La galaxia de los crédulos

La política electoral se mudó a TikTok, una telaraña atrapa jóvenes y no tanto

 

En la campaña, cada fuerza entona su canción. En la calle, cada quien va en su burbuja llevando auriculares. En horas pico, trenes, colectivos y subterráneos explotan. Los pasajeros, parados, apretados e incluso colgados, hacen piruetas para mantener el telefonito en la mano. Las yemas de los dedos se deslizan por las pantallas que saltan del WhatsApp a TikTok pasando por Instagram. Se cuela, cada tanto, un Facebook. El ritual se repite en Puerto Madero o Villa Fiorito. Clases altas, medias, bajas o más que bajas, mueven dedos y fijan ojos sin parar. Ya no es entretenimiento. Es nuestro hábitat actual. En esa galaxia de información permanente, mientras nuestra atención está más dispersa que nunca, los videítos del conglomerado libertario buscan la diferencia.

La política rueda en la cultura del “me gusta”. En la economía digital, todo se modifica a velocidades impredecibles. Hoy una elección no se gana solo recitando planes racionales ante una audiencia politizada. El negocio arrancó con Obama, Facebook y Twitter. Trump echó mano a la maquinaria maléfica de Cambridge Analytica, igual que Macri. En 2023 llegó TikTok. No todos los candidatos maridan con su idioma. En ese océano, La Liberta Avanza pone la carnada para ampliar su pecera.

La política moviliza palabras, estéticas, valores, sentimientos. No es lo mismo ofrecer bienestar que pedir sacrificio. Es distinto hablarlo que mostrarlo. El discurso político está globalmente desacreditado. Acá, se devaluó al ritmo del crawling peg.

En la búsqueda de votos pugnan lenguajes. Unión por la Patria sigue reparando daños. Esboza un diseño productivo, nacional, con propuesta de unidad. En Juntos por el Cambio se aferran al antiperonismo five o’clock. Los libertarios siguen enlazando sus símbolos políticos, casta y dolarización, a performances.

 

Cada cual atiende su juego

Sergio Massa siguió proponiendo medidas para remediar las consecuencias de la devaluación. Ganancias, bonos, devolución de IVA, medidas para PYMES, nuevo bono para jubilados afiliados a PAMI, entrega de viviendas, obras. Viene más. Para 2024 sumó propuestas en deportes. Presentó un spot largo –dos minutos 20 segundos– muy televisivo. Focaliza en el candidato. De entrada, se escucha “señoras y señores, ahora sí tenemos con quien”. Sigue con sus virtudes. Coraje, ya que con la deuda a cuestas agarró el “fierro caliente”. Las imágenes van mostrando el potencial del país mientras una voz en off dice “tenemos con qué”. La voz agrega, reafirmando, “ahora si tenemos con quien”. Síntesis: la base está, faltaba el DT.

 

 

Activo y creativo lidia con un ruidito. El uniforme de ministro de Economía todavía le pone un cepo al de candidato. Hay tiempo, pero conviene mirar el pronóstico que anticipa nubarrones. A fin de mes conoceremos los datos de pobreza del primer semestre. Una semana antes de ir a las urnas llegará el turno del IPC de septiembre. Dos tormentas de Santa Rosa fuera de calendario. Se sostiene que una campaña de mayor proximidad, más emotiva, ayudaría.

Habrá debates. La ciudadanía sumó dos nuevos temas: “Derechos humanos y convivencia democrática” y “Desarrollo humano, vivienda y protección del ambiente”. Incomodarán al libertario. También a la creadora de la doctrina Chocobar. En ese plantío, Massa puede cosechar aún con sequía.

Patricia Bullrich presentó, en el aula magna de la Facultad de Derecho, su libro De un día para otro. Extenso escrito que detalla sus ideas para un plan de gobierno. Resumió sus más de 200 páginas en la frase “cambiar de verdad en las primeras 24 horas de gobierno”. Para darle verosimilitud a esa fantasía agregó: “En esas 24 horas, el poder sale del Estado y vuelve al ciudadano”. El lugar, el mensaje y la oratoria, perfumaban a salón victoriano. Para insuflar ánimo, recreó para la platea una épica: “Terminar con el kirchnerismo para siempre”. Este mensaje es la directriz de su primer spot para este tramo de la campaña. Dura 58 segundos. Arranca diagnosticando. Lo bien y lo mal. Hilvana lo mismo que concluye, un alegato anti k.

El outsider también desplegó spot. Son 48 segundos. Sobre un fondo fuera de foco, en primer plano, acerca una ilusión en los primeros dos segundos: “Imaginemos una Argentina distinta”. Su Vice y otros candidatos van extendiendo el mensaje, uno tras otro. No hay otras imágenes ni off. Termina Milei diciendo “esa Argentina distinta es imposible con los mismos de siempre. Pongamos un punto y aparte”.

