una nueva prueba en un expediente cuyo origen buscó voltear un gobierno. Por otro lado, viajaba a Rosario, entrevistaba a la viuda del Pájaro Cantero y descubría la cobertura del verdadero peso pesado a quien la justicia iba a ir a detener recién un año después. Desde Rosario, le mandaba además mensajes a la ministra de seguridad en clave de reporte. Al mismo tiempo, todo durante 2018, se sentaba en el Hotel NH de la calle Bolivar con Bogoliuk y un hombre de la línea de Gustavo Arribas para avanzar con la agenda de la AFI desde donde extorsionaban a empresarios que con el inicio de la causa Cuadernos podían pasar por el juzgado.

 

Reporte D’Alessio.

 

 

Por esas líneas de trabajo, Ramos Padilla señala como hipótesis que el dinero pudo haberle servido para sostener financieramente esas líneas de trabajo. O que podría haber sido una estructura de cobertura que le permitía tener datos de personas o de organizaciones criminales que le interesaban en función de las tareas que realizaba como investigador. Pero también avanza más. El juzgado volvió a pedir colaboración de la Unidad de Información Financiera porque el volumen de dinero era varias veces millonario y podría haberse usado para desestabilizar el mercado.

“Más allá de las intervenciones que ya se han brindado a la Unidad de Información Financiera, a partir del avance producido en la investigación y de la sistematización de la prueba recogida de acuerdo al relato efectuado a lo largo de esta resolución, se le habrá de cursar una nueva solicitud de colaboración. Se debe tener en cuenta que la presente se trata de una investigación en la que puede presumirse una afectación al orden económico o financiero por el gran volumen de activos involucrados en la maniobra delictiva, que posee un nivel de complejidad alto en materia económico financiera, que las operaciones son de naturaleza transnacional y existen elementos serios, objetivos, diversos y concordantes que indican la presencia de una organización criminal”.

Esta tal vez es la parte más novedosa de la resolución. Y vuelve a plantear al personaje en su escala. Un hombre del linaje del poder. ¿Bonos basura? ¿Deuda? No es la primera vez que esta hipótesis aparece. El año pasado, la fiscalía había sugerido bucear en la línea del Grupo Buenos Aires la hipótesis de la compra de bonos basura. Ramos Padilla todavía no avanzó porque acaba de cerrar esta primera parte, pero dejó sentada esta opción. Ahora trabajará con un tramo de lavado y enriquecimiento que tramitaba en el juzgado de Federico Villena. Y reunirá otro material en esa línea. Pero es un trabajo descomunal en un sistema de justicia en el que se le cuelga el sistema mientras intentaba subir una resolución donde investiga pesos pesados internacionales.

Mientras tanto, hay que esperar para ver si D’Alessio también jugó el juego del mercado. ¿Por qué no? No es un ámbito extraño: su padre Eduardo D’Alessio se inició en el mundo de la Bolsa de Valores como encargado de prensa en los años ’90, cuando el Citibank y el Manufacturers Hannover organizaban las UTE para las privatizaciones, que se anunciaban en el New York Times. Asociado ahora con Sergio Berensztein en la consultora que mejor acceso tiene a los encuentros empresariales de IDEA, Eduardo D’Alessio ha guardado un llamativo silencio acerca de la detención de su hijo, en 2018. Como si no tuviera nada que ver con él. O si tuviera que ver demasiado.

 

 

D’Alessio padre, sobre el escenario de Idea.

 

 

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17 Comentarios
  1. omar delménico dice

    Dandan genia…..

  2. Lujan dice

    El “Grupo Buenos Aires” era un grupo de WhatsApp del que D’Alessio participaba en su celular Iphone X secuestrado durante el allanamiento realizado en febrero de 2019.

    El creador del grupo fue Ricardo Bogoliuk (ex comisario y ex AFI, también detenido y procesado en la Causa Dolores). Como administrador invitó al empresario Pablo Bloise (procesado y con preventiva), a Marcelo D’Alessio y a Marcelo Patricio González Carthy de Gorriti (actualmente prófugo).

    Para la justicia de Dolores se trata de “una concreta estructura organizativa, con una división de roles específica”, dedicada a actividades delictivas como “lavado de activos de origen ilícito, intermediación financiera”.

    Además se habla de la existencia de “planes previos fijados y en coordinación con diferentes grupos económicos, financieros, empresariales, bancarios, entre otros, mediante transferencias y movimientos internacionales de sumas millonarias”. Así lo manifiesta Ramos Padilla en el procesamiento de tres de sus cuatro miembros.

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