 

 

Nuevos lenguajes

En la misma semana que Tucker Carlson publicó en su cuenta de X la entrevista que le hizo a Milei, el ministro candidato anunció la eliminación de ganancias. Las métricas de redes, el espacio ocupado en los portales, los minutos de debates asignados por las señales televisivas, todo dice que Massa ganó la pulseada en la voz pública. Al menos hasta que llegó el cachetazo del 12,4% del IPC. No obstante, imposible pasar por alto que el domingo pasado el posteo de Carlson llevaba casi 400 millones de vistas. En las primeras 12 horas alcanzó 300 millones. Hay un mensaje de alcance global y local en esas cifras. Entre las respuestas del entrevistado, la que le dedicó al Papa hizo olas. El Vaticano reaccionó advirtiendo que cancelará el viaje a la Argentina en caso de que LLA llegue al gobierno. Se verá.

Los tiktokeros dejan correr ediciones cortas de Milei y su tropa recorriendo la ciudad de La Plata. Se lo ve montado sobre un vehículo mientras agita entre manos un billete gigante de 100 dólares con su cara estampada en reemplazo de Benjamin Franklin. Metaforiza la vigencia de su plan dolarizador. En el centrifugado que ejerce, deja al supremo Horacio Rosatti en el lado socialista de la vida. El cortesano declaró que eliminar el peso “es inconstitucional”. Doctoral, agregó que los candidatos “deberían leer la Constitución”. En el campamento violeta lo apuntan con el índice mientras gritan “casta”.

Otro videíto lo muestra en Olavarría encendiendo la motosierra ante el público. Ratifica, con enérgicos movimientos, recortes en los gastos del Estado. También se lo ve en San Luis calzando un par de guantes de boxeo de tamaño desproporcionado. Simboliza estar preparado para la magnitud de la batalla que viene a dar. Quienes acompañan cantan “la casta tiene miedo”. Promete cambiar el sistema político y le envía un mensaje a la segunda marca opositora. Le pisa el spot a Bullrich diciendo que “la grieta kirchnerismo-antikirchnerismo ha muerto”.

Los videítos de TikTok, como las stories de Instagram, desafían al lenguaje político. Ante lo argumental, lineal, racional, secuencia causa-efecto, utilizan nuevos lenguajes para transmitir y vincular emociones. El mensaje debe llegarle a una audiencia impaciente, que maneja tiempos de atención reducidos y tiene hábitos de consumo de información acelerados. Ni reflexión ni análisis de lo visto integrarán el combo. Lo que requiere tiempo está en extinción. La información transmitida por el video se desintegrará no bien otra la reemplace. Es una cadena de montaje de informaciones infinita e instantáneamente cancelable. El me gusta anula el pienso.

La película The square: la farsa del arte, narra las peripecias de un curador de un museo sueco ante la presentación de una instalación artística. Se trata de un cuadrado iluminado en el piso que representa “un santuario de confianza y cuidado”. El museo contrata dos publicistas para que hagan un video que transforme la instalación en un evento viral. Explican que lo viralizado se consume por dispositivos móviles, donde las personas tienen un lapso muy corto de atención. Agregan que “si el espectador no está enganchado en dos segundos, seguirá adelante”, desechando el producto que, además, debe mostrarse interesante durante los primeros diez segundos. Solo así el espectador “querrá compartirlo”. Lo más compartido, dicen, son videos de grupos vulnerables. De estos, aquellos con mendigos. Deciden, entonces, crear una escena con una niña mendiga y rubia tipo sueca, para empatizar. La niña entra al cuadrado y, de repente, explota. La zona no es ni de confianza ni de cuidado y el museo se escandaliza, pero el video se viraliza y consigue 300.000 visitas en YouTube en un par de horas. Ese detalle de la película metaforiza el momento.

 

 

La política va a TikTok por todo lo dicho y porque los más jóvenes entre los votantes pasan allí muchos minutos por día. Videítos de pocos segundos, verticales como la pantalla del telefonito, construyen una telaraña atrapa jóvenes y no tanto. Producirlos es sencillo aún sin conocimientos de edición audiovisual. Facilitan el mensaje político combinando entretenimiento, opinión, música, noticia, humor y cualquier otro arte. Las producciones movilizan emociones que, asociadas a un proyecto político, generan lazos, construyen comunidad. Unos cuatro días atrás Javier Milei tenía 1,4 millones de seguidores. Patricia Bullrich 237.000. Massa 59.000.

 

 

 

